domingo, 18 de septiembre de 2016

“ARBEIT MACHT FREI” -El trabajo te hará libre-




 Por jlriveirof 

      En la entrada principal de Auschwitz I, que era en donde se encontraban las oficinas administrativas de todo el complejo de terror que los nazis utilizaron para el exterminio masivo de judíos  principalmente, podemos leer sarcásticamente  la inscripción que lleva por nombre el presente artículo, escrito en alemán y que  significa “El trabajo te hará libre”.
 Pareciera ser que en su afán de galantear con las huestes demoniacas, los alemanes pusieron esa inscripción allí  como una paráfrasis del versículo 32, capítulo 8 del evangelio de San Juan -(8, 32)-  “y la verdad los hará libres”. De forma explicativa,  en ese  versículo Jesús habla de una doctrina  que no debe ser impuesta a la gente de forma coercitiva  por sus correligionarios, ni mucho menos mediante la promoción utilizando citas y conceptos bíblicos, como suelen hacerlo muchos pseudo evangelistas, sino más bien por atracción, como testigos que  testimonien su fe de forma experiencial. En este versículo confluyen la verdad y la libertad;  que se cruzan en la vida del creyente  y caminan en paralelo con los seres humanos  que son auténticos y,  que en su vocación como ciudadanos del mundo, libre y llanamente buscan la verdad incansablemente, sintiéndose amados por Dios que es Padre y Madre a la vez.  

      Contradictorio resulta que en contraste  a lo que reza ese versículo bíblico, los nazis hicieron todo lo contrario. En la búsqueda de su “verdad” se burlaron de esa buena noticia;  ellos que jamás fueron una  buena noticia. En su elevado índice de maldad, lo primero que hicieron cuando iban llegando los trenes llenos de judíos a los campos de concentración fue separarlos, unos a la izquierda y otros a la derecha, los de la izquierda fueron enviados directamente a los crematorios, porque según la inspección ocular sanitaria que les hicieron, estos no les servían para sus depravados fines y a los de la derecha les impusieron trabajos forzosos, falsearon la verdad, les quitaron la libertad y poco a poco la vida a esos cadáveres in fieri,  en que se fueron convirtiendo los habitantes de ese putrefacto infierno existente en  los campos de exterminio nazi. Impusieron su dogma contrario al relato del juicio final descrito en el Evangelio de San Mateo (25, 31-46) En donde El Hijo del Hombre como el pastor separará las ovejas de los cabritos, unos a su derecha y otros a su izquierda, los de derecha  entraran en su Reino y los de la izquierda  al  fuego eterno. Así lo imitaron los nazis, pero a diferencia de la ética de Jesús, alegóricamente hablando, ellos enviaron a las ovejas,  cabritos y cabrones –hombres, mujeres, niños y ancianos- a una muerte segura, sin distinciones de ningún tipo.

      Los nazis fueron unos videntes dignos de confianza, con lo descrito en el dintel de la entrada principal de Auschwitz, le dijeron a los destinatarios de su bestialidad inhumana,  que en ese infierno,  el trabajo forzoso que les fue impuesto,  los iba a hacer libres, y así fue; porque ante la desnudez, la desnutrición, los malos tratos, los experimentos a que fueron expuestos, las celdas de castigo  y los trabajos bajo la intemperie en los fríos inviernos de Polonia,  solo la  muerte que rondaba triunfante en los crematorios los libró del sufrimiento y la maldad de sus victimarios y el ejército rojo que  lo hizo en su momento al rescatar con vida a los pocos que quedaban en ese averno, al momento de la liberación. 

      Pero, dejando atrás los fundamentalismos políticos derivados  de ese lema, en virtud que mi interés en este escrito es darle una nueva lectura al lema  nazi y a partir de ahí, repensar sobre sus conceptos  desde una perspectiva teológica,  antropológica y económica,   en un mundo capitalista globalizado. Que  al igual que el inframundo de los nazis en su tiempo, ha “desvalorizado los valores” universales, en detrimento de aquel, que surge en el mundo como imagen y semejanza de quien lo creó.

     Referente a la noción del trabajo el Diccionario Teológico sale al paso y considera su concepto como obrar, actuar, estar activo, efectuar, acción, ejecución. Entre líneas muchas veces se  vislumbra un matiz negativo al ver la acción como una carga hacia un determinado fin, quizá basada en aquella parte del antiquísimo libro del Génesis (1, 18-19) que por haber desobedecido a Dios, el hombre,  con fatiga y el sudor de su frente obtendría  su pan diario. Es decir, se ve al trabajo humano como un castigo y no como una bendición que libera a los seres humanos de la pobreza y la pobreza extrema. Sin embargo, es importante acotar que, debemos desmitificar el libro del Génesis para poder comprender así,  su contenido literario.
      En el diccionario de espiritualidad, Ancilli Ermanno, expresa que trabajo es “la actividad organizada del hombre, orientada al logro de una actividad humana”. Por lo tanto, en esa actividad organizada por el hombre, se obtienen logros y competencias y se obtienen dones y talentos que solo Dios nos da.

     Respecto a la libertad, ya desde los tiempos pretéritos Aristóteles consideró la pólis  -ciudad- como la sociedad de los hombres libres, pero salta a la vista que para que se dé está libertad se necesita que haya ley como principio ordenador garante de esta realidad, en este sentido la libertad y la ley, vienen a ser como los siameses de ese derecho inalienable del ser humano que nació siendo libre.
Roger Verneaux dice que lo primero que se debe hacer en ese intento de describir el significado de ser libre es, elaborar una noción precisa del término, en virtud que, la libertad tiene un sinfín de formas como, la libertad de actuar que es un trance puramente exterior, la libertad de querer, que es una liberación interior, libertad de decidir y de elegir. Es importante recalcar que, la libertad tiene límites y que por lo tanto, no es absoluta. Como el ser humano no es absoluto pero, tiende a lo absoluto.

     Concatenando correctamente entonces los conceptos derivados del lema nazi ese de que “el trabajo te hará libre”, y a partir de una nueva lectura podría decirse que, el trabajo efectivamente nos hace libres, nos liberta de la pobreza, la pobreza extrema, de la ignorancia, la pasividad y del sopor de la complacencia, etc. Y nos da dignidad por el simple hecho de poder ser útiles a la sociedad mediante la prestación de nuestros servicios, en el ejercicio de una profesión u oficio concreto. 

      Por ser nosotros, sujetos de derechos y deberes universales  e inviolables como lo expresó el entonces Papa Bueno, Juan XXIII;  tenemos la libertad de ejecutar cualquier actividad humana acorde a nuestras capacidades, instrucción y cultura, para poder  obtener así, “los medios necesarios para un decoroso nivel de vida como el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica” etc. Solo mediante la ejecución de un trabajo digno, elegido libremente se puede ser acreedor a otros derechos que debe tener el hombre, como “la buena fama, el debido respeto a su persona, nos permite acceso a los bienes de la cultura, recibir una formación técnica o profesional y poder venerar a Dios y profesar la religión -que consideremos pertinente- pública y privadamente”.
     Solo en la ejecución de una tarea concreta, ejercida libremente, pensada racionalmente y adquirida legalmente, el hombre puede fundar una familia y “atenderla con suma diligencia tanto en el aspecto económico y social; como en la esfera cultural y ética”. Solo así podemos “consolidar la familia y ayudarla a cumplir su función” en una propiedad propia, conservándola o cambiándola cada vez que lo consideremos necesario. 

     De todo lo anterior, podemos colegir que si nos vedan el derecho natural de poder trabajar libres en el desempeño de nuestras funciones, preferentemente con patronos que practiquen la responsabilidad social empresarial, no podríamos cumplir con aquel primer mandato que Dios nos da de forma expresa en el libro del Génesis, cuando nos otorga la tierra como un primer don  y todo cuando en ella hay, para administrarla de forma adecuada.
 Nada, absolutamente nada de todo esto sería posible, si el fruto del trabajo no nos hiciera libres. Por lo tanto, desde un punto de vista antropológico,  teológico y económico, -pero, solo cuando el ser humano es puesto muy por encima del dinero-  un  trabajo tesonero, constante, adecuado, probo y digno; nos hace libres de la pobreza y la extrema pobreza.

      Sabio fue el salmista cuando dijo: “Los proyectos del diligente traen ganancia, los del alocado, solo indigencia”. –Proverbios 21, 5-


Santo Domingo de Cobán, 18 de septiembre de 2,016

Referencias:
Biblia de Jerusalén,
Diccionario Teologico del Nuevo Testamento, volumen I, Lothar  Coenen, Erich Beyreuther y Hans Bietenhard,

Diccionario de espiritualidad, Ancilli Ermanno, tomo III,

 Pacem in Terris –sobre la paz entre los pueblos-  Juan XXIII,

Filosofía del Hombre, Roger Verneaux,

El hombre en busca de sentido, Viktor Frankl.-

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