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Empero, en los últimos días hemos sido testigos oculares de los cientos de miles de hondureños que se dirigen a ese imperio del mal, en la búsqueda de una oportunidad para poder mantener a sus familias. Presuntamente huyen del miedo, que les causa la pobreza y la pobreza extrema que viven en su país. Y al ser considerado el miedo como el gigante de las carencias, huyen por la carestía de la vida, la falta de un trabajo digno, techo mínimo, pan en su mesa, paz, salud física, mental y espiritual, seguridad, tranquilidad, confort y sosiego del alma entre tantas otras cosas básicas.
Y, como si lo anterior no fuera suficiente, sufren ante el hecho de ser gobernados por un déspota, amante del poder, aunque sea mal habido, y que en su afán de mantenerse incólume en su puesto, le importa un comino la seguridad de sus compatriotas, a quienes, conjuntamente con el presidente guatemalteco han criminalizado, diciendo que están siendo instrumentalizados y politizados por entes sociales, que pretenden desestabilizar el establishment en el Triángulo Norte, conformado por Guatemala, El Salvador y Honduras…
En ese intento, imposible resulta descartar que a nuestros hermanos hondureños, se les sumen salvadoreños y guatemaltecos. En ese afán desmedido en la búsqueda de un mejor destino.
Y en el vía crucis que con energía y valentía han emprendido, echándose la cruz a cuestas, tanto hombres como mujeres, niños y personas mayores, hacía esa tierra de la “oportunidad”, ya en su paso por Guatemala y México, han sido criminalizados por los presidentes de esas naciones, los lacayos de turno, que ante la pérdida de su dignidad como gobernantes, se inclinan muy a menudo ante el todopoderoso gobernante norteamericano. El presidente mexicano rápido obedeció las órdenes de su amo y señor, y ha destacado a la frontera con Guatemala, a todas las huestes de policías y militares para detener ese maremágnum de personas que viaja desde Honduras.
Ante ese descaro al no ser tratados como pares, a los presidentes de México y Centro América, exceptuando al tirano que desgobierna Nicaragua, que con tal de congraciarse con el imperio, acatan todos sus mandatos, aunque los mismos sean inhumanos. Poco les falta para que después del fuerte apretón de manos, la fotografía y el abrazo insincero que se dan cada vez que tienen un encuentro, le den el ósculo infame. Diciéndolo eufemísticamente, claro está…
¡Trío de Indignos, vasallos de los EEUU! Hechos a la imagen y semejanza de la mafia. Que por el poco poder temporal que les da el puesto que hoy ocupan; y por el dinero que reciben licita o ilícitamente, son capaces de vender su alma al diablo, porque su vida ya no les pertenece, la han cedido desde hace mucho tiempo a los grupos criminales que en paralelo, gobiernan con ellos…
Lo más lamentable y deplorable ante estas circunstancias que afectan a nuestros pueblos, es que todos los gobiernos de turno, nunca han buscado una solución para paliar las crisis en que viven inmersos nuestros hermanos. Lejos de criminalizarlos y aporrearlos con sus hordas uniformadas y armadas, deberían crear más y mejores fuentes de trabajo, para evitar la migración ilegal, el mal trato, la explotación, la trata de personas, la exclusión, el robo agravado, las masacres y la disgregación que causa en la familia la partida de un hijo, una hija o el padre o la madre, para lograr la manutención de aquellos que dependen económicamente de ellos.
Pero, evidentemente esto no les conviene, porque para lograr todo lo anterior, ellos, no podrían ser “ni corruptos, ni ladrones”; porque al ser quienes abanderan la corrupción institucional, imposibilitan la existencia de fuentes de trabajo digno, la salud y la seguridad, la justicia pronta y cumplida, la educación y la instrucción para el pueblo.
Mientras tanto, construyen su paraíso a expensas de esos pueblos oprimidos, y mantienen hirviendo el infierno, que es en lo que han convertido a estos países del tercer mundo.
Como si el calvario que se vive en el tránsito hacía el “otro lado” fuera poco, la mayoría de los que llegan y se quedan, son motivo de explotación, expolio, racismo, discriminación, encarcelamientos injustificados, torturas y deportación por parte de las autoridades migratorias y policíacas estadounidenses.
Máxime con la aplicación de leyes anti- evangélicas, inmorales y perversas que han adoptado y llevado a la práctica algunos estados en ese país en contra de la gente que busca un futuro mejor para sus hijos. Pero, que por ser diferentes racial y culturalmente, son maltratados física y verbalmente.
Ese mito del sueño americano, también ha creado falsas expectativas en el pueblo de Guatemala, sobre todo en los pueblos afectados directamente por la guerra intestina y asesina perpetrada desde comienzos de los años 60, hasta finales de los 90. Que ya en el tiempo de la pos guerra, muchos son poblados únicamente por mujeres y niños, ante la desaparición forzada o el aniquilamiento de la mayoría de los hombres, por parte del estado, que vio en ellos un objetivo militar al ser considerados comunistas.
Y como “la virtud del capitalismo está en su eficacia económica”, las autoridades gubernamentales, han querido establecer acuerdos con el pueblo norteamericano, no tanto porque les interese la salud y la seguridad de la gente que viaja y trabaja en ese lugar, sino por el aporte significativo que ellos representan en el envío de dólares a nuestros países pobres. Sin duda alguna, lo que ninguna empresa pública o privada pueden producir.
Y lo peor está en ciernes, porque los gobiernos norteamericanos siempre han predicado, pero nunca se han convertido. Su pensamiento político y religioso no es acorde con su ser y hacer, al extremo que han acuñado su lema oficial: “In Good we trust”, –En Dios confiamos- hasta en su dinero, para que no se les olvide a sus ciudadanos y al mundo entero, por quien viven y se desviven. Demostrando de manera concluyente que ellos están a las órdenes del capital. El liberalismo es el altar en donde se inclinan muy a menudo para adorar a Mammón, el dios de las finanzas especulativas, de la avaricia, de las riquezas mal habidas y de las injusticias…
Entonces, ilusos son los gobernantes centroamericanos que todavía creen que el imperio “confía en Dios”, y que podrían “racionalizar” las inmigraciones de centroamericanos que todos los días intentan cruzar la frontera.
Ellos confían en su supremacía mundial, en el liderazgo económico, la hegemonía de su raza, los yacimientos petrolíferos, en su expansión imperialista, en el culto al dinero, en la apología del liberalismo, en la prosperidad material, en la desvalorización de los valores y en el Banco Mundial. Poco les importa si en su tránsito por el desierto fallecen calcinados nuestros hermanos campesinos, los pequeños comerciantes, el artesanado y toda clase de trabajadores.
Lo anteriormente expuesto nos permite concluir que su dios, no es el Dios de Jesucristo. En tal virtud, su lema oficial no tendría que ser “In God we trust”, sino “in gold we trust”, porque es lo único en lo que creen y a quien le doblan las rodillas con asiduidad…