miércoles, 4 de julio de 2018

"Hombre y mujer los creó" –Génesis 1, 27–

jlriveirof


     Dedúcese de los sagrados textos veterotestamentarios que en los comienzos del mundo todo era un caos, y que  mediante una danza de palabras dichas y hechas con un objetivo concreto, todo fue creado, estructurado, sustentado, fundamentado e iluminado con pleno dominio, fluyendo así la vida, en donde antes no había nada.
      Sin embargo, incompleta estaba la obra de la creación, sin la presencia de aquel, que fue hecho a la imagen y semejanza de Dios. Y apareció  el ser humano como apoteosis de todo lo creado  por Él.
     Hombre y mujer los creo, y los bendijo, poniendo la tierra como primer don, a su entera disposición,  para que fuera sometida y fecundada por ellos, y a partir de ahí,  mil y una historias, referentes al tema en cuestión,  han tenido y tendrán cabida en el universo, hasta el final de los tiempos.
     Pues bien, en este intento arriesgado de escribir  a partir de una filosofía de la persona, enredado en esa urdimbre,  que se crea con la interrelación  de pensamientos y palabras, palabras y pensamientos que a cada instante, amenazan con abandonar,  me he preguntando, lo que los filósofos han hecho ya,  desde antiguo: ¿Qué es el hombre?
     “Lo obvio no se pregunta” respondería un extinto cantautor mexicano. La pregunta se contesta sola, partiendo de hacer una comparación física y social entre un  hombre y una mujer. Dando una explicación acientífica y burda. Podría decirse que, es la  “media naranja de la mujer”,  que cuando se comprometen y  se unen,  llegan a ser una sola carne, y pueden  dar vida a un nuevo ser, y constituirse en co creadores.
     Uno con una, se complementan. Uno con uno, o una con una se pervierten, y subvierten el orden ético,  moral y legal establecido,  degenerando  el sentido de la vida. Ya Viktor Frankl, fundador de la tercera escuela de psiquiatría en Viena, había notado que el ser humano, experimenta un vacío cuando no le encuentra sentido a su existencia y se siente alienado, por eso contemplo y dijo,  “un abismal complejo de falta de sentido, acompañado de un sentimiento de vacío, razón por la cual me inclino a hablar de un vacío existencial”. Es decir, seguimos más perdidos que el hijo de la llorona, no sabemos quienes somos, que tenemos que hacer, mucho menos de donde venimos y hacía donde nos dirigimos. Esa es  nuestra verdad, y la misma no es ninguna entelequia, sino un referente ontologico, aunque carezca de hondura filosófica. No obstante y muy a pesar que esa verdad abarca honestidad, buena fe y sinceridad, puede someterse a la duda, como decía el griego Pirrón,  (365 – 270 a. C.) cualquier escéptico podría señalar que estoy equivocado y por lo tanto, todo puede ser cuestionado. Ya Einstein lo señalaba en su tiempo: Es una verdad absoluta que la verdad es relativa. Y Edgar Morin, en su obra El Método 3, El conocimiento del conocimiento,  expresa lo siguiente: “No sabemos si tendremos que abandonar la idea de verdad, es decir, reconocer como verdad, la ausencia de verdad”.
 No obstante,  elucubremos o  profundicemos a partir de ahí.
     Pues entonces, ya sabemos que antes todo estaba desordenado y vacío. Y haciendo un análisis de la verdad del mundo, solo guiado por la razón, se puede concluir que el mismo, sigue casi igual, caotico.  Se ha convertido en un lugar en donde se esgrime que la vida es una melcocha como escribió Houellebecq, utilizando la palabra melcocha como un eufemismo para sustituir el término original, por ser una expresión malsonante.
Y como la verdad tiene que ver con todas las realidades,  veamosla a partir de algunas aristas.
El comunismo y el socialismo, son un fracaso. En los grandes países ha muerto ya. Sin embargo hay millones de personas intentando resucitarlos.
El capitalismo voraz e inhumano es un fraude, tiene y mantiene en la pobreza y en la pobreza extrema  a millones de personas, a lo largo y ancho del mundo. Todos estamos en el, como pescados fuera del agua, con riesgo de sufrir sus embates. No obstante, para el fin de este escrito, aquí no es pertinente escribir sobre sus crímenes.
La política, como disciplina académica, se encuentra en peligro de extinción. La están asesinado los politicastros inescrupulosos, que han llegado a medrar ilícitamente de los recursos de un estado, a perpetuidad, y los ciudadanos de a pie, que sumidos en un interminable letargo,  lo permitimos todo. Justa y sobrada razón tuvo   Ronald Reagan, cuando era Presidente de los EEUU; y dijo: “al ser la política la segunda profesión más antigua del mundo, se parece mucho a la primera. Es decir, a la prostitución. La política entonces, tiene un precio, no tiene dignidad y se abre siempre, al mejor postor, aunque éste sea, más feo que una maltratada.
El militarismo, una tragedia. Pagamos su bienestar con nuestros impuestos, para que despues cuando el sistema lo requiera, nos lo devuelva con puros palos. No son entidades de servicio, sino de expolio a los bienes de una nación, su mayoría compuesta por gente abyecta y vulgar.
Las religiones, cada día más,  se parecen a las empresas extractivas de oro y plata, dadas sus políticas neoliberales para la obtención del diezmo y del recaudo. Como diría Karl Marx: “la religión es el opio del pueblo”.
El sectarismo, sinónimo de divisionismo, está conduciendo a muchos a un valle de lágrimas.
La moral y la ética, la filosofía y la teología. En crisis.
¿Y el hombre y la mujer? Al igual que los míticos primeros habitantes del Edén, paradojicamente hablando, mal equipados y desnudos física, mental y espiritualmente, huyendo de Dios, a quien le hemos dado la espalda, según la lectura que podemos hacer de nuestras actitudes y comportamientos, y  porque no hacerlo, significa, vivir en consonancia con Él.
Cuando pienso en esas ciencias que estudian esas realidades, estoy pensando en la persona humana. Lamentablemente como sociedad, estámos avanzando vertiginosamente a nuestra propia destrucción.
Somos los únicos que defecamos en el plato donde comemos. Por lo tanto, seguimos siendo porque queremos ser, “Un mono desnudo”,  D. Morris. “Un producto del azar y de la necesidad”, J. Monod. “Un sufrimiento inútil”, J.P. Sartre. “Un conjunto de relaciones económicas y sociales” Karl Marx.
 Imagen y semejanza de Dios, se decanta el escritor sagrado, pero, desde los comienzos de la humanidad, hasta el día de hoy, no vivimos y actuamos en coherencia con esa verdad. Y él  único cristiano que existió, lo hemos matado.  Nietzsche.
       Para ilustrar  el desmadre en donde nos hemos sumergido, permitánme traer a colación una historia legendaria, confiando en que esos últimos párrafos, nos serán de utilidad para hacer nuestro exámen de conciencia, un inventario moral o una reflexión filosófica del modo de como estamos haciendo las cosas. Recordando lo que decía Aristóteles: “somos lo que hacemos día a día, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito”.
     El cuento se cuenta más o menos en estos términos: en cierta ocasión los primates de la tierra, convocaron a sus congéneres a una reunión de carácter extraordinaria,  en un claro de la verde, verde selva. Y ahí se pusieron a parlamentar, indignados porque llego a sus oídos, una teoría que postula que el hombre es descendiente biológico del mono.
Tomó la palabra un venerable anciano y dijo con suma preocupación:
los hombres andan diciendo por ahí, que ellos, descienden de nosotros, y no lo creo por pocas y sencillas razones; a saber:
 1.- En nuestra sociedad,  nadie, absolutamente nadie, ha sido sodomizado por otro mono.
2.- . Nadie entre nosotros es concupiscente. Porque  no ansiamos los bienes materiales como ellos, al extremo que son capaces de matarse entre ellos mismos por dinero, un pedazo de tierra, por un hombre o por una mujer, que no son sus cónyuges. Tampoco somos borrachos, ni drogadictos, ni fumadores empedernidos, ni nos damos a los placeres venereos. Tampoco somos pendencieros y jugadores.
3.- No somos ávidos a las ganancias injustas, no  adoramos ídolos como ellos, que se inclinan muy a menudo ante los ídolos modernos de este mundo y que son,  el poder, el mucho tener, el placer exacerbado y el parecer; al extremo que son mentirosos, cleptómanos,  veleidosos, vanidosos, arrogantes, marrulleros, cínicos, cobardes, corruptos y corruptores asiduos. “El que trabaja honrado, muere jorobado” dicen,  y por eso cometen toda clase de iniquidad, con tal de medrar de los recursos que les son ajenos, en detrimento de ellos mismos. Su dios, es Mammón, por eso adoran al becerro de oro.
4.- Nosotros, nunca hemos visto una mona dejar a su pareja y a sus hijos pequeños, por irse con otro mono y viceversa, jamás hemos visto a nadie de nuestra comunidad, practicar la  violencia intrafamiliar, física y verbal; como de ordinario sucede con  ellos. Tampoco hemos sabido de monos gay, ni monas lesbianas; aunque digan que de nosotros brotó el sida; ellos son la mayor fuente de contaminación de esta pandemia. Jamás hemos enarbolado banderitas de colores, que definen nuestra identidad, mucho menos sentirnos orgullosos por ser transgénero. Ellos sí, hasta se jactan de ser así.
5.- Nosotros no practicamos el aborto, por lo tanto no asesinamos a ningún ser vivo indefenso,  cuando esta en el vientre de su madre.
  “Ante  su docta ignorancia quisimos anteponer el sabio silencio”, pero  lo que están diciendo es inconcebible e incompatible con nuestro estilo de vida, y si nosotros callamos, la selva gritará.
     Por lo tanto, postulamos que el hombre,  sí desciende, pero no del mono...

    
Santo Domingo de Cobán, 03 de julio de 2018