Era la primavera del año 63 a. C. cuando el general Pompeyo
comandando varias legiones de soldados entró en Jerusalén para subyugar con extrema violencia a sus
habitantes, según la cronología y la
arqueología que iluminan la historia para poder ofrecer una “refutación a la increencia” ante los
crímenes de lesa humanidad cometidos en
los pueblos conquistados por el imperio romano.
Inmediatamente después de irrumpir en ese contexto histórico,
rápido subvirtió el orden social,
político, económico, cultural, ético, moral y religioso de la época convirtiéndose
así en lo que tanto temió y persiguió,
en un delincuente subversivo. Lo primero
que hizo fue “reordenar la región y ponerla bajo el control del Imperio,
terminando así con la independencia que los judíos habían disfrutado durante
ochenta años gracias a la rebelión de los Macabeos”, según narra
José Antonio Pagola en su obra “Jesús aproximación Histórica”.
Todos esos atropellos a la dignidad humana duraron más de trescientos años, hasta que Constantino se convirtió en el único
Emperador de Occidente y se instituyó el cristianismo como religión oficial del
Imperio, cesando en gran medida los azotes en el pretorio con el flagrum, Las crucifixiones, un método de castigo y exterminio inventado
por los asirios pero perfeccionado por los romanos, las degolladuras en masa, la esclavitud, la
quema de aldeas y caseríos y las
masacres en las urbes citadinas que tenían como único objetivo infundir el
miedo de forma general causar y lograr con ello el sometimiento y el asedio de los pobres habitantes de esa
región.
Toda esa criminalidad puesta de manifiesto por los
imperialistas romanos las narra también el historiador judío Tito Flavio Josefo
en sus escritos, en donde detalla las inhumanas costumbres de los generales;
quienes al conquistar algún pueblo cometían una serie de tropelías como el
general Casio que esclavizó a treinta mil judíos aproximadamente en las
inmediaciones de Magdala entre los años 52-53
a.C., o, las cometidas por otro
criminal investido con insignias de
general; Varo, quien incendió Séforis y todas las aldeas aledañas
destruyendo inmediatamente después Emaús
sitiando Jerusalén y por el puro
gusto de matar crucificó más de mil judíos, era el año 4º a. C.
Como si lo anterior
fuera poco en agosto del año 70 de la era cristiana el generalísimo Tito destruye Jerusalén tan solo por
“destruir la ciudad y asolar la tierra” manteniendo así el caos, la
destrucción, la zozobra y el temor en el pueblo elegido por Dios.
Consumadas esas “hazañas bélicas” los
flamantes generales y sus tropas recorrían
las calles de Roma y presumían el botín de sus nefastas guerras, así como a
los reyes y generales que habían sido vencidos
en las infaustas batallas. Según la historia esas victorias quedaban
inscritas en los arcos del triunfo que fueron levantados por todo el imperio, siendo sin duda el más famoso el Arco del
general Tito construido en el centro de
Roma, para rememorar la destrucción de Jerusalén.
En un contexto diferente pero con muchas similitudes a pesar
del tiempo y la distancia que nos separa, América Latina ha sido víctima de
circunstancias similares, causadas por gobiernos militares totalitarios,
nefastos y despóticos, cuyos militares han ejercido el poder en la mayoría de
casos por atraco al mismo mediante fraudes electorales o por golpe de Estado.
Guatemala no ha sido la excepción, y en oposición al sistema, él mismo ha
engendrado sublevados en franca oposición
a esos regímenes castrenses extremistas y al sistema corrupto y asesino
gestando el nacimiento de una guerra fratricida con gran cauda de muertos,
desapariciones forzadas, asesinatos, exterminio, desplazamientos forzosos,
torturas, violaciones, prostitución forzada,
esclavitud sexual, encarcelación en los mal llamados polos de desarrollo, que
no eran otra cosa que campos de concentración y persecución y secuestro solo
por pensar de forma diferente.
Todo ese sufrimiento
en contra de los pobres más pobres de estas tierras tiene su fecha de apertura
con el levantamiento militar del 13 de noviembre de 1,960 como lo explica el
antropólogo José Mariano Domingo Cabrera
en su tesis “Políticas y prácticas contrainsurgentes”, explica que en esa época un grupo de elementos castrenses conformados por oficiales subalternos sediciosos,
reclamaban la depuración de los oficiales del ejército, empezando con el Ministro de la Defensa Nacional por corrupto, exigían la profesionalización del ejército y el
rescate de los valores morales impartidos en la Escuela Politécnica; significa
entonces que los “delincuentes subversivos” nacen en el seno del instituto
armado y sus autores materiales e intelectuales fueron militares jóvenes
descontentos por las razones antes expuestas;
iniciándose así una guerra
interna que duraría 36 largos años de sufrimiento y dolor, sobre todo en las
comunidades rurales más pobres de la patria.
Retrotrayendo el pensamiento y el análisis investigativo a ese tiempo y enfocándonos concretamente en
el Triángulo Ixil, ubicado en las densas
montañas de los fríos Cuchumatanes y compuesto de tres comunidades denominadas
Nebaj, Chajul y Cotzal, afectadas
terriblemente durante el gobierno de facto del general Efraín Ríos Montt y por
las tropas comandadas por el entonces mayor Otto Pérez Molina alias “Tito
Arias” quienes hicieron su arribo a esa área geográfica entrando con
prepotencia sin duda alguna por el arco del triunfo ubicado frente al parque de
Nebaj, cerca de la Iglesia Católica misma que fue saqueada y utilizada como
“bunker” por la soldadesca; una vez instalados pusieron en práctica el
concepto maoísta que reza “la población civil es a la guerrilla lo que el agua
es al pez… en este caso la guerrilla no
puede subsistir si no tiene el apoyo de la población”; según lo expuesto por el
Mayor “Tito Arias” en una entrevista proporcionada a los periodistas norteamericanos
Alan Nairn y Jean-Marie Simon; en el campamento y aldea modelo “La Pista”
ubicada en Nebaj, departamento del Quiché.
¡Y le quitaron el agua al pez! cuando en esa vasta región
montañosa de los ixiles, se cometieron los mismos atropellos cometidos por los
romanos antes, durante y después de Cristo: Quema de poblaciones incluyendo a
sus habitantes con su política de tierras arrasadas, violaciones a las mujeres,
desapariciones, asesinatos con armas de fuego, punzocortantes o en la horca y
degüellos que no tenían otro propósito que atemorizar a la población para mantener el orden y la “fidelidad” de los
habitantes, ajusticiándolos…
Al estilo del general romano Tito, el mayor “Tito Arias” el
azote de los ixiles; imaginariamente también tuvo su arco del triunfo, el erigido
en Nebaj, porque después de “reordenar la región” y ponerla bajo control político, militar y
judicial, los ixiles pasaron a engrosar las filas de los pueblos esclavizados y
ese comandante sintiéndose victorioso como se puede apreciar en los diversos
videos filmados por los periodistas antes mencionados, organizó y encabezó
desfiles cívico-militares recorriendo las polvorientas callejuelas de Nebaj, emulando
al general romano Tito que hizo lo mismo por las calles de Roma y
que dicho sea de paso, las enajenaciones de este mayor
se plasmaron en el arco del triunfo de
Nebaj, cuyas inscripciones se aprecian
en la fotografía tomada por la periodista neoyorquina Jean-Marie Simon en el
año 1,983 de Satanás.-
Perduren por mil años más ese arco y que verdaderamente sea
un arco del triunfo por la resiliencia de los ixiles y
a la vez se constituya como vestigio
arqueológico y testigo mudo ante las masacres cometidas en contra de su pueblo, un pueblo de Dios, un
pueblo de la esperanza.-
jlriveirof
Entrevistas al Mayor Tito Arias:
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