martes, 26 de enero de 2016

"Entre Ujieres, secretarias y asistentes te deleites"

Sin entrar en detalles sobre el concepto etimológico de la palabra, según  la tradición,  el ujier es alguien que se mantiene en pie delante de la  puerta de un despacho. Es un portero que ha recibido instrucciones previas para dejar pasar solo a quien tenga algo importante para tratar con un rey, ministro o cualquier alto funcionario. Podría decirse entonces, que un ujier es alguien muy parecido a una bisagra, que siempre está detrás de puertas  o ventanas para cumplir una función concreta. 

Esos puestos de atracción, altamente redituables tanto para el empleador como para los destinatarios, que dicho sea de paso no necesitan tener preparación académica alguna para ocuparlo, siendo el  único requisito ser altamente corruptible, han cobrado notoriedad en las últimas horas, por ser una importante fuente de corrupción en el antro que queda en la novena avenida de la zona uno de la Ciudad de Guatemala, negocio que cuenta con una ley orgánica y que permite a cada congresista tener derecho a un ujier, una secretaria y un asistente. Tres subalternos per cápita   para poder cumplir  con sus obligaciones con “alto grado de eficacia”. Pero en detrimento del pueblo de Guatemala algunos "honorables" contratan hasta veinte personas para que “les hagan los mandados”. 

Desde tiempos inmemoriales dichas plazas han servido a los congresistas ávidos de todos los placeres temporales para beneficiar a familiares, pagar favores políticos o recibir a cambio "servicios íntimos profesionales" por  concubinas a más de algún parlamentario con los dineros del pueblo.
Como un incentivo emocional al salario muchos de los tenedores de estos puestos no tienen que presentarse al hemiciclo a cumplir con las funciones inherentes a sus cargos y respetar los horarios establecidos para el efecto. Es tan atractivo el puesto, que muchos se "afanan" en el cumplimiento de sus tareas desde su casa de habitación y después tan solo tienen que constatar en algún  banco del sistema si ya fueron depositados tan sagrados, merecidos y anhelados emolumentos, mientras otra persona marca la tarjeta de asistencias en el parlamento.

Gracias  a esos errores, horrores y favores en la integración de personal que los beneficiarios reciben como “don y talento”,  los dignos representantes del pueblo se han convertido en una especie de rémoras, dadas sus singulares características y apetencias por servirse del Estado. 
Según el diccionario rémora “es un pez marino de 35 a 90 cm de longitud, color gris o negro, cuerpo alargado casi cilíndrico, aletas largas y espinosas, y escamas pequeñas se adhiere fuertemente a los objetos flotantes o a otros vertebrados acuáticos gracias a un disco oval que tiene sobre la cabeza, para ahorrar esfuerzo en sus desplazamientos y alimentarse de despojos, hay varias especies, es voraz y vive en aguas tropicales”.

Rémora se  dice de alguien que se ha convertido en un obstáculo o estorbo grande, lastre o peso muerto, una clase parasitaria que vive a expensas de otros, según opinión de Pancracio Celdrán Gomáriz en su obra Inventario General de Insultos. 

En El tesoro de la lengua, el erudito Sebastián de Covarrubias  da mucha importancia a este término pues dice "es un pez pequeño, dice que si se opone al curso de la galera la detiene, aunque tenga suficiente remos y viento para moverla”. Tirso de Molina aplica el término referido al oro que convierte a las personas en rémoras de sus obligaciones y deberes. Y el teatro utilizó el vocablo durante el siglo XVII para referenciar a criados, escuderos y sirvientes. 

El poeta Luis de Góngora y otros poetas más utilizaron la palabra para referirse a personas, situaciones o cosas. Dicha locución es actual, y puede ser utilizado para referirse a cualquier funcionario público y sus subalternos cuando entre todos se cubren con el manto de la impunidad,   son voraces, viven a expensas del pueblo y se adhieren fuertemente a sus puestos; a diferencia de los primeros, estos  ya no viven de despojos, los despojos van  para las escuelas y los hospitales públicos.

Parafraseando al evangelista Mateo ¿de qué le sirve a un diputado ganarse todo el dinero del universo en contubernio con ujieres, secretarias y asistentes, si pierde su existencia?, ¿Qué monto gastará por su alma?


Jlriveirof

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