Por jlriveirof
La crucifixión fue
un método de castigo terrible, inhumano y perverso inventado por los asirios y perfeccionado por
los romanos. Hasta que Constantino asumió el poder fue el medio para alcanzar
un determinado fin: asesinar a mansalva,
lenta y dolorosamente a todos aquellos condenados que representaban un
peligro para la Roma imperialista de aquel tiempo.
Las cruces que se usaron eran de todos los estilos, según el grado de perversidad y enajenación mental del ejecutor. “Veo cruces en ese lugar, no todas del mismo tipo, sino construidas de distintas maneras por unos y otros: hay quienes cuelgan a sus víctimas cabeza abajo, otros las empalan, otros extienden los brazos sobre el patíbulo”, documentó Lucio Anneo Séneca. Y así, el mal y la degradación se extendió por todos los confines del imperio, sembrando el temor. No fue disuasivo para evitar la sublevación pero si método para mantener a los pueblos sometidos...
Las cruces que se usaron eran de todos los estilos, según el grado de perversidad y enajenación mental del ejecutor. “Veo cruces en ese lugar, no todas del mismo tipo, sino construidas de distintas maneras por unos y otros: hay quienes cuelgan a sus víctimas cabeza abajo, otros las empalan, otros extienden los brazos sobre el patíbulo”, documentó Lucio Anneo Séneca. Y así, el mal y la degradación se extendió por todos los confines del imperio, sembrando el temor. No fue disuasivo para evitar la sublevación pero si método para mantener a los pueblos sometidos...
Como lo podemos
constatar en las Sagradas Escrituras; específicamente en los evangelios, fue en ese martirio, en donde Jesús de Nazaret externó su última frase: <<consummātum
est>> que literalmente expresa
<<todo está cumplido. >> o
<<se acabó todo>> (Jn
19,30) según la traducción que hace San
Jerónimo de Estridón en la Vulgata
Latina.
Hoy día la frase
es muy actual y puntual, la usamos para sugerir
un gran desastre o un gran dolor, como el que
siempre hemos padecido en el
contexto de la geopolítica internacional y el imperialismo yanqui, que
incide contumazmente en la política exterior, y define la dominación norte-sur (Taylor, 2002:55).
Desde México, pasando por el patio trasero que para ellos es Guatemala, el
resto del Centro y toda Sudamérica, para
imponer su criterio y su soberana voluntad, violentando el estado de derecho y
subyugándonos con lo único que han producido en la región: divisionismo, dolor
y muerte a través del armamentismo, guerra de guerrillas, golpes de estado,
proliferación de sectas religiosas, intromisión en la política interior, maras
diabólicas y asesinas, etc. Con lo que han apuntado alto, ensañándose con todo
lo que existe en estos nobles pueblos...
Si bien es cierto
lo que decía San Felipe Nery, sobre que nosotros somos a menudo los carpinteros
de nuestras propias cruces, también lo es que el gobierno de Washington, otros países, personas individuales y jurídicas han
impuesto pesadas cruces en nuestros hombros, para mantener su hegemonía.
Podemos resumir
entonces que, “todos cargamos sobre
nuestras espaldas o llevamos en el corazón una cruz. Y cualquier cruz, por
pequeña que sea, pesa.” –Leonardo Boff- y en esta imposición de cruces
algunas veces actuamos como víctimas y otras como victimarios...
Pero; también, se
labran otras cruces, chiquitas y
grandes, anchas y angostas. No menos dolorosas,
por las que también sufrimos los guatemaltecos. Éstas son las cruces que
nosotros mismos hemos labrado y que después encaramamos no sólo en nuestra
humanidad, sino también sobre las de
aquellos que dependen económicamente de nosotros. Nuestros hijos y nuestros
nietos. Muchas veces estas son aquellas
que labramos cuando con nuestros votos bendecimos a políticos marrulleros que no cumplen con sus ofertas de campaña;
rápido nos echamos una pesada cruz; en
donde hoy los malhechores nos crucifican poco a poco, y lo peor de todo, es que lo están haciendo con
nuestro consentimiento.
Lamento decir que la inmensa mayoría conformamos un
pueblo pusilánime y nos concretamos a decir: yo no me meto en política, el
problema es político, que lo arreglen los políticos.
Justa y sobrada razón tuvo Bertolt Brecht al decir que “el analfabeta político es tan burro que se
enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de
su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de
todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las
empresas nacionales y multinacionales”.
¿A cuántos
políticos corruptos, mequetrefes y
lacayos conoce usted?
Labramos
nuestra propia cruz cuando creímos en
el comediante que preside el Organismo Ejecutivo, al permitir que nos engañara
con su perorata de campaña de “ni corrupto ni ladrón. Es fácil advertir que sí
el pueblo lo permite, terminará su administración sorteando su cumplimiento. Solo alcanzó el poder y en menos de lo que canta un gallo tartamudo dos veces, él nos ha engañado más de
tres...
No menos pesada es la cruz que nos imponen los
victimarios que nombran autoridades locales incompetentes y voraces, solo aptos
para satisfacer las demandas de diputados corruptos, con quienes después se
tapan con el mismo manto –corte- de la
impunidad y no mueven un solo dedo para contrarrestar la violencia que avanza
apresurada, dejando caos y desolación por donde pasa...
Y como si lo
anterior descrito fuera poco, nos hemos enterado por medio de las noticias,
como en el Congreso de la República, los
“honorables padres putativos de la patria” en desquiciada componenda con el “Número
uno”, erigen una muy pesada cruz, que de llegar a conformarse y
ganar la elección la nefasta planilla conformada por los gánsteres del
transfuguismo partidista, liderados por
un tal Nerón, llevarán al pueblo guatemalteco otra vez cuesta
arriba, hacia su propio Gólgota, y una
vez ahí, lo crucificarán.
Hemos visto como estos mercaderes de la política, ávidos de ganancias, moverán toda la plataforma política a 360 grados, sin
importarles las pérdidas que se puedan dar, con tal de representar al mal en
todas sus manifestaciones.
Después de
clavarnos en esa cruz, tomarán el botín, lo dividirán, lo repartirán y se
echaran a suertes los puestos de importancia para ver a quien les toca. Ellos
beberán del vino bueno y el pueblo
crucificado por estos acólitos del mal, el vino agrio. Así como lo hicieron con Jesús los religiosos, políticos y militares en Jerusalén, aquel fatídico año 33 de la era cristiana. (Jn 19,
23-30)
Entonces, cuando
el pueblo crucificado sufra las
consecuencias del gran desastre político y el dolor de la clavada, dirá: <<Consummātum
est>> -<<se acabó
todo>>- a menos que; el valor, el honor y la gallardía, resuciten en sus habitantes y demuestre a esos políticos de pacotilla que el poder
radica en el pueblo…
Santo Domingo de Cobán; 30 de octubre
de 2016
Referencias:
Leonardo
Boff, 2004, La Cruz nuestra de cada día.
La Biblia
Latinoamérica, 1995, XXXVIII edición.-
Fotografía tomada de: http://colibritumpa.blogspot.com/2011_10_01_archive.html?m=1
