Por jlriveirof
Siempre he sugerido la figura de Judas
Iscariote como el santo patrón de todos los políticos; por ser éste el
prototipo ideal del genio y figura de todas aquellas personas que, al no tener profesión
u oficio digno, se dedican al tráfico galante de la política, un quehacer
considerado asqueroso y vulgar en Guatemala; dadas las corruptelas que son el
pan de todos los días en esos laberintos.
Del iscariote, Juan en su evangelio
describe que era el tesorero del grupo y al no honrar la confianza en él depositada,
se apropió del dinero que estaba destinado para los pobres de su tiempo.
Poco tiempo después, traicionó a su Maestro y
Señor por un puñado de plata y con un beso que era el santo y seña previo a
proceder a su entrega; para que los guardias lo aprehendieran y lo llevaran a las
autoridades religiosas; para ser procesado por blasfemo.
Por ese motivo es considerado como
el traidor por antonomasia.
Hoy
día tiene muchos seguidores y es evidente que los que lo tienen en tan alta
estima, son aquellos políticos corruptos que desde siempre han practicado
formas modernas de traición; como el transfuguismo con todas sus
manifestaciones y adeptos, seguido por aquellos que esquilman el presupuesto de
las carteras de salud y seguridad para dárselo a los gendarmes de las
oligarquías nacionales y transnacionales.
De esa suerte el IGGS y los
hospitales públicos están desabastecidos en toda la república.
¿Acaso eso no significa un robo agravado a los
más pobres y desposeídos?...
Se recetan grandes bonos, grandes comilonas –chicharroneadas–
y grandes bebetorias hasta ver a Dios, mientras que, para la refacción escolar
en las escuelas públicas, se afanan por otorgar tres pinches quetzales por
alumno, regateando un fondo que les es ajeno.
Con este proceder de parte de estos
malhechores me pregunto:
¿Cuánto darán ellos a sus hijos, de
forma diaria, para que puedan gastar a la hora del recreo? ¿Los tendrán en
escuelas públicas? Y si es así, ¿estos hijos de políticos serán ecuánimes con
sus compañeros? ¿Estudiarán en igualdad de condiciones?...
No obstante, existe un santo patrono que podría ser el arquetipo de
estos sujetos, “si y solo si” ellos decidieran construir su edificio axiológico,
deontológico y espiritual en similares circunstancias a los construidos y practicados
por Tomás Moro; mismos que le permitieron vivir el mundo ético, el estético y
el de la vida ordinaria; de forma extraordinaria.
Para crear un contexto adecuado, permítanme retrotraer mi relato a la
Inglaterra del siglo XVI y obviar datos biográficos, por considerarlos
irrelevantes para los fines de este escrito.
A vista de pájaro, veamos el ser y el hacer de
nuestro personaje de hoy.
Es graduado como doctor en leyes, profesor, teólogo,
humanista, político, lector, pensador y escritor consumado. Excelente esposo, padre
de familia y amigo sincero, especialmente de los pobres, a quienes procuraba
siempre favores especiales para paliar sus crisis existenciales.
Su vocación más profunda fue
escribir libros y servir a su país, durante el reinado de Enrique VIII; de tal
suerte que fungió en el estado como secretario del alcalde de la capital, para
dedicarse después a la diplomacia, al ser nombrado Lord Canciller o Ministro de
Relaciones Exteriores.
Esos altos cargos no fueron piedra
de tropiezo en la consecución de su edificio espiritual; siguió asistiendo a
misa diariamente, se confesaba con regularidad, seguía apoyando a los paupérrimos
y; las ínfulas por los cargos que ostentó, siempre estuvieron entre el suelo y
sus zapatos, no le subieron a la cabeza y le embotaron los sentidos como suele
suceder con algunos políticos de pacotilla, en virtud de su escaso poder
temporal…
Dos años tenía de desempeñarse como Canciller, cuando en Inglaterra el
Rey decide violentar el statu quo al pretender separarse de su legítima esposa,
para casarse con Ana Bolena, su concubina, pero para poder hacerlo pretendía
que él Papa disolviera el vínculo matrimonial, lo que en la Iglesia Católica es
indisoluble. Como el Sumo Pontífice no accedió a su carta petitoria,
transgredió el orden legal establecido y rompió sus relaciones con el poder papal
y con el catolicismo, se auto proclamó cabeza de la iglesia anglicana naciente y
persiguió formal y procesualmente a todo aquel que se opusiera a sus calenturas
más abyectas…
Entre sus opositores se encontraban Tomás Moro
y Juan Fisher, Obispo de Rochester y doctor en teología. Con el que compartió el martirio.
En consecuencia; ambos, fueron
defenestrados de sus cargos. Al primero
le confiscaron todos sus bienes muebles, inmuebles y dinerarios y fue encarcelado
durante quince meses en la torre de Londres.
Quizás por el buen gobierno que
procuró al Rey, éste quiso perdonarlo, pero a cambio tenía que estar de acuerdo
en todo lo que él dijera; a lo que el cuasi perfecto político le respondió:
“tengo que obedecer a lo que mi conciencia me manda, y pensar en la
salvación de mi alma. Eso es mucho más importante que todo lo que el mundo
pueda ofrecer. No acepto esos errores del rey”.
Por ser coherente con lo que decía
y hacía, Tomás Moro fue sentenciado a la pena capital y el despótico criminal lo
envío al cadalso, para que de un solo tajo el verdugo, le cortara la cabeza,
misma que rodó a la vista del público morboso, para ser colgada inmediatamente después
en la parte alta del puente de Londres. Fiel testigo de los acontecimientos que
tuvieron lugar ese frío amanecer del 06 de junio de 1,535; por ser coherente
con Dios, consigo mismo y con los demás.
Al parecer, menuda es la tarea que impone la vida y obra de Tomás Moro a
todos aquellos políticos que quisieran imitar su ejemplo. En principio porque
es fácil demostrar el desnivel casi ontológico que existe entre este Santo
Patrón de los verdaderos políticos y éstos. Tendrían que allanar los caminos
los segundos, para ponerse a un nivel deseable. Y precisamente por eso, el
propósito de este apartado es señalar nuevamente el inventario personal bien
amueblado con que contaba Tomás Moro y para el efecto he de ratificar los
conceptos derivados del modo de ser y hacer del político; previo a dedicarse a
la búsqueda del bien común: doctor en leyes, teólogo, humanista, profesor,
pensador, lector y escritor consumado. Resaltando entre sus muchas obras, su
libro Utopía. Además, padre de familia amoroso, responsable, un amigo sincero,
presente en las buenas y en las malas, con una opción preferencial por los pobres,
a quienes ayudaba mucho y; por sobre todas las cosas, con una vocación muy
profunda: servir a Dios, al prójimo y a su reino y a escribir.
En definitiva, ese inventario personal, no pretende per se hacer un
análisis comparativo entre lo que él tenía y lo que los políticos actuales
tienen. Sin embargo, me pregunto: ¿en materia de conocimientos generales y del
estado, a qué distancia estarán de su patrono? ¿a cuánto sumará su acervo?...
Termino con un término acuñado
por Tomás Moro: Utopía. Sería utópico pretender que, con las características puestas
de manifiesto por este santo varón, pudiésemos esbozar los elementos fundamentales
de los políticos actuales en Guatemala, en virtud del pacto de corruptos que
han sellado al estilo de la vieja política y porque han hecho de los
antivalores sus valores tal y como lo han puesto de manifiesto desde antiguo.
Sin embargo, como no debemos perder la esperanza
en el ser humano y se vale soñar soñando, imaginemos que estos adefesios de la
política tradicional en el país, empiezan a trabajar por una Guatemala más
justa, más humana, más solidaria y más fraterna; sin duda alguna, tendríamos en
el país una nueva primavera democrática, desde donde todos los sectores poblacionales recobren la
fe, la esperanza y el amor y que desde nuestra
vocación de seres humanos, podamos eliminar de una vez por todas, las falacias de la política tradicional.
Mientras eso pasa, ayudemos al presidente
de la Nación a empujar el tractor del estado, porque desde que se subió a él, hace
dos años ya, no arranca…
Santo Domingo de Cobán, 04 de noviembre de
2,017
Referencias:
Vida de los Santos (Butler)
traducida y adaptada al español por Wifredo Guinea, SJ
