En el prólogo a La Ideología Alemana Carlos Marx y Federico
Engels dicen que “hasta ahora los
hombres se han formado siempre ideas
falsas acerca de sí mismos, acerca de lo que son o debieran ser”. Aunque ellos tampoco escaparon a la tentación de generar
falsas concepciones sobre sí mismos y
sobre su práctica de la moral, el
común de los mortales estamos más expuestos a caer en esas falacias.
¿Quién no ha inflado una hoja de vida para aplicar a una plaza? o ¿Quién no ha exagerado sobre su ser y su hacer en una entrevista laboral?
¿Quién no ha inflado una hoja de vida para aplicar a una plaza? o ¿Quién no ha exagerado sobre su ser y su hacer en una entrevista laboral?
Para anotar esa
afirmación, basta con inmiscuirnos en los azarosos campos de la política y analizar
a la mayoría de politicastros que en su ambición desmedida por ocupar algún
puesto por elección popular en los
diferentes foros, entrevistas y debates que diversas entidades del acontecer
nacional prepararon para conocer su pensamiento, sus conocimientos técnicos y
académicos y la comprensión de la cosa pública entre otras cosas de interés
general exageraron sobre lo que son y lo que saben hacer. ¿Cuantos no cayeron en el delito
de usurpación de calidad? arrogándose títulos académicos que no tenían, derivando
perjuicio a sus electores y sometiéndose innecesariamente al escrutinio y al
rechazo de la población.
Si analizamos aunque sea superficialmente los ofrecimientos externados por
los candidatos a la Presidencia de la República durante los tres últimos periodos eleccionarios podemos
recordar al “Caballero de la triste figura” cuando en su quijotesca campaña ofreció que la “violencia la iba acabar con
inteligencia” falló en el intento y al parecer esa inteligencia también le fue robada durante su gestión gubernamental,
ni siquiera pudo controlar la violencia
intrafamiliar terminando de gobernante en
gobernado junto al pueblo por la “vieja política”, quien
después se divorció de él para pretender
“casarse con el pueblo de Guatemala”; gracias a Dios sus habitantes no aceptaron
ese desposorio y en atención a sus creencias religiosas “no quisieron estar unidos en
yugo desigual con la incrédula, sabiendo que no hay ninguna relación con la
justicia y la inequidad y que no hay comunión entre la luz y las tinieblas”
(2ª Corintios, 6, 14); alabado sea el
pueblo guatemalteco.
La campaña política del partido de la mano dura no fue la
excepción, no fueron originales ni con ese slogan de mano dura y súper dura, perteneció a otro gobierno ultraderechista extranjero
y resultó ser un fiasco para la
gobernabilidad del país, fueron duros eso si contra el mismo pueblo para
defender intereses propios de la oligarquía nacional y extranjera y en sus excesos de apropiación por lo ajeno de
forma continuada hasta llegar al cadalso político y no lograr concluir el
mandato para el cual fueron elegidos, hoy los artífices del malogrado partido
guardan prisión preventiva, previo a ser condenados por no haber cumplido su predicamento de
luchar contra la corrupción que
ellos lideraban; otros esperan su
captura de un rato a otro y los que lograron quedarse en el parlamento
emigraron como aves de rapiña buscando salvación y condonación por los
desmadres cometidos en detrimento de los
pobres y desposeídos que en Guatemala son legión.
Y en la última campaña atípica e inmoral que terminó hace
algunos días el pueblo dio su bendición
al protagonista del programa de televisión Moralejas, de tal suerte que “el catorce a las catorce” del primer mes del año que
viene, seremos testigos oculares y presenciales cuando sea ascendido el “Cabo Morales” a
Comandante General del Ejército y sea investido como Presidente Constitucional de la República de
Guatemala, un gobierno producto del descontento de los guatemaltecos por la
“vieja forma de hacer política” y por la corrupción institucional cuyas arcas han sido el botín por excelencia de gobiernos
anteriores.
Hoy tenemos a un Presidente electo que tendrá que legitimar su gestión haciendo creíble su slogan “ni corrupto ni ladrón” para lo cual tendrá que ser coherente con la práctica de su moral cristiana que ha enarbolado muy en alto. No está demás recordarle que el escenario político al que se enfrentará sigue siendo un campo minado y regido por huestes malignas y perniciosas en donde tendrá que ser el protagonista y en donde no habrán ni uno ni dos personajes antagónicos sino muchos con los que tendrá que interactuar por lo tanto será imperativo que se “aprenda bien el guión” y se meta de lleno en su nuevo personaje de estadista para que cuando el telón se cierre dentro de cuatro años si Dios y el pueblo lo permiten los aplausos sean bastante estrepitosos.
Hoy tenemos a un Presidente electo que tendrá que legitimar su gestión haciendo creíble su slogan “ni corrupto ni ladrón” para lo cual tendrá que ser coherente con la práctica de su moral cristiana que ha enarbolado muy en alto. No está demás recordarle que el escenario político al que se enfrentará sigue siendo un campo minado y regido por huestes malignas y perniciosas en donde tendrá que ser el protagonista y en donde no habrán ni uno ni dos personajes antagónicos sino muchos con los que tendrá que interactuar por lo tanto será imperativo que se “aprenda bien el guión” y se meta de lleno en su nuevo personaje de estadista para que cuando el telón se cierre dentro de cuatro años si Dios y el pueblo lo permiten los aplausos sean bastante estrepitosos.
Jlriveirof
