Por jlriveirof
La frase es atribuida al auténtico General Pancho Villa y presuntamente fue
externada en el contexto de la revolución mexicana. Según dicen sus biógrafos,
esa fue su muy arraigada costumbre cada
vez que llevaban ante él a un militante
del bando opuesto o a cualquier persona
que pensaba de manera diferente. Al
parecer, al referido guerrillero no le interesaba la presunción de inocencia de
sus víctimas, mucho menos un juicio justo e imparcial a la hora de administrar
justicia por su propia cuenta. Sino, sembrar el pánico y ganar la revolución a
toda costa.
Averiguar después de fusilar a alguien...
¿Para qué?... ¿Qué sentido tiene la “viriguación” de los hechos imputados a
alguien que ya está muerto? Y que consecuentemente,
ya no tiene derecho a un proceso para que se demuestre su culpabilidad o
inocencia. Ante la ausencia de esas garantías,
que Dios nos encuentre
confesados...
En contextos similares, en Guatemala desde
tiempos inmemoriales se ha llevado a la
práctica la política de Villa y, resulta más deleznable todavía que antes, durante y después del conflicto
ésta ha sido una política de estado. Al día de hoy, se sigue “viriguando” sobre los secuestrados,
torturados y “ajusilados” durante el tiempo del enfrentamiento armado interno
que victimizó a unas 200,000 personas, siendo el estado el más atroz de sus
victimarios.
Coincidentemente, este escrito ve la luz, 20
años después de la firma de los acuerdos
de paz “firme y duradera” y, en esa conmemoración se recuerda a las víctimas
en la conferencia: “¿Un
conflicto? Genocidio y resistencia
en Guatemala. La cual tiene su cumbre
en Los Ángeles, California, EE. UU. Con el fin de darle a los macabros
acontecimientos el nombre que le corresponde, según los activistas de derechos
humanos, intelectuales y victimas que se
encuentran presentes en esos actos: genocidio. Un genocidio perpetrado con el
acompañamiento táctico y técnico del poderoso y peligroso imperio del mal, el imperio estadounidense, pero ya no omnipotente como suelen restregárselo a los gringos; los ejércitos chino, ruso y norcoreano, con sus amenazas a la paz mundial.
De esos “ajusilamientos” perpetrados dentro de las fronteras patrias,
se espera que se “viriguen” al menos los nombres de los muertos que se encuentran
diseminados en más de 600 fosas, para
que familiares o amigos, si es que
dejaron alguno vivo, los reclame para darles cristiana sepultura.
Resulta vergonzoso
constatar que las practicas contra insurgentes utilizadas, se parezcan en mucho
a las que se impusieron en el tiempo
tenebroso de los nazis, porque no fueron objetivo militar sólo los campesinos
mayas del área rural, -como lo fueron los judíos en su tiempo- sino también los
católicos comprometidos, entre
sacerdotes, laicos, hermanas y monjas, así como intelectuales de la
talla de Manuel Colom Argueta, Alberto Fuentes Mohr, la antropóloga Mirna Mack,
cuyo delito fue documentar que en el año
de 1980 durante el régimen del déspota general Romeo Lucas García, la Guatemala
profunda del Triángulo Ixil principalmente,
se desangró en las montañas al ser destinatarios de sus prácticas
criminales de contra insurgencia. La poetisa Alaíde Foppa, Oliverio Castañeda
de León, el poeta y escritor José Luis de León Díaz, autor de la novela El
tiempo principia en Xibalbá, Adolfo Mijangos López, Julio Rigoberto Cu Quim, los
492 estudiantes e intelectuales sancarlistas “ajusilados” forzosamente entre
1956 y 1995. -59 mujeres y 433 hombres- Tan solo, por mencionar algunos nombres.
Hoy, continúa la
abominable política de Villa, “ajusilar y después viriguar”. El infierno sigue
siendo el mismo, pero con diferentes diablos, reza el refrán popular y, el
estado guatemalteco como garante de la vida de los connacionales sigue diciendo
Mea culpa. Son “ajusilados” los miles de seres humanos que mueren en los
nosocomios por falta de atención básica, los pilotos de buses urbanos y extra
urbanos que mueren por causas de la extorsión, comerciantes, policías y administradores de justicia en el
cumplimiento de su deber, personal militar en misiones de “paz” en el
extranjero, civiles en la zona de adyacencia con Belice, defensores de la bioética, los “mojados” en su intento de un mejor futuro, atravesando
ilegalmente fronteras, ríos y desiertos.
En fin, la lista de destinatarios de ese “ajusilamiento” es larga, como
larga es la cola de los victimarios que en el país son legión…
Parafraseando el
teólogo jesuita Ignacio Ellacuría me atrevo a decir que, desde el “encubrimiento
de América”, -que dicho sea de paso eso es lo que vamos a celebrar el 15 de septiembre- a Guatemala las barras,
las estrellas y los laureles, la han
dejado como a un Cristo. Urge bajar a ese Cristo de la cruz de la injusticia y,
como él, es válido preguntarse ¿cómo? Una respuesta cualificada la podemos
encontrar respondiendo a las siguientes
preguntas clásicas: “¿Qué tengo que hacer?, ¿a dónde voy y a qué?” De lo contrario el sistema nos “ajusilará y
después viriguará” ¿quiénes somos? Y ¿de
dónde venimos?...
Referencias:
En pie de lucha: organización y represión en la Universidad
de San Carlos de Guatemala, 1944 a 1996. Paul Kobrak,
Prensa Libre, Por Agencia EFE, del 12 de Septiembre de 2016,
www.elmundo.es, la fotografía es tomada de ahí.-
Santo Domingo de Cobán, 12 de Septiembre
de 2016
