domingo, 18 de noviembre de 2018

“Una canita al aire”…


      Desde el comienzo hasta el final  de  los tiempos el hombre  ha convivido y convivirá siempre  con el yerro y el desacierto; de ellos,  ni siquiera los personajes bíblicos estuvieron excluidos.  Así está escrito en las Sagradas Escrituras que explicitan como personajes que tuvieron una estrecha relación con Dios, se desviaron de sus caminos y sucumbieron ante las diferentes tentaciones que la vida les  puso por delante, y cayeron fácilmente ante ella. Se podría escribir hasta el día de hoy, sobre los deslices cometidos a lo largo de toda la historia de la humanidad, pero hoy, puntualmente  serán motivo de análisis los hechos pecaminosos que cometió el Rey David a raíz de sus enredos con Betsabé, la mujer de Urías el hitita, no sin antes detallar a cabalidad  el porqué del pecado como tal.

      Describe San Pablo a los romanos,  como por medio de un hombre entró el pecado  en el mundo y por el pecado la muerte; siendo así herederos de ella, que  hiere a todas las personas sin distingo de ninguna naturaleza. Ya su aguijón está listo para posarse sobre cualquiera, -Rm 5, 12-21-   y en esa categorización entra también el Rey David, que se convirtió   en una marioneta de su propio desliz, como sin duda alguna, muchos suelen serlo ante circunstancias similares.

     Muchas veces  se dice que Dios es quien prueba a la gente para ver cómo está su relación con El, sin embargo,  Dios no prueba a nadie -Santiago 1, 13- “Sino que cada uno es probado, arrastrado y seducido por su propia concupiscencia”. –Santiago 1, 14- Y así como en el caso particular  del rey David, no fue Dios quien le puso la prueba, sino que fueron sus propias circunstancias.
 Pues bien,  para poder entrar en detalle hay que analizar  un poco su propia  vida,  y para ello hay que adentrarse a las profundidades del primer libro de Samuel, específicamente al capítulo ocho, en donde se narra como el pueblo de Israel le pidió a Samuel un rey para que los gobernara, rechazando a Dios, considerando que en ese tiempo, el gobierno era teocrático,  es decir era Dios a través de los jueces quien gobernaba al pueblo.

     Ellos;  querían ser igual a los otros pueblos de la tierra, y por eso querían un rey, y de esa suerte  les pusieron rey.  Siendo el primero Saúl y el segundo David, quien a pesar de ser muy joven, tuvo la bendición de Dios, y fue  ungido por Samuel para dicho cargo.
Ya al frente del gobierno del pueblo de Israel, David conquistó muchas ciudades y ganó infinidad de guerras, pero cuando  el poder se le subió a la cabeza y lo empezó a marear, dejo de cumplir con sus obligaciones; según se aprecia en  el  capítulo 11 del 2º libro de Samuel, que dice que “A la vuelta del año, en la época en que los reyes salen a campaña, envió David a Joab con sus veteranos y todo Israel, mientras que David se quedó en Jerusalén”. Y se paseaba por la terraza de su casa, mientras que todo el pueblo estaba en guerra. “En la época en que los reyes salen de campaña” David no salió, se quedó en casa, paseándose por su terraza, sin nada que hacer, incumpliendo con su deber, descuidando sus obligaciones. En cuerpo ocioso hay mente ociosa y egoísta como la de David.

      Según el DRAE egoísmo significa inmoderado y excesivo amor a sí mismo. Lo que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás. Eso fue lo que hizo que David se quedará en su casa y no ir al frente de la batalla como era la costumbre en ese tiempo de todos los reyes de la tierra. Además, no atendió el interés de su pueblo sino el suyo propio, al dar rienda suelta a sus instintos venéreos cuando ve  a una mujer muy hermosa, y al no tener nada que hacer le dieron ganas de acostarse con ella;  un hecho lamentable que se complicó cuando atrae también otros males; como  la lujuria, la infidelidad, la traición, el engaño, la mentira entre un largo y excesivo etcétera…

     La lujuria: Al haber deseado tener relaciones pecaminosas con Betsabé, David cometió también uno de los siete pecados capitales, llamado lujuria, que consiste en el apetito desordenado de los deleites carnales. Un deleite que se originó en su mente como consecuencia de la sensualidad de Betsabé, que saber cuántas veces lo había visto en su terraza, y también es seguro que ya se había dado cuenta que en ese atardecer él se encontraba en la terraza de su casa, y le puso la tentación al bañarse sin duda a la intemperie, si lo hubiera hecho en el baño de su casa ¿Cómo la iba ver el rey?

     Independientemente de cuáles sean las razones que desencadenaron una serie de circunstancias adversas, es lógico suponer que ambos tuvieron la oportunidad de decirle no al deseo apetitoso de la carne, ella porque era una mujer recatada y además casada con Urías, y él por consiguiente,  sabía que estaba casada y con uno de sus mejores soldados, pero eso  le importó un plato de lentejas. Y después de desearla,  materializo el ilícito y se acostó  con ella.
No sería especulativo decir que él se aprovechó de ella por su condición de rey, en virtud que en todos los tiempos, personajes que ocupan altas posiciones lo hacen muy seguido. Aunque en el pasaje bíblico no se encuentra oposición de parte de ella, sino por el  contrario, se percibe una clara y abierta disposición. El simple hecho de que ella se bañara al aire libre, demuestra claramente que lo que hacía lo hacía premeditadamente. Según se sabe tenía mucho tiempo de estar sin su marido, porque éste estaba en el campo de la  batalla y, los deseos febriles de la carne pudieron más,  que guardarse únicamente para el marido. Obviamente esto no justifica en nada su actitud, por el contrario, podría decirse que ella quería que todo eso pasara.

     Pero, después de las mieles le precedieron las hieles; he aquí las cuestiones que atraen la atención:
1. Un embarazo no deseado.
2. El  qué dirán: Que le dirá a su marido, que le dirá David al pueblo cuando todos se enteren, que le dirá a sus concubinas y a sus hijos, que le dirá a Dios…
3. La pérdida de los sentidos: Cuando se pierde el sano juicio es un infierno el que se vive, se pierde la paz y la tranquilidad mental, el cuerpo se enferma, todos los sentidos no funcionan bien, de lo contrario David no hubiera gestado la muerte de Urías, como en ese tiempo no existía la práctica abominable del aborto, decide mandar a matar al esposo y soldado abnegado. Bien dice el dicho popular “mal paga el diablo a quien bien le sirve”.
4. Trae consecuencias cósmicas.  Otros también sufren y son arrastrados  en el pecado:

      En el caso particular de  Urías: Perdió su matrimonio, Perdió su dignidad,  Perdió su vida.

   En el caso particular de Joab: fue Implicado en el engaño, Involucrado en un homicidio y transgredió la ley, en virtud de que hechor y consentidor siempre tendrán el mismo delito.

     En el caso particular de Betsabé: Al haber cometido adulterio en aquel tiempo merecía la pena de  muerte. Perdió la dignidad (vivió siempre con el que dirán, señalada siempre por la sociedad, como sin duda alguna muchas mujeres viven hoy día, todos sabían que había engañado a su marido).  El hijo que había tenido con el rey,  murió, una muerte anunciada por Natán, aunque fruto del pecado el hijo era inocente, (cuantos niños inocentes sufren las consecuencias de la imperfección hoy día); y se aprovechó de su hermosura para tentar al rey.

     En el caso particular de David:

A. Incumplimiento de deberes,
B. pereza,
C. lujuria,
D.  engaño,
E.  traición,
F. asociación ilícita,
G. abuso de poder,
H. premeditación,
I. homicidio (muerte ocasionada a una persona por otra),
J.  adulterio.-

     Tantas transgresiones  cometidos por un hombre y una mujer ante las leyes de Dios y de los hombres,  ante una relación sentimental ilícita, y tantas personas involucradas al mismo tiempo por asociación: quienes  hacen los mandados, quienes saben lo que sucede y se hacen de la vista gorda, aquellos que ven lo indeseable y piensan que en cualquier sociedad lo que en el hombre es aceptable, en la mujer es imputable.  
Sin embargo, aquí y en la Patagonia “antiquísimo pecado es seducir a la mujer ajena, -diría Juvenal- y despreciar el vínculo sagrado”. Es algo que pesa y pasa muy a menudo, y los rigores de tales ilícitos no son disuasivos como para decir “machete estate en tu vaina”…

     “Pero donde abundo el pecado sobreabundó la gracia” (Rm 5, 20) y después de que Natán le hace entrar en razón, el rey se arrepiente grandemente, pide perdón y confiesa su delito, según se aprecia en el salmo 50 compuesto presuntamente por el mismo rey David, después de estos acontecimientos que pusieron en peligro su propia vida y la seguridad de todo un pueblo. Dios le perdona según le manifestó Natán, pero tiene que pagar las consecuencias de sus múltiples transgresiones. Dios siempre perdona las iniquidades, pero lamentablemente las consecuencias que se originan de las mismas quedan, y quedan para pagarla con creces, porque las mismas siempre serán de muerte.   -Rm 6, 23-

     A guisa de colofón y para dar sustento a la tesis anterior,  véase  el caso concreto de David en 2ª Sam 11, 26-27, 12, 1-23. El mal se levantó contra él en su propia casa (2ª Sam 12, 11); uno de sus hijos lo deshonró (2º Sm 13, 14); otro lo desterró (2º Sm 15, 19); otro se rebeló contra él (1ª Reyes 2); un sirviente lo desafió, los amigos lo traicionaron, un pueblo lo abandonó y se vio privado de sus hijos.
     Todas estas cosas tuvo que pagar uno de los reyes más poderosos en toda la historia, y todo por nada,  haber cometido uno de los pecados favoritos de la humanidad: “echarse una canita al aire”

Jlriveirof

Bibliografía referente:
Biblia de Jerusalén