domingo, 7 de octubre de 2018

Y Dios dijo: Hágase la palabra... 5ª parte



Jlriveirof

      “Prepara mi lengua e infunde la gracia de tu bendición en mis labios.” La frase que antecede es  parte de una oración que Santo Tomás de Aquino hacía, antes de enseñar, escribir o predicar. Si a imitación del aquinate,  todos pusiéramos en manos de Dios nuestra boca, antes de sostener un diálogo con otra persona, ya sea durante una sesión de coaching, mentoring, feedback, o simplemente para platicar, las mismas serían más sanas y placenteras, alejadas por completo de las pláticas infructuosas y los resultados serían sorprendentes. Si le sumamos la bendición de lo alto a las técnicas,  procedimientos y al arte de las buenas comunicaciones; pensaríamos más antes de externar un juicio, y al hacerlo sería para levantar al caído, mediante el uso adecuado de las competencias conversacionales.
       En adición a lo anterior, también podríamos hacer nuestras las palabras atribuidas a un profeta anónimo de quien se desconoce su nombre y el lugar desde donde habló alrededor del año 538 antes de Jesucristo; a quien se le atribuyó el nombre de  Isaías II o Deuteroisaías, y dijo: “El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento.”-Is 50,4-
     ¿Qué es un abatido? Según el DRAE significa abyecto, ruin, despreciable. La última palabra tiene por sinónimo vil, y vil según la misma referencia se dice de una persona que falta o corresponde mal a la confianza que en ella se pone. ¿Acaso no la mayoría de las personas defrauda la confianza de alguien? En el hogar cuando se tropieza una y otra vez con la misma piedra. En el trabajo cuando dejamos de cumplir las expectativas difundidas con antelación por nosotros mismos. Y, en la sociedad, viéndola en su totalidad cuando no pasamos de simples espectadores, sin cumplir con nuestra misión en la vida, para la cual fuimos creados, y poder ser transformadores de las realidades temporales: familiares, laborales, científicas, técnicas, políticas, culturales, etc.
     ¡El Señor nos ha dado una lengua experta para confortar al abatido! ¿Acaso no es eso lo que necesitamos?, ¿Una lengua experta? Para poder confortar, ayudar y levantar al que se ha desviado de sus objetivos. A aquél, que anda como barco sin velero y sin timón, surcando mares de desaliento, desaprobación e incumplimiento. Siempre a la deriva, sin un puerto seguro en donde atracar, por la falta de fe, de  una misión, una visión y valores nucleares compartidos. ¿Acaso no es esa la herramienta que necesitamos los coach líderes? ¿Una lengua experta para confortar al abatido? Mediante la reflexión filosófica,  haciendo preguntas poderosas y externando juicios  positivos,  de aliento y no juicios preconcebidos, provenientes de cómo nosotros vemos las cosas y no cómo son las cosas en la realidad  la mayoría de las veces.
     Debemos partir de la premisa que en la vida siempre hay errores que señalar, actitudes que discriminar y rumbos qué corregir. Es una actividad que estamos haciendo todos los días desde nuestras actividades domésticas hasta las laborales y pastorales,  que mejor si las hacemos con instrucción, a fin de obtener “esa lengua experta” que lejos de minar las sanas relaciones personales, la paz y la calma, sirva para catapultar al que está caído,  porque si para el que corrige el rumbo le es difícil emprender la acción, más lo será para el que lo escucha. Ante todo cuando lo hacemos con falta de pericia, olvidando que los juicios siempre deben encaminarse a las acciones no a las personas. Y, sin utilizar todos aquellos juicios que lejos de ayudar, coartan la libre emisión del pensamiento e imposibilitan un diálogo ameno, constructor de nuevos mundos y nuevas realidades.
     Cuántas veces, inclusive en el hogar hemos sido etiquetados desde niños con juicios como: eres un torpe, un inútil, bueno para nada, suspenso, cero a la izquierda, mediocre, fracasado, decrépito, idiota entre un largo etcétera. Juicios que muchas veces  seguirán haciendo eco a donde quiera que vayamos…
     ¿Cuántos de estos juicios nos persiguen el resto de nuestra existencia,  marcándonos la vida y por supuesto el destino? En virtud que los mismos no han sido escritos en piedra, sino en nuestras mentes; por lo tanto, es importante ver de dónde vienen para restarles autoridad. Un autor dice que “Por lo general nuestras acciones y pensamientos coinciden con nuestra propia imagen.” Quien tal piensa tal es.
      En el 9º enunciado de la concepción ontológica de los juicios, del libro Ontología del Lenguaje, el Dr. Rafael Echeverría nos dice: “Los seres humanos estamos en permanente transformación de quienes somos, que depende de nuestra capacidad de aprendizaje. No somos de una determinada manera, fija, inmutable, de por vida. Podemos aspirar ser distintos. Por sobretodo, podemos aspirar a ser mejores.” En nosotros está el poder de cambiar esos viejos pensamientos y discriminarlos a fin de que no tengan parte con nosotros.
     Muchas veces optamos por callar, pensando que con no decir nada se corregirá la situación, el tantas veces mencionado Doctor  Echeverría dice: “es importante advertir que cuando optamos por callar nuestros juicios críticos, éstos no desaparecen, sólo quedan donde el otro no los ve”.
      En los capítulos anteriores vimos el significado de coaching, veamos ahora el de feedback y no es más que “recibir información de algo que hemos hecho, dicho o simplemente “somos” y que usado de forma correcta tanto por el emisor como por el receptor, se convierte en un arma de desarrollo personal con enorme potencial.”
      Haciendo énfasis en el “somos” porque hay tantas concepciones como personas hay en el mundo y a veces describimos lo que somos desde la particular concepción de lo que veo y no de lo que realmente soy.
El Profesor Ignacio Bossi, Entrenador de Liderazgo, Innovación y Negociación de la Universidad del CEMA puntualiza:
     “Cuando se trata de conducir un barco, la función del piloto es corregir la “tendencia natural del barco” a desviarse del rumbo establecido para el viaje. El viento, las olas, las corrientes del océano y los defectos del casco del barco contribuyen a hacerlo desviar del rumbo que debería tener. El piloto utiliza diversos instrumentos y recursos: ayudas portuarias, brújulas y seguimiento satelital, que le permiten re-establecer el rumbo. La relación entre fuerzas que hacen desviar el navío y las que por el contrario lo mantienen en el curso establecido” es lo que llamamos feedback.
      Pero para que el feedback catapulte tanto al que lo da como al que lo recibe, es preciso renovar nuestra mente a fin de que se den los resultados concretos que esperamos al final del mismo. Es preciso que el receptor realmente quiera cambiar su forma de ser, de hacer, de aprender a aprender, aprender a desaprender, aprender a vivir y aprender a convivir.  Alfred Adler nos dice: “Puedes llevar a un caballo al agua, pero no puedes obligarlo a beber.”
      El Apóstol Pablo en la Epístola que escribió a los romanos desde Corinto, en el invierno del 55-56 de nuestra era,  nos dice que no debemos acomodarnos al mundo presente, sino más bien transformarnos mediante la renovación de nuestra mente, -renovación de la inteligencia y de las decisiones-  de forma que podamos distinguir cuál es la voluntad de Dios: Lo bueno, lo agradable, lo perfecto. -Rom 12, 2- ¿Acaso no es una transformación la que esperamos después de una retroalimentación? Pero no podemos transformar el hacer, si antes no transformamos el ser, mediante un cambio de la forma de pensar, que es lo que Dios quiere, desechando todos los pensamientos negativos de nuestra mente que nos trastornan y no nos dejan avanzar y ser felices, ni desarrollarnos como seres humanos exitosos, no fracasados, como muchas veces el mundo nos ha etiquetado. Recordemos que Dios no hace basura, pero es preciso pasar la escoba todos los días de nuestra vida por nuestra mente, a fin de desechar todos los malos pensamientos, que en su mayoría son cepos que nosotros nos ponemos a nosotros  mismos y que no nos dejan avanzar. Recordemos que en el lenguaje del amor hemos “sido dichos y hechos por el poder de una palabra” (Fray Guillermo Delgado, OP) y que desde el punto de vista biológico somos  el  líder; porque somos el espermatozoide más veloz, el campeón, aquel, que fecundó el óvulo maduro de nuestra madre, en aquélla carrera vertiginosa hacia la vida, los miles de miles de postergados fueron desechados. El líder soy yo, fui dicho y hecho para triunfar no para fracasar.
     En Ontología del Lenguaje existe un decálogo para entregar juicios y un decálogo para recibir juicios.  Cristo  resumió el decálogo de Moisés  en un solo mandamiento: Amarás al Señor tu  Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente y al prójimo como a ti mismo. (Mt 10,37.39)  Si yo amo a Dios y al prójimo, como a mí mismo, ¿saldrán de mi boca palabras groseras, obscenas o ruinosas? ¡No! Porque  Dios nos ha dotado de “una lengua experta,” para consolar al abatido, no para destruirlo, ni para  clasificarlo con una X como la mayoría de los muertos que yacen en los cementerios clandestinos, sino para restituir, para animar con el poder de una palabra dicha y hecha en el tiempo y en un lugar concreto.-
      Una palabra sabia dicha y hecha justo a tiempo, a la medida, metafóricamente  me convertirá en un taumaturgo. Me dará el poder y la facultad para resucitar a los muertos que quieran volver a la vida, a una vida con sentido, trascendente y soberana.
Recodando al poeta: “muertos no son los que en paz  descansan en la tumba fría, muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía”…

No hay comentarios:

Publicar un comentario