viernes, 1 de junio de 2018

“Primavera árabe”




Jlriveirof

     Con el nombre de primavera árabe,  se conoce al enjambre de revueltas sociales ocurridas en los países de Oriente Medio y el norte de África, derivadas a partir de la inmolación  ofrecida por el joven Mohamed Buazizi; quien tomo esa drástica decisión cuando la policía corrupta tunecina,  literalmente “lo agarró a morongazos,” utilizando el florido léxico del extinto mono de oro, Alcalde de la Ciudad de Guatemala.
Ese  “fue su definitivo grito de protesta contra la repetida y humillante confiscación de su puesto de frutas por la policía local ante su negativa a pagar un soborno. La última confiscación  se había producido una hora antes, ese mismo día. Murió el 3 de enero de 2011 en el hospital de Túnez donde el dictador le había llevado para aplacar la ira de la población”. -Según explicita Castells en su análisis.-
De haber sabido el tirano Ben Alí, que gobernaba Túnez con mano implacable, la dura crisis política que se le avecinaba, jamás habría actuado en menoscabo de su propio cargo y de la vida de sus gobernados, en virtud que las turbas enardecidas, lograron defenestrarlo a él y a su familia, enviándolo hasta Arabia Saudí, en donde los acogieron en calidad de refugiados.

     De lo anterior se dilucida que se potenciaron nuevos reclamos y nuevas reivindicaciones, las protestas se intensificaron y se convirtieron  en sucesos y estos a su vez en acontecimientos graves que causaron un efecto dominó en el resto de países arábigos y el norte de África, gobernados  por regímenes totalitarios. Todos ellos, siguieron el ejemplo de sus hermanos tunecinos, e incidieron en el statu quo prevaleciente, cambiándolo y transformándolo. Justa y sobrada razón tuvo Marx en su tiempo, cuando dijo que de nada servía protestar, si no se iba a cambiar una situación, objeto de tal protesta. Ellos, vieron la realidad, la juzgaron a la luz de los acontecimientos y actuaron en contra del régimen extremista que los gobernaba. Después evaluaron y celebraron la victoria…
 Los inconformes no se concretaron a cribar las injusticias y la corrupción de sus gobernantes en las redes sociales, mediante el guiri guiri, sino se lanzaron a las calles y les quitaron el poder que a priori les habían conferido. Un ejemplo célebre para nuestros pueblos de cómo proceder ante la ingobernabilidad y la corrupción, que en América Latina siguen siendo  el santo y seña de los sujetos que ejercen el poder.

     En estos acontecimientos se vislumbra lo que filósofos como Toni Negri y Michael Hardt habían presagiado con bastante  antelación y a partir de ahí,  las masas conforman el nuevo sujeto político, haciendo posible el dicho revolucionario  aquel de  “pueblo unido jamás será vencido”.
En Centro América, solo el pueblo nicaragüense de forma masiva, se ha lanzado a las calles a hacerle la lucha al tirano que los tiene doblegados. Ya van más de cuarenta días y cuarenta noches de estarse enfrentando con los energúmenos que detentan el poder y no ceden un paso atrás. Guatemala, hizo casi lo mismo en el 2015, logrando echar del poder al mafioso general que tenía por Presidente. En aquel tiempo, salimos de las brasas pero caímos en las llamas, como reza el dicho popular, por las razones ampliamente conocidas por el mundo entero. Lamentablemente la población se ha vuelto pasiva y se encuentra  in articulo mortis, solo viendo las cosas pasar y no haciendo que pasen cosas, como los pueblos arábigos o el nicaragüense. Ojala, esa valentía subyacente  que hoy, el pueblo de Guatemala tiene en modo de avión, despierte y  sea la condición sine qua non para salir de esa modorra y  haga  valer la justicia a toda costa, echando fuera a los mareros de saco y corbata, que hoy nos desgobiernan.

     Sobre ese último punto, creo que las circunstancias están dadas y casi las mismas fueron las que detonaron las revueltas en aquel tiempo, motivo de esta reflexión.
Gran parte de la prensa está amordazada;  y lo peor de todo es que entre ellos,  hay algunos que se dejan “pagar o pegar.”
El alejamiento de la  democracia es notorio, cada vez el presidente de la Nación se atrinchera en el ejército nacional, para que lo sostengan en el puesto, y lo peor es que está comprometiendo su institucionalidad, en virtud que se aprovecha de ella y a la vez  solapa a militares de alto rango que están inmersos en actos reñidos con la ley. Lo anterior queda evidenciado en que uno a uno, esos altos jefes militares han sido atrapados por la justicia por la comisión de algún delito.  Esto permite suponer que haya otra línea de corrupción, inmersa en esa institución. El mal mayor lo constituyen las flagrantes violaciones a los derechos humanos, que cada vez son cada vez más permisivas, inclusive por los mismos defensores de esos derechos.

     La corrupción campea de cabo a rabo en todo el aparato estatal, los cargos públicos que son políticos cada vez son ocupados por compinches de altos funcionarios para pagar deudas de campaña, y los que llegan a ocupar esos puestos, van con el único fin de medrar a costa del erario nacional. Son lobos rapaces disfrazados de ovejas…

     El desempleo, el sub empleo, la economía informal y la falta de oportunidades, son atroces para los pobres y desposeídos, que en Guatemala son legión, de tal suerte que muchos migran hacia el  norte, a la tierra prometida según ellos, pero a una tierra de la que mana y promete racismo, clasismo, sexismo, exclusión, odio, explotación y muerte.
 No obstante,  juran “In God We Trust”, pero el Dios de estos imperialistas es el dios Mammón, el dios del dinero y la avaricia material, por lo que viven y se desviven en deterioro de la fraternidad, la comunidad y las sanas relaciones internacionales. No se dan cuenta estos hijos de la Gran Bretaña, que con su proceder, le dan vida a la desigualdad, creyendo y haciendo creer  que su raza es superior, y crean un desnivel casi ontológico entre  ellos y el resto de americanos, al grado que solo ellos se creen los americanos, los mexicanos, los  centroamericanos y los sudamericanos;  para ellos somos cualquier cosa, menos americanos.
El odio y el delirio de persecución del imperialismo es tan grande que; a partir de los acontecimientos del 11 de septiembre, invaden Afganistán y después  Irak, y su entonces Presidente George W. Bush declara urbi et orbi que ellos serán los amos y señores del mundo, encargados de instaurar la democracia en todo el globo terráqueo; los gendarmes de todos los países de la tierra y que cualquiera que no esté del lado del imperialismo yanqui, estará contra ellos; parafraseando quizás a Jesús de Nazaret. Pero Bush a todas luces, es la antítesis de Jesús de Nazaret y solo se le puede comparar con Pol Pot o Idi Amín Dada; por sanguinario y mentiroso.

     La obtención de una canasta básica familiar  mínima y  vital, para muchos guatemaltecos es un lujo al que no tienen acceso, de tal suerte que en la Guatemala profunda, muchos infantes crecen a pura tortilla, chile, frijol  y agua de masa,  muchos de ellos no llegan a la adolescencia por desnutrición, enfermedades gastrointestinales, merced a las excretas y aguas servidas que en sus comunidades corren a flor de tierra y demás condiciones infrahumanas  en las que viven.
 Todo esto ocurre mientras  los políticos de pacotilla, se hartan  hasta ver a Dios, el prominente abdomen que muchos suelen presumir se debe a la comida y a la bebida alcohólica en exceso a la que tienen acceso, para muchos de ellos, incluyendo a la maldita  casta de militares que sangran en tan alto el presupuesto nacional, es un derecho que ya tienen previamente adquirido y que viene con el puesto. Uno de los tantos pecados estructurales que lloran sangre y claman al cielo.

     El incremento despiadado de los combustibles y lubricantes que los inescrupulosos expendedores  mantienen por los cielos, su avaricia es tan grande que hasta se han constituido en asociaciones para nivelar los precios y venderlos por igual,  mientras ellos se sigan enriqueciendo a costa de su mezquindad el pueblo les importa  un comino. Su aspiración por el dinero es tan sórdida que la tremenda especulación de precios presente y futura,  no tiene límites. Lo hacen a sabiendas  que el incremento exacerbado de sus precios, trae consigo un incremento de precios a nivel general, granos básicos, materias primas, energía, etc.

     Entonces; ante estas circunstancias desfavorables en las que nos encontramos inmersos los habitantes de esta parte del mundo; y apelando a la filosofía en este quehacer, vale la pena interpelarnos haciéndonos  tres preguntas de permanente actualidad: ¿Qué podemos saber?, ¿Qué debemos hacer? Y ¿Qué nos cabe esperar?
 La segunda interrogante es la pregunta ética básica que nos invita a la acción, al movimiento,  al forcejeo, a pujar hacia afuera y no hacia adentro como hoy lo estamos haciendo y nos deben  sacar del semiconsciente dejar que otros hagan las cosas que a nosotros nos corresponden y permitir que las cosas pasen gracias a la acción y al efecto del tiempo. Para ello, es menester dejar por un lado nuestra zona de acomodamiento y forzarnos a decidir en ir por el bien común, el sumo bien, en beneficio de aquellas generaciones que están naciendo y están creciendo y  no los dejemos morir en el intento.
Y cada vez que en Guatemala pasen cosas que van en quebranto del bien común, debemos preguntarnos; y ahora ¿Qué debemos hacer?


Santo Domingo de Cobán; 31 de mayo de 2018

Fuentes: Santiago Armando y Polanco  Scalerandi, Filosofía Siglo XXI, primera edición, Buenos Aires, 2014
Documento de Opinión, José María Blanco Navarro, Primavera Árabe, 2011