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En el marco de la
celebración por los setenta y dos años de vida de la compañía de Seguros GyT,
S.A. Considero necesario referirme a esa festividad con grandeza, y para ello
tomaré como punto de partida el pensamiento de Frederick Nietzsche quien solía
decir que las cosas grandes no se mencionan, pero cuando se hace, hay que
referirse a ellas con grandeza. Aunque no es mi intención referirme a esa
grandeza desde el punto de vista cuantitativo, sino cualitativo, considero oportuno,
aunque sea de soslayo hacer mención a que, de acuerdo a sus activos pasados,
presentes y futuros, esa entidad también es notable por eso.
No está demás
remarcar también que, después de haber adquirido el lote mayoritario de
acciones de Comercial Aseguradora Suizo Americana, (Seguros CASA) hoy es la
compañía aseguradora privada más antigua del país, lo que permite que cuando
alguien dice la aseguradora, se refiere a Seguros GyT por antonomasia…
Pero, dejando por un lado esos resultados numéricos, a la
grandeza a la que me quiero referir en esta ocasión es a la grandeza de la "cosa". Entendido el término en cuestión, en lenguaje filosófico, desde el punto de vista
de la ontología. Y para ese efecto, se hace necesario partir de lo
que consigna el diccionario filosófico, que describe a la cosa como cualquier
parte del mundo material con existencia relativamente independiente y estable.
Una cosa se diferencia de otra por su especificidad cualitativa (calidad). Un
importante problema gnoseológico y científico especial lo constituye el
problema de la identidad y la diferencia de las cosas entre sí, y también la
diferencia entre la cosa y el objeto.
Siguiendo con esa elucidación de conceptos, también
se hace necesario interpretar algunos postulados básicos de la ontología del
lenguaje. Y por ello, nos alejaremos del supuesto clásico que le
dieron los griegos al término ontología, partiendo de la investigación de
Martín Heidegger, que sintetiza el concepto y hace referencia a nuestra
comprensión genérica de lo que significa ser humano. Ser humano, no recurso,
talento o capital humano como se expresan la inmensa mayoría de departamentos
de recursos humanos, en gran parte de instituciones públicas o privadas a lo
largo y ancho del inconmensurable mundo, respecto del ser humano. El ser humano
es único, irrepetible, y aunque inacabado es perfectible. Considerándolo
únicamente como recurso o como talento lo reducimos y lo sometemos al arbitrio
de la empresa. El ser humano está
dotado desde antiguo de recursos, de dones y de talentos. En ese sentido, no es
un recurso, talento o capital per se.
Interpretándolo así, lo seguimos analizando a partir de una
teoría reduccionista economicista, que pretende reducirlo a un simple balance
de sumas y restas, poniéndole un precio, en perjuicio de su dignidad. Y, el ser
humano tiene dignidad no precio. Por lo tanto, a menudo se equivocan quienes
llaman al ser humano recurso, talento o capital humano, para referirse a aquel
que irrumpió en el mundo a imagen y semejanza de su creador, y que a partir de la
antropología filosófica es el centro y la cima de todas las cosas.
En Seguros GyT,
postulamos que sus colaboradores son seres humanos, al menos lo consideramos
así en la agencia de seguros que está bajo mi orientación, y que es un
subsistema de ese gran sistema que es la corporación como tal. Esa comprensión
que tenemos del ser humano, es la piedra angular en donde erigimos todo lo que
hacemos y decimos. Una afirmación que está muy por encima de cualquier
postulado auspiciado por los estudiosos de la ciencia administrativa.
He ahí, la primera posibilidad de porque esta aseguradora es
grande en clave nietzscheana…, somos seres humanos, no recurso, ni talento ni
capital…
Respecto de las
cosas grandes, en ontología somos cosas, todas las personas individuales o
jurídicas son cosas, y por lo tanto poseemos propiedades sustanciales y tenemos
en común que continuamente estamos mutando, evolucionando, creciendo, y tenemos
una historia. Esas serían las palabras que Mario Bunge daría a la "cosa", que a
tenor de lo establecido en la asociación entre Don Mario Granai Andrino y Don
Ernesto Towson Pinto que tuvo lugar a partir de 1,947, hoy tiene una historia
que contar y un nombre que desde su génesis hace 72 años de florida existencia,
se ha mantenido ileso, y que como tal se ha multiplicado, dándole vida a las
demás instituciones que constituyen la Corporación GyT.
He ahí, la segunda razón que permite que hoy, “nos podamos
referir a ella con grandeza” …
Y la tercera causa
por la que podemos referirnos a esta empresa con grandeza radica en el tema
gnoseológico de la cosa, o teoría del conocimiento. Postulamos que en Seguros
GyT, en virtud de los conceptos elucidados en los párrafos anteriores, no nos
interesan los seres humanos que no quieren seguir con un largo y doloroso
proceso de transformación, así como el de las águilas. Y, en consecuencia,
contamos con una Universidad GyT que permite a nuestros asociados seguir
aprendiendo cosas relativas no solo a los seguros, sino asuntos
multidisciplinarios. De tal suerte que, nos involucramos en los tres tipos de
conocimientos que nos da la luz que arroja la gnoseología: el conocimiento
proposicional, el performativo y el directo. El primero nos involucra en “el
saber qué”, el segundo que es un conocimiento práctico o performativo en “el saber cómo” -know how- y que nos permite entrenar y desarrollar
a hombres y mujeres de negocios de
seguros, para que tengan éxitos en la tentativa de esta empresa, dotándolos de
las habilidades, las destrezas y las competencias conversacionales pertinentes,
y el tercero en el conocer, mismo que
nos permite estar al tanto de la “cosa” motivo de nuestra reflexión, el mercado
y los seres humanos que confluyen en el tal, para poder satisfacer necesidades
presentes y futuras en materia financiera y de seguros, así como a nuestros
compañeros de trabajo y demás seres que se interrelacionaran con nosotros en
esta trama.
Es importante
advertir también que, en la agencia de
Seguros GyT Cobán, en adición a toda esa gnosis -conocimiento- y logos -razón- mencionados en el párrafo que antecede, también intervenimos en la creación del futuro
mediante una filosofía de mejoramiento continuo -el Kaisen de los japoneses-
desde hace algunos años, mismo que nos ha permitido evolucionar
paradigmáticamente, lo hemos estudiado con asiduidad y lo llevamos a la
práctica de forma diaria, así como la práctica mensual y continuada del
coaching ontológico de vida y empresarial con cada uno de nuestros asociados,
lo que ha permitido que en cada sesión se pueda hacer realidad lo pactado con
la debida antelación: hacer que la rueda de la vida, ideada por Paul Meyer, cada
vez esté más redonda y que ruede sin ninguna dificultad, llevándonos con alto
grado de exactitud hacia otros derroteros.
A 72 años de
haberse iniciado este viaje, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Patrona de
Aseguradores, interceda por nosotros y se nos conceda la oportunidad de
mantenernos a flote, para poder seguir construyendo en nuestros entornos
organizacionales un lugar de encuentro con Dios, consigo mismo y con los demás,
en los brazos de la única compañía aseguradora, tres veces grande en Guatemala…
Fuentes bibliográficas:
Rafael Echeverría, Ontología del Lenguaje, 1ª edición abril
de 1994, Lom Ediciones, S.A.
Robert Audi, (editor) Diccionario Akal de Filosofía, traducción de Humberto Marraud y Enrique Alonso, ediciones Akal, S.A. 2004, Madrid, España.