Un día cualquiera del mes de marzo del año recién pasado un grupo de
ejecutivos de seguros de GyT veníamos de vuelta hacía Guatemala después de
vacacionar varios días en Los Cabos, Baja California Sur, como parte de un
salario emocional adicional a nuestras remuneraciones que todos los años
obtenemos en adición a capacitación constante, reconocimientos, teletrabajo,
gestión del tiempo, entre otras motivaciones más que recibimos como parte de nuestra cultura organizacional.
Al
arribar al Aeropuerto Internacional la Aurora los trabajadores del lugar nos
recibieron con ciertas precauciones en virtud que, en el mismo vuelo venían
varios asiáticos a quienes veían con temor como si fueran los leprosos que
narran los evangelios, toda vez que Wuhan en esos momentos estaba en el centro
del brote de coronavirus que amenazaba con expandirse “urbi et orbi”.
No
habían pasado muchos días de nuestro regreso cuando los gobiernos de las
naciones empezaron a extremar y tomar medidas enérgicas de bioseguridad para
disminuir el riesgo de infección ante la inminente fatalidad, como el cierre de
puertos y aeropuertos, encerronas, toques de queda y restricciones a nuestras
libertades individuales y colectivas entre muchas cosas más al extremo que
muchas actividades empresariales se paralizaron.
Lo anterior trajo consigo el derrumbe de
la economía, la vida, la salud, la educación y la justicia entre otras cosas y,
como si la pandemia no fuera suficiente
la naturaleza nos castigó severamente durante la época invernal y una tras otra
vinieron las tormentas tropicales ETA e IOTA que anegaron en gran parte el
departamento de Alta Verapaz convirtiéndolo en uno de los lugares más afectados
de todo el territorio nacional, ambas depresiones tropicales dejaron a su paso caos,
muerte y desolación que nos sumergieron en una crisis existencial de grandes
envergaduras, en una batalla emocional sobre la vida y la muerte como aquella en
la que se encontró Hamlet, el príncipe de Dinamarca, en la más famosa obra
literaria de Shakespeare cuando terriblemente afectado por la muerte de su
padre, el rey de Dinamarca dijo: “Ser o no ser, esa es la cuestión”. Una
frase ontológica que nos puso en jaque frente a los caminos inciertos entre la
vida y la muerte y los fantasmas atormentadores que recorrían nuestros pueblos
ante el hecho de que muchos de nuestros clientes, amigos, parientes y conocidos
estaban muriendo por causa de la pandemia, otros que se quedaron desempleados
ante el derrumbe de la economía, más los que se quedaron literalmente en la
calle por causa de las tormentas tropicales antes mencionadas que pusieron al
descubierto que poca cosa somos ante las catástrofes naturales y sobre la
importancia que cobra la tenencia y la vigencia de un seguro de vida, gastos
médicos y daños para paliar los
problemas dinerarios que se avecinan después que pasan cosas de esa magnitud.
“Ser o no ser, esa es la cuestión”.
Desde el punto de vista ontológico esa frase
alude lo esencial del individuo, ante una existencia que en los derroteros
inciertos que teníamos por delante tuvimos que tomar decisiones: ¿Ser o no ser? en virtud que, somos lo que hacemos es condición sine qua non hacer para ser
alguien en la vida a pesar de las penas, las tristezas, las desesperanzas y la
muerte. Precisamente por ello, le di paso a una frase ética, parafraseando
a Shakespeare: Hacer o no hacer, ese es el punto.
En ese sentido, en la agencia de seguros bajo mi dirección y procuración haciendo gala del pensamiento sistémico supusimos una visión del futuro intuitiva en extremo, decidimos sortear la pandemia y salir a trabajar como si no estuviera pasando nada, intentando soslayar la afectación, cumpliendo con todos los protocolos de bioseguridad eso sí.
Innovamos, creamos y trabajamos.
Acrecentamos nuestros conocimientos y destrezas, mediante una verdadera
transfiguración cambiamos nuestros viejos modelos mentales, generamos pensamiento creativo y construimos una
visión compartida poniéndonos metas grandes, misiones y valores humanos y
cristianos para apalancar y catapultarnos a las grandes ligas.
Tuvimos
que convertirnos en sujetos tecnológicos conquistando las herramientas de
Google para ser eficientes y, ante la imposibilidad de reunirnos de forma
presencial cada lunes como fue nuestra inveterada costumbre, la seguimos
ejecutando de forma virtual, al igual que las sesiones de coaching, el
mentoring y el feedforward entre otras herramientas administrativas que
amueblan nuestro cajón de herramientas interno.
Resulta paradójico que en un año atípico
como lo fue el 2020; nos enfocamos y comprometimos sobre una o dos metas
crucialmente importantes, actuamos sobre medidas de predicción e históricas, movimos con asiduidad el tablero
de resultados mediante una cadencia de rendición de cuentas de forma
semanal, el haber decidido trabajar en equipo,
socializar nuestros cerebros, no ser reactivos sino pre activos y proactivos como solo lo
es un sujeto de seguros; en esas crisis, encontramos oportunidades de mejoramiento
continuo, de enmienda, de dominio propio y de una buena gobernanza de nuestras
emociones.
Del
“virus chino” sonsacamos la palabra crisis que en chino significa oportunidad e
hicimos más y mejor que lo que hicimos
en el año 2019; de tal suerte que, en el año que recién acaba de expirar
obtuvimos mejores resultados en ventas, las encerronas nos obligaron a mejorar
nuestro desarrollo personal, los libros se volvieron inseparables y las
capacitaciones asiduas; en consecuencia, cinco personas se hicieron acreedoras
al acostumbrado viaje internacional con todo pagado más una bonificación en
dólares, duplicando el número de
viajeros del 2019 que representarán a la agencia imperial en el extranjero.
“Ser o no ser, esa es la cuestión", hacer o no hacer, ese es el punto. Una frase ontológica la primera y ética la segunda, fueron el
santo y seña que nos obligaron a transitar entre el claroscuro ese que se forma
entre la vida y la muerte, entre la luz y la oscuridad, entre la buena voluntad
y la fuerza de voluntad, entre la opción y las circunstancias desfavorables que
nos acompañaron en todo el caminar.
Ese
ser y ese hacer nos obligaron a deliberar sobre todo aquello que, teníamos y
debíamos hacer: servir a nuestra comunidad en materia previsional haciendo más
y mejor sin importar las causas.
Para el año que recién comienza ya tenemos trazada nuestra hoja de ruta y, como diría un extinto miembro de la gerontocracia y kakistocracia en el país, "seguiremos haciendo más de lo mismo"...
Jlriveirof, OP