domingo, 21 de abril de 2019

Bajo las montañas del quetzal



Jlriveirof

      A finales del mes de marzo de todos los años, se lleva a cabo la famosa ultra maratón Montañas del Quetzal; con un recorrido de 85 kilómetros, tiene su inicio en la Ciudad de Salamá y su fin en la Ciudad de Cobán. La travesía empieza a las cinco de la mañana en punto, saliendo del Parque Central de Salamá y en su tránsito se pasa por las cuestas de Cachil, Quililá, poblaciones rurales como  El Jute, Tzalám, la Villa de Tactic, Pansinic, Finca Valparaiso, Venecia, la Población de San Cristóbal Verapaz, Sarrachoch, Chicoj hasta llegar a su destino. Podría decirse que tal actividad psico física recorre la Verapaz de cabo a rabo; y por los rigores del entrenamiento previo, las condiciones geográficas bastante accidentadas y el clima caluroso en extremo, entre tantas otras cosas, es que hay tres categorías a considerar: un medio maratón, un maratón y una ultra maratón. Asimismo, hay personas que hacen ese caminar en bicicleta de montaña.

     En tal sentido, por tercera vez consecutiva hemos acompañado en ese caminar a Michelle, mi hija menor; quien, dentro de sus actividades de deporte extremo, ha realizado tres veces la ultra maratón -85 kilómetros- y escalado más de algún volcán. Y  dicho sea de paso, cada año que pasa mejora sus tiempos. Como los buenos vinos creados en los mejores viñedos, cada año que pasa es mejor…
Por  tal razón, lo menos que podíamos hacer es  seguirla  a corta distancia en más de algún paraje incierto, accesible solo para vehículo todo terreno, en esa Guatemala profunda olvidada en gran parte por el sistema de injusticia que nos impera.
Y esa es “la razón de la sinrazón, que a mi razón se hace”, -Cervantes- como Don Quijote,  tratar de acercarme a la verdad, a la razón,  intentar exponer lo que a "ojos vistas" está escondido y que como un “curioso impertinente” lo he visto, y en consecuencia para no caer en pecado de omisión, me veo en la penosa obligación, de contar esa verdad, sometiéndome así al arbitrio de ser quemado con leña verde en la hoguera o enviado a la horca, que hoy día constituyen los medios modernos de comunicación…

     De ello resulta que en ese acompañamiento, al pasar por una industria cafetalera, bien ornamentada por cierto, nos percatamos que de caminos distintos y distantes, salían hombres, mujeres y niños de todas las edades, con su corte de café a mecapal; los sacos también eran de todos los tamaños, según la estatura del trabajador de campo. Coincidían en una hora concreta, quizás porque había llegado la hora de la pesa en pesa presuntamente arreglada, según los propios trabajadores,  a favor del propietario; y de la paga que decir, para nada congruente con la cruda realidad socio económica que afecta a una inmensa mayoría de trabajadores guatemaltecos.

Era un sábado cualquiera y una hora concreta; y en mi opinión pensé: a estos niños les han robado la niñez. ¿No tendrían que estar jugando al fútbol, o en sus casas pacíficos, haciendo algo pertinente a su corta edad?..., las mujeres con los pies descalzos ¿no tendrían que estar en su casa de habitación esperando la llegada del amado para ofrecerle un pocillo de café hervido? Ese que ellos cortan por un mísero jornal y que después compran muchas veces en la tienda de la finca, a un precio superior que en el mercado… ¿Acaso no hay aquí gran denegación de normas éticas y jurídicas que amparen el servicio que  la mujer rural presta a sus patronos? Cuánta razón hay en el pensamiento de un amigo q’eqchí que cree que detrás de cada taza de café, hay varios siglos de explotación…, seguimos a la vera de un camino trazado en el siglo XIX, cuando el café de Guatemala era producido en un contexto de expropiación de tierras a los oriundos del lugar; mientras estos eran explotados y esclavizados.
Hoy, en pleno siglo XXI, es un poco más de lo mismo.

     Terratenientes como el presunto propietario de la finca en cuestión, son los que conforman el verdadero poder detrás de la silla del Presidente, y quienes lo han convertido en un vulgar lacayo al servicio de sus intereses; muy a pesar de que es uno de los mandatarios mejor pagados de América Latina, y que en adición a sus emolumentos; cobró sobresueldos de Q.50, 000.00 del ejército de Guatemala. Sin embargo,  se deja mangonear por ellos, prueba de ello es que congeló el salario mínimo en detrimento de las grandes mayorías de trabajadores, tan solo para estar bien y sentirse bien con ese sector agro industrial.
Sin lugar a dudas, su moral y ética, si es que un día las  tuvo, son delicuescentes, no tienen vigor…


     Así pues, y dejando las conjeturas del irreverente Presidente por un lado; llegamos a la población de San Cristóbal Verapaz y al circunvalar la laguna de Chichoj, es evidente que la misma ha venido perdiendo sus dimensiones con el paso del tiempo, quizás a que en ella durante mucho tiempo, una industria de zapatos vertió sus aguas servidas en sus profundidades y hoy día, muchos pobladores que habitan en sus márgenes, descargan sus excretas ahí mismo. 
Está claro que esa población no ha contado  con una Corporación Municipal que tenga cultura turística y ecológica, o un grupo de empresarios locales eco dependientes, con visión de futuro para ver en la laguna una empresa que procure puestos de trabajos, contando con un par de pequeños catamaranes y restaurantes a lo largo y ancho de la laguna para recrear a propios y extraños, haciendo del lugar un  punto de encuentro con Dios y con los demás.

     Siguiendo con el recorrido, pasamos por la “vuelta del pedo” que dista a un par de kilómetros después de haber pasado por San Cristóbal Verapaz, llamada así por los oriundos del lugar por los fétidos olores que emanan de una empresa curtidora de pieles, que vierten sus desechos sólidos y aguas servidas al riachuelo que  desagua a la laguna de Chicoj; obviamente los olores nauseabundos que emanan del lugar, son altamente contaminantes y perjudican la flora y la fauna de sus alrededores; así, como a la gente que utiliza esta fuente para captar el agua que sirve para satisfacer sus necesidades diarias.
Me pregunto: ¿Qué hará la División de Saneamiento Ambiental y los servicios de salud de Alta Verapaz, para contrarrestar la insalubridad que se da en este entorno? Sin duda, sus inspectores de saneamiento ambiental, serán más ejecutivos de escritorio que personal de campo y por eso no se han dado cuenta…

     Pues bien, dentro de este contexto y  a mi modo de hacer las cosas; voy a esbozar una línea de continuidad histórica a la luz de la Encíclica Rerum Novarum, escrita por el entonces Papa León XIII; por ser esta una Carta Apostólica que marca los comienzos de la doctrina social cristiana. Una exhortación que a pesar que el próximo  15 de mayo, cumplirá 128 años de nacimiento; y que a pesar de su edad, sigue siendo actual. Aún mantiene su frescura; y hoy más que nunca debe cobrar vigencia, considerando los antecedentes hechos evidentes a tenor de lo planteado y que apenas constituye un diagnóstico de males más profundos.

     En tal virtud, es importante recalcar algunos principios de la Iglesia respecto a qué; el trabajo, no es un objeto y por lo tanto, debe dignificar al ser humano.

     El capitalismo, término utilizado en aquel tiempo; hoy arcaico para describir al neo liberalismo; ofrece falsas soluciones a la cuestión social y económica; porque está basado en la explotación del género humano.

     El personal de campo no tiene libertad para asociarse y defender sus derechos, sobre todo al de un salario justo, techo mínimo, salud, seguridad y educación que les permita satisfacer necesidades vitales. So pena de que si lo hacen, rápido son satanizados con el término zahiriente de comunista y guerrillero, hasta ser desalojados por los gendarmes de turno, a punta de fusil y bayoneta en mano.

     Se debe luchar porque tengan derecho al descanso y demás prestaciones de ley y que sea condenado el trabajo infantil; a fin de no seguir facilitando la lucha de clases sociales, que en Guatemala se vienen dando desde tiempos inmemoriales.

     A guisa de conclusión entonces, sostengo que a imitación de Santo Tomás de Aquino  que excomulgó a los empresarios de la banca, usureros en extremo durante el medioevo, la Iglesia debería hacer lo mismo con  todas aquellas  personas explotadoras y esclavistas, que utilizan a su prójimo para enriquecerse inmoralmente. 
Pero; lamentablemente y aquí parafraseo a Joyce, la misma Iglesia a veces, actúa como si padeciera de una esclerosis múltiple que la lleva a la parálisis…

     Cuanta razón tiene el Papa Francisco cuando dice que explotar a la gente es pecado mortal.  Aquí, bajo las montañas del quetzal y en la Patagonia...
    
Fuente bibliográfica
León XIII, Rerum Novarum, Sobre la Cuestión Obrera, Ediciones Paulinas