domingo, 23 de octubre de 2016

Fray Julián Raimundo Riveiro y Jacinto, OP




     
           Julián Raimundo Riveiro y Jacinto nació en la Ciudad de Cobán, Alta Verapaz, el 17 de febrero de 1854.  Cuando nació, su madre murió. Tal vez a eso se deba que a la corta edad de trece años dirigió sus pasos hacía la ciudad capital rumbo al Convento de Santo Domingo en donde fue recibido como hermano lego y gracias a sus buenos hábitos, disciplina, disponibilidad y vocación para el servicio,  inició su noviciado. Era el año de  1869. Pronto recibió las órdenes  menores y el sub diaconado en 1875  y en 1877 el  diaconado y el presbiterado. 
     Cuentan sus biógrafos que ya en el ejercicio de su ministerio durante  una de sus tantas visitas pastorales en algún paraje, aldea o caserío  de su Diócesis,  le agarro el atardecer y tuvo necesidad de pedir posada en una humilde vivienda, quizás la  única que tenía el candil  encendido.
Un miembro de su comitiva tocó a la puerta como era la costumbre: Ave María Purísima y de adentro una mujer con vos estentórea le contestó: sin pecado concebida ¿Quién es? -¡El ilustrísimo y reverendísimo  Don Fray Julián Raimundo Riveiro y Jacinto, quien pide posada por esta noche! La mujer contesta ¡Jesús, María y José,  no puedo son muchos ustedes y mi covacha es chica! 
     Como es sabido en 1872 todas las órdenes religiosas fueron abolidas  definitivamente  por el reformador –“injusto rufián Barrios”- Justo  Rufino Barrios  y la Provincia San Vicente Ferrer de los frailes dominicos de  Centro América que era a la que pertenecía fray Julián,  quedó extinguida.
 Pero, él reformador que  apreciaba y le tenía afecto al recién ordenado sacerdote Riveiro, le permitió que se quedara en Guatemala y no refutó la idea de que él se hiciera cargo de la capellanía de  la Parroquia de Santo Domingo, servicio que prestó durante 36 largos años.
En 1875 fue nombrado por el Maestro de la Orden de Predicadores, Vicario General de los dominicos exclaustrados y en  el año de 1914, fue nombrado Arzobispo de la Ciudad de Guatemala por solicitud expresa del mandatario Don Manuel Estrada Cabrera ante el Papa Pío X.
El tirano respetaba y apreciaba al  fraile por ser el único confesor a quien le tenía confianza y devoción su madre  doña Joaquina Cabrera, una laica devota del rezo del santo rosario.
Algunas de las primeras acciones que tomó el recién nombrado Arzobispo fue visitar la  Parroquia de Candelaria un  03 de febrero de 1917  para ungir la   Imagen de Jesús Nazareno o Cristo Rey con óleo de catecúmenos,  por ser ésta una imagen muy venerada y  apreciada por el pueblo católico de la capital guatemalteca. Asimismo, consagró la imagen del Cristo de Esquipulas.
     También fue resiliente ante el infortunio, se sabe que durante los terremotos de 1917 y 1918 que azotaron la capital; el  Palacio Arzobispal y la Iglesia Catedral se vieron fuertemente averiados por los sismos, aun así, él no interrumpió sus tareas pastorales y en una improvisada tienda de campaña que se instaló en el parque central de Guatemala oficiaba la Liturgia todos los días, sin interrupciones de ningún tipo.
     Volviendo al Convento de Santo Domingo antes del nombramiento de Arzobispo al que se hizo acreedor, dignos de mención resultan sus logros parroquiales, dentro de los cuales destaca la organización de las asociaciones del Rosario Perpetuo, habiendo conseguido los respectivos permisos en  uno de sus tantos viajes a Europa, está  devoción que ya se encontraba vigente en Bolonia desde 1635 y;  la celebración durante todo el mes de octubre de cada año del rezo del santo rosario en honor a la Virgen del Rosario, en cuya imagen caben todas las demás. Esta celebración la  empezó en 1895 y continúa vigente hasta hoy,  más de 100 años después...
Se cuenta que con la cooperación de los laicos de la capital llegó a establecer hasta 12 divisiones del Rosario perpetuo, incluida doña Joaquina, la madre del dictador Estrada Cabrera, que por su intercesión ante el déspota Presidente, logró que la imagen de la Virgen  del Rosario saliera a las calles en procesión, después de un siglo de no hacerlo por la disociación entre estado-iglesia prevaleciente en esos tiempos...
     Como toda obra de Dios, la devoción se ha mantenido incólume y, durante todos los meses de octubre la imagen de la Virgen del Rosario es visitada por miles de feligreses en el lugar de su residencia, el  Convento de Santo Domingo de Guzmán., que durante ese mes es bellamente adornado, para rezar el Rosario en comunidad ante tan bella imagen que transporta al misterio de la redención. 
     La familia Riveiro Champney; gracias a la tradición oral contada de padres a hijos, lo recuerda  como un hombre que solo paso haciendo el bien, como a un hombre paciente, manso, humilde y que en el convento de Santo Domingo se mantenía muy ocupado y cuando no lo estaba casi siempre se le encontraba orando o leyendo. Solo  lo veían enojado cuando mi abuelo Francisco Riveiro Escobar y su hermano Carlos se subían al frontispicio del convento a tirarle piedrecitas a los feligreses que iban  llegando  a la hora de la Eucaristía. Le contaba mi abuelo a mi papá que se subían al campanario y tocaban las campanas a horas y deshoras. Al terminar la misa los bajaba de ahí y les daba sus reprimendas en la sacristía.
La devoción del rezo del rosario tramonto a otras ciudades,  se ha hecho extensiva a otras parroquias,  como la Iglesia Catedral de Santo Domingo en la Ciudad de Cobán, Alta Verapaz, en donde todos los días del mes de octubre, los fieles se dan cita para hacer ese rezo en punto de las diez y siete horas. Una devoción que se le debe a este insigne cobanero que “pasó por el mundo haciendo el bien” (Hechos   10,38). 
    De que fue un hombre que paso haciendo el bien también se puede constatar  mediante una sencilla fórmula evangélica que puede servir como método de verificación y evaluación de todo lo que hizo, aplicable a cualquier persona que queramos reconocer: “Por sus frutos los reconocerán” (Mateo 7, 16). 
“El criterio del discernimiento es claro” los frutos que dio  fray Julián contemplados en esta crónica de su vida, son como los frutos buenos y suculentos que da en abundancia un árbol que ha llegado a su tiempo, que se encuentra saludable y que está en su máximo esplendor…
     Pero, como todo lo que comienza termina, la salida del dominico del Arzobispado tiene que ver con la caída del dictador Manuel Estrada Cabrera  el 8 de abril de 1920; un acontecimiento histórico que violentó a todos aquellos que gozaron de alguna simpatía del régimen que terminaba.
De esa suerte, el Arzobispo se tuvo que esconder para no terminar linchado por la turba enardecida que no respetaba ni siquiera a Dios en esos momentos. Fray Julián aprovechó el llamado que se le hizo del Vaticano para la visita ad limina apostolorum para hacer entrega de la iglesia que se le había encomendado y que él había cuidado como el verdadero pastor cuida de su  rebaño, con celo apostólico. 
     Salió de Guatemala hacía Roma en 1921 y ya estando ahí ratificó su renuncia al arzobispado. En 1923 fue nombrado  Arzobispo de  Antinópolis, in partibus infidelium.
Murió en santa paz en el convento de los dominicos de la Basílica de San Patricio, en Nueva Orleans el 8 de mayo de 1931. Su cuerpo fue trasladado a Guatemala en donde descansa  incorrupto en el presbiterio desde 1970, después que el templo fue elevado a Basílica menor de nuestra Señora del Rosario.
     En paz descanse fray Julián Raimundo Riveiro y Jacinto y que el rezo del Rosario en Guatemala y el mundo entero, continúe por los siglos de los siglos. Amén...

Santo Domingo de Cobán, 23 de octubre de 2016

Referencias:
http://dominicosca.com/gt/sitio/historia/
http://www.arzobispadodeguatemala.com/sharing/pdf/Fr.JulianRiveiro2.pdf
robertomayorga@yahoo.com
Hemeroteca de Prensa Libre, 02-04/2015,
Revista Contra Poder, 01-11-2013,
Tradición  oral en la familia Riveiro Champney.
Fotografía tomada al libro por Agustín Estrada Monroy.-




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