viernes, 13 de mayo de 2016

¿QUIÉN HUNDIÓ AL BISMARCK?

Por jlriveirof

Las letras que componen este escrito ya vieron la luz por primera vez en otro blog de mi propiedad, lo he sacado a la súper carretera de la Web de nuevo, remozado,  ampliado y mejorado,  atendiendo las recomendaciones que  Howard Becker da  en su Manual de Escritura para Científicos Sociales. –No es exclusivo de científicos sociales, es útil para cualquier persona que pretenda escribir-  He sopesado su pertinencia argumentando las dificultades que existen en esta etapa post moderna  para salir de la zona de confort y de la abulia y, pensando en la acción que se debe desarrollar  en el ejercicio de una actividad laboral concreta, cualquiera que esta sea. Al igual que Leibniz, me gusta conciliar el pensamiento y los acontecimientos antiguos con los modernos y es por ello que, en alguna medida, continuamente me sirvo de los dichos y hechos de personas notables –y algunas para nada notables-  cuyo pensamiento me ilumina e inspira para  reflexionar en torno a lo mismo.

 En ese caso, induzco una frase atribuida a Sir Winston Churchill cuando fungía como Primer Ministro de Inglaterra: “ya hicieron lo posible ahora vayan y hagan lo imposible”, dicho imperativo  fue externado en el contexto de la segunda  guerra mundial; cuando Adolf Hitler contraviniendo todos los tratados internacionales para la construcción de buques de guerra;  ordena construir el acorazado de guerra más grande del mundo y echa a la mar el orgullo del ejército alemán y terror del Atlántico. El  Bismarck, fue  construido para destruir todos los barcos que llevaban suministros provenientes de los Estados Unidos con rumbo  a Inglaterra, si los submarinos alemanes ya eran un atentado para esos buques, el Bismarck  extremaba la diligencia al sumarse a la destrucción que ocasionaban los  torpederos alemanes.

Incursiona la noche del 22 de mayo de 1941 cuando se aleja  de la costa de Noruega, haciéndose  acompañar del crucero Prinz Eugen y al amanecer del  día 24 del mismo mes,  se encuentran con el crucero acorazado Hood, el veterano más grande de la escuadra británica, al poco tiempo aparece otro barco inglés: el Prince of Wales; y empieza el enfrentamiento armado con  el Hood a la vanguardia  contestándole  el Bismarck con su batería de cañones de todas sus torres al unísono, inmediatamente después dirige todo su poder devastador en contra del Prince of Wales,  dejándolo en poco tiempo fuera de combate.

Entonces, se inicia el enfrentamiento entre el Bismarck y el Hood, al poco tiempo este último escora a babor, se arquea y se parte en dos; inmediatamente se hunde hasta desaparecer en las profundidades del océano junto a su tripulación. Ante este hecho histórico “el Führer” alemán condecora con la Cruz de Hierro al comandante en jefe de la artillería del Bismarck, más otros incentivos pecuniarios que el Jefe del Tercer Reich otorgaba a los que ganaban las batallas.
En este contexto histórico es cuando Sir Winston Churchill externa lo que para la flota naval y aérea fue un absoluto; cuando él pregunto porque no habían hundido al Bismarck  le contestaron que habían hecho todo lo posible por hundirlo, pero que había sido imposible concretarlo,  a lo que les refutó: “Ya hicieron lo posible ahora vayan y hagan lo imposible” y tres días después del combate una escuadrilla de aviones  peces espadas, atacaron al Bismarck haciendo blanco en él, uno de los tres torpedos que dieron en el blanco averió el mecanismo de gobierno del barco inmovilizando  los timones y haciendo que este perdiera la dirección; a la una de la madrugada  otra escuadrilla de  aviones torpederos   bombardean el barco acorralándolo  hasta que llegaron dos barcos de la armada inglesa: El Rodney y el George V abriendo fuego con cañones de 16 pulgadas, cuyos proyectiles pesaban mil kilos con una velocidad de media milla náutica por segundo, con buena puntería todos los proyectiles daban en el blanco, hasta que el Bismarck levanto la proa y se hundió en ese infierno que era entonces el océano; cumpliendo así con la misión que Churchill les había encomendado: hacer lo imposible cuando lo posible no  era posible, hundiendo así la amenaza más grande de Europa y terror de los mares.

Le dieron  con todo lo que tenían el 27 de mayo de 1941 y a las 10:39 horas, el acorazado se hundió con la mayor parte de sus tripulantes, solo unos pocos sobrevivieron entre las olas. Los ingleses no solo destruyeron el Bismarck, el acorazado de guerra más grande y poderoso del mundo; sino también el orgullo alemán que les inculcaban desde niños “y que era el fundamento de su vida: la confianza en que ellos, los alemanes, eran invencibles”. La soberbia y el orgullo, sin duda alguna las tentaciones más empecinadas de los seres humanos.

 Amigos míos; haciendo una analogía con nuestra empresa, cualquiera que esta sea y,  cualquiera que sea el giro de su negocio, podemos compararla con un buque –de guerra dependiendo del clima laboral-  donde cada uno de los que laboramos en su entorno  es un tripulante; y en donde como gremio somos corresponsables de esa nave,  cumpliendo con las  planificaciones estratégicas establecidas con la debida antelación. Si incumplimos con la misión,  amenazamos con hundirla y  con ella a nuestros compañeros de trabajo; quizás,  solo unos cuantos podrán salvarse.
Hoy,  navegamos en mares turbulentos también llenos de amenazas, como esos filibusteros del mercado  que en su afán pecuniario confunden los fines con los medios y han  “desvalorizado los valores” –Nietzsche-  en sus malas prácticas administrativas, muy a menudo nos enfrentamos con personas  que nos torpedean con asiduidad con sus chismes y sus sátiras, bogamos hacia la otra orilla en un mar saturado de rémoras que se adhieren tanto en la proa como en la popa, intentando desviarnos de nuestros objetivos; en donde el tema de los derechos humanos es una quimera y  la justicia y el derecho tienen sus chivos expiatorios,  bregamos en el anchuroso mar del sistema capitalista que nos agobia segmentando  a la sociedad a pasos desmedidos,  inmersos en el  “ mercado mundial  -diría el teólogo Leonardo Boff-   convertido por los ideólogos del  capitalismo en un altar en donde se  adora a Mammón, el dios de las finanzas especulativas”  y en donde se sacrifican miles de víctimas de forma continuada y, que gracias a su merced, muchas personas no pueden llevar  a tiempo, con prontitud, esmero y en abundancia  las provisiones a sus hogares, incluyéndonos a nosotros mismos y a nuestros asociados, impidiendo que “todo fluya” –Heráclito-  sin dificultad a puerto seguro.
                                                                                                                            
En virtud de lo anterior  y con la intención de contrarrestar los efectos devastadores de esas circunstancias desfavorables que nos acosan a tiempo y a destiempo, es menester crear las medidas anticipativas y adaptativas que nos permitan girar el rumbo para evitar un cataclismo y una gran conflagración en materia social, política y económica.
En aquel tiempo,  los ingleses contaban con un líder testarudo y persistente que jamás pensó en capitular, una clase de liderazgo  que dependió  en gran parte no solamente del estilo y  genio  del  Primer Ministro sino al grado de madurez de los coadjutores, del problema concreto que se afrontó en su momento y de su análisis de coyuntura. Características clave que se deben considerar  muchas veces en este tiempo con sus particulares circunstancias.

Ellos,  lucharon con todo lo que tenían en contra del acorazado más poderoso del mundo y le permitieron vivir tan solo 215 horas; cumpliendo con alto grado de exactitud lo que el líder les emplazó: “ya hicieron lo posible, ahora vayan y hagan lo imposible”. Hoy, podemos considerarlo como el santo y seña  para luchar en contra de los flagelos que nos agobian y hacer las cosas ordinarias de forma extraordinaria y  establecer  la diferencia.-

domingo, 8 de mayo de 2016

Transero por antonomasia

En un intento tardío por reconstruir hechos  que giran en torno  al infiernillo de la novena avenida y hacer una crítica crítica de ellos,  evoco unas cuantas palabras que    me llamaron poderosamente la atención, un mensaje psíquicamente reaccionario externado no hace mucho tiempo por la diputada tránsfuga del partido híbrido oficial –LÍDER/GATE-UNE-PP- Sandra Patricia Sandoval, difundido en todos los medios escritos y hablados, no por la profundidad de su mensaje, sino por esa insensata pretensión  que siempre tiene  el mal,  que quiere presidir todo lo que se corrompe de forma continuada. 

Ese coloquio impertinente y pertinaz sorprendió a muchos en su intento por coartar  la libertad de expresión al pusilánime Ministro de Salud Pública y Asistencia Social, quien  en un momento de tímida valentía quizo denunciar a los flamantes diputados que lo han visitado con asiduidad para transar plazas para sus allegados. Vociferó con soberbia altivez la "representante" diciendo: "Aquí la investidura se respeta, estás hablando con una diputada"...

¿Acaso pensará que el pueblo se debe a ella y a sus pares en el hemiciclo?,   Febril émula del hijo de un Emperador que en sus delirios de grandeza  creía que el pueblo romano giraba a su alrededor...

Ante ese sonoro aspaviento cabe preguntarse: ¿Qué es un diputado? 

A mi juicio un diputado es, por antonomasia, un transero. Aunque se le denomine Dignatario  de la Nación y demás títulos rimbombantes  que suelen utilizar. 

Ya desde antiguo esta clase de gente viene peleando con el mundo ético,  en su tiempo, San Agustín  anotaba y notaba "que ninguna diferencia relevante podríamos encontrar entre una sociedad política -partido político- y una asociación criminal bien organizada". El ser y hacer en ambas organizaciones  es muy parecido.  Salvando a unos pocos íntegros   por supuesto, así como sucedió en los tiempos de  Sodoma y Gomorra en donde a los justos hubo que rebuscarlos o inventarlos. La mayoría vive de la mentira, el chantaje y la extorsión haciendo de la política una tarea parasitaria, improductiva e innoble. Aunque algunos vistan a la moda con traje y corbata y circulen en lujosos automóviles. 

 Por lo tanto, esa "idea madre" que  tuvo la diputada al decir que la "investidura -de transero- se respeta", habría que replantearla de otra manera. Primero, creo que,  tendrían que respetarla ellos, antes de pretender que lo hagan  aquellos que, en un momento de pérdida de la razón votaron a su favor.

Pienso  que, el pueblo en esos sus ensayos democráticos llevados a la praxis en parques y avenidas principales, debe exigirles, que, actúen no con pensamientos paupérrimos y genéricos sino con la legitimidad de esas decisiones políticas cuando las mismas van direccionadas al bien  común y solo cuando  sean elevadas  a la esfera moral.

De lo contrario, afianzado en los estudios de conocedores de Historia, Antropología Positiva, Sociología, filosofía política, etc. Es oportuna la interrogante:  ¿Quién se jacta por ser diputado? Un efímero poder temporal que la mayoría de veces termina con más penas que glorias y que persiguen  aquellos que no tuvieron éxito en el ejercicio de su profesión u oficio. 

Cuanta lógica hay en el pensamiento de Gilbert Keith Chesterton al afirmar que si alguien no logra desarrollar toda su inteligencia, siempre  le queda la opción de hacerse político. 
Un aplauso apoteósico para Gilbert.-

Jliveirof



Fotografía de Félix Acajabón, El Periódico