domingo, 28 de marzo de 2021

Un líder sin cargo como Jesús

 

     Robin Sharma “es uno de los expertos en liderazgo más prestigiosos en todo el mundo”. Así lo describen en la portada de su obra El líder que no tenía cargo; en cuyas páginas encontramos una clara y abierta invitación para asumir la vida tanto personal como organizacional desde una perspectiva de liderazgo de manera especial en este tiempo en pandemia que estamos viviendo a nivel mundial y de pos-pandemia que ya se avizora en lontananza gracias a los avances de la ciencia para combatir el letal “virus chino”.

En sus páginas nos invita a desenterrar los dones y talentos que por naturaleza nos corresponden y, desarrollarlos en, por y para el liderazgo de cada una de las personas que conforman un colectivo. Todos conformamos un colectivo o estamos inmersos en uno o más de uno.

Añade Sharma que, “desde el conserje hasta el director ejecutivo, todos deben ejercer el liderazgo y asumir la responsabilidad del éxito de la empresa”, ya sea esta individual, familiar o jurídica, en virtud que, es la única clave para fortalecer las capacidades innatas o adquiridas de todas las personas que así lo requieran.

Por su parte Kenneth Blanchard y Phil Hodges; escritores, educadores y asesores de gestión empresarial de talla internacional, han encontrado el más grande modelo de liderazgo transformacional de todos los tiempos escudriñando las Sagradas Escrituras, especialmente las neotestamentarias y las han plasmado en las páginas de su libro: Un líder como Jesús. En donde se analizan los dotes de liderazgo de aquel judío marginal que marco el paso en la Palestina del siglo I de la era cristiana y que hoy día cuenta con un ejército de más de dos mil millones de seguidores en el vasto mundo, lo que, en palabras de Rick Warren, autor de una vida con propósito, lo convierte en el líder más importante de todos los tiempos. 

     Precisamente así era Jesús de Nazaret, un líder sin cargo social, político, religioso o económico, era tan solo un laico que se enfrentó a esos poderes en su tiempo, a cuyos representes adjetivó de zorras, sepulcros blanqueados, raza de víboras,  hipócritas, serpientes, etc. Y no hay en el mundo nadie más oportuno que él para hablar sobre dones, talentos, liderazgo, gerencia, servicio, entrega, valores, virtudes, carisma, visión, misión, entre otras cosas y que mejor para hacerlo precisamente hoy, en este día en que la Iglesia Católica recuerda la Pasión del Señor y, para ese efecto nos tiramos a modo de jaks nine a las profundidades de la prioridad marcana (Mc 14, 1-15, 47), en donde contemplamos como los sumos sacerdotes y los fariseos hipócritas buscaban la manera de apresar a Jesús de forma traicionera y darle muerte porque les era intolerable, su forma de ser y hacer, vista en clave ontológica y ética les era inadmisible. Simple y llanamente su modo no comulgaba con ellos. Jesús hablaba y actuaba de forma asertiva y transparente, mientras que ellos de manera falaz y pertinaz.

Como les pasa a todos los líderes que andan en la búsqueda del bien común, Jesús fue injuriado, traicionado y negado inclusive por sus propios amigos, aquellos que, el reclutó, capacitó e integró a su grupo. Fue criticado severamente porque una mujer anónima de Betania a quien no hay que confundir con la hermana de Lázaro ni con María de Magdala le unge los pies con un perfume valuado en trescientos denarios, como los políticos y los fundamentalistas de este tiempo aquellas personas dijeron: se pudo haber vendido y darles el dinero a los pobres…

Judas, el discípulo que comía del mismo plato con él, lo traiciona y lo vende por treinta monedas de plata. Hoy, en este tiempo presente muchos cuasi líderes se venden por menos, un plato de lentejas es suficiente. Veámoslo en los tres organismos del estado guatemalteco; como las personas que se dedican al tráfico galante, casi todos tienen un precio en perjuicio de su dignidad.

Pedro lo negó en la oscuridad de aquel tiempo. 

¿Y el resto de los doce? Huyeron despavoridos y se escondieron detrás de las puertas por temor a correr la misma suerte de su Maestro y Señor.

     Sin embargo, de las mujeres surgió la valentía, aquella que no tenían los varones; ellas estuvieron al pie de la cruz, fueron ellas en su calidad de miróforas las que estuvieron directamente relacionadas con el enterramiento de Jesús y las que lideradas por la magdalena descubrieron la tumba vacía que siguió a la resurrección. Fue María de Magdala la que recibió la orden de ir a Galilea y avisar a sus hermanos que ahí se verían, nombrada in situ apóstol de los apóstoles por el mismo Jesús para cumplir con esa orden, aparentemente sencilla, pero peligrosa por los acontecimientos que se acababan de dar en Jerusalén.

A pesar de esas circunstancias desfavorables en contra de la persona de Jesús, Marcos nos presenta el comportamiento digno de un líder, siempre infundió aliento, dio esperanza, fue buena noticia, vino a servir y no a ser servido, fue coherente entre lo que dijo e hizo, su sí fue si, su no, no, en él no había cabida para las medias tintas, fue firme, digno y fiel, el fallo de sus discípulos no trajo consigo rupturas futuras, ni reprimendas, ni represalias, muy por el contrario los confirmó en su fe, en la visión y la misión que tenían por delante anclada en valores después de las resurrección, reivindico el papel de la mujer y por eso Marcos explicita tres palabras para definir su trato con ellas: Seguir, servir y subir.   Conditio sine qua non para toda persona que quiera ser líder en este tiempo presente.

Jlriveirof, OP

    

domingo, 17 de enero de 2021

Hacer o no hacer, ese es el punto

     Un día cualquiera del mes de marzo del año recién pasado un grupo de ejecutivos de seguros de GyT veníamos de vuelta hacía Guatemala después de vacacionar varios días en Los Cabos, Baja California Sur, como parte de un salario emocional adicional a nuestras remuneraciones que todos los años obtenemos en adición a capacitación constante, reconocimientos, teletrabajo, gestión del tiempo, entre otras motivaciones más que recibimos como parte de nuestra cultura organizacional. 

Al arribar al Aeropuerto Internacional la Aurora los trabajadores del lugar nos recibieron con ciertas precauciones en virtud que, en el mismo vuelo venían varios asiáticos a quienes veían con temor como si fueran los leprosos que narran los evangelios, toda vez que Wuhan en esos momentos estaba en el centro del brote de coronavirus que amenazaba con expandirse “urbi et orbi”.

No habían pasado muchos días de nuestro regreso cuando los gobiernos de las naciones empezaron a extremar y tomar medidas enérgicas de bioseguridad para disminuir el riesgo de infección ante la inminente fatalidad, como el cierre de puertos y aeropuertos, encerronas, toques de queda y restricciones a nuestras libertades individuales y colectivas entre muchas cosas más al extremo que muchas actividades empresariales se paralizaron.

     Lo anterior trajo consigo el derrumbe de la economía, la vida, la salud, la educación y la justicia entre otras cosas y, como  si la pandemia no fuera suficiente la naturaleza nos castigó severamente durante la época invernal y una tras otra vinieron las tormentas tropicales ETA e IOTA que anegaron en gran parte el departamento de Alta Verapaz convirtiéndolo en uno de los lugares más afectados de todo el territorio nacional, ambas depresiones tropicales dejaron a su paso caos, muerte y desolación que nos sumergieron en una crisis existencial de grandes envergaduras, en una batalla emocional sobre la vida y la muerte como aquella en la que se encontró Hamlet, el príncipe de Dinamarca, en la más famosa obra literaria de Shakespeare cuando terriblemente afectado por la muerte de su padre, el rey de Dinamarca dijo: “Ser o no ser, esa es la cuestión”. Una frase ontológica que nos puso en jaque frente a los caminos inciertos entre la vida y la muerte y los fantasmas atormentadores que recorrían nuestros pueblos ante el hecho de que muchos de nuestros clientes, amigos, parientes y conocidos estaban muriendo por causa de la pandemia, otros que se quedaron desempleados ante el derrumbe de la economía, más los que se quedaron literalmente en la calle por causa de las tormentas tropicales antes mencionadas que pusieron al descubierto que poca cosa somos ante las catástrofes naturales y sobre la importancia que cobra la tenencia y la vigencia de un seguro de vida, gastos médicos y daños  para paliar los problemas dinerarios que se avecinan después que pasan cosas de esa magnitud.

     Ser o no ser, esa es la cuestión”.  Desde el punto de vista ontológico esa frase alude lo esencial del individuo, ante una existencia que en los derroteros inciertos que teníamos por delante tuvimos que tomar decisiones: ¿Ser o no ser? en virtud  que, somos lo que hacemos es condición sine qua non hacer para ser alguien en la vida a pesar de las penas, las tristezas, las desesperanzas y la muerte. Precisamente por ello, le  di paso a una frase ética, parafraseando a Shakespeare: Hacer o no hacer, ese es el punto.

En ese sentido, en la agencia de seguros bajo mi dirección y procuración haciendo gala del pensamiento sistémico supusimos una visión del futuro intuitiva en extremo, decidimos sortear la pandemia y salir a trabajar como si no estuviera pasando nada, intentando soslayar la afectación, cumpliendo con todos los protocolos de bioseguridad eso sí.

Innovamos, creamos y trabajamos. Acrecentamos nuestros conocimientos y destrezas, mediante una verdadera transfiguración cambiamos nuestros viejos modelos mentales, generamos pensamiento creativo y construimos una visión compartida poniéndonos metas grandes, misiones y valores humanos y cristianos para apalancar y catapultarnos a las grandes ligas.

Tuvimos que convertirnos en sujetos tecnológicos conquistando las herramientas de Google para ser eficientes y, ante la imposibilidad de reunirnos de forma presencial cada lunes como fue nuestra inveterada costumbre, la seguimos ejecutando de forma virtual, al igual que las sesiones de coaching, el mentoring y el feedforward entre otras herramientas administrativas que amueblan nuestro cajón de herramientas interno.

     Resulta paradójico que en un año atípico como lo fue el 2020; nos enfocamos y comprometimos sobre una o dos metas crucialmente importantes, actuamos sobre medidas de predicción e  históricas, movimos con asiduidad el tablero de resultados mediante una cadencia de rendición de cuentas de forma semanal,   el haber decidido trabajar en equipo, socializar nuestros cerebros, no ser reactivos sino pre activos y proactivos como solo lo es un sujeto de seguros; en esas crisis, encontramos oportunidades de mejoramiento continuo, de enmienda, de dominio propio y de una buena gobernanza de nuestras emociones.

Del “virus chino” sonsacamos la palabra crisis que en chino significa oportunidad e  hicimos más y mejor que lo que hicimos en el año 2019; de tal suerte que, en el año que recién acaba de expirar obtuvimos mejores resultados en ventas, las encerronas nos obligaron a mejorar nuestro desarrollo personal, los libros se volvieron inseparables y las capacitaciones asiduas; en consecuencia, cinco personas se hicieron acreedoras al acostumbrado viaje internacional con todo pagado más una bonificación en dólares, duplicando  el número de viajeros del 2019 que representarán a la agencia imperial en el extranjero.

     “Ser o no ser, esa es la cuestión",  hacer o no hacer, ese es el punto.  Una frase ontológica la primera y ética la segunda, fueron el santo y seña que nos obligaron a transitar entre el claroscuro ese que se forma entre la vida y la muerte, entre la luz y la oscuridad, entre la buena voluntad y la fuerza de voluntad, entre la opción y las circunstancias desfavorables que nos acompañaron en todo el caminar.

Ese ser y ese hacer nos obligaron a deliberar sobre todo aquello que, teníamos y debíamos hacer: servir a nuestra comunidad en materia previsional haciendo más y mejor sin importar las causas.

Para el año que recién comienza ya tenemos trazada nuestra hoja de ruta y, como diría un extinto miembro de la gerontocracia y kakistocracia en el país, "seguiremos haciendo más de lo mismo"...

Jlriveirof, OP

martes, 15 de diciembre de 2020

Eta, Iota e Idiota

 

   Como casi todas las grandes cosas el Río Polochic es de humildes comienzos, tímidamente nace en un caserío llamado Rocjá entre la Villa de Tactic y el municipio de Tamahú, ambos en el departamento de Alta Verapaz. Empieza su andadura de occidente a oriente a lo largo de ciento noventa y cuatro kilómetros, fertilizando las tierras por las que atraviesa: Tamahú, Tucurú, La Tinta, Telemán y Panzós hasta desembocar en el lago de Izabal. El mismo es navegable en sus últimos treinta kilómetros desde Panzós hasta El Estor, cuya vía fluvial fue utilizada por los extranjeros que domeñaron esas tierras entre los siglos XIX y XX, incluido mi bisabuelo, el estadounidense Kensett Champney Brooks, dueño de la finca Sepacuité y anexos, para sacar sus productos y embarcarlos hacia los EE. UU. Y Europa.

     En su tránsito hacía el lago de Izabal, al Polochic se le fueron adhiriendo otros afluentes, quebradas, riachuelos y ríos igual de importantes como el poderoso Cahabón que se le une en Panzós, haciéndolo a partir de ahí en un río anchuroso, profundo y navegable, con una enorme capacidad para dar vida por donde va pasando al fertilizar las tierras,  pastizales y sembradíos, como también para cegarla cuando las tormentas tropicales o los huracanes desbordan sus cauces, anegando una inmensa mayoría del Valle del Polochic, una zona en donde predomina la gente originaria Quekchí que vive mayoritariamente en el área rural: según la SEGEPLAN el 22% de los habitantes en las zonas urbanas y el 78% restantes en aldeas, parajes, caseríos y fincas distintas y distantes.

     Históricamente en las tierras que atraviesa el Río Polochic ha habido siempre conflictividades sociales, políticas, militares y culturales  que han provocado desalojos violentos, asesinatos y desapariciones forzosas por parte de las hordas oligofrénicas uniformadas del estado guatemalteco, que tienen dentro de sus funciones institucionales servir de lacayos y gendarmes de las oligarquías nacionales y transnacionales y que, al divorciar el hecho con el derecho y no distinguir el bien del mal, han causado más pobreza, exclusión y abandono de parte del mismo estado de Guatemala.

     En ese contexto, risible es creer lo que los gobiernos de turno han aseverado cuando dicen que, “propicia mecanismos de diálogo a través de la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia y del Sistema Nacional de Diálogo, cuyas instituciones, presumiblemente desde el 2011 vienen desarrollando un sistema para la construcción del Plan de desarrollo integral del Polochic que trae consigo metas de desarrollo, programas y proyectos que contribuyan a superar las causas estructurales de vulnerabilidad existentes en La sub región, en el marco de la política de Desarrollo Rural, lineamientos de una política para una gestión ambiental sostenible, así como de los pactos de Gobierno, Hambre Cero, Competitividad, Paz, Seguridad y Justicia".

 ¡Vaya timo! Los gobiernos de la República de Guatemala, antes, durante y después al 2011, solo han venido a poner en práctica todas sus felonías sirviéndose del pueblo y no sirviendo al pueblo como debiera ser la costumbre, en consecuencia, inexistentes son en su mayoría esos pactos de gobierno, políticas de hambre cero, competitividad, paz, seguridad y justicia. Muy por el contrario, la justicia en esas latitudes es como la serpiente que, solo muerde al que tiene los pies descalzos y el hambre cero solo existe para los personeros de los tres organismos del estado, incluidas sus familiares, amigos y compadrazgos políticos. Ellos, esquilman el presupuesto nacional y se hartan hasta la saciedad en perjuicio de las grandes mayorías poblacionales.

Las tormentas tropicales Eta e Iota solo vinieron a constatar que, el gran ausente en ese valle de sombras, de lágrimas, de ciénagas y muerte en que se convirtió el Valle del Polochic, fue el Gobierno mismo de la República de Guatemala, cuyo revés fue más certero que las ocasionadas por las tormentas en mención.

     Así como Eta, Iota y el idiota gobierno de turno han impactado negativamente en la vida de millares de personas a lo largo y ancho del Polochic; también hay que reconocer que, hay infinidad de personas, asociaciones e iglesias que, sin distingos de razas, credos confesionales, políticos y de clases sociales han ayudado y siguen ayudando a esa legión de pobres y extremadamente pobres, niños huérfanos, viudas y desposeídos. Personas individuales y jurídicas que, a imitación del Río Polochic fueron uniendo fuerzas y esfuerzos con otras personas que se han anexado en ese bregar, a esa noble y loable causa para llevar el bien a las comunidades más necesitadas.

     A nivel individual, plausible y meritoria es la labor emprendida por mi hija María Eugenia para gestionar y llevar ayuda humanitaria, dineraria y en especie a las comunidades más pobres de la población de Tamahú. En su gestión se le unieron mis otras hijas Tania Mariela y Fabiola, quienes con su capacidad de gestión y conexión han ayudado notablemente en ese emprendimiento. Así como otras heroínas y héroes anónimos que con sus aportaciones han aliviado las penas, pobrezas y tristezas de tanta gente agobiada y anegada por Eta, Iota y el Idiota gobierno de turno.

     Como “una golondrina sola no hace verano”, a María Eugenia se le unió el reverendo padre Denis García, presbítero de la parroquia de Tamahú y un par de monjas católicas que en correspondencia con el buen samaritano de Lucas, ilustran que la fe, la esperanza, la misericordia y la caridad son virtudes que permiten no solo pasar a la par del moriente y el sufriente como lo hicieron el sacerdote y el levita de la parábola (Lc 10, 25-37) sino portarse como prójimo. Condición sine qua non para hacer del mundo un mejor lugar para vivir, más humano, más fraterno.

     Asimismo, loable es la labor humanitaria prestada por el Club Rotario Guatemala Sur, presidido por mi colega Benjamín De la Cruz, que, con el apoyo del Club Rotario de Cobán, han trasladado hasta el día de hoy siete camionadas conteniendo verduras, eco filtros, frazadas, comida, artículos de higiene personal, ropa, colchones, medicamentos, mascarillas, mil metros cuadrados de láminas, cuantificándose la ayuda en más de Q.350,000.00 para aliviar las penas de los azotados por las tres tormentas en cuestión: Eta, Iota y el Idiota desgobierno de turno.

Esta es la forma en que, estas personas individuales y jurídicas se han empecinado y caminado ante los sufrimientos y esperanzas de los hombres y mujeres pobres y extremadamente pobres del Departamento de Alta Verapaz que, a diferencia del invisibilizado gobierno de turno, ellos se han acercado y los han acompañado muy de cerca, han descubierto el rostro de Cristo en los cuerpos mal nutridos, lombricientos y harapientos con caras enjutas, desvencijadas y macilentas de los hijos originarios de estas tierras, explotados, mal tratados y humillados in saecula saecolorum.

     La situación actual en toda Guatemala nos invita a no hablar tanto de Cristo sino parecernos más a Él, que paso por el mundo haciendo el bien (Hechos 10, 38) y todo lo que hizo lo hizo bien (Marcos 7, 37).

Útil es también recordar las palabras lapidarias de la Santa Madre Teresa de Calcuta que apuntó alto cuando dijo: “El que no vive para servir, no sirve para vivir” …

 Jlriveirof, OP


lunes, 30 de noviembre de 2020

Cantina El Congreso

     En las postrimerías del siglo XX, funcionó en el antiguo inmueble de Sociedad de Beneficencia de Cobán contiguo al Estadio Verapaz, una cantina llamada El Congreso. Obviamente el giro del negocio del antro en mención era la comercialización de toda clase de bebidas alcohólicas, el celestinaje y toda actividad libertina.

Al lugar en cuestión, llegaba toda clase de gente, desde bebedores sociales que llegaban, degustaban las diferentes boquitas y bebidas alcohólicas que ahí se preparaban, platicaban de mil y una cosa y se iban, pasando casi siempre desapercibidos. Mientras que, los bebedores asiduos, llegaban y se quedaban hasta que borrachos en extremo, se brutalizaban, unos doblados de bruces se dormían sobre sus orines hasta que les pasaba la borrachera que se habían puesto si bien tenían suerte o dinero para seguir gastando, de lo contrario eran echados a la calle sin mayor miramiento.

En el interior y después de algunas horas de estar imitando a los filibusteros unos lloraban sus perfidias, otros cantaban al amor, algunos eran aplaudidos, otros maltratados, según el estado de ánimo de los bebedores y el talento de quienes hacían de bufón causal del antro en mención.

Para los hipócritas que practicaban alguna religión pero que no querían ser vistos, o para los que llevaban a la amante de turno o para quienes no querían ser importunados por el murmullo de los comensales y la música a todo volumen, había un lugar privado en donde se podía platicar con más tranquilidad, obviamente tenía un costo adicional.

El Congreso, como toda cantina o prostíbulo era un punto de conexión con toda clase de vándalos en aquella época, toda actividad comercial, orgiástica y pirática era lícita y permitida, aunque sus formas no fueran para nada ortodoxas, ahí se podía transar todo lo que el dinero pudiera comprar, incluyendo personas junto a sus voluntades y dignidades y, platicar de todo y de nada.

     Pues bien, recapitulando sobre todo lo que acontecía en esa cantina de poca monta llamada El Congreso, resulta fácil hacer un símil con otro antro ubicado en la zona 1 de la Ciudad de Guatemala, llamado también Congreso de la República de Guatemala, en virtud que, las cualidades, calidades y las competencias de los inquilinos temporales de ese palacio legislativo, son muy similares a los viciosos epocales que en el Congreso cobanero hacían su morada.

Es más, podría aseverar que aquellos bolitos consuetudinarios de antaño y las mujeres dedicadas a la más antigua de las profesiones que visitaban el lugar y, que, dicho sea de paso, en aquel tiempo cobraban diez quetzales, tenían más fundamentos de valor -principios axiológicos- por los cuales regían su vida, algo que es casi nulo en esa caterva de diputados que se autodenominan padres de la patria.

En aquel tiempo los drogodependientes en la sociedad cobanera ochentera eran contados con los dedos de la mano, no así quienes comercializaban con toda clase de estupefacientes. Un negocio que es redondo y que tiene muchos exponentes en el hemiciclo, según las reiteradas investigaciones de periodistas que no son de alquiler y que no han podido comprar los miembros del denominado pacto de corruptos.     

     En el Congreso cobanero era más fácil escuchar a borrachines oradores virtuosos de la palabra, mientras que en el “honorable pleno” de continuo escuchamos durante sus sesiones parlamentarias a timadores, lenguaraces y manipuladores que conjugan el placer con el tener sin importar su forma y su fondo.

Muchos de los enfrentamientos tanto físicos como verbales que vi en el “parlamento” cobanero, son normales, usuales y acostumbrados en este Congreso de la República de Guatemala: mujeres con el mismo comportamiento de aquellas que se venden en la 17 calle entre cuarta y quinta avenida de la zona 1 de la Ciudad de Guatemala, tirando bebidas alcohólicas, agua pura o gaseosas en la cara de sus homólogos del partido político contrario y con quien disienten, hombres contra ombres intentando darse a los golpes en una sesión parlamentaria, palabras soeces que se entrecruzan y, que ponen en evidencia un bajo coeficiente intelectual, poca competencia conversacional, fuga de una retórica deliberativa parlamentaria y una cultura muy pobre de quienes se dicen legisladores.

Escuché más retorica aristotélica, es decir más arte en el bien decir en el Congreso cobanero que en el Congreso de la zona 1 capitalina; en aquel, hasta los bolitos más empedernidos en sus discursos convencían, conmovían los sentimientos, apelaban a emociones más nobles y a muchos persuadían, en tanto que estos cada día con lo que dicen y hacen se esfuerzan por ser más serviles, abyectos, vulgares y plebeyos. En virtud de sus costumbres una inmensa mayoría de ellos son voraces, ambiciosos, sediciosos y extremistas …

      A mi modo de ver las cosas, es incuestionable lo que decía Mr. Ronald Reagan cuando era el presidente de los EE. UU. “Al ser la política la segunda profesión más antigua del mundo se parece mucho a la primera”.

En ambas, todos tienen un precio, se pervierten y subvierten en menoscabo de su dignidad.

 

Jlriveirof, OP

    

domingo, 22 de noviembre de 2020

“Tu poder radica en mi miedo” …


     En la primavera del año 64 de la era cristiana el tirano y extravagante emperador Nerón Claudio César Augusto Germánico, que accedió al trono tras la muerte de su tío Claudio, motivado por el deseo de poder, pasión por mandar y deseos insanos propios de una mente desquiciada, mandó quemar la Ciudad de Roma para inculpar a los cristianos y justificar su persecución, aprehensión y posterior ejecución, iniciándose así la primera revuelta en contra de los seguidores de Cristo.

El incendio arrasó cuatro de los catorce distritos que había en la ciudad eterna y dañó según se cree otros siete. La tradición oral cuenta que, mientras Roma ardía el maniático de Nerón tocaba la lira.

Posteriormente y aprovechando la coyuntura Nerón se mando a construir un nuevo y extravagante palacio al que se conoció como Domus Aurea (casa de oro). Tomando en consideración que el lujo y el tamaño del palacio era descomunal, Nerón impuso nuevos impuestos a todos los pueblos subyugados por el imperio para su construcción.

Según Tácito, Nerón para evitar ser inculpado de la quema de la Ciudad, rápido busco culpables y por eso condenó a los cristianos y los arrojó a las bestias, a otros crucificó y quemó para sentar un precedente.

En los anales de la historia a Nerón no se le recuerda con benevolencia, sino por las ejecuciones extrajudiciales que llevó a la práctica incluyendo la de su propia madre y la de su hermanastro Británico, en adición a eso, por haber sido un asiduo perseguidor de los seguidores de Cristo.

     En circunstancias similares el día de ayer 21 de noviembre, alguien en Guatemala pretendió seguir el ejemplo de Nerón, mandando a quemar el Congreso de la República, un incidente que apunta hacía los despachos gubernamentales en donde presuntamente surgió la idea con tal de deslegitimar las manifestaciones societales que pacíficamente se estaban llevando a cabo en la plaza central de la Ciudad capital con motivo de los desmadres y desmanes  con que se lleva la cosa pública, en donde los robos, atracos a mansalva, corrupción institucional, pago de favores políticos y toda clase de piratería política, son el santo y seña de todos los actores políticos, presuntamente liderados por el presidente de la nación en contubernio con el presidente del Organismo Legislativo y el Judicial; con la mirada benevolente de las maras oligárquicas, militares y evangélicas, que en Guatemala son más letales que la pandemia que azota al mundo entero y las tormentas tropicales Eta e Iota que acaban de castigar inmisericordemente el solar patrio.

     Como Nerón, el aprendiz de dictador que desgobierna Guatemala rápido encontró culpables: hombres, mujeres y niños que se encontraban en la Plaza de la Constitución repudiando el presupuesto desfinanciado y carente de todo análisis técnico recién aprobado por una inmensa mayoría de diputados corruptos, que según se sabe, recibieron coimas para su aprobación.

Eh ahí, el azaroso resultado del quehacer parlamentario que pretende como casi siempre servirse del pueblo y no servir al pueblo que los colocó en ese lugar. Bien dice el dicho popular de que mal paga el diablo a quien bien le sirve. Con la aprobación de esa ley le terminaron vendiendo el alma …

     Como megalómano y mitómano que es, rápido le echó las bestias a los manifestantes; después de la criminalización de que fueran objetos por la quema de una fracción del parlamento de parte de las huestes gubernamentales como según se sabe; las hordas oligofrénicas policíacas rápido hicieron su asqueroso trabajo: sin distingos de ninguna naturaleza bombardearon con gases lacrimógenos a los manifestantes, apalearon con bates de aluminio y garrotes a hombres y mujeres de todas las edades, se ensañaron en contra de transeúntes que no estaban participando de la manifestación y a puntapiés y manotazos fueron llevados a las carceletas de la torre de tribunales.

Lo anterior denota que, dentro de las variadas dramaturgias del poder, el inquilino temporal de la casa presidencial solamente es capaz de sacar su lado oscuro, así como lo hizo cuando fungía como director del sistema penitenciario cuando participó junto con las fuerzas de seguridad en la “Operación Pavo Real”, que dejó un saldo de siete ejecuciones extrajudiciales.

Con esos antecedentes en su contra, no debe extrañar a la opinión pública tanto nacional como extranjera, que él haya desnaturalizado la gesta cívica del sábado 21 de noviembre del año en curso, contra la corrupción institucional y el abusivo endeudamiento de parte de los congresistas, entre otras cosas, todas nobles …

     Ya quiero escuchar el discurso del dictador matizado de imposturas cuando de la cara, sin duda lo hará acuerpado por quienes dirigen las malditas castas de uniformados para sentirse omnipotente.

En el ínterin ha acudido hoy, a la Organización de Estados Americanos para invocar la Carta Democrática Interamericana por temor a un golpe de estado ante la crisis que él y sus achichincles en el Congreso de la República dieron vida y, que hoy obnubilan su razón. Con este proceder lanza la piedra y esconde la mano como bien reza el refrán popular.

Sin duda alguna, por personas como él, el fraile dominico Felicísimo Martínez Diez dijo que, “la prepotencia y las actitudes dictatoriales son el disfraz que utiliza el miedo cuando no se atreve a presentarse con el pecho descubierto”.

 Parafraseado a Lord Acton, al lord de la posverdad el escaso poder temporal lo ha corrompido siempre.

¿Cuántos años pasó el falso Lord anhelando el poder? Y una vez alcanzado necesitó únicamente diez meses para convertirse en un sujeto abyecto, vulgar, nefasto, impopular, etc. Lejos de utilizar el poder para perfeccionar sus competencias personales y servir a sus conciudadanos axiológica y deontológicamente correcto, se equivocó con la motivación de poder que tiene por meta utilizar terceras personas para sus proyectos. Entendiendo el término proyecto como un eufemismo para no describir su verdadero cometido.

     La gesta cívica de ayer sábado a pesar de los pesares se extendió hoy domingo, cuando una vez más los manifestantes altamente indignados y sin temor alguno, gritaron al unísono todas sus felonías y, como una inclinación natural de los guatemaltecos disconformes con el tirano, hacemos nuestras las palabras externadas por Séneca a Nerón: “Tu poder radica en mi miedo; ya no tengo miedo, tú ya no tienes poder”.

Jlriveirof, OP

domingo, 18 de octubre de 2020

COVID-19 y yo


 


Jlriveirof, OP

     Mientras escribo estas letras a “corazón abierto” varios parientes, amigos y conocidos luchan contra los embates de la pandemia. Algunos han traspasado ya el umbral que delimita el más acá con el más allá, y se encuentran durmiendo el sueño de los justos.

En virtud de mi fe católica postulo que su tránsito hacía la casa del Padre no es entre abrojos y espinos como  la suerte de los familiares que se quedaron entre llantos y quebrantos, sino entre nubes y alfombras enmarañadas y amalgamadas por la misma naturaleza con todas aquellas flores estacionales y epocales que guardan su frescor, merced al “chipi chipi” cobanero que todos los amaneceres y atardeceres humedece los jardines de las casas y las viejas callejas de mi ciudad natal vitalizando el verdor de su manto a perpetuidad …

     Al comienzo de la pandemia el miedo instaló de fijo su residencia en las mentes y en los corazones de muchos connacionales, causó crisis y lisis. A unos paralizó y a otros encausó por otros derroteros en búsqueda de otras realidades, de nuevos mundos, de otras posibilidades. A unos ese miedo debilitó su sistema inmune, a otros les causo ansiedad y ésta los obligó a comer demás, a unos enflaqueció a otros engordó y a no pocos mató.

Quienes quedamos con vida tenemos que tomar una difícil decisión, o nos enclaustramos en nuestras casas por temor a contagiarnos del mortal virus o sorteamos la suerte y nos arriesgamos a salir para trabajar, crear y cumplir con Dios, consigo mismo y con los demás.

Quienes decidimos salir, el miedo lo convertimos en una oportunidad de mejoramiento continuo, de enmienda, de empezar de nuevo, innovando, transformando, desarrollando y afrontando la pandemia con los brazos abiertos y el pecho erguido pero descubierto, con temor y temblor, pero ahí estamos avanzando, regulando, moderando, disolviendo y resolviendo el impacto que esto podría ocasionar.

     En lo más crítico de la pandemia, decidí escribir una reflexión filosófica, teológica y política de las lecturas que la Santa Madre y Maestra Iglesia Católica sugiere para cada día, lo he hecho casi todos los días, sin interrumpir mis más elementales  ocupaciones de dirección, planeación, reclutamiento, selección, capacitación, integración y desarrollo de personal claro está, el pan mío de cada día; así como dedicarme a la lectura asidua en horas de la noche en donde cambie ver la televisión para entregarme a la lectura y a la reflexión. Eso desde hace muchos años.

En adición a lo anterior decidí ocupar más y mejor el recurso más valioso con que contamos los humanos, el tiempo. Decidí hacer una certificación internacional en coaching en People & Business School, una escuela de personas y negocios cuyas capacitaciones están avaladas por la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la prestigiosa y cuatricentenaria Universidad Nacional de Córdova, Argentina.

Esa certificación internacional universitaria es un sueño que venía acariciando desde que concreté en la Ciudad de Guatemala un diplomado en la misma disciplina. Al fin veo luz al final de ese túnel en donde me imbuí hace mucho tiempo.

     Pues bien, volviendo al ruedo con el tema del COVID; me permití entrar en un proceso de reflexión a través del autocoaching con las siguientes preguntas poderosas: ¿Contra qué gigantes lucho en medio de esta pandemia?

Me percaté que es contra el miedo, la ira, el amor y el deber, los cuatro gigantes del alma descritos así por el doctor Emilio Mira y López en su libro “Los cuatro gigantes del alma”, la inanición, la falta de acción, la falta de voluntad política para hacer que sucedan cosas y no ver simplemente como pasan las cosas, entre otros tantos gigantes que no nos permite observar e interpretar con atención e intención el mundo y todo lo que en él acontece con suficiente claridad.

     Tomando en consideración que mediante el lenguaje transformacional las palabras tienen el poder de modificar nuestros entornos, nuestros pensamientos y sentimientos con un prisma diferente que nos permita ver las cosas de una forma muy personal y especial, he llegado a preguntarme: ¿Quién quiero ser en estos tiempos de pandemia y en pandemia?

Concluí que, quiero ser el actor principal en la historia de mi propia vida, asumiendo los riesgos que esto conlleva, a tomar decisiones individuales y colectivas de importancia, aunque estas muchas veces molesten a no pocas personas, a no temer a los cambios de función y localización que se pudieran dictar en el futuro, entre tantas otras cosas más. Ese poder de elegir lo tengo en las palmas de las manos segundo a segundo; en consecuencia, he decidido liberarme de tanta y cuanta atadura física, psíquica y espiritual que muchas veces me paraliza, embarga y enajena evitando actuar, a seguir luchando contra el pecado social que afecta a millones de compatriotas a lo largo y ancho del territorio nacional.

     Solo mediante tales consideraciones se puede lograr ser un hombre nuevo para cooperar en la construcción de un mundo nuevo, un mundo más humano, más fraterno, trabajándonos y transformándonos para ir rompiendo sin prisa, pero sin pausa con las situaciones de servidumbre a los que están sometidos no pocas personas.

Pues entonces, he decidido asumir mi rol en la historia y para ello he de forjarme a mí mismo con asiduidad, a partir de un domingo cualquiera, como el de hoy que está por terminar …


lunes, 8 de junio de 2020

El Emilio y algunos divertimentos…



Jlriveirof, OP
     Aunque de forma tardía me uno a las mil y una felicitación que egresados de todos los tiempos del glorioso Instituto Normal Mixto del Norte “Emilio Rosales Ponce”, en su 75 aniversario celebrado en fechas recientes, y que mejor manera de hacerlo a través de las letras que ahí aprendí a hilvanar y amar.
Rindo pues merecido homenaje a mi loable establecimiento, cuna de todos los saberes, por todas las vivencias y las ciencias acrisoladas tanto en mi formación básica como diversificada, hasta mi egreso en 1979, con el título de Maestro de Educación Primaria Urbana, bajo el brazo.
El Emilio, como le llamábamos los de mi generación, aquella generación fortificada en las costumbres bien arraigadas de los nacidos durante el baby boom; y que, en consecuencia, nos hacen parecer en mucho al Emilio de Juan Jacobo Rousseau, por la independencia de criterios que nos enseñaron a exponer y defender nuestros mentores, con claridad y con vigor.
    Agazapado en ese pensamiento, y dividiendo el tiempo que estuvimos en el   Emilio, como Rousseau, dividió su Emilio en partes, dedicados a la infancia de su protagonista, se puede aseverar que las grandes mayorías de estudiantes nos transformamos ahí, pasando de la niñez a la adolescencia, hasta que muchos nos convertirnos en hombres y mujeres de buena voluntad y aprendimos a ser humanos, que, según Rousseau, es la primera obligación de todo estudiante.
    En esa enseñanza-aprendizaje, llegamos a contemplar la naturaleza en todo su esplendor, en virtud que el campus en donde me toco compartir esa experiencia, tenía amplios jardines, arboleda, un cerro que dicho sea de paso era el lugar de las escapatorias o alguna que otra cita para cortejar a más de alguna amada, o para que los más “machitos” se dieran de golpes por algún problema que no se pudo conciliar con el diálogo.  
     Pues bien, en ese frío y verde entorno muchos “endurecimos” nuestras enclenques osamentas, según la propuesta de Locke de “endurecer los cuerpos contra los rigores del clima”, un clima que, en los años 70, eran fríos y tendidos sus inviernos, de ahí que en ese tiempo se decía que, en Cobán llovían trece meses al año.
De esa suerte, y fusionando el pensamiento con el de Rousseau, nuestros catedráticos intervinieron para crear las circunstancias favorables que mejor respondieran a nuestras muy particulares actividades como alumnos de ese templo del saber, que muchas décadas después, aún le llamamos cariñosamente, el Emilio.
     De nuestras clases,  la de moral y ética profesional siempre es motivo  para recordar a quien “sentaba cátedra” sobre el tema en cuestión, alguien que jamás pudo ser mesurado. Que para justificar su causa nos decía “no hagan lo que yo hago, sino lo que digo”. Quizás por ello, su arte de enseñar no era libre, estaba atado a unas duras y pesadas cadenas que no le permitían la libertad de su cátedra. Como el avestruz, siempre agachapa la cabeza, a pesar de tenerla bien amueblada de saberes.
Parafraseando a Château, podría decir hoy, que la vida de nuestro maestro de moral, como sujeto de estudio es hasta el día de hoy un material didáctico muy ilustrativo y útil para aprender a ser y hacer en todos los tiempos. Para saber lo que es bueno y malo, agradable y perfecto…
     De nuestra clase de filosofía, los incorregibles, aquellos que aprovechábamos cualquier manifestación o asueto obligatorio para “abrir la puerta a los vicios” y darnos cita ya no donde doña Cotorra, como lo hicieron las primeras generaciones de estudiantes, sino a la Tienda del estudiante, adyacente al Emilio, ahí, al calor de los espirituosos, nos dábamos a la tarea de filosofar sobre temas coyunturales,  corregíamos el rumbo del mundo a diestra y siniestra,  visualizábamos  los porvenires, y así de cerveza en cerveza con un huevo de gallina criolla hasta el fondo del vaso, casi siempre robados,  sacábamos textos filosóficos de su contexto y empinábamos el codo “hasta ver a Cristo” o hasta que Valerio o el abuelo Rossi llegaban a tocarnos la retirada, amenazándonos con ir a quejarse con el director.
En cada libación, levantábamos un acta, para recordar cada una de nuestras reuniones del seminario, en donde teníamos que elaborar una para dejar constancia de todo lo realizado. Iniciábamos en el mismo lugar y fecha relacionada al principio de la misma, pero en más de los casos la concluíamos en otro lugar, de cuyo nombre no debo acordarme, parafraseando a don Quijote, y muchas horas después de su inicio. 
Como el ser humano es bueno por naturaleza, afirmaba Rousseau, esos pasajes de la tienda del estudiante no viciaron nuestra vida, y al egresar de ese egregio establecimiento, esa puerta quedó cerrada de una vez y para siempre.
     En el Emilio nos dejaron ser y hacer. Nos enseñaron a seguir el orden de las cosas, aprendimos a hacer, obedeciendo. Las cátedras no eran un monólogo, siempre el mentor forzó para que la inteligencia saliera de “la caverna”, como bien nos decía el catedrático de filosofía, como condición sine qua non para alcanzar la edad de la razón, según él.
     De nuestra clase de Literatura Universal, de mi catedrático aprendí a amar las letras, a conjugarlas, a preciarlas, a encontrarles un lugar en el mundo, para que hilvanadas una tras otra, no tuvieran límite. El único límite decía, es aquel que uno le pone a su mente. Con el conocí a Tolstoi, Sarmiento, Cervantes, Boccaccio, Homero, Guiraldes, Virgilio, Hesse, etc. Aprendí que al leerlos era como estar platicando con los hombres más sabios que me antecedieron, tal y como lo acuñó Descartes.
     Del Emilio Salí, pero él jamás salió de mí, aun recuerdo con cariño a todos mis amigos y compañeros de estudio, a mis catedráticos con especial afecto por todas las cosas buenas que me enseñaron, tanta vivencia compartida, tantos divertimentos juntos.
     El Emilio fue partera de otros pensamientos, ideas y creencias, una nodriza que me educó, el ayo que me custodió, y el maestro que me enseñó