viernes, 15 de mayo de 2020

¡Sed ecuánimes! ...

Jlriveirof, OP
     En un mes de  marzo   pero  del año 161 dC. falleció  Antonino Pío,  el cuarto de los cinco buenos emperadores que tuvo la  Roma imperialista de los primeros siglos de la era cristiana, un imperio caracterizado por la falta de cordura y de maldad en la mayoría de sus emperadores.
     Durante su mandato, Antonino Pío,  se caracterizó  por presentar una conducta sin mácula. Ese estilo que signó su vida, le permitió  ocupar puestos políticos de suma importancia,  los cuales lideró con alto grado de excelencia.
     El cognomen de Pío, se justifica por cuanto que,  indultó a las personas que su antecesor el Emperador Adriano, había condenado a muerte. Durante su mandato promovió las artes y las ciencias, dignificó los  sueldos a los maestros de retórica y filosofía. Ambas concebidas como disciplinas en aquellos días, que hoy, podría decir sin temor a equivocarme, ningún gobernante las conoce y las practica...
     A una distancia de diez y ocho siglos de su deceso, el estilo de gobierno que lo caracterizó,  su vida, obra y trabajo, debería ser objeto de estudio por  todas aquellas personas que se dedican a la politica profesional, de igual forma, por todas aquellas personas que pretendan dejar una impronta en su historia personal. 
     Antonino Pío, enfrentó  las crisis de su mandato en equipo con sus gobernadores. Practicó lo que la administración moderna conoce como empoderamiento y mantuvo sanas relaciones interpersonales con todos, especialmente con el Senado. Eso hizo grande a Antonino.
Un ejemplo ilustre y encomiable que debería ser imitado por los gobernantes de las naciones, particularmente en este tiempo de pandemia.
     ¿Cuando hemos visto a los gobernantes latinoamericanos tomar decisiones en equipo? ¿cuando los vemos mantener sanas relaciones con todos, especialmente con la prensa que no es de alquiler? ¿Cuando los veremos promover las ciencias y las artes? ¿Cuando mejorarán los sueldos, especialmente de los salubristas en tiempos de coronavirus?
Lamentablemente vemos que eso no está dentro de sus prioridades y es corroborable que cada quien jala por donde más le conviene, y precisamente por eso, toman decisiones desacertadas y descerebradas en perjuicio de las grandes mayorías poblacionales, pero muy especialmente, en contra de los más pobres y desposeídos, que en  América Latina, son legión.
     Un ejemplo nefasto lo pudimos observar todos los guatemaltecos el día jueves de la semana en curso, cuando  abruptamente el gobernante tomó la decisión,  no colegiada supongo, de cerrar el país y todos los comercios a excepción de la tienda de la esquina con horario restringido, por tres días, hasta el próximo lunes muy de mañana.
La abrumadora noticia, cayó como torrentes de agua fría sobre la humanidad de todos aquellos que no estaban preparados logísticamente hablando, sobre muchas personas que no pudieron llegar hasta su hogar, al coartar  la libertad de locomoción.
Las pérdidas materiales que se prevén  con esa medida, serán cuantiosas, sobre todo con aquellos productos que son perecederos. Cuando los vendedores de frutas y verduras, carnes, etc.  vuelvan a sus puestos de venta, sus productos estarán  podridos, serán invendibles y pasarán a formar parte de sus pérdidas.
¿Acaso el Gobierno de la República resarcirá el daño que causará a la raquítica economía informal y la pequeña y mediana empresa?
     En aquel tiempo el emperador Antonino Pío, durante su mandato, facultó a sus gobernadores para que participaran con  sus mejores ideas e iniciativas al trabajo, con un sentido de entusiasmo, propiedad y orgullo, actuando con responsabilidad y colocando los intereses del imperio primero que todo”.  
¿Que presidente de las naciones, estará poniendo muy por encima de todas las cosas, las necesidades de nuestras sociedades sin estado y actuando con responsabilidad? ...
¿Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua, Bolsonaro en el Brasil, Díaz Canel-Bermúdez en Cuba, los aprendices de dictador del triángulo norte? solo por mencionar algunos...
     ¿Cómo querrán estos gobernantes que los recuerden en el día postrero? ¿cuál será el epitafio que les pondrán en su tumba fría? ...
     Se dice que estando ya en su lecho de muerte, las  últimas palabras del emperador en cuestión,   fueron un compendio de lo que vivió a lo largo de sus 74 años: ¡Sed ecuánimes!
¡Sed ecuànimes! La ecuanimidad o equilibrio interior es ese “dominio apacible de la razón ejercido por medio de una voluntad fiel a nuestro propio ideal; no se trata de una virtud realmente distinta de las demás; sino que es la síntesis de todas ellas. La persona ecuánime juzga, quiere y actúa, tanto en las circunstancias prósperas como adversas, sin dejarse dominar por el impulso de las tendencias negativas”.
     Con la luz que arroja la axiología, la ecuanimidad  es “el fruto del esfuerzo y de la lucha continua contra las tendencias egoístas, los halagos degradantes y los vanos temores que amenazan a toda persona”. Es “una poderosa energía de precisión, cordura, armonía y equilibrio. Es imparcialidad, respuesta proporcionada, medio justo, ánimo estable ante las vicisitudes o adversidades, mente firme e imperturbable ante el elogio o el insulto, la ganancia o la pérdida, lo agradable y lo desagradable.”
     La ecuanimidad también está vinculada a la filosofìa moral, por cuando que tiene parte con la justicia, el servicio y el deber.
     La religión judeo-cristiana por consiguiente, también la tiene en  tan alta estima, al considerarla un bastión fundamental para el desarrollo moral y espiritual de quien la práctica.
     Al haber sido practicada por el emperador Antonino Pío con asiduidad, él actualizó, sintetizó y practicó todas las virtudes y, se mantuvo incólume durante su mandato, llevando una relativa paz y prosperidad al imperio, a pesar de algunas revueltas militares sin importancia que sucedieron en Judea, Mauritania y Britania.
      Antonino Pío hizo todo lo contrario a lo que hacen la mayoría de las personas que gobiernan las naciones en este tiempo, que ofrecen el “oro y el moro” pero cuando presiden el gobierno se olvidan de todos sus ofrecimientos, ávidos por la corrupción y el trato zalamero, rápido rompen relaciones con todas aquellas personas que les dicen la verdad que no quieren escuchar y así, se distancian de los intelectuales, entre los que se encuentran periodistas invendibles, defensores de derechos humanos, humanistas, teólogos, politólogos y filósofos entre otros..
     En circunstancias similares se sufre en la empresa, la industria, el comercio,  la escuela, el colegio o en la universidad, cuando se tropieza con directivos que no son ecuánimes.
¿Cuántas personas hemos sido testigos presenciales y oculares de la carencia absoluta de ese valor, en tales ejecutivos?
¿Cuántos no  hemos visto con desaire como ellos, hacen discursos apologéticos de aquellos que más dinero les lleva a los bolsillos,  congratulandose con ellos, con excesiva celeridad?
¿Cuántos no hemos escuchado con desaprobación, cuando esos mismos personajes se refieren con frases peyorativas de aquellas personas que no “producen lo suficiente” y en consecuencia, no son santos de su devoción?
 Ellos, velan únicamente por su metro cuadrado,  circunvalan en función de sus propios intereses, y lo que es peor, de continuo  adoptan frases para nada usuales para referirse a tales personas.
     Los seres humanos no debemos ser vistos como un instrumento que se puede calibrar, aunque inacabados, somos seres perfectibles y, nos estamos haciendo día a día. Nos estamos reinventando, nos estamos rehaciendo, siempre.
     No caigamos pues, en el error de la confusión que muchas veces crean los conceptos reduccionistas concebidos por una mente no muy brillante, y lejos de hacer “leña del árbol caído” tratemos de apoyarlo mediante el poder que tiene  una lengua experta para poder decir palabras de aliento para levantar al abatido. 
     En tiempos de crisis como el que atravesamos en este instante, dable es recordar y guardar en nuestro "disco duro"   que la persona ecuánime juzga, quiere y actúa tanto en las circunstancias prósperas como adversas, sin dejarse dominar por el impulso de las tendencias negativas”, aprendamos a tejer nuestra ecuanimidad con “un sereno equilibrio, paz interior, constancia y dominio de sí, de bondad y prudencia y firmeza en nuestras decisiones; ajustándose a la voluntad de Dios, buena conciencia, paciencia y afabilidad, alegría, misericordia y compasión”.
     Solo quien actué así, podrá decir con un orgulloso timbre de voz:  ¡Sed ecuánimes! ...




miércoles, 13 de mayo de 2020

Cómo rehacerse…



Jlriveirof, OP
     Como parte de las medidas complementarias a las impuestas por el gobernante de turno, algunas municipalidades, como la de la Ciudad de Cobán, Alta Verapaz, Guatemala, C.A. han cerrado total y parcialmente los mercados cantonales.
 Esa disposición causó algunas reacciones, algunas adversas, otras positivas. Por una parte,  muchos locatarios reaccionaron y se hicieron a las calles para protestar, causando bochinches en la vía pública, entre los que cabe destacar, enfrentamientos con los cuerpos policiales.
     Mientras que los que actuaron con una actitud mental positiva en ese mismo contexto, siguieron una lógica más viable, y con la frente en alto y el pecho descubierto, dispusieron reinventarse, lograron rehacerse. Decidieron cambiar sus viejas formas de hacer las cosas y salieron a las calles a hacer lo que nunca habían hecho y,  salieron de su zona de confort, del estancamiento...
Salieron de un puesto bajo el cobijo de algún viejo edificio insalubre, a recorrer las calles y las avenidas de la Ciudad...
     Esa actitud mental positiva puesta de manifiesto y adquirida bajo circunstancias adversas, llama poderosamente la atención, en virtud que  a pesar de la baja escolaridad con que cuentan muchos de ellos, hicieron lo que otras personas con más estudios, inclusive avanzados, no se atreven a hacer,  y que es  salir de su escondite, del  anonimato, de la pobreza, de la inacción.
     Válido es recalcar la vieja frase acuñada por Mahoma: “si la montaña no viene a mí, yo debo ir a la montaña”.
      Sin duda intuyeron lo que dijo Einstein alguna vez, acerca de que loco es aquel que pretende resultados diferentes, haciendo siempre lo mismo.
     ¿Cuánta gente está fracasando en estos precisos momentos por seguir haciendo lo mismo?
 O en el peor de los casos, por no hacer nada, absolutamente nada para paliar la crisis, por sortear la peste y planificar la recuperación económica, que está muriendo lentamente.
     Un ejemplo preclaro en este escenario, son los comerciantes que actuaron con positivismo, con denuedo, con intrepidez, y tomando las medidas pertinentes necesarias para no verse afectados por la pandemia, rápido tomaron decisiones, no se estancaron en el sopor que causa la misma, le dieron otro giro a su negocio, salieron de su zona de confort, algunos se hicieron de carromatos jalados no por semovientes, sino por ellos mismos, y empezaron a recorrer esos caminos vecinales, distintos y distantes, para  ofertar ellos mismos y “a todo pulmón”, sus productos consistentes en frutas, verduras y legumbres frescas.
     Salieron a tocar puertas, recibieron muchas negativas de parte de las amas de casa que se dignaron en atender, pero sin desmayar,  siguieron tocando puertas hasta encontrar el tan anhelado sí, que muchas veces se encuentra detrás de varias negativas...
     ¡Ah! Si todos fuéramos así de agresivos ¡ja! ... 
comercialmente hablando, claro está. Hace mucho tiempo habríamos salido de la pobreza, el pauperismo, la vagancia y la mendicidad.
     Triste conocer y ver a muchas personas preparadas técnica y académicamente, fracasar con estilo.
Y todo, porque no ven las cosas desde la perspectiva correcta. Carecen de una visión del futuro, una misión previamente establecida, algunos valores de la ilustración, metas y objetivos inteligentes.
Pero por sobre todas las cosas, se han mal acostumbrado a extender la mano, a rezar y a esperar que todo les caiga del cielo. ¡Vaya timo! ...

lunes, 11 de mayo de 2020

Comportamiento organizacional en tiempos de la peste …



Jlriveirof, OP
     Cuando la peste pase, todo volverá a ser igual, dicen los crédulos, sin embargo, según la opinión generalizada de  los científicos, en el mundo,  ya nada volverá a ser igual.
En ese sentido, la personalidad, las actitudes, aptitudes, valores, percepción sobre las cosas, el aprendizaje, la motivación intrínseca y extrínseca, la industria, el comercio, la fábrica, la iglesia, el colegio, la escuela o la universidad, el hogar, la sociedad, los viajes, estilos de vida, gajes del oficio, entre muchas cosas más, no volverán a ser igual. 
     Es por eso que, valiéndome por el principio de simplificar, quiero conjeturar y dedicar estas líneas al trabajo. Quizás, por ser el mejor invento del hombre y es en donde pasamos más tiempo, haciendo muchas cosas unos, y viéndolas pasar otros.
Quienes procuramos que pasen cosas, nos vemos de continuo: planificando, ejecutando, ideando, motivando, divirtiéndonos, organizando, vendiendo, comprando, creando, controlando, dirigiendo, integrando, entre muchas cosas más.
Entre esa inventiva y en la tentativa de su faena, es lamentable señalar que el trabajo, en sus mil y una forma y concepción, hoy más que nunca, está siendo vulnerado en muchos aspectos. En consecuencia, se está convirtiendo en lo más próximo a perderse.
     Se ve amenazado cuando empresarios de nombre solamente, después de muchos años de forcejear con el giro de su negocio, hoy no cuentan con los recursos pecuniarios adecuados y suficientes para paliar la crisis económica, que se deriva del simple hecho de estar cerrados temporalmente, a causa de las políticas de salubridad dictadas por el gobierno.  O si cuentan con esos recursos para mantener los vientos a su favor, se hacen de la vista gorda y se aprovechan de la situación, haciendo recortes de personal, bajando salarios, restando comisiones o haciendo economías para nada acordes a las circunstancias desfavorables que, a todos los ciudadanos del mundo, nos aquejan y nos tienen en vilo en estos precisos momentos de nuestra historia.
     Sobre ese particular, vemos como en los mares de la web, surcan vertiginosas las noticias, de cómo algunos empresarios, risiblemente los más poderosos económicamente hablando, así, como procuran pagar los impuestos que les corresponde poco a poco e intentan socavar el poco estado de bienestar (seguro social y sus pensiones) existente en el país, aprovechándose de las consecuencias que implica para la economía local y global, la propagación del coronavirus.
     Se ve afectado cuando, los dueños de las empresas o sus directivos, no tienen un concepto claro sobre lo que es el comportamiento organizacional, o se olvidan de adrede que las personas que trabajan en las organizaciones ejercen una gran influencia en ella, pero que, a su vez, la organización, también debe de reciprocar.
Lamentablemente, muchas personas que ocupan altos cargos directivos, están ahí, quizás porque tienen el apellido adecuado, o cuentan con la correcta amistad, pero su ignorancia es enciclopédica, adquirida con honores magna cum laude, cuando desconocen que lo más importante en una organización, son las personas que trabajan ahí. Su bagaje de conocimientos es tan pobre, que carecen de ese conjunto interdisciplinario de saberes, que hacen comprensible las conductas humanas.
 En el peor de los casos, muchas de estas personas, actúan como gerentes capataces. Solo saben mandar, pero no saben cómo se hacen las cosas que ellos de continuo mandan a ejecutar
     Se ve afectado cuando, el miedo a la peste los paraliza. Muchos están encerrados en sus casas, temerosos del contagio, sentados en el diván, colocado estratégicamente frente a la pared, de donde penden títulos, diplomas y logros académicos, que necesitan ver para recordar cuan ilustrados son. Cuando lo que deberían estar haciendo en estos precisos momentos, es crear alianzas estratégicas con el personal que labora con ellos,  virtud que a ambos les corresponde empezar a gestar la productividad y la recuperación económica.
      Es ahí, inmersos en el sopor que causa la complacencia en donde muchos pasan silenciosas las horas, atentos de los medios noticiosos para saber cómo va la curva de la pandemia y esperando el último informe para ver si sus ganancias se van a pique, se desaceleran o suben gracias a la acción y al efecto de la fuerza del trabajo del hombre. Aquellos, que   se rajan con asiduidad y con tesón la depresión tropical que tienen al final de sus espaldas, de sol a sol, inmersos en la putrefacción de la pandemia. Y, aun así, como un “incentivo emocional”, destilan el fruto del trabajo y del esfuerzo hasta niveles insospechados, con tal de maximizar sus utilidades, aunque frunzan la economía de la clase trabajadora, a quien eufemísticamente llaman sus colaboradores.
     Se ve afectado cuando, estos directivos están al pendiente solamente de los aspectos visibles del comportamiento organizacional, tales como: el cumplimiento fidedigno de políticas, estrategias, metas, objetivos, el cuido de sus equipos tecnológicos, móviles, automóviles, instalaciones locativas, etc.  Olvidándose que lo más importante, que a lo que más se le debe prestar atención y dar mantenimiento es a los aspectos invisibles del comportamiento organizacional, entiéndase como: el clima laboral, las percepciones, conductas, comportamientos, la psique y el ethos de las personas.
     ¿Por qué no dar mantenimiento a la psique de los trabajadores, es decir a su “alma humana”? ¿Por qué no dar mantenimiento al ethos de los trabajadores, es decir a sus costumbres, conductas, caracteres y personalidades? …
Sabemos de antemano que, si el cuidado de la psique y el ethos, se pusiera muy por encima de todas las cosas, se obtendría la excelencia en grado superlativo.
     En ese orden de ideas, el desempeño de las personas y en consecuencia el de la organización, sería pronto y cumplido. Veamos porqué ...
     El compromiso de los trabajadores sería más grande. Derivaría en menos rotación, menos ausentismo, menos tiempo perdido, menos paralización del trabajo. Ello redundaría en más satisfacción laboral, más desempeño, más esfuerzo, más desarrollo, menos costos y más utilidades, etc.
     La fidelidad, la competencia y la motivación de los trabajadores, sería totalmente superior.
     La satisfacción en el puesto de trabajo sería sana, atrayendo y reteniendo el talento y conquistando su compromiso.
     El empoderamiento a los trabajadores se lograría si y solo si, se les otorga una ciudadanía organizacional. Ese concepto expresa que los comportamientos individuales de cada trabajador, van más allá de los deberes y exigencias que requiere de continuo la organización. Eso vendría a constituir una ventaja competitiva para la empresa y un desempeño superior, si se compara con sus pares…
     Ese sería el ideal, pero de la concepción de la idea a su ejecución hay un océano de por medio. La pregunta en esta época de crisis es ¿quién se animará a concebirla, desarrollarla y ejecutarla?
     He ahí la cuestión, diría Shakespeare …

Fuentes bibliográficas:
Idalverto Chiavenato, Comportamiento Organizacional, la dinámica del éxito en las organizaciones, segunda edición.