jueves, 9 de febrero de 2017

La muralla de Trump, ¿un “nuevo muro de la vergüenza?”


Por jlriveirof


     El “enfrentamiento político, económico, social, militar, informativo y deportivo” mejor conocido como la guerra fría,  protagonizado por los  Estados Unidos de Norteamérica y la URSS a mediados del siglo XX, trajo como consecuencia que en palabras del ministro de propaganda nazi  Joseph Goebbels y Winston Churchill una pesada “cortina de hierro” se alzara física, política e ideológicamente entre el bloque capitalista de la Europa occidental y el bloque comunista de la Europa Oriental tras la segunda guerra mundial, cuyos vencedores decidieron dividir el territorio de Alemania en cuatro zonas de ocupación pactada. Y,  para evitar las migraciones y el “fascismo” decidieron construir un muro que dividió la ciudad de Berlín en dos.
Adyacente al muro,  se cubrió el suelo con las llamadas “alfombras de Stalin” que eran tendidos de alambres de púas enmarañados,  calificadas por los “expertos” de “muy útiles”  para desangrar a todas aquellas personas en su intento por escapar de la realidad que les fue impuesta  y servir de disuasivo ante nuevas intentonas por alcanzar la tan anhelada  libertad, en esas cárceles a cielo raso en que convirtieron a la Alemania de la post guerra.
Este muro fue conocido  también como muro de Berlín, “muro de protección antifascista” y “muro de la vergüenza” porque sin entrar en detalles multidisciplinarios  puso en peligro la estabilidad y la paz mundial, segmentó a toda una sociedad, familias, produjo muertos, heridos, encarcelados y desaparecidos.

     No obstante lo anterior, ha surgido en el mundo un nuevo líder mundial, una especie de anticristo, partidiario del fascismo, alguien que no aprendió de la historia los yerros del separatismo, producto y fiel representante de una sociedad  castrada de valores éticos y morales, clasista, racista y xenófoba que voto por él en su  ilusión por devolverle a los Estados Unidos el resplandor que procede del oro y de paso desechar a todos los “cerdos latinos indocumentados, vulgares, ladrones y asesinos” que según ellos, llegaron a robar las oportunidades a una clase de  gringos paria, especialmente a aquellos ignorantes  que aún no han salido de la cueva de Platón.

     Ante esas circunstancias, otro telón de acero amenaza con dividir al mundo civilizado con el discurso controvertible, atentatorio y seccional que  Mr. Trump emplea  con denuedo, amenazando  con construir un “nuevo muro de la vergüenza” en la frontera con México,  para impedir el paso de inmigrantes indocumentados y “fascistas”, que por la falta de un trabajo digno desde México hasta la Tierra del Fuego, se arriesgan en la búsqueda de mejores oportunidades de vida  y se ponen  en movimiento sin medir las consecuencias para llegar a la tierra de la oportunidad, de la promisión y de la libertad, que tal vez alguna vez fueron los Estados Unidos de Norte América. 

     En sus afirmaciones este pseudo líder mundial se ha jactado en ser un buen constructor de muros y que nadie los construye mejor que él, una actividad empresarial que nadie lo  pone en tela de duda, sin embargo en sus intenciones no hay nada bueno, hay incompatibilidad en el saber ser y saber hacer. Algo escribió Humberto Maturana sobre eso cuando dijo: “El saber consiste en poder obrar adecuadamente”. ¿De que le sirve a Trump saber hacer sino sabe ser y en consecuencia no obra adecuadamente?
Ante esa desmedida aseveración, para nada humilde y pedante de ser un buen constructor, ¿porque no dedicarse a la erección de puentes que una a nuestros pueblos y maximice nuestras economías  y no muros que los dividan y confrontan? Poniendo en peligro la geopolítica en gran parte del mundo.

     Sobre ese particular, he leído detenidamente los comentarios de los cibernautas en las redes sociales y veo como muchas personas recomiendan hacerle la guerra a Trump, no ideológica ni políticamente claro está, sino comercialmente; y en sus elucubraciones recomiendan que  todos los latinos dejemos de consumir toda clase de productos “Made in USA”, desde un perejil producido en la tierra del tío Sam hasta un automotor. La idea suena interesante en virtud que en este tipo de guerras no son solo importantes los pertrechos de guerra y la política sino también la economía, pero, al utilizar este tipo de armas económicas, Trump lleva las de ganar y en ese afán de totalitarismo subyacente en su discurso inaugural al asegurar que “de hoy en adelante una nueva visión gobernará la tierra”, no oculta ningún esfuerzo por mantener la hegemonía en el mundo, incluyendo sus habitantes y,  de cualquier cosa es capaz, como esa intención de expropiar las remesas que los mejicanos mandan a sus familiares y utilizarlas en  la construcción de ese muro de la desventura que quiere erigir.

     Es importante recalcar también  que nuestros pueblos latino americanos mientras no miren hacia el sur como recomienda un gobernante sudamericano o hacia el viejo mundo,  necesitan del mercado gringo para sus productos de exportación, incluyendo la droga que en Sudamérica no la dejaran de producir  hasta que en  Norteamérica  la dejen de consumir…

    Como corolario creo que de persistir las nefastas disposiciones del “number one” de la política estadounidense, éste estaría orientando a muchos de nuestros pueblos a encontrar la solución en la autarquía.  Empero, la autarquía independientemente de quien la asuma, traería consigo sumado a la pérdida de la libertad de locomoción y de expresión,  la pérdida de la libertad en el arte de hacer negocios internacionales.

     Estados Unidos no será más la tierra de la oportunidad y la libertad hasta que desarraiguen  radicalmente aquello que alguna vez ellos  detestaron: el fascismo en todas sus manifestaciones…

Referencias:
Página de Leonardo Boff en Koinonía