jueves, 29 de octubre de 2015

“NI CORRUPTO, NI LADRÓN”


En el prólogo a La Ideología Alemana Carlos Marx y Federico Engels dicen que “hasta ahora los hombres  se han formado siempre ideas falsas acerca de sí mismos, acerca de lo que son o debieran ser”. Aunque  ellos  tampoco escaparon a la tentación de generar falsas concepciones sobre sí mismos y  sobre su práctica de la moral,  el común de los mortales estamos más expuestos a caer en esas falacias.
  ¿Quién no ha inflado una hoja de vida para aplicar a una plaza? o  ¿Quién no ha exagerado sobre su ser y su hacer en una entrevista laboral?

Para anotar  esa afirmación,  basta con inmiscuirnos  en los azarosos campos de la política y analizar a  la mayoría de  politicastros  que en su ambición desmedida por ocupar algún puesto por elección popular  en los diferentes foros, entrevistas y debates que diversas entidades del acontecer nacional prepararon para conocer su pensamiento, sus conocimientos técnicos y académicos y la comprensión de la cosa pública entre otras cosas de interés general exageraron sobre lo que son y lo que saben hacer. ¿Cuantos no cayeron en el delito de usurpación de calidad? arrogándose títulos académicos que no tenían, derivando perjuicio a sus electores y sometiéndose innecesariamente al escrutinio y al rechazo de la población.

Si analizamos aunque sea superficialmente los ofrecimientos externados por los candidatos a la Presidencia de la República durante los  tres últimos periodos eleccionarios  podemos recordar al “Caballero de la triste figura”  cuando en su quijotesca campaña ofreció  que la “violencia la iba acabar con inteligencia” falló en el intento y al parecer esa inteligencia también le  fue robada durante su gestión gubernamental, ni siquiera pudo controlar  la violencia intrafamiliar terminando de gobernante  en  gobernado  junto al pueblo por la “vieja política”, quien después se divorció  de él para pretender “casarse con el pueblo de Guatemala”; gracias a Dios sus habitantes no aceptaron ese desposorio y en atención a sus creencias religiosas “no quisieron estar unidos en yugo desigual con la incrédula, sabiendo que no hay ninguna relación con la justicia y la inequidad y que no hay comunión entre la luz y las tinieblas” (2ª Corintios, 6, 14);  alabado sea el pueblo guatemalteco.

La campaña política del partido de la mano dura no fue la excepción, no fueron originales ni con ese slogan de mano dura y súper dura,  perteneció a otro gobierno ultraderechista extranjero y  resultó ser un fiasco para la gobernabilidad del país, fueron duros eso si contra el mismo pueblo para defender intereses propios de la oligarquía nacional y extranjera y  en sus excesos de apropiación por lo ajeno de forma continuada hasta llegar al cadalso político y no lograr concluir el mandato para el cual fueron elegidos, hoy los artífices del malogrado partido guardan prisión preventiva, previo a ser condenados  por no haber cumplido su predicamento de luchar contra la corrupción  que ellos  lideraban; otros esperan su captura de un rato a otro y los que lograron quedarse en el parlamento emigraron como aves de rapiña buscando salvación y condonación por los desmadres  cometidos en detrimento de los pobres y desposeídos que en Guatemala son legión.

Y en la última campaña atípica e inmoral que terminó hace algunos días  el pueblo dio su bendición al protagonista del programa de televisión Moralejas, de tal  suerte que “el catorce  a las catorce” del primer mes del año que viene, seremos testigos oculares y presenciales  cuando sea ascendido el “Cabo Morales” a Comandante General del Ejército y sea investido como  Presidente Constitucional de la República de Guatemala, un gobierno producto del descontento de los guatemaltecos por la “vieja forma de hacer política” y por la corrupción institucional cuyas arcas  han sido el botín por excelencia de gobiernos anteriores. 

Hoy tenemos a un  Presidente electo que  tendrá que legitimar su gestión haciendo creíble su slogan “ni corrupto ni ladrón” para lo cual tendrá que ser coherente con la  práctica de su moral cristiana que ha enarbolado muy en alto. No está  demás recordarle  que el escenario político al que se enfrentará   sigue siendo un campo minado y regido por huestes malignas y perniciosas en donde tendrá que ser el  protagonista y en donde  no habrán ni uno ni dos personajes antagónicos sino muchos con los que tendrá que interactuar por lo tanto será imperativo que se “aprenda bien el guión” y se meta de lleno en su nuevo  personaje de estadista para que cuando  el telón se cierre dentro de cuatro años si Dios y el pueblo lo permiten los aplausos sean bastante estrepitosos.


Jlriveirof