sábado, 4 de noviembre de 2017

Tomás Moro, Santo Patrón de políticos


Por jlriveirof

     Siempre he sugerido la figura de Judas Iscariote como el santo patrón de todos los políticos; por ser éste el prototipo ideal del genio y figura de todas aquellas personas que, al no tener profesión u oficio digno, se dedican al tráfico galante de la política, un quehacer considerado asqueroso y vulgar en Guatemala; dadas las corruptelas que son el pan de todos los días en esos laberintos.
Del iscariote, Juan en su evangelio describe que era el tesorero del grupo y al no honrar la confianza en él depositada, se apropió del dinero que estaba destinado para los pobres de su tiempo.
 Poco tiempo después, traicionó a su Maestro y Señor por un puñado de plata y con un beso que era el santo y seña previo a proceder a su entrega; para que los guardias lo aprehendieran y lo llevaran a las autoridades religiosas; para ser procesado por blasfemo.
Por ese motivo es considerado como el traidor por antonomasia.
      Hoy día tiene muchos seguidores y es evidente que los que lo tienen en tan alta estima, son aquellos políticos corruptos que desde siempre han practicado formas modernas de traición; como el transfuguismo con todas sus manifestaciones y adeptos, seguido por aquellos que esquilman el presupuesto de las carteras de salud y seguridad para dárselo a los gendarmes de las oligarquías nacionales y transnacionales.
De esa suerte el IGGS y los hospitales públicos están desabastecidos en toda la república.
 ¿Acaso eso no significa un robo agravado a los más pobres y desposeídos?...
 Se recetan grandes bonos, grandes comilonas –chicharroneadas– y grandes bebetorias hasta ver a Dios, mientras que, para la refacción escolar en las escuelas públicas, se afanan por otorgar tres pinches quetzales por alumno, regateando un fondo que les es ajeno.
Con este proceder de parte de estos malhechores me pregunto:
¿Cuánto darán ellos a sus hijos, de forma diaria, para que puedan gastar a la hora del recreo? ¿Los tendrán en escuelas públicas? Y si es así, ¿estos hijos de políticos serán ecuánimes con sus compañeros? ¿Estudiarán en igualdad de condiciones?...
     No obstante, existe un santo patrono que podría ser el arquetipo de estos sujetos, “si y solo si” ellos decidieran construir su edificio axiológico, deontológico y espiritual en similares circunstancias a los construidos y practicados por Tomás Moro; mismos que le permitieron vivir el mundo ético, el estético y el de la vida ordinaria; de forma extraordinaria.
     Para crear un contexto adecuado, permítanme retrotraer mi relato a la Inglaterra del siglo XVI y obviar datos biográficos, por considerarlos irrelevantes para los fines de este escrito.
 A vista de pájaro, veamos el ser y el hacer de nuestro personaje de hoy.
 Es graduado como doctor en leyes, profesor, teólogo, humanista, político, lector, pensador y escritor consumado. Excelente esposo, padre de familia y amigo sincero, especialmente de los pobres, a quienes procuraba siempre favores especiales para paliar sus crisis existenciales.
Su vocación más profunda fue escribir libros y servir a su país, durante el reinado de Enrique VIII; de tal suerte que fungió en el estado como secretario del alcalde de la capital, para dedicarse después a la diplomacia, al ser nombrado Lord Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores.
Esos altos cargos no fueron piedra de tropiezo en la consecución de su edificio espiritual; siguió asistiendo a misa diariamente, se confesaba con regularidad, seguía apoyando a los paupérrimos y; las ínfulas por los cargos que ostentó, siempre estuvieron entre el suelo y sus zapatos, no le subieron a la cabeza y le embotaron los sentidos como suele suceder con algunos políticos de pacotilla, en virtud de su escaso poder temporal…
     Dos años tenía de desempeñarse como Canciller, cuando en Inglaterra el Rey decide violentar el statu quo al pretender separarse de su legítima esposa, para casarse con Ana Bolena, su concubina, pero para poder hacerlo pretendía que él Papa disolviera el vínculo matrimonial, lo que en la Iglesia Católica es indisoluble. Como el Sumo Pontífice no accedió a su carta petitoria, transgredió el orden legal establecido y rompió sus relaciones con el poder papal y con el catolicismo, se auto proclamó cabeza de la iglesia anglicana naciente y persiguió formal y procesualmente a todo aquel que se opusiera a sus calenturas más abyectas…
 Entre sus opositores se encontraban Tomás Moro y Juan Fisher, Obispo de Rochester y doctor en teología.  Con el que compartió el martirio.
En consecuencia; ambos, fueron defenestrados de sus cargos.  Al primero le confiscaron todos sus bienes muebles, inmuebles y dinerarios y fue encarcelado durante quince meses en la torre de Londres.
Quizás por el buen gobierno que procuró al Rey, éste quiso perdonarlo, pero a cambio tenía que estar de acuerdo en todo lo que él dijera; a lo que el cuasi perfecto político le respondió:
“tengo que obedecer a lo que mi conciencia me manda, y pensar en la salvación de mi alma. Eso es mucho más importante que todo lo que el mundo pueda ofrecer. No acepto esos errores del rey”.
Por ser coherente con lo que decía y hacía, Tomás Moro fue sentenciado a la pena capital y el despótico criminal lo envío al cadalso, para que de un solo tajo el verdugo, le cortara la cabeza, misma que rodó a la vista del público morboso, para ser colgada inmediatamente después en la parte alta del puente de Londres. Fiel testigo de los acontecimientos que tuvieron lugar ese frío amanecer del 06 de junio de 1,535; por ser coherente con Dios, consigo mismo y con los demás.
     Al parecer, menuda es la tarea que impone la vida y obra de Tomás Moro a todos aquellos políticos que quisieran imitar su ejemplo. En principio porque es fácil demostrar el desnivel casi ontológico que existe entre este Santo Patrón de los verdaderos políticos y éstos. Tendrían que allanar los caminos los segundos, para ponerse a un nivel deseable. Y precisamente por eso, el propósito de este apartado es señalar nuevamente el inventario personal bien amueblado con que contaba Tomás Moro y para el efecto he de ratificar los conceptos derivados del modo de ser y hacer del político; previo a dedicarse a la búsqueda del bien común: doctor en leyes, teólogo, humanista, profesor, pensador, lector y escritor consumado. Resaltando entre sus muchas obras, su libro Utopía. Además, padre de familia amoroso, responsable, un amigo sincero, presente en las buenas y en las malas, con una opción preferencial por los pobres, a quienes ayudaba mucho y; por sobre todas las cosas, con una vocación muy profunda: servir a Dios, al prójimo y a su reino y a escribir.
     En definitiva, ese inventario personal, no pretende per se hacer un análisis comparativo entre lo que él tenía y lo que los políticos actuales tienen. Sin embargo, me pregunto: ¿en materia de conocimientos generales y del estado, a qué distancia estarán de su patrono? ¿a cuánto sumará su acervo?...
      Termino con un término acuñado por Tomás Moro: Utopía. Sería utópico pretender que, con las características puestas de manifiesto por este santo varón, pudiésemos esbozar los elementos fundamentales de los políticos actuales en Guatemala, en virtud del pacto de corruptos que han sellado al estilo de la vieja política y porque han hecho de los antivalores sus valores tal y como lo han puesto de manifiesto desde antiguo.
Sin embargo, como no debemos perder la esperanza en el ser humano y se vale soñar soñando, imaginemos que estos adefesios de la política tradicional en el país, empiezan a trabajar por una Guatemala más justa, más humana, más solidaria y más fraterna; sin duda alguna, tendríamos en el país una nueva primavera democrática, desde donde  todos los sectores poblacionales recobren la fe, la esperanza y el amor y que desde nuestra  vocación de seres humanos, podamos eliminar de una vez por todas,  las falacias de la política tradicional.
Mientras eso pasa, ayudemos   al presidente de la Nación a empujar el tractor del estado, porque desde que se subió a él, hace dos años ya, no arranca…

Santo Domingo de Cobán, 04 de noviembre de 2,017

Referencias:

Vida de los Santos (Butler) traducida y adaptada al español por Wifredo Guinea, SJ

martes, 31 de octubre de 2017

"La cultura de la muerte..."




Por jlriveirof

     El nombre con que intitulo este post se lo debo a San Juan Pablo II; él lo acuñó cuando era Papa y escribió su Encíclica Evangelium Vitae –El Evangelio de la Vida, –  escrita para la clerecía y todos los seres humanos de buena voluntad. Rescato el término para dar pie a esta reflexión  que tiene que ver entre otras cosas de nuestro diario acontecer, a la noche de brujas que se celebra el 31 de octubre de cada año; cuando una inmensa mayoría de “cristianos” y no cristianos, se ponen el mejor disfraz, a imitación de brujos, diablos y fantasmas;  para  llevar a cabo toda clase de  bromas de mal gusto, otros para ver películas no aptas para menores y los más libertinos para calentarse en torno a una fogata, en cuyo derredor, satisfacen de forma viciosa y desenfrenada toda clase de apetitos gastronómicos, etílicos y venereos…
     En otras partes del mundo se ha sabido que ha habido muertos, heridos y desaparecidos, durante esas infames celebraciones paganas, a las que cada año se suman más personas; que fomentan una cultura de la muerte, mediante una especie de ritos, que en Guatemala; no nos son propios...
Son costumbres que van en contra de todas aquellas creencias evangélicas que nos han inculcado en el seno de nuestro hogar y en la iglesia; y que poco a poco, se va arraigando en nuestra cultura y van adquiriendo modos que se parecen mucho; a aquellos aquelarres que se practicaban a fines de la Edad Media; hasta el siglo XVIII.
Durante ese período de tiempo se conoció como aquelarre, a la reunión de brujas y brujos; que coincidían en un lugar establecido con antelación, a cielo raso, y preferentemente, bajo la tenue luz de la luna, para llevar a la práctica, rituales y hechizos en donde invocaban, provocaban y adoraban a Satanás, representado éste en la figura de un macho cabrío, preferiblemente de color negro.
Las orgias eran parte del ritual; sin importar el sexo, de tal suerte que algunos brujos fueron sodomisados y muchas brujas prostituidas.
A priori todos se arrodillaban ante el diablo para darle el osculum infame, lo que hoy se conoce como beso negro; y/o lameculismo en el pensamiento del laureado premio Nobel Mo Yan.
     Especulando un poco con el pensamiento, diría que esa es una costumbre que metafóricamente; no ha pasado de moda, sobre todo en algunos círculos políticos y económicos; como aquella apología al Presidente y su gobierno; de parte  de un  ejecutivo de FUNDESA; cuando en el Encuentro Nacional de Empresarios 2017, –Enade– y  con un amplio dote de servilismo y zalamería le “doró la píldora”  para obtener sin duda;  favores y beneficios a través del estado de Guatemala, intuyo que, adheresados  con dinero  y toda clase de artimañas...
      En pleno siglo XXI, la práctica del aquelarre es histórica. Aunque en las instituciones del estado; algunas diputadas, ministras, cancilleres, magistradas y funcionarias de 2ª y 3ª categoría; lo traten de recrear de forma continuada, durante sus actividades legislativas, ejecutivas y judiciales...
       Dejando por un lado la sátira y retomando el hilo conductor para   seguir escribiendo sobre esa cultura de la muerte, nos podemos percatar a través de las redes sociales; que muchas personas, tienen una especial predilección por todo lo que sabe a muerte y que dada la coyuntura actual; hoy les   embarga la mente y la   enajena.
Así ha cuajado en muchos hombres y mujeres de  estratos sociales, políticos, religiosos, económicos y religiosos diversos; que desde antiguo viven en un mundo fantasmagórico; creyendo en la ilusión que cegar la vida de una persona, es disuasivo para frenar el grave índice delincuencial que prevalece en el país en este período de la post guerra que estamos viviendo; un período que data del año en que fueron firmados los acuerdos para la paz y que casi igual a   la del conflicto en número de muertes producidas, con la única diferencia de qué hay una disminución de las víctimas  por la violencia política; pero, un incremento en victimas por la violencia delincuencial.
Lo expresado anteriormente no quiere decir que el porcentaje de víctimas por la violencia política sea nulo; aún hay, pero en menor cuantía y como siempre los objetivos siguen siendo casi los mismos: defensores de los derechos humanos, del medio ambiente, periodistas y toda persona que denuncia las injusticias y el pecado estructural, sin que les importe un bledo las consecuencias…
     Pues bien, a esas personas que justifican la máxima pena por la descomposición social que impera en el país, que lamentablemente ha permeado y encontrado tierra fértil en la sociedad guatemalteca con suma facilidad, merced a la falta de gobernabilidad y tacto político de las actuales autoridades.
Al grupúsculo político aquel mal llamado “Visión con –anti– valores,” liderado por Zuri Ríos; hija del déspota general, Efrain Ríos Montt; quien gobernó de facto Guatemala y que durante su mandato masacró comunidades rurales sin ninguna consideración y misericordia; ella, hoy, intenta seguir con la vocación que tuvo su padre: seguir quitando la vida, con apariencia de legalidad.
     Con esos deseos puestos en sus corazones;   esa sociedad que apuesta por la cultura de la muerte, tan solo expresan el síntoma de un mal mayor, ya lo decía en aquellos tiempos el Papa Juan Pablo II, cuando escribió su Encíclica Evangelium Vitae; –Evangelio de la Vida– misma que nos puede ser útil para iluminar las estructuras pecaminosas prevalecientes actualmente con la luz de la buena noticia, que emana de su carta encíclica: “estamos frente a una realidad más amplia, que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado, caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en muchos casos se configura como verdadera cultura de muerte.”
     Hoy; esos sectores se están rasgando las vestiduras, cuestionando y descalificando de forma reiterativa, la determinación que tomaron los magistrados de la Corte de Constitucionalidad; de dejar sin efecto la aplicación de la pena de muerte en Guatemala porque “viola principios consagrados en la constitución del país y convenios internacionales.” Y al ser el 99%de los guatemaltecos supuestamente cristianos; sería bueno que empecemos a practicar lo que dice la santa ley de Dios en el libro de los libros:
“No matarás.”

Santo Domingo de Cobán; 31 de octubre de 2017

Referencia:
Violencia en Guatemala, ODHAG
Juan Pablo II, Evangelium Vitae