Jlriveirof
A guisa de ilustración, basta con ver todas las realidades temporales
de los pueblos; para caer en la cuenta que,
verdaderamente existe un caos en los
diferentes estilos de vida y en los ambientes frecuentados. Casi a diario se
está acabando con la vida; las guerras implantadas en el mundo entero por el
imperialismo con el propósito de mantener la hegemonía del dólar, la depredación de la fauna y la flora bajo el
resguardo del capitalismo es imparable, los ecocidios, la desertificación, las hambrunas y el robo de recursos naturales por las
oligarquías nacionales y transnacionales son persistentes, la contaminación ambiental
es de grandes y catastróficas envergaduras; amén del exilio obligado de
nuestros connacionales por la falta de oportunidades laborales, de estudio, de
justicia y de derecho, salud y seguridad, violencia y pobreza extrema que se
vive en nuestros pueblos, hacia las metrópolis de occidente, en donde
los espera una policía, un ejército y un
gobierno despiadado que solo les dará paro, miseria y muerte. “Cruz, calavera y
camposanto”…
Sin embargo, en medio de todas esas circunstancias
adversas, un niño vendrá y apaciguará los miedos y las incertidumbres,
iluminara los caminos en donde no hay caminos de salvación, encenderá la llama al final del túnel, y su
llama no se extinguirá jamás. Las fronteras de la fe, la esperanza y la caridad
serán expeditas; y, la tan anhelada paz será un logro entre los hombres y
mujeres de buena voluntad y entre los pueblos y las naciones del mundo entero.
Ese misterio del “Dios entre nosotros”, es
memorial del pasado que se vive en el presente y la esperanza que trae, es que ese niño; llegará a ser el
libertador de un mundo donde abundan los cautivos, los discriminados y los
incrédulos. Libertará y salvará aun cuando aquéllos que no le conocen permitan que nazca
en sus mentes y gobierne en sus vidas;
para fluir en y hacía la
verdadera libertad.
En consecuencia, El Dios Hombre querrá que la vida misma sea en
pro de los otros, que fluya de la nadedad a la otredad, que se elimine el odio,
la discriminación, la feroz explotación del hombre por el hombre, la
prostitución de la política y la religión, el clasismo, el sexismo, el
machismo, la apología del liberalismo, del pecado y la maldad, el trabajo
infantil, las miserias poblacionales. Simple y llanamente; que se baje a los
pueblos del tercer y cuarto mundo de su alienante, esclavizante y pesada cruz, una cruz impuesta por un
capitalismo voraz y rapaz que consume a
sus habitantes; esgrimiendo la espada de la especulación y el aprovechamiento
irracional ilícito…
Y la noticia que la Iglesia anuncia es
para todos, no es monopolio de persona individual, grupo eclesial, secta o
iglesia particular: “Mira, la Virgen está embarazada, dará a luz un hijo que se
llamará Emmanuel que significa Dios con nosotros”. -Mt 1, 23-
El Señor entonces; habló por boca
del profeta, el Ángel lo ratificó, José
creyó y se dejó impregnar por el
misterio, aunque de entrada como todo ser humano, es indiferente ante el mismo,
porque no entendió y no comprendió desde el principio. Lo mismo suele
suceder en este tiempo presente, en virtud que; a veces el misterio se presenta de una manera
tan sencilla, en la fragilidad de un niño, en la fetidez de una cueva que originalmente
dio cobijo a semovientes, en medio de la humildad, que pasa
desapercibida y como así llega, así de fácil se va…
Al igual que José, prototipo del hombre
justo, hay que buscar el arrepentimiento
que acontece en la enmienda ante la intentona por desconocer a María madre de Jesús, dejarse envolver por el misterio, acatar la voluntad de Dios y ser
consignatario del Redentor.
San
Mateo apóstol, invita a no ser
indiferentes e incrédulos, sino creyentes y a imitación de José el custodio del redentor, quedarnos vacíos por dentro para dejar un
lugar a la pequeña
familia de Nazaret; no temiendo recibir
a María por madre, porque en ella está:
El Emmanuel: “Dios con nosotros”…