martes, 15 de diciembre de 2015

“Los Derechos Humanos, ¿Una quimera?”

El 10 de diciembre recién pasado se celebró  en el mundo civilizado el día internacional de los derechos humanos  para festejar la fecha en que, la Asamblea General de las Naciones unidas aprobó la Declaración Universal de esos haberes.
 Durante esa festividad  en Guatemala, el fausto  Procurador de los derechos humanos Jorge de León Duque  dijo que,  en materia de derechos humanos  “no hay  nada que celebrar”  y es que, los derechos humanos en Guatemala sigue siendo una quimera, reculamos más de lo que avanzamos; sino veamos como las fuertes motivaciones en la lucha  contra  la corrupción se está extinguiendo poco a poco y el error obedece a que se luchó contra unos cuantos malhechores,  y no contra el sistema putrefacto y pervertido que existe en todas las esferas públicas y algunas privadas  desde tiempos inmemoriales. La sociedad se contentó y acomodó  al ver a unos cuantos victimarios detrás de las rejas,  aunque sea de forma temporal en tanto y en cuanto son vencidos en juicio; pero, mientras ese momento llega,  hoy,  repugna ver como esos presuntos delincuentes gozan de prerrogativas dentro de la Brigada Militar Mariscal Zavala, un cuartel  militar que se ha metamorfoseado en cárcel  VIP para resguardar la  “vida y la dignidad” de tales presidiarios.
Impensable suponer que estos reos de primera clase se mezclen entre  los de segunda y tercera. Un ejemplo preclaro lo tenemos en el flamante  “general de la paz” que gracias al servilismo de un “honorable juzgador” hoy cuenta con “línea blanca” en su bartolina para no perder su arraigada costumbre de vivir siempre “entre líneas”;  alineado claro está,  a  esferas castrenses. 
 Es penoso y lamentable observar que la ley en Guatemala se aplica “correctamente” solo en contra de ladronzuelos de poca monta y que la culebra sigue “picando”  los pies descalzos de los pobres más pobres. 
   Siempre retrotrayendo el pensamiento, recuerdo que un día como ese 10 de diciembre del año en curso;   al cumplirse el primer cincuentenario de la referida declaración universal  el entonces Papa Juan Pablo II, dijo: que trabajar por los derechos humanos significa optar por la vida. Menuda tarea que no debe ser restringida solo para algunos tecnócratas o para algunos vividores  oenegeros que han hecho de esa noble tarea su modus vivendi.   Ese optar por la  vida debe  ser el “santo y seña” de todas aquellas personas que nos autodenominamos cristianos   cuando “es ofendido nuestro sentido de la justicia” –Hannah Arendt-  y nos incomoda el mal en sus diferentes manifestaciones cuanto éste es cimentado por un ser humano sobre la humanidad y la dignidad de otro ser humano.  
Ese optar por la vida debe ser comprendido, contemplado y practicado por todos los hombres y mujeres de buena voluntad  que apuestan por un mundo más humano y más fraterno y asumirlo como un reto personal o  como una misión de servicio a favor de todas las personas sin distinción de credo religioso, político, económico, social y cultural.
Solo así podríamos  apostar y trabajar por un mundo más ecuánime. Nuestro país  es campo fértil para “optar por la vida” cuando vemos un panorama en derechos humanos depauperado; con una pobreza y  extrema pobreza estimada en un 70.3% según la CEPAL, esas contrariedades nos da la oportunidad a todos los hijos de esta noble tierra para hacer del respeto y apego por  los derechos de los demás un género de vida.
Solo optando por la vida podremos hacer realidad aquella vieja quimera de Benito Juárez  acerca del respeto al  derecho ajeno. Solo conservando la paz, en Guatemala la procuración del bien común dejará de ser ese monstruo con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón, que  sin duda alguna;  es la apariencia que  tiene la quimera de los Derechos Humanos en Guatemala en estos precisos momentos.
En materia de derechos humanos,  hoy  “no hay nada que celebrar”,  mañana quizá...

Jlriveirof