Por jlriveirof
Inmersos en los
fuertes claroscuros que se producen entre la luz de la verdad y la oscuridad de
la maldad, entre la vida y la muerte, en donde la inmensa mayoría de guatemaltecos se debaten todos los días a lo largo y ancho de la República; el extenso territorio
de Alta Verapaz ha cobrado notoriedad últimamente, al verse afectado inmisericordemente por la
desaparición y muerte de sus hijos; especialmente jóvenes; sin que hasta la
presente fecha; las autoridades gubernamentales encargadas de la seguridad se pronuncien al respecto,
incluyendo eclesiásticas, edilicias y académicas. Salvo el Coordinador en
Ciudad de la Esperanza Ace, –Organización educativa sin fines de lucro- el
Presbítero Sergio Godoy Peláez; quien denuncio enérgicamente el caos que impera en Guatemala y que ocasiona muchas víctimas. Pero, triste es reconocer que “una golondrina no hace verano”. Como reza el
refrán. Urge que todos los ciudadanos se
pronuncien y denuncien las injusticias.
Resulta incomprensible entonces, cuando tales condiciones hostiles, se vienen dando entre el marco de los festejos
por el
Día Internacional de la paz,
conmemorada en todos los países que son miembros de la ONU –Guatemala
incluida- y celebrada en la sede que esa organización ocupa en la
Ciudad de Nueva York y, en las vísperas
por rememorar en Guatemala, un
aniversario más desde que se firmaron los acuerdos de paz “firme y duradera”.
En virtud de este acontecimiento último, los veintidós
gobernadores departamentales de la Republica, fueron juramentados como “embajadores
de la paz”; por el Presidente de la Nación en el Patio de la Paz del Palacio
Nacional de la Cultura; entre ellos la Gobernadora Departamental de Cobán,
Estela Ventura Fernández.
Con estos nombramientos él mandatario pretende hacer dos cosas, que “de ser ciertas
me parecerían extraordinarias”: resucitar el espíritu de los acuerdos signados
en 1996 y redefinir “una nueva agenda como ruta para cerrar las brechas sociales
y generar el desarrollo económico incluyente en el país”.
Al parecer; se
pretende absolutizar el contenido de esos acuerdos de paz, los que ellos ven como un
sol, a efecto de que todos los satélites ministeriales orbiten a su
alrededor, alineándose estratégicamente para institucionalizar su cumplimiento.
Según dice la Secretaria para la Paz, se han contabilizado
1,022 compromisos, que desde la fecha en que fueron rubricados hasta hoy, ningún gobierno ha cumplido con llevarlos a la práctica, siendo el más
deplorable y deshonesto el presidido por el autodenominado
“general de la paz”; vergonzoso signatario de esos acuerdos.
La pregunta es ¿Cómo
cumplirá este gobierno con los 1,022 compromisos computados hasta hoy, cuando no ha podido
cumplir ni siquiera con su predicamento?
“Ni corrupto ni ladrón". Risible resulta entonces
ese nombramiento de “Embajador de la paz”,
otorgado a todos los gobernadores, tomando en consideración las garantías que debe tener un embajador de la paz,
ausentes por supuesto en la gran mayoría de estos personajes que fueron nombrados al dedillo, para ocupar puestos que desde
tiempos inmemoriales han sido utilizados como medios para determinados fines, casi siempre
deshonestos, manejados por un titiritero
superior.
¿Cuántos de ellos contará al menos con una
certificación como Embajador para la paz, o algún diplomado en materia de
derechos humanos, o sentido común y buena voluntad política para poder forjar, promover y definir una
cultura de paz en nuestros pueblos que tan necesitados de ella están?…
¿Cuantos cuentan con los requisitos mínimos que
debe de tener un embajador para la paz? Humanista, infatigable buscador de la
verdad, respetuoso por la dignidad humana a la luz de las verdades reveladas
por Dios, coherente con su calidad de vida,
amante constructor de la paz, -que realmente la desee, la anhele, crea
en ella y a partir de ahí vele por una sociedad más fraterna, humana y justa-
practicante de valores universales,
preocupado y ocupado por mantener y defender el bien común. – Salud, seguridad,
educación, arte, cultura, medio ambiente, etc.-
No obstante lo anterior, podría decirse que; lo que define a
una persona es resumir lo que ha sido su vida diciendo “paso haciendo el bien” (Hechos 10,38) como bien dijo el apóstol Pedro
de Jesús, al oficial romano Cornelio; un
manifiesto sencillo pero complejo, sobre la profunda conciliación que se da entre
lo que se dice y se hace, cuando se es correcto.
¿De qué político podríamos decir
así: paso por El Estado haciendo el bien?...
Lamentablemente muchos de ellos, no son ciudadanos honorarios, ni huéspedes
distinguidos, ni representantes insignes de nuestros pueblos, dado su naturaleza.
Parafraseando a San Gregorio entonces, podría decirse que; en vano se esforzarán
los gobernadores que desmienten con sus obras lo que representan…
Todo lo anterior es condición sine qua non para que los señores gobernadores
sean Embajadores de la Paz. Resulta
embarazoso decirlo pero; muchos de ellos, por ser políticos o aprendices de políticos, no
es creíble que puedan optar por la vida, defendiendo los derechos humanos y
procurar la tan anhelada paz…
Sin embargo, invito a todos estos embajadores de la paz para que lean el
segundo documento social del Papa Juan XXIII, intitulado Pacem In Terris (Paz
en la Tierra); aunque dirigida a
personas de buena voluntad, en ella podrán encontrar un plan de paz sin
condiciones religiosas y sociales, para que juntos podamos encontrar la luz en medio de tanta oscuridad…
Santo Domingo de Cobán; 15 de octubre
de 2,016
Referencias:
Douglas
Gámez, agn.com.gt, Guatemala resignifica acuerdos de Paz de 1,996 y define
nueva agenda.
Fotografía
tomada de goberchimaltenango.gob.gt
