Entre los diversos diálogos sostenidos por los personajes de
la tragedia de William Shakespeare, Hamlet; ocupa mi razón algunos principios elementales que Polonio
recomienda a su hijo Laertes, con ocasión de una despedida que en tono severo hace el primero por no darse prisa en ponerse en movimiento y
aprovechar la marea él segundo. Junto a su bendición externa los siguientes consejos:
01.- No le prestes lengua al pensamiento, ni lo pongas por obra si es
impropio;
02.- Sé sociable pero
no con todos;
03.- Al amigo que te pruebe su amistad sujétalo al alma con
aros de acero, pero no embotes tu mano
agasajando al primer conocido que te llegue;
04.- Guárdate de riñas,
pero si peleas, haz que tu adversario se
guarde de ti;
05.-A todos presta oídos; tu voz a pocos;
06.- Escucha el juicio de todos y guárdate el tuyo;
07.- Viste cuan fino
permita tu bolsa, más no estrafalario; elegante no chillón, pues el traje suele revelar al hombre;
08.- Ni tomes ni des prestado, pues dando se suele perder
préstamo y amigo, y tomando se vicia la
buena economía.
09.- Y sobre todo
continúa Polonio: “se fiel a ti mismo,
pues de ello se sigue, como el día a la
noche, que no podrás ser falso con nadie”.
“Se fiel a ti mismo” sin
duda alguna un principio universal que
ya muy pocas personas llevan a la práctica y que denota a aquella persona que
guarda fidelidad y cumple sus promesas
con exactitud y es veraz en el estricto
y vasto sentido de la palabra, en todos los ámbitos de la vida misma:
Espiritual, sentimental, laboral,
familiar, social, eclesial, cultural, emocional, personal, moral, ética, profesional y financieramente hablando; entre un largo etcétera en virtud que la lista
en mención, puede seguirse ampliando según se considere pertinente.
¿Cuántos problemas podrían evitarse siendo fiel consigo
mismo? Porque la persona que no es fiel consigo mismo difícilmente podrá ser
fiel a los demás.
El “Se fiel a ti
mismo” sintetiza y actualiza los demás postulados, viejos principios
fundamentales que debieran ser de observancia general. La persona que es fiel a sí misma no pone en
práctica lo que es impropio; sabe con
quién ser sociable y se aparta de las personas de dudosa honorabilidad; encuentra en el verdadero amigo un tesoro y lo
cuida como tal; evita las riñas verbales
y corporales; como diría Emerson “jamás
discute con un imbécil porque sabe que este lo hará descender a su nivel y allí
le ganará por experiencia”; el mejor conversador es el que escucha mucho y habla poco y “todo lo guarda
en su corazón”, “su si es sí y su no es no”; sabe que lo demás
procede del maligno; “viste cuan fino permite su bolsa”, sin caer en el
consumismo es austero y sobrio en el vestir, pero lo hace con dignidad y recato, porque en este mundo post
moderno “como te ven te tratan”; no toma lo que no es suyo y no pone en peligro
su economía para no acarrearse a sí mismo y a los demás grandes males; como
diría Montesquieu “una injusticia contra una sola persona constituye una amenaza hacía las
demás”; dilapidar la propia economía y tomar lo que no es propio amenaza no
solo al que tal hace sino a todo el núcleo familiar y el entorno laboral y
social; poniendo en peligro la salud y
la seguridad, la paz y la tranquilidad de todos los que resultaren afectados.
La fidelidad es un valor que debe cultivarse, cuidarse y
practicarse más a menudo y no debe ser tan solo un adorno en nuestra visión, misión y valores; ricamente enmarcado y colgado en el lobby de
la empresa, el colegio o la universidad; al estilo de aquella institución
policíaca en los tiempos del terror en
Guatemala, por suerte muerta ya, que
tenía como slogan: “Semper fidelis”; y
como sus miembros no sabían latín,
apenas español; nunca fueron fieles a
ellos mismos, mucho menos a los demás.
Como diría Laertes a Polonio en esa escena “Humildemente
de vos me despido”.-

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