Jlriveirof, OP
De eso hace veintitrés años y nueve meses para ser precisos.
Durante el tiempo de andar por la llanura, como mis compañeros del camino y yo, le llamábamos a la venta de seguros de vida, siempre me apoye en alguna máxima que me infundiera aliento, que me diera esperanza, que me ayudara a no desfallecer, sobre todo cuando mi camino era siempre cuesta arriba, en un negocio duro en aquel tiempo, dada la poca cultura previsional que muchos guatemaltecos tenían en aquellos días.
El modelo de liderazgo que asumí desde
entonces, fue el del Josué bíblico, aquel que tuvo que terminar la tarea
encomendada a Moisés, de pasar a un pueblo de cabeza dura del otro lado del
Jordán y conquistar la tierra que Dios les había prometido en heredad.
Hasta el
día de hoy lo sigue siendo, tomando en consideración que Josué es un líder por
antonomasia, y que todos los que sabemos lo que hizo, quisiéramos imitar,
igualar y porqué no decirlo, superar. En contextos diferentes, por supuesto.
En la comercialización de
seguros, tuve que “cruzar mi Jordán” y “atravesar mi desierto”. Lo hice a mi entera satisfacción. En el ámbito gerencial lo sigo
haciendo, en virtud que sin detenerme, sigo el curso.
Dichas frases, pueden ser muy útiles en estos precisos momentos,
las dos invitan a no quedarse estancado, sino pasar a otro nivel, ascender,
conquistar, domeñar y bregar en otros derroteros.
Al igual que Josué en su tiempo, en el mío
debo también liderar a otros para que salgan de sus propios desiertos,
dirigirlos a que pasen su propio caudal e instalarlos en un lugar de promisión,
de abundancia plena, de satisfacción cumplida, de garbo abundante. Eso
significa forcejear venciendo la adversidad, conquistar la tierra y habitarla,
por supuesto escribiendo de forma metafórica.
En ese tránsito, penoso es reconocer que
entre la gente que debo acompañar en su
tránsito, también hay gente de “dura cerviz”, hay gente que quisiera quedarse
en el desierto, ahí donde hay precariedades, y todo porque atravesar su jordán
conlleva entre otras cosas: salir de la zona de confort, levantarse, ponerse en
marcha, levantar la tienda, equiparse, prepararse para el futuro, forcejear con
el destino, tropezar, subir, bajar, caer, rodar entre mil y una acción que nos
invita a desinstalarse…
Para liderar como Josué entonces, es
preciso analizar su estilo de liderazgo en dos direcciones: retrospectivamente,
para constatar que él como persona fue un estratega adjunto a Moisés, para
sacar a su pueblo de la tierra de la esclavitud, de la dura servidumbre. Y de
forma prospectiva, en virtud que fue él quien inauguró otras formas de vida del
otro lado del Jordán, allá en la tierra prometida.
Pero por sobre todas las
cosas, es importante recalcar que éste líder en cuestión, recibió un
planteamiento concreto para ponerse en acción y fue motivado por las siguientes
palabras de parte del mismo Dios, según las Escrituras…
“¡Yo te lo mando! ¡Ánimo, sé valiente! No
te asustes ni te acobardes, que el Señor, tu Dios, estará contigo en todas tus
empresas” (Josué 1, 9).
Pero antes de externar ese párrafo,
Dios ya le había demandado: no te desvíes ni a derecha ni a la izquierda.
Acá habla de la ley que le había dado a Moisés a fin de tener éxito a donde
quiera que fuera.
Analicemos ese mandamiento en
cuestión, ordenando las ideas.
En el decir ese de no
desviarse ni a la derecha ni a la izquierda de la ley, Dios le traza a Josué el
camino en una sola dirección. Lo que lo llevó a esbozar una visión del futuro,
incierto en ese momento, porque solo se le dijo “levántate y pasa el Jordán con
todo ese pueblo, para ir hacia el país que voy a darles”. No se puso a
exponerle todas las problemáticas que tenían que sortean en ese tránsito,
simplemente se concretó a vislumbrar el porvenir. ¡Levántate y pasa! ¿Acaso no es lo mismo que debemos seguir haciendo todos los días de nuestras vidas? ...
En consecuencia, Josué tuvo
que crear las circunstancias adecuadas, para que la visión del futuro que tenía
por delante, se cumpliera en un tiempo y en un espacio concreto.
A eso, en este
tiempo, lo concebimos como un objetivo inteligente, que tiene por condición
enfocarse en el cometido. Ver hacia la izquierda o hacia la derecha es ocuparse
de otras cosas que poco o nada tienen que ver para el cumplimiento estricto del
deber, de algo previamente establecido.
En ese fiel y estricto cumplimiento de lo
ordenado, viene una promesa: tendrás éxito en todas tus empresas, a donde
quiera que vayas.
Esa es una promesa de parte de Dios que
siempre se cumple, Él es fiel, no fallará en cumplir con su ofrecimiento. De
forma experiencial, doy fe de que sí cumple.
Como agente de seguros,
eminentemente de vida y como líder de un grupo, he tenido victorias adquiridas
en grado superlativo, que hoy siguen iluminando el bregar del día al día.
También me han precedido fracasos en grado superlativo, y todo, por desviarme a
la izquierda o a la derecha, olvidándome de cumplir con códigos deontológicos,
axiológicos, la ley natural y las leyes de Dios, por no entrar en diálogo con la ética, la moral, las buenas costumbres y la cultura. …, en consecuencia, ha habido
fracasos fortuitos y duros…
Sin
embargo, la promesa es fiel y si se cae por los caminos polvorientos y azarosos de la vida, hay que estar prestos para levantarse y
seguir el curso, y tener en cuenta que para que la cosecha sea abundante, debe
existir un cómo y un por qué. Un poder ser y un poder hacer, entre otras cosas
que destacaría más adelante. No existe
nada por menos.
Sobre ese argumento en
cuestión, vale destacar los enunciados del entonces profesor de la Escuela de
Negocios de Harvard, John Kotter, referentes a los deberes de un verdadero
líder. Debemos asumir que todos somos líderes.
1).- Trazar el rumbo,
exponiendo la visión del futuro.
2).- Alinear a la gente cuya
cooperación se requiere, comunicando ese rumbo, a efecto de que comprendan
perfectamente bien la visión, y las estrategias a implementar, de tal suerte
que la acepten y las hagan suyas.
3).- Motivar e inspirar, con
el propósito de que venzan todos los obstáculos que se pudiesen encontrar en el
camino, y satisfacer las necesidades inherentes al ser humano.
A lo anterior le añadiría un
cuarto deber, que consiste en darle un segundo ver a las tres primeras y
extremar su diligencia, así de sencillo.
De ahí en adelante Josué determinó por
donde tenían que ir, lideró el camino y convenció a ese pueblo de cabeza muy
dura, por qué era necesario transitar por ahí, por valles de sombra, de muerte,
sorteando toda clase de obstáculos, hasta llegar a la tierra prometida.
En la frase “Yo te lo mando”, no hay tema
de discusión. Es imprescindible obedecer al pie de la letra para dar
continuidad a la obra de la liberación, que debe cumplirse de forma irrestricta,
que cuando se parentaliza y conyugaliza con la siguiente frase que le precede:
¡Ánimo, sé valiente!, coadyuva al control emocional de la persona que lidera,
así como a los que son liderados, da fuerzas y evita el nacimiento de emociones
negativas como el miedo, la ira, la ansiedad, la incomprensión, el intenso
estrés, crisis existenciales, etc.
Esa tentativa, es un poderoso paliativo para
evitar las tendencias naturales al abandono de la misión. En el caso de Josué y el pueblo naciente:
“atravesar su desierto” y “pasar su jordán”. En el caso nuestro, por
consiguiente.
En la última frase con promesa Dios nos
dice: “No te asustes, ni te acobardes, que el Señor tu Dios estará contigo en
todas tus empresas”. Una constatación que siglos después el apóstol Pablo le
recuerda a Timoteo: “porque el espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu
de cobardía, sino de fortaleza, amor y templanza” (2ª Timoteo 1, 7).
A guisa de colofón es preciso asumir que,
si Dios estará conmigo “todo será pan comido”, como reza el dicho popular, y
así como en el libro de Josué, se nos narran los acontecimientos que tuvieron
lugar, desde que salieron de la tierra de Egipto, hasta que se asentaron en la
tierra de Canaán, podemos confirmar como Dios estuvo con ellos, unidos en una misma fe y un solo proyecto socioeconómico
y político, que les permitió ponerse en movimiento, forcejear, dominar y
conquistar, hasta repartirse la tierra que Dios les dio en heredad.
¿Acaso no es lo mismo que nos concierne en
este tiempo presente, con el fin de lograr el éxito, en la tentativa de nuestra
empresa? ¿Acaso no debemos ponernos en movimiento todos los días, forcejear a
diario, dominar la ciencia y la técnica para conquistar el mercado?
Es condición sine qua non para
repartirse el botín previo al festín que Dios nos tiene preparado por delante,
pero nos demanda mucha acción, anticipación y preparación. Sobre todo en estos tiempos de pandemia.
¡Ánimo, seamos valientes! …
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