Por
jlriveirof, OP
Pensar en María de Magdala,
basado en las “exégesis” de algunos predicadores fundamentalistas, teólogos,
pastores, sacerdotes y artistas indoctos, que han elaborado un hilo conductor
con la lectura de María magdalena a quien Jesús le saco siete demonios
(Lc 8, 2; Mc 16, 9) con otras mujeres relacionadas en los evangelios, como la
mujer pecadora de Lucas (7, 36-50), con María, la hermana de Lázaro de Juan (12,
1-8) y la mujer sin nombre de Mateo (26,
6-13); suponiendo y haciendo creer que,
las tres corresponden e identifican a la
misma persona. En esa acientífica interpretación han creado una “imagen falsa y legendaria” de “prostituta
lasciva y lujuriosa, poseída por los siete demonios o pecados capitales”, -Antonio
Pagola Jesús aproximación histórica- llamados así porque de su ejecución se derivan un sinfín de vicios u otros
pecados, como lo pensó Santo Tomás de Aquino al decir que “los pecados o vicios capitales son aquellos
a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada”.
Remontándonos a los tiempos
de Jesús, es importante recalcar que la mujer de su época era
invisibilizada por los hombres que en su conjunto eran machistas, sexistas y
clasistas, incluyendo al escritor sagrado. De tal suerte que, ellas no podían
participar del culto sagrado, no tenían ni voz ni voto en ninguna actividad, al
grado que algunos judíos, incluyendo rabinos oraban diciendo: “gracias Señor
porque no me hiciste mujer”. Peor aún si la mujer se dedicaba
a la más antigua de las profesiones: la prostitución. Entonces, esa clase de mujer que vivía de hacer negocios con su
cuerpo, era considerada por toda la sociedad, incluyendo a sus clientes, como
la mayor fuente de putrefacción y tentación,
altamente contaminantes, por consiguiente nocivas para la salud física,
mental, espiritual y religiosa. Sin
embargo, del varón, no se decía nada
sobre su doble moral, parecía muy normal, como en el tiempo presente. En aquella
sociedad de la Palestina del siglo I de nuestra época y la nuestra, lo que en
el hombre es aceptable, en la mujer es imputable.
Por eso Jesús discriminó y cuestionó esa hipocresía social de sus coetáneos,
tal y como lo expresa el evangelista.
Entonces, en esa falsa
concepción sobre María magdalena que se
ha tenido antes, durante y después de su
encuentro personal y concreto con Jesús,
la
he pensado representada en el óleo en lienzo de la
Odalisca morena de François Boucher. Quizás
por el género de vida que llevaban las odaliscas, que se entregaban a los hombres mostrando su sensualidad y sus habilidades sexuales y artísticas sin
ningún pudor, ni convencionalismo de
tipo social o religioso, para poder ser escogidas como concubinas y solo tal vez, la esposa
principal de algún sultán. Esa es la idea que prevalece en el imaginario
colectivo, gracias a esos predicadores que interpretan las Sagradas Escrituras
según San Yo…
Por lo anteriormente expuesto y
partiendo de una lectura científica, correcta y honesta de María Magdalena, dejando por un lado la eisegesis de los fundamentalistas,
es importante subrayar que, María de Magdala,
fue una de las miróforas (portadoras de bálsamo para ungir al cuerpo de
Jesús) junto con la otra María que, el
primer día de la semana muy de mañana, llegó
al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús, a quien no encontraron
porque ya había resucitado, según las buenas nuevas que les dio el ángel que se
les apareció en el camino. Después Cristo se les aparece y la convierte en la primera testigo ocular y presencial
del resucitado, nombrada por él mismo en apóstol de los apóstoles, al ser
enviada hacia los demás discípulos para darles la buena nueva de la
resurrección. Mateo (28, 1-10).
Hoy, María
magdalena es venerada por la Iglesia católica
como Santa María Magdalena, en la Iglesia de oriente es considerada igual a los
apóstoles por su cercanía a Jesús después de su conversión tan radical para su
sumo bien.
Ella, al igual que nosotros en este tiempo, hemos sido favorecidos por la promesa de Jesús: “Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”. Mateo (28, 20).-
Ella, al igual que nosotros en este tiempo, hemos sido favorecidos por la promesa de Jesús: “Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”. Mateo (28, 20).-
