jueves, 16 de febrero de 2023

Anécdota covidiana …

 

     Como consecuencia del giro atípico que tomó el rumbo de la vida por causa de la pandemia, una mañana veraniega de un día cualquiera, se encontraba el escribiente haciendo cola en las afueras de uno de los bancos del sistema, ubicado en el centro histórico de la Ciudad imperial de Carlos V, previo a realizar un retiro monetario. Eran los tiempos en donde se sospechaba de todos y todos eran vistos como los leprosos que narran los evangelios y, por esa razón había que guardar un distanciamiento social, inclusive los vehículos automotores porque un parqueo estaba en uso y el otro en desuso, como si ellos también fueran susceptibles al contagio. Eran los tiempos de la ignorancia colectiva y un miedo inconmensurable cuando aún no había vacunas por causa de la politización de la pandemia y el robo infame del dinero para comprar vacunas. En el ínterin, muchas personas aprovecharon la larga, tediosa y tendenciosa cola para tertuliar, amén de la tardanza oficiosa de parte de los receptores que aseguraban que sobre el dinero contaminado,  cabalgaba la quirina.

     Mientras serpenteaba la larga cola, impertérrito me puse a escuchar la plática que sostenían tres personas que me antecedían, que, sin respetar el distanciamiento social, formaban un círculo. El que aparentaba ser el más letrado del grupo de los tres, hacía gala de una retórica fluida, sin embargo, la misma estaba un tanto desconectada de la razón, evidenciaba cierto fanatismo religioso que cegaba su pensamiento en extremo al decir que, –con la pandemia Dios estaba castigando a todo el pueblo de Guatemala por causa del pecado cometido con descaro por el presidente de la nación al intimar con un joven varón.  Se refería por supuesto, al ex jefe de su centro de desgobierno, aquel que tenía poderes plenipotenciarios y que estaba por encima de todos los ministros de estado y presuntamente de él cuando la ocasión lo permitía …

     –Pero también es por causa de las felonías y tropelías de todos los políticos, especialmente de los mal llamados padres de la patria, los dipugánsteres, sostuvo el segundo, -y por supuesto de la inmoralidad que exacerba de parte de quien mide el aceite presidencial, es decir, ese “pata de adobero” del Miguelito, por la que Dios nos está castigando con sus dos manos…, acotaba …

     –Viejo cara brava sisiflís contento, sentenció el tercero, mientras enarcaba la ceja en señal de desaprobación. Obviamente utilizo el término sisiflís como un eufemismo para edulcorar la palabra que realmente utilizó, –¿en dónde tendrá el dinero? Se refería sin duda a los cientos de miles de dinero prestado para paliar la pandemia y que hasta el día de hoy brillan por su ausencia. Haciendo suyas las preguntas que de forma reiterativa todos los guatemaltecos nos hacemos todos los días …

     La larga cola de gente lentamente siguió su curso y al ingresar el primero de los tertulianos al banco, la plática se acabó, no sin antes apercibir a sus tertulianos que, sacaran un extra de dinero para continuar la plática que habían comenzado en torno a una mesa con cerveza.

Por primera vez en tanto tiempo no había disfrutado de una plática callejera como la que tuvo ocasión bajo el rigor del sol que, hacía que las lágrimas por la risa se conjugarán con el sudor de la frente, como también no hubiese querido que la gente avanzara.

     No obstante,  la misma me hizo pensar que, si el mandatario no le hiciera honor a su segundo apellido y no le hubiera fallado al pueblo de Guatemala al seguir la misma  huella de quienes lo antecedieron en el cargo, y se hubiera comportado como un verdadero estadista, actuando en coherencia con su alta investidura, habría podido  hacer de su zona de falla un nido de palomas que, a nadie le hubiera importado un bledo.

Jlriveirof, OP

domingo, 12 de febrero de 2023

El Shep

Jlriveirof, OP


    Al ver las viejas y amarillentas fotografías en los muros de Facebook de mi extinto tío Jaime Amadeo Fernández Ligorría, me retrotrae a las vivencias compartidas con mis primos Fredy y Moge,  cuando a puro golpe de calcetín recorríamos un largo trecho desde la ciudad de Cobán hasta la aldea Caquigüal en San Pedro Carchá, vía finca Chimoté, propiedad del Señor Max Noack (QEPD), a donde pasábamos cargando baterías debajo de los naranjales, obviamente cuando el regio señor estaba ausente en virtud que, su imponente figura obligaba pasar desapercibidos para evitar ser echados del lugar.

Era la época dorada de los años 70 del siglo pasado.

El Shep; como lo había apodado mi abuelo materno Moge (su padre), en virtud de un clásico pantalón negro y blanco que usaba con asiduidad, o Jazmín como lo llamaba su abuelo materno papa Polo, era en aquella época idílica de nuestra niñez, el maestro (“muestre” como le decían sus alumnos) de la escuela rural de la aldea mencionada y, ahí vivía su familia.

     Casi siempre para las vacaciones o los fines de semana hacíamos ese recorrido, para ir a visitar al Shep y mis abuelos maternos que, en ese entonces vivían en la aldea mencionada y, cuando teníamos algunos chelines ahorrados, entonces, solo entonces, abordábamos frente al mercado central de Cobán, La Chovalita, una vieja camioneta Ford propiedad de Don Augusto Barrientos (+) que nos dejaba justo en la entrada de la Finca Chimoté.

Lo crítico de hacer el viaje en ese medio de transporte era que, no podíamos echarnos un taco de ojo en la tienda de la mamá de Gil Cugüa (QEPD), en virtud que, Gil tenía unas hermanas bellísimas y ese creo, era nuestro mayor pretexto para irnos a pie como los infantes.  ¿Quién no quería dejar hasta lo que no tenía en esa tienda, con tal de ver a tan bellas damas? Ellas eran el motivo del porque preferíamos recorrer esos derroteros agrestes, inciertos, polvorientos en verano y lodosos en invierno a pura infantería, bueno, aparte de la escasez que abundaba en nuestros bolsillos...

     El canto de los gallos quiquiriquí, y el aullar de los perros guau, guau, guau, (vaya que no habían gatos cruzados con gallos para que hicieran quiquirimiau, como afirmaba el padrino Moge, en sus historias de vaqueros) anunciaban nuestra llegada, cuando escuchaban el grito tribal que, al compás de nuestros galios lo dejábamos salir a puro pulmón cuando alcanzábamos la cima de un pequeño cerro: ¡Luuuuuuuuuuu! …, ¡Luuuuuuuuuuu!, ¡Luuuuuuu! (que quiere decir Pedro en nuestro idioma autóctono), el mismo era el santo y seña que usábamos tradicionalmente para anunciar ante nuestro abuelo que ya estábamos en las proximidades de su estancia.

El eco resonaba a lo interno de la pequeña casa que en la granja Gloria Sac’binal, ocupaba mi abuelo Moge, el mexicano, y mi abuela Lolita (la avispa), un grito que retumbaba más que en la casa, en la mente y el corazón de mis abuelos, especialmente del mexicano que gozaba nuestra llegada.

Cuando hacíamos nuestra entrada triunfal, mi abuelo nos esperaba en el hall de la casita de madera y, a la Lolis la encontrábamos en la cocina, preparando bollos de plátano para los visitantes en cuestión.

Con el nombre de Gloria Sac’binal mi abuelo bautizó esa granja en honor a su hija Gloria, la nana, a quien sintió y consintió hasta el final de sus tiempos...

     Después de ver a los abuelos y refaccionar con ellos,  nos dirigíamos hacia la casa del jazmín, a quien recuerdo cómo un anfitrión como pocos, ofrecía hasta lo que no tenía, una característica muy común en todos mis tíos y tías maternas, ellos no conocieron jamás la tacañería, los que quedan aún son pródigos, pero el Shep superaba a todos en prodigalidad, buena vecindad y en jocosidad, todo lo hacía chiste, hasta lo que no tenía gracia, hasta a la desgracia él, le encontraba algo bueno …

     Recuerdo con especial afecto cuando en cierta ocasión nos regaló una cuerda de tierra en su terreno, nos enseñó y obligó a sembrarla de cardamomo, cuando el tiempo paso y la época de la cosecha se presentó, si estábamos ausentes, él mandaba a cortar el fruto, lo vendía y nos llevaba el dinero hasta nuestra casa en la Ciudad de Cobán.

Así lo hizo un par de años seguidos, aun cuando ya no llegábamos, yo deje de hacerlo cuando mi abuelo ya no estaba presente en esta vida y, cuando me llegó la adolescencia, ya había otros intereses como los estudios secundarios y las “peoresnada” del lugar...

¡Ah!, malaya los tiempos idos…, Aquellos cuando el tiempo no parecía tramontar, cuando no existían las pobrezas y tristezas, cuando nos importaba un plato de lentejas si llovía, tronaba o relampagueaba, (que en Cobán ocurría 13 meses al año, es decir, siempre), cuando el sol no parecía ocultar a la luna ¡ja! …

Te imagino Shep, en compañía de tus hermanos que te precedieron en el camino rumbo a la casa del Padre, contando chistes, cuentos y anécdotas en donde te encontrás, cuantas reprimendas habrás recibido de San Pedro y San Pablo por no adaptarlos a su dignidad, aun así, los imagino reír a carcajadas como sin duda, lo hicimos los que nos gozamos en tu presencia.

¿Volveremos a reír en tu compañía jazmín? ¡sí!, pero todavía no Shep, aun tenemos que pagar todos los elotes que nos comimos en esta vida …

martes, 7 de febrero de 2023

“Alegoría de la Justicia y la Paz”

     En el Museo Nacional del Prado se exhibe una obra pictórica llamada “Alegoría de la justicia y la paz”, con cuyo nombre intitulo este post, es un óleo sobre lienzo del famoso pintor italiano Gianquinto Corrado, máximo representante de la pintura rococó, de antigua data (1753-54). En esa alegoría, están aparentemente descansando dos mujeres, vestidas a la moda romana de aquel tiempo. Se encuentran sentadas sobre la cresta de unas nubes representando a la justicia y la paz que, en intima proximidad se abrazan y se acercan para besarse.

No obstante, el cuadro aludido ha servido como inspiración a algunas prácticas sexuales lésbicas entre iguales, independiente a la orientación sexual que tengan las mujeres que experimentan lo expuesto. No fue esa la inspiración originaria del mencionado pintor, sino plasmar a través del arte una paz política, en virtud de la política pacifica que practicó Fernando VI durante su reinado y, que, para recordar esa época justa y pacífica, el autor se congració con él pintando esa alegoría, tomando como base el salmo 84: “El amor y la verdad se dan cita, la justicia y la paz se besan”.

     Ese cortejo divino plasmado en el lienzo que precede al artículo y expresado por el salmo; está formado por otras personificaciones: “unas se citan, otras se besan, alguna brota de la tierra, otra se asoma desde el cielo” (11s).

     Ese salmo en cuestión es una atenta exhortación para que “el amor, la lealtad, la paz y la justicia, sellen su encuentro con un beso”, sobre todo en este tiempo de post pandemia, de fenómenos inflacionarios y, cuando la época electorera como un fantasma atormentador a todo galope se avizora a la vuelta de la esquina, para ofrecer el oro y el moro a todos los incautos que, siempre se dejan engatusar por toda una ralea de politicastros castrados casi todos de valores humanos y cristianos.

Muchos de esos candidatos a trúhanes con licencia (no todos por supuesto),  sientan cátedra con sus acciones bajas, abyectas, vulgares, anti éticas, inmorales, anti evangélicas, perversas, etcétera. Sus prácticas farisaicas dieron comienzo ya: ya se empezaron a fotografiar besando ancianos, cargando niños, comiendo en mercados cantonales, haciendo uso del servicio público de pasajeros, ofreciendo la pena de muerte cuando la misma es inviable, metiéndose zancadilla entre ellos mismos y hablando mal el uno del otro. La práctica para cautivar votos de parte de más de uno de ellos es risible, a imitación de José Mujica ya desempolvaron sus viejos escarabajos Volkswagen, uno para promocionar su endeble participación por el guacamolón y otros por otros cargos comunales.

Ofrecen velar y garantizar el estado de derecho, de bienestar, la democracia y la justicia entre otras cosas, ofreciendo también una Guatemala diferente, más justa, más humana, más solidaria, más fraterna, sin embargo, cabe preguntarse ¿Por qué no lo hicieron antes si muchos de ellos ya han ocupado puestos de elección popular? Falsarios, sus propuestas carecen de sentido y fundamento …

Harto difíciles de entender son todas las propuestas y ofertas políticas de estos depositarios de mentiras y de maldades, maldicientes, murmuradores y extremadamente corruptos.

     Lejos de ser una luz en medio de la oscuridad que nos cubre, estos cancerberos de las huestes demoníacas son   tinieblas infernales, empañando con su ignorancia y arrogancia, la justicia, la verdad y la paz, procurando con todos los artificios que encuentran a su alcance para que no se den cita, no se abracen y no se besen; así como ha sido su insana costumbre.

Jlriveirof,OP

martes, 31 de enero de 2023

Hombres maniatados

     En el capítulo 3 (1-6), de su evangelio San Marcos narra la historia del hombre aquel que tenía la mano atrofiada, lisiada o seca. La redacción de la estrofa en cuestión, no permite sacar conjeturas respecto de que si esa malformación era congénita o adquirida por causa de alguna enfermedad o accidente.

     El escritor en mención crea y recrea un contexto adecuado para dar a la “raza de víboras” a los "sepulcros blanqueados” que acechaban a Jesús y, estaban ahí presentes, el suficiente material de que hablar: se da a lo interno de una sinagoga en dónde Jesús se encontraba enseñando como fue su inveterada costumbre. El hecho se llevó a cabo durante un sábado cualquiera, día en qué de acuerdo a la ley judía no podían hacer nada, pero ni siquiera espantar una mosca verde, —de aquellas que abundaban en el gran templo— que osara posarse en un plato de hierbas amargas.

     Jesús que se dio cuenta de las intenciones de los escribas y fariseos hipócritas, levanta y pone en el centro del lugar al hombre de la mano maniatada sin que éste lo pidiera, obedece a la orden del Maestro y éste lanza una pregunta poderosa: “¿qué es lo que está permitido hacer en sábado: el bien o el mal, ¿salvar una vida o acabar con ella”? Obviamente, nadie se atrevió a responder, sin duda esquivaban su mirada. Para rematar la escena de forma apoteósica, Jesús le dice al maniatado que extienda la mano y al instante la restableció … 

Mientras tanto, las pérfidas serpientes letradas de la ley, sin disimular su desencanto, murmuraban entre sí, lo que le iban a hacer en el futuro.

     El episodio del hombre de la mano seca da para tanto, hoy, permite elucubrar en tiempos de post pandemia, en un tiempo en donde muchas personas se hacen de las manos secas para hacer más de lo mismo: no trabajar. Ante la carencia de una visión del futuro no se ponen a pensar en el porvenir, cuando todo esto haya pasado ya.

Lo más penoso del asunto estriba en que, muchas personas se han maniatado por su propia y espontánea voluntad, mientras que  otras por causa de la falta de oportunidades, un empleo digno, una profesión o un oficio concreto que les permita salir avante en la vida.

     En los momentos infaustos de la pandemia, muchos lo hicieron “so pretexto” de no contagiarse y tomaron la decisión de aislarse, de no trabajar como es normal, usual y acostumbrado en una sociedad civilizada. Muchas de esas personas han tenido por costumbre no trabajar. Son aquellas que salen a las calles con un periódico debajo del brazo supuestamente a buscar un empleo, pero pidiéndole a Dios no encontrarlo.

     Los otros en cuestión, son quienes por causa de la problemática derivada de la pandemia y la inflación que ha sentado sus reales en el mundo entero, han afectado su economía, su empresa, su negocio o han perdido el empleo, contándose por cientos de miles a lo largo y ancho del globo terráqueo.

Ambos casos están erosionando economías enteras, con la única diferencia que los emprendedores sí están preocupados, ofuscados y maniatados por causa de la letalidad y derivaciones sin que puedan hacer mayor cosa para paliar la crisis que ya se avizora en el horizonte.

     El hombre de la mano seca entonces, debería confirmar lo que Jesús afirmó en aquel tiempo y, para los fines de este escrito aquí parafraseo al Señor: ¿Qué está permitido en estos tiempos: hacer el bien o hacer el mal, ¿salvar una vida o matarla?

Sin duda la respuesta a tal interrogante no es discutible como en aquel tiempo y es que, hacer el bien sin ver a quien es condición sine qua non para salvaguardar la vida en todas sus aristas…      

¡Vamos, extendamos la mano y emprendamos! …

Jlriveirof, OP

jueves, 26 de enero de 2023

El jaguar

   


 En diciembre del 2021 en compañía de mi hijo José Luis visitamos las ruinas de Tikal, y a la entrada de ese sitio arqueológico nos detuvimos para ver en tiendas y estantes del lugar, las diferentes artesanías que los comerciantes venden a propios y extraños.  Aparté la cara de un maya con la piel de un jaguar como turbante labrada en madera preciosa, misma que pasé recogiendo al final de nuestro paseo por el parque, al caer la tarde.

Mientras el tendero envolvía la efigie en cuestión, me iba relatando porque la figura del jaguar es icónica en El Petén, misma que cuento tal y como él me la contó y, como a él se lo contaron de forma generacional sus ancestros mayas. Mientras enarcaba una ceja y adoptaba un tono grave de voz me dijo que, el jaguar en aquel tiempo era un animal orgulloso, jactancioso y pretencioso y, que no era pinto como ahora, sino amarillo de una sola tonalidad.

     En su afán de creerse superior por su corporalidad, agudeza y sagacidad, el jaguar vivía humillando al resto de animales que compartían hábitat en las sabanas peteneras con él, a quienes exigía pleitesía y humillaba con asiduidad...

      Los monos que siempre se han creído más inteligentes inclusive de sus descendientes, no estaban de acuerdo con esa manera de ser y hacer de parte del jaguar y, al ser más números y bulliciosos lo atacaron en manada, disparándole al unísono chicozapotes sobre su felina corporalidad. Fue así como cambio de color y quedó pinto de una vez y para siempre con la explosión de la fruta madura que le fue arrojada.

     Herido en su dignidad más que en su corporalidad, el jaguar bramó y clamó al cielo, habiendo sido escuchado por una de las deidades que, en su auxilio bajó. Fue Kukulkán quien lo escuchó y también quien puso enemistad entre los simios y los jaguares, diciendo a los primeros que a partir de ese momento serían alimento del jaguar y que, si querían conservar la vida, debían permanecer en la copa de los árboles, so pena de desobedecer, ser degustados por el enorme felino.

     Es por eso que, cada vez que se escuchan los alaracos de algún mono aullador sobre la copa de los árboles, es porque han divisado a algún jaguar y con su alarido previenen a los que están cerca y estos a su vez, a los demás, hasta hacer una cadena sin fin de alaridos que salen de las entrañas de nuestros parientes lejanos, los simios,  hasta perderse en el infinito de ese mundo del misterio verde, como le llamó Virgilio Rodríguez Macal, a la sempiterna selva petenera.

Jlriveirof

lunes, 2 de enero de 2023

El padrino...


       
Mi tío materno Hermógenes  (+), se convirtió en mi padrino al haber aceptado el reto propuesto por mis padres, a quienes acompañó a la Iglesia Catedral de Santo Domingo de Guzmán, ubicada en el centro histórico de Santo Domingo de Cobán, Guatemala, Centroamérica, para que mi hermana Ruth y yo, recibiéramos las aguas bautismales cuando nos llegó el tiempo para ese sacramento.

Como era normal, usual y acostumbrado en todas las épocas, la Iglesia de mi ciudad natal como todas las demás, está ubicada a un costado del poder temporal: ayuntamiento y palacio de gobernación.

Cuando nos llegó la razón y empezamos a decir nuestras primeras palabras, sustituimos su nombre o su título de tío por el de padrino y, a imitación nuestra, todos sus sobrinos le empezaron a llamar “padrino”, aunque no lo fuera, sacramentalmente hablando.

Por antonomasia entonces, cuando alguien preguntaba por él o le llamaban ya no le decían tío o Moge, sino padrino, así fue reconocido por todo el clan familiar y así es recordado hasta el día de hoy, al haber sido sustituido su nombre de pila.

En virtud de sus andanzas al estilo de la vieja usanza vaqueril, fue apodado Pecos Bill por mi abuelo; su padre, de quien heredó el nombre y todo cuanto sabía de agricultura, ganado vacuno, caprino, porcino y caballar, así como a   administrar fincas.

Pecos Bill, un mote que le vino como anillo al dedo, cuando a todo galope con dos o tres “alipures” como él les llamaba a las bebidas embriagantes, atravesó de cabo a rabo la calle Chiú sur, montado en su yegua jalapeña Bailarina o Señorita creo que se llamaba, no recuerdo bien el nombre.

Como huyendo de un fuerte aguacero que se avecinaba y que ya venía pisándole los talones, se aferró a su cabalgadura. El clac, clac, clac del andar de su jumento y la ji, ji, ji del relinchar, se oía desde que cruzó el barrio San Juan Alcalá hacía la calle Chiú. Cuando nos vio parados debajo del dintel de la puerta principal de la vieja casona de mi abuelo, desaceleró el paso de la yegua alzando el freno, se quitó el sombrero, en la comisura de los labios llevaba un cigarro más torcido que la cola de una iguana, hizo que la yegua relinchara y se parara en dos patas, se quitó  el sombrero en señal de respeto, hizo una genuflexión hacía su padre y hundió las espuelas en los ijares de la pobre yegua que lo transportaba, logrando que plañidera,  corcoveara y, disparatada se pusiera en camino tirando coces a diestro y siniestro.

“Se va a romper la madre este hijo de cien mil p…,” chistó mi abuelo, cuando vio cómo se resbalaron las patas traseras al rosar las herraduras recién cambiadas en el taller Casado que aún queda por la calle del antiguo estadio Verapaz, hoy José Ángel Rossi, con las piedras mojadas por el chipi chipi de antaño, en esa calle que, en ese tiempo era muy parecida a las calles de la Antigua Guatemala.

En ese trance el padrino embistió a todo lo que encontró, cual ánima del purgatorio se aventó dando rienda suelta al semoviente y a todo galope desapareció de nuestra presencia, pasó el puente Chiú con la esperanza de transmontar los potreros que hoy ocupan Residenciales Imperial y Buena Vista, hasta perderse en el atardecer de la tarde fría y sombría de un mes de diciembre de un año cualquiera de nuestro Señor.

    De mi abuelo; el padrino aprendió a no pedir nada y a no morir de hambre. Hacía de todo lo que dignificará al hombre. Cuando por alguna razón se encontraba temporalmente desempleado, se dedicaba al negocio de la venta de caballos, machos, yeguas y burros. En consecuencia, recorrió aldeas, caseríos, montes y ciudades, haciendo periplos desde la Ciudad de Jalapa, hasta Cobán, transitando por caminos y veredas inciertas de herradura.

En repetidas ocasiones encabezó la expedición su mariscal de campo, el famoso Chico Méndez, un vejete, bajo de estatura, encorvado, de ojos claros, que como todos los vaqueros éste era bastante fanfarrón, (decía que en Jalapa hasta los chuchos eran de ojos zarcos), montado en un caballo percherón, usando un sombrerón que cobijaba su escuálida figura, investido de una falsa envergadura, se creía Clint Eastwood portando en el cinto una pistola más grande que sus extremidades inferiores.

 


    Remontando el pensamiento a los tiempos idos, concretamente a finales de los años setenta del siglo pasado, cuando en las proximidades de las ferias de Carchá y Cobán; mi finado primo Willy Ramírez Barrios (hijo de Enrique Ramírez Fernández), mi primo hermano Moge Fernández García,  Paco mi hermano, que también ya duerme el sueño de los justos y yo, éramos ascendidos por el padrino  a lugartenientes,  en su ausencia claro está y, montados a puro pelo y gamarrón por freno, lo acompañábamos a ambas celebraciones para vender su recua de machos, mulas, burros y caballos;  no sin antes haber recibido una capacitación a puro troche y moche, iniciando con lo más básico, con el léxico florido del padrino de aquel lejano tiempo: - “Nunca te pongas detrás de una mula porque no es tu nana”, “nunca te pongas delante  de un macho serrano  porque no es tu tata”, ”por la izquierda se monta un caballo pisado, no por la derecha,  no es tu traida  para que lo hagas por cualquier lado”.

Al final de la jornada tenía listas unas candelas de cebo que daba a cada uno, para frotarlas en las magulladuras que se formaban en el sisiflís como consecuencia de montar a puro pelo, que mantilla ni que montura, esa estaba reservada para él.

También nos enseñó a calcular la vejez de un penco por la apariencia del java (gingivopalatitis o palatogingivitis), o por la caída de las criadillas, cuando éstas estaban muy caídas casi al ras de los tobillos decía que, el jumento era más viejo que su dueño y así, aprendimos a montar y a arrear patachos.

     Era espléndido en dar y darse a los demás, llegado el tiempo de las navidades, a diferencia de Ebenezer Scrooge, nos visitaba y nunca llegaba con las manos vacías, siempre llevaba consigo más de algún regalo, igual que para el tiempo de los cumpleaños, al extremo que,  cuando cumplí mis quince primaveras, muy de mañana llegó a visitarme para felicitarme, me mando asearme, a echarme loción aunque sea “siete machos” – dijo-, a ponerme mi mejor estreno y alguna vaselina “Flor de Paris” en el pelo,  me llevó con él …,  una sonrisa maliciosa surcaba su cara de oreja a oreja, hasta parecía que le salían cachos.

Es evidente que, con la suficiente antelación él ya había maquinado lo que me regalaría para esa ocasión. Llegamos a una casa campestre de balcón, sumergida entre cafetales y pacayales, que hacían sombra al visitante, la alumbraba una luz mortecina, olorosa a tabaco y bebidas espirituosas, al fondo se oía una vieja canción de principios de los años 60, con cierta ortodoxia me dio  su bendición en el momento mismo en que me lanzaba  a los brazos de una fémina, con apariencia monjil y austeridades conventuales que me esperaba, por el acento de su voz intuí que no era connacional, a pesar que aparentaba ser menor de edad, resulto ser más astuta que la vulpeja,  risueña en extremo, me dijo llamarse no sé, no lo recuerdo, solo oí que él la llamo chiltepito. Fue así como un 30 de septiembre de un año cualquiera del siglo pasado, perdí la inocencia …

     Sin duda alguna estará sentado sobre algún jumento a horcajadas y riendo a carcajadas, se estará echando unas arrechadas de vaqueros, como fue su inveterada costumbre...

domingo, 1 de enero de 2023

La lapidación como estrategia de dominación

 


     El libro de los Hechos de los Apóstoles (6,8-10; 7, 54-59), registra uno de los primeros asesinatos cometidos en la era cristiana, concretamente en la humanidad de Esteban, uno de los primeros discípulos de Jesucristo que derramó su sangre al afirmar que lo veía en un remanso sentado a la derecha de Dios en gloria y en paz.

Con tal afirmación obtuvo una reacción violenta por parte de los miembros del Sanedrín, porque empezaron a formular juicios negativos, y en virtud de ellos, lo sacaron a las afueras de la ciudad y a pedrada limpia y certera le segaron la vida.

Mientras los malhechores descargaban su furia en contra del discípulo de Jesús, a quien convirtieron en proto mártir, él le pedía a Dios para que acogiera su espíritu y que no les tomara en cuenta ese flagrante delito.

     Hoy; en la plenitud del siglo XXI, los linchamientos que incluyen el apaleamiento, lapidaciones y otras formas pendencieras y violentas, siguen siendo una estrategia de dominación por parte de muchos sectores de la población; los aparatos represivos del estado lo siguen practicando con rigurosidad y asiduidad, para ser temidos, no respetados y enviar así, una señal sobre lo que debe y no hacerse, decir y no decirse.

Fue práctica de curso legal por parte de las hordas oligofrénicas del estado, durante el genocidio perpetrado en Guatemala, entre los años de 1960 a 1996, dentro del marco de la guerra fría entre el bloque capitalista representado por los EEUU y el comunista por la URSS.

La lapidación física y verbal se sigue practicando por razones de todo tipo, desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días.

     En la actualidad seguimos viviendo tiempos difíciles, muchas personas violetas en extremo a lo interno de la Guatemala profunda utilizan ese método para castigar a presuntos delincuentes, en adición a la quema de personas a quienes ellos aprehenden, juzgan y condenan, mandando una clara señal que la justicia en Guatemala cada quien la toma según le conviene, y que la antiquísima ley del Talión aún existe y persiste.

     En ese contexto podemos contemplar cómo  Guatemala vuelve a ser  noticia a nivel internacional, cuando se estrenó el documental “El arte del asesinato político” producido por el actor George Clooney y Grant Heslov, basados en el libro del escritor Francisco Goldman, en dónde relatan el asesinato de Monseñor Juan José Gerardi, uno de los máximos defensores de los derechos humanos, lapidado por miembros del ejército nacional, dos días después de haber presentado el Informe de la Recuperación de la Memoria Histórica, que expone al desnudo,  el exacerbado índice de crueldad jamás cometido por esa institución armada, durante los 36 años que duró el enfrentamiento armado interno.

     Superada esa etapa convulsa y vergonzosa llevada a cabo bajo el solar patrio, es importante que todas las organizaciones sociales, políticas, económicas, militares y religiosas, a imitación de Cristo y el proto mártir Esteban, pidamos a Dios en nuestras oraciones para que cese la violencia, el odio, el desamor y la desesperanza e incluyamos en nuestras oraciones: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” …

Como una sociedad presuntamente civilizada, nos urge hacer esa declaración del perdón y, bajo este acápite, es importante que, todos cumplamos con lo que nos hemos comprometido, empezando con los gobernantes futuros a efecto de que cumplan con lo estipulado por los invisibilizados, olvidados, empolvados, desmantelados y archivados acuerdos de paz y, que vuelvan a pedir perdón por la barbarie cometida en contra de la otredad y la nadedad, pero no del diente al labio como lo hizo el pillo de Portillo, sino a corazón abierto, para que, como sociedad presuntamente civilizada, comencemos a reconstruir la Guatemala que todos queremos.

     Obviamente; sin resarcimiento no hay perdón, por lo tanto, es imperioso resarcir el daño cometido en contra de los otros y la mejor forma de hacerlo es, llevar salud, seguridad, educación, capacitación técnica y ayuda psicológica entre otras a las áreas violentadas, excluidas, marginadas y más olvidadas por el mismo estado guatemalteco; especialmente aquellas que, pusieron sus campos y sus muertos durante la conflagración bélica …

Jlriveirof, OP