domingo, 16 de septiembre de 2018

Y Dios dijo: hágase la palabra… 2ª parte


 
Jlriveirof

      Cuenta una anécdota que en cierta oportunidad salió de incognito Federico El Grande, Rey de Prusia; a deambular por las viejas callejas de la ciudad de Berlín, cuando tropezó con un hombre muy anciano. ¿Quién eres? Pregunto el monarca por simple curiosidad, cuando los dos se detuvieron. ¡Soy un rey! Contesto el anciano. ¡Un rey! Y  ¿Sobre qué principado reinas? Sobre mí mismo fue la orgullosa respuesta. Yo me gobierno a mí mismo, porque me domino a mí mismo, soy mi propio súbdito.
      A ojos vistas;  la declaración  que hace el anciano de la anécdota es válida, porque al ser imagen y semejanza del creador y al haber sido bautizados, por excelencia nos corresponde ese   título de rey. Cristo facultó este poder a sus discípulos para que también ellos dispusieran de una libertad soberana; y poder así,  gobernar nuestras emociones  y vencer sobre la “cultura de la muerte” y las estructuras  de los yerros, que cuando no se gobiernan  nos permiten ir en pos de los vicios, de la maldad, de la ignorancia perniciosa y,  de todo lo que es alienante.  En consecuencia; nosotros los seguidores de Jesús, en  este tiempo presente, ejercemos esa realeza y; podemos declarar  igual que el anciano berlinés,  ¡Soy un Rey!
     ¿Y sobre que reino reinas? ¡Sobre el reino de mí mismo! Debiera ser la declaración   hecha al comienzo de cada día, por cada uno de nosotros con la ayuda de Aquel que nos da fuerzas.  -Filipenses 4,13-  Gobernando sobre ese reino y reduciendo a su mínima expresión el miedo,  la pereza, la postergación, el incumplimiento, el conformismo, la pesadumbre, el pesimismo, el autoritarismo, la mentira, la superficialidad,  el engaño, el egocentrismo, la traición, las concupiscencias, la rutina, la depresión.  Cuando éstas han anidado en nuestra mente, alma y corazón; como consecuencia de la muerte de un familiar cercano, la pérdida de un amigo, los amores fallidos, las enfermedades de cualquier tipo, la desesperanza y, la presión que causan las actuales circunstancias desfavorables en materia social,  política, económica, religiosa, etc.  Que todos los días agobian al guatemalteco, y que no nos permiten, desarrollarnos y crecer como personas.   Máxime cuando las cosas nos salen mal, o cuando seguimos conduciendo nuestras vidas con retrovisor, viendo siempre para atrás. Haciendo   una contemplación exhaustiva  del pasado.
      El pasado ya pasó, es cosa muerta, dejémoslo ahí, máxime si al recordarlo no nos edifica. No vivamos nunca de las glorias pasadas, ni estemos recordando, hurgando y señalando los tiempos idos. Máxime cuando los mismos fueron  vividos de una manera disoluta y vacío. Para que metafóricamente; no nos pase, lo que le paso a la mujer de Lot, que por mirar y añorar lo que estaba atrás, se convirtió en una estatua de sal. -Génesis,  19, 26- desmitificando las Escrituras por supuesto.  Por lo tanto,  vivamos un buen presente  para asegurarnos un mejor futuro.
      ¿Y sobre que reino reinas? Para reinar en ese reino de nosotros mismos, es sumamente importante tener en cuenta tanto nuestras afirmaciones como nuestras declaraciones.
El Doctor Rafael Echeverría, autor del libro intitulado Ontología del Lenguaje, dice que “cuando declaramos generamos un mundo nuevo, pues después de haberse dicho lo que se dijo el mundo ya no es igual, ya que este fue transformado por el poder de la palabra”. La palabra tiene poder; por lo tanto, somos el fruto de nuestras afirmaciones y declaraciones y,   todas las personas que giran en torno nuestro, también son el fruto de esas afirmaciones y declaraciones. Si declaramos con insistencia que alguien es torpe e inútil, el tal lo creerá, al grado que, haremos de su mundo un mundo inoperante. Por lo tanto; que de nuestra boca solo salgan palabras edificantes, que bendigan, a fin de no poner a la vista las intenciones de nuestros corazones; lo que el hombre habla eso es él. Jesús lo dice de esta forma: “¡Raza de víboras! ¿Cómo podrán decir palabras buenas si son malos? El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad; el hombre malo saca cosas malas de su tesoro de maldad.” -Mateo, 12, 34-35-
      ¿Qué palabras salen de nuestra boca?, ¿Maldicientes?, ¿Amenazadoras?, ¿Falsas?, ¿Murmuradoras?, o palabras poderosas generadoras de diálogos, de nuevas realidades, de nuevos mundos, de mundos diferentes. Recordemos que con lo que hablamos revelamos nuestro razonamiento; y este, en todos los casos es nuestra mejor carta de presentación.
     Desde el punto de vista  de una ontología del lenguaje; tomemos de las Sagradas Escrituras, algunos ejemplos poderosos para crear nuevos mundos, en las gentes que se relacionan todos los días con nosotros:
      “No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos.”  -Lucas 6, 37-38-
      “Traten a los demás como quieren que los demás los traten.” - Mateo 7,12-
     “Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian.” - Lucas 6, 27-28- Aunque extremadamente difícil, sobre todo en la Guatemala de este tiempo; cuando estamos siendo gobernados por los personajes más siniestros de la política pos moderna…
      “Si uno quiere vivir y pasar años felices, guarde su lengua del mal y sus labios de la falsedad” -1ª Pedro 3,10- Apartando la lengua mentirosa. -Proverbios 6,17- Evitando lenguaje deshonesto: “Lo mismo digo respecto de las obscenidades, de las estupideces y de las groserías, porque todas estas cosas están fuera de lugar” -Romanos 5,4- refrenando la lengua: “Si uno se tiene por religioso, pero no refrena la lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad es vacía.”-Santiago 1,26- No siendo apresurados para hablar: “Con todo, que cada uno sea veloz para escuchar, lento para hablar, y para enojarse.”  -Santiago 1,19-
      “No salga de sus bocas ninguna palabra ofensiva, sino solo palabras buenas que ayuden a crecer a quien lo necesita y agraden a quien las escuche.” -Efesios 4,29-
      “Respuesta amable aplaca la ira, palabra hiriente aviva el enojo. De la lengua de los sabios brota sabiduría, de la boca del necio, necedades.” -Proverbios 15,1-2-
     En cada uno de estos casos, la palabra pretende lograr un objetivo, porque el lenguaje es razonable y opera dentro de los parámetros éticos de un contexto. Es eficaz, regenera y transforma, haciendo las cosas viejas nuevas; y esto es factible, cuando intimamos la palabra hablada con Dios, cuando la conyugalizamos con El, para que la misma sea doblemente poderosa y para tener la debida autoridad,   inclusive en las que son  básicas.
     Dentro de las declaraciones básicas que todos los días estamos haciendo, utilizamos la declaración de negación “No”;  que según dice el Dr. Echeverría: “es una de las declaraciones más importantes que un individuo puede hacer porque a través de ella asienta su autonomía y su legitimidad como persona; sin embargo, el precio de decir no muchas veces cuesta la vida, es alto y depende de cada uno pagarlo o no”.
 Si todos los políticos de nuestro país tuvieran la valentía de utilizar más a menudo esta declaración, habría menos dobletes debajo de la mesa, menos corrupción en el aparato estatal, menos enriquecimiento ilícito, menos nepotismo, estulticia, dictadura, permisividad, pusilanimidad,  menos presos en las cárceles, enfermos en los hospitales y muertos en los cementerios.  Menos persecuciones por delitos de lesa humanidad; en fin, otros mundos estaríamos creando con  solo decir no,  en el momento oportuno.
      En lo que respecta a la  declaración de aceptación “SI” esta pareciera no ser tan poderosa como el no, sin embargo por decir siempre si sin razonarlo es que hay tantos males en el mundo,  por un si materializamos  las tentaciones y  nos desviamos de nuestros objetivos en todas las aristas de la vida;   por lo tanto, el “Si” y el “No” son poderosos, sobretodo, cuando los empleamos en el momento propicio con valentía.  Al respecto: el evangelista Mateo pone en boca de Jesús: “Que la palabra de ustedes sea si, si, no, no. Lo que se añada luego procede del maligno.” -5, 37-
     ¿De dónde pues procede todo lo que precede a un sí o a un no? Cuando ese si o ese no, es ambiguo. ¡Del malandrín!
      Solo  partiendo  de nuestras afirmaciones y declaraciones, de los binomios del ser y del hacer; de la congruencia entre el decir y el actuar, amalgamando fe y vida, podemos declarar:
 ¡Yo,  soy  rey! …