martes, 18 de diciembre de 2018

"Dios con nosotros"



Jlriveirof

     A pocos días de dar por terminado el tiempo de adviento, tiempo de preparación y adentrarse  a la conmemoración  del hecho más asombroso de la historia de la salvación, en donde el Misterio del Verbo encarnado irrumpe de forma inverosímil  para hacer posible la venida de Aquel que viene a ser la imagen visible del Dios invisible, del Dios que se abaja, de Aquel que se hace carne, pone su tienda entre los hombres y  habita entre ellos para reconciliar a la humanidad entera, traer la salvación y la liberación integral en todos los ámbitos del ser humano: económico, político, cultural, religioso, del pecado y del maligno. Viene para ser  faro y luz para alumbrar los caminos en este “valle de lágrimas”,  a causa de las increencias, indiferencia religiosa, relativismo cultural, disolución de la razón, decadencia ética y moral entre un exagerado etcétera,  que  a muchos lleva  a perder la paz y la calma.

     A guisa de ilustración,  basta con ver todas las realidades temporales de los pueblos;  para caer en la cuenta que, verdaderamente existe  un caos en los diferentes estilos de vida y en los ambientes frecuentados. Casi a diario se está acabando con la vida; las guerras implantadas en el mundo entero por el imperialismo con el propósito de mantener la hegemonía del dólar,  la depredación de la fauna y la flora bajo el resguardo del capitalismo es imparable, los ecocidios, la desertificación, las hambrunas y el robo de recursos naturales por las oligarquías nacionales y transnacionales son persistentes, la contaminación ambiental es de grandes y catastróficas envergaduras; amén del exilio obligado de nuestros connacionales por la falta de oportunidades laborales, de estudio, de justicia y de derecho, salud y seguridad, violencia y pobreza extrema que se vive en nuestros pueblos,  hacia las metrópolis de occidente, en donde los espera una policía, un  ejército y un gobierno despiadado que solo les dará paro, miseria y muerte. “Cruz, calavera y camposanto”…

     Sin embargo,  en medio de todas esas circunstancias adversas, un niño vendrá y apaciguará los miedos y las incertidumbres, iluminara los caminos en donde no hay caminos de salvación,  encenderá la llama al final del túnel, y su llama no se extinguirá jamás. Las fronteras de la fe, la esperanza y la caridad serán expeditas; y, la tan anhelada paz será un logro entre los hombres y mujeres de buena voluntad y entre los pueblos y las naciones del mundo entero.

     Ese misterio del “Dios entre nosotros”,   es memorial del pasado que se vive en el presente y la esperanza que  trae, es que ese niño; llegará a ser el libertador de un mundo donde abundan los cautivos, los discriminados y los incrédulos.  Libertará y salvará aun cuando  aquéllos que no le conocen permitan que nazca en sus mentes y gobierne en sus vidas;  para fluir  en y hacía la verdadera libertad.
En consecuencia, El   Dios Hombre querrá que la vida misma sea en pro de los otros, que fluya de la nadedad a la otredad, que se elimine el odio, la discriminación, la feroz explotación del hombre por el hombre, la prostitución de la política y la religión, el clasismo, el sexismo, el machismo, la apología del liberalismo, del pecado y la maldad, el trabajo infantil, las miserias poblacionales. Simple y llanamente; que se baje a los pueblos del tercer y cuarto mundo de su alienante, esclavizante  y pesada cruz, una cruz impuesta por un capitalismo voraz y rapaz que consume  a sus habitantes; esgrimiendo la espada de la especulación y el aprovechamiento irracional ilícito…

     Y la noticia que la Iglesia anuncia es para todos, no es monopolio de persona individual, grupo eclesial, secta o iglesia particular: “Mira, la Virgen está embarazada, dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel que significa Dios con nosotros”.  -Mt 1, 23-
El Señor entonces; habló por boca del profeta, el Ángel lo ratificó,  José creyó y se dejó impregnar por el misterio, aunque de entrada como todo ser humano, es indiferente ante el mismo, porque  no entendió y no  comprendió desde el principio. Lo mismo suele suceder en este tiempo presente, en virtud que;  a veces el misterio se presenta de una manera tan sencilla, en la fragilidad de un niño, en la fetidez de una cueva que originalmente dio  cobijo a semovientes,  en medio de la humildad, que pasa desapercibida y como así llega, así de fácil se va…

      Al igual que José, prototipo del hombre justo, hay que buscar el  arrepentimiento que acontece en la enmienda ante la intentona por desconocer a María  madre de Jesús,  dejarse envolver por el misterio,  acatar la voluntad de Dios y ser consignatario  del Redentor.
San Mateo apóstol,  invita a no ser indiferentes e incrédulos, sino creyentes y a imitación de  José el custodio del redentor,  quedarnos vacíos por dentro para dejar un lugar  a la pequeña familia de Nazaret;  no temiendo recibir a María por madre,   porque en ella está: El Emmanuel: “Dios con nosotros”…

No hay comentarios:

Publicar un comentario