Por jlriveirof, OP
Para salir un poco de la alienante y
esclavizante rutina, un lunes cualquiera, día de nuestra acostumbrada reunión
de saco y corbata en el interior de la agencia de seguros GyT Cobán, dimos un
giro bastante dramático a la misma y
revirtiendo el orden de las cosas nos despojamos de nuestra indumentaria de
trabajo y nos pusimos ropa deportiva
para dirigirnos al Parque Nacional las Victorias -área protegida y pulmón
urbano, ubicado en el corazón del imperio cobanero- para correr en una de sus
pistas de atletismo; las hay de todas las medidas y grados de dificultad según
la disposición y la preparación de los
atletas: el Caracol tiene ocho kilómetros, la Monjita uno doscientos metros, la Verapaz uno seiscientos metros, la Timil -que
en idioma maya queckchí significa despacio dos
y medio y la Montaña cuatro.
Todas estas pistas están enclavadas en la densa montaña; con subidas y
bajadas vertiginosas y uno que otro
obstáculo natural que dificulta el tránsito; accidentes geográficos,
animales rastreros como la serpiente de coral, coralillo y falso coral, la
primera venenosa pero menos tóxica que
las que se pueden encontrar a lo interno de las organizaciones y que
intentan recomendarse más con la lengua que con la ejecución de su trabajo. Por acuerdo decidimos correr medio caracol, partiendo de
lo fácil a lo difícil. Inmerso en el verdor del bosque hice mías las palabras
de Hegel y previamente “traté de reconciliarme conmigo mismo y con
los demás en los brazos de la naturaleza” para que el proceso de evaluación
laboral, tuviera un feliz término.
Durante nuestro tránsito por la vereda
boscosa me percate que el grado de preparación psicofísica del personal es
diferente; algunos necesitaron “doble y retranca” para acelerar cuesta arriba;
otros necesitaron alguno que otro descanso para recuperar el ánimo; la
motivación también fue diferente; máxime cuando los kilómetros hacia arriba se
hacían interminables. El trabajo en equipo fue notable en aquellos que
practican el atletismo de fondo con asiduidad, desacelerando el paso y
afectando su tiempo fueron a animar e influenciar a los que se habían
retrasado. Tarareando al poeta recordé aquellas palabras con que solía darme ánimo
al comienzo de mi actividad en la aseguranza: “Cuando todo tu camino sea cuesta arriba, descansar acaso debas pero nunca desistir”.
Concluida la actividad física, nos dirigimos
a la laguna ubicada en un paraje
paradisíaco dentro del parque, para descansar, almorzar y hacer un análisis de los
escenarios que afectan nuestra situación concreta. También para ver cómo
estamos desde una perspectiva integral de la persona. Muchas veces esos
análisis parecen ser una filosofía laboral de reproche, pero al juzgar la misma
lo que se pretende es, obtener un compromiso que transforme todas esas
realidades con eficacia. Hay que tener presente que, una de las primeras tareas
de la filosofía es precisamente esa: analizar una situación e incidir en ella
favorablemente, para cambiarla.
Obviamente, en todas las organizaciones
–incluyendo la mía- encontraremos
personas que no les interesa cambiar las cosas y protestan cuando vemos,
juzgamos y actuamos concretamente en ella. Ya en su tiempo, Karl Marx pensaba
en su obra El materialismo histórico,
que no es suficiente con protestar, hay que transformar la realidad
socio-económica dominante. Significa que, esas
estructuras sociales que comprende la economía, la política y la
ideología y todo lo que tenga relación o vinculación debe transformarse. En tal
virtud, nuestro actuar siempre debe encaminarse a metamorfosear esas realidades temporales, cambiándolas,
y ese cambio es extensivo a las personas, empezando con nosotros mismos, para
alcanzar a los demás, solo así podemos darle un sentido a la existencia,
viendo, juzgando y actuando. Lo que no se examina no se mejora. Ya lo dijo
Sócrates “una vida no examinada no
merece la pena ser vivida”.
Imitando a Karl Marx quien luchaba contra la injusticia social que
enclaustra todas las estructuras económicas, nosotros desde nuestra ocupación,
cualquiera que esta sea, podemos y debemos batallar contra todas las pobrezas que
existen, que perturban y tiranizan al ser humano –material, espiritual,
organizacional entre un largo etcétera- y por eso, esas acostumbradas reuniones
en el seno de nuestra organización, conllevan a que nuestros análisis tengan una
disposición a la acción, que viene a ser
como la clave para trasfigurar todas nuestras realidades.
Ahora bien, volviendo a la parte medular
de estas reflexiones, hicimos una
equivalencia entre nuestro trabajo y el de un corredor de fondo; concluimos que tanto el uno como el otro
necesita de una preparación física, mental, espiritual; entrenamiento y
re-entrenamiento para estar en forma y
poder así alcanzar las metas y los objetivos que se plantean; como el
scout ambos deben “vencerse a sí mismos”, para cumplir a cabalidad sus metas y
objetivos y al superarlas; inmediatamente se debe trazar la siguiente.
Tanto en la asesoría de seguros como en el atletismo de fondo, las
personas no buscan atajos, ni sendas
fáciles, continuamente están en carrera; trabajan sobre sus capacidades psicológicas y
emocionales para no caer en la rutina, el acomodo y el sopor de la complacencia
que causa la zona de confort. En ambos, el cumplimiento de sus metas incrementa su valía y su auto-concepto.
Pasado el mediodía, multiplicamos
“los panes y los peces” que
llevábamos dentro del morral y almorzamos debajo de la arboleda,
sirviéndonos como testigos presenciales los palos de chut que callados reposan en el
bosque y el lagarto que habita las profundidades de la laguna, quien, al escuchar nuestras promesas de cambios
significativos y profundos y los planes y proyectos de futuro, sin duda,
esbozó una sonrisa filosófica…
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