viernes, 22 de julio de 2016

La magdalena ¿Santa o pecadora?



Por
jlriveirof, OP

    Pensar en María de Magdala, basado en las “exégesis” de algunos predicadores fundamentalistas, teólogos, pastores, sacerdotes y artistas indoctos, que han elaborado un hilo conductor con la lectura de  María  magdalena a quien Jesús le saco siete demonios (Lc 8, 2; Mc 16, 9) con otras mujeres relacionadas en los evangelios, como la mujer pecadora de Lucas (7, 36-50), con María, la hermana de Lázaro de Juan (12, 1-8) y la mujer sin nombre de  Mateo (26, 6-13); suponiendo y haciendo creer  que, las tres  corresponden e identifican a la misma persona. En esa acientífica interpretación  han creado una  “imagen falsa y legendaria” de “prostituta lasciva y lujuriosa, poseída por los siete demonios o pecados capitales”, -Antonio Pagola Jesús aproximación histórica- llamados así porque de su ejecución  se derivan un sinfín de vicios u otros pecados, como lo pensó Santo Tomás de Aquino al decir que  “los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada”.

      Remontándonos a los  tiempos  de Jesús, es importante recalcar que la mujer de su época era invisibilizada por los hombres que en su conjunto eran machistas, sexistas y clasistas, incluyendo al escritor sagrado. De tal suerte que, ellas no podían participar del culto sagrado, no tenían ni voz ni voto en ninguna actividad, al grado que algunos judíos, incluyendo rabinos oraban diciendo: “gracias Señor porque no me hiciste mujer”. Peor aún si la mujer se dedicaba a la más antigua de las profesiones: la prostitución.  Entonces, esa clase de  mujer que vivía de hacer negocios con su cuerpo, era considerada por toda la sociedad, incluyendo a sus clientes, como la mayor fuente de putrefacción y tentación,  altamente contaminantes, por consiguiente nocivas para la salud física, mental, espiritual  y religiosa. Sin embargo,  del varón, no se decía nada sobre su doble moral, parecía muy normal, como en el tiempo presente. En aquella sociedad de la Palestina del siglo I de nuestra época y la nuestra, lo que en el hombre es aceptable, en  la mujer es imputable. Por eso Jesús discriminó y cuestionó esa hipocresía social de sus coetáneos, tal y como lo expresa el evangelista.

     Entonces, en esa falsa concepción sobre María magdalena  que se ha tenido antes, durante y después  de su encuentro personal y concreto con Jesús,     la he  pensado    representada en el óleo en lienzo  de  la Odalisca morena de François Boucher.  Quizás por el género de vida que llevaban las odaliscas, que  se entregaban a los hombres  mostrando  su sensualidad  y sus habilidades sexuales y artísticas sin ningún pudor, ni convencionalismo  de tipo social o religioso, para poder ser  escogidas como concubinas y solo tal vez, la esposa principal de algún sultán. Esa es la idea que prevalece en el imaginario colectivo, gracias a esos predicadores que interpretan las Sagradas Escrituras según San Yo…

     Por lo anteriormente expuesto y partiendo de una lectura científica, correcta y honesta de María Magdalena,  dejando por un lado la eisegesis de los fundamentalistas, es importante subrayar que, María de  Magdala, fue una de las miróforas (portadoras de bálsamo para ungir al cuerpo de Jesús) junto con la otra María que,  el primer día de la semana muy de mañana,  llegó  al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús, a quien no encontraron porque ya había resucitado, según las buenas nuevas que les dio el ángel que se les apareció en el camino. Después Cristo se les aparece y  la  convierte en la primera testigo ocular y presencial del resucitado, nombrada por él mismo en apóstol de los apóstoles, al ser enviada hacia los demás discípulos para darles la buena nueva de la resurrección. Mateo (28, 1-10). 


      Hoy,  María magdalena es venerada  por la Iglesia católica como Santa María Magdalena, en la Iglesia de oriente es considerada igual a los apóstoles por su cercanía a Jesús después de su conversión tan radical para su sumo bien. 
      Ella, al igual que nosotros en este tiempo, hemos sido favorecidos  por la promesa de Jesús: “Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”. Mateo (28, 20).-