domingo, 27 de noviembre de 2022

“Busco a un hombre honesto”

     La frase con que intitulo este post pertenece a Diógenes de Sinope, y fue manifestada por él, según cuenta la leyenda, cuando a plena luz del día, portando una lámpara de aceite encendida, deambulando por las calles, plazas y avenidas de Atenas, decía: <<busco a un hombre honesto>>.

¡Busco a un hombre honesto!, frase mediante la cual podemos colegir cuán difícil tarea es, encontrar en el mundo, a un hombre honesto, en su vasta y provocativa concepción.

Si hacemos nuestras las palabras del filósofo, en este tiempo “proto democrático” que estamos viviendo y, dirigimos nuestros pasos al “honorable pleno” del Congreso de la República de Guatemala, ¿Encontraríamos ahí a un hombre honesto?

En los otros organismos del estado: Ejecutivo y Judicial: ¿habrá alguna persona que sea honesta?

En las municipalidades de todo el país, ejército, policía nacional, iglesia, en la banca, la industria, el mercado, el comercio, en nuestras propias casas y demás entornos, etcétera, etcétera, etcétera; ¿Habrá ahí una persona honesta? …

A decir verdad, pienso y creo que sí; si los hay, aunque creamos que sería como encontrar una aguja en un pajar dado que, todos los días nos percatamos como la corrupción campante y rampante hace mucho ruido, y presenciamos cómo los cancerberos de las huestes del mal son premiados y los honestos vilipendiados, condenándonos con sus felonías y tropelías. Para apuntalar lo aseverado en este párrafo, me permito mencionar a la filósofa Ayn Rand cuando dijo: <<Cuando observes que la corrupción es recompensada y la honestidad se vuelve un sacrificio, sabrás que nuestra sociedad está condenada.>>

     Iluminando el camino trazado en este apartado con la luz que arroja la filosofía, respecto de la honestidad, en una sociedad condenada como la nuestra, nos daremos cuenta que, esa maldición nos la podremos quitar únicamente subiendo a la esfera ética y moral todos y cada uno de nuestros actos, amalgamando el ser con el hacer, siendo coherentes entre lo que decimos y hacemos. Solo siendo justos, empáticos, veraces, practicando la bondad, la reciprocidad, la fraternidad, la virtud, la armonía y la ecuanimidad como síntesis de todos los valores; solo entonces, podremos quitarnos la condenación que, como habitantes de esta nación, cargamos sobre nuestras espaldas desde tiempos inmemorables.

     La honestidad solo es un valor cuando se entiende a cabalidad su significado y se practica. Según el Diccionario Enciclopédico de Biblia y Teología, honestidad significa: ser veraz, libre de duplicidad, recto, honorable, respetable, digno de estima, bueno, intachable, excelente, decoroso, pudoroso y recatado.

     En ese orden de ideas, cuán difícil resulta buscar y encontrar en las plazas, calles y avenidas, a un hombre que sea honesto. Una difícil tarea que, debiésemos realizar en nuestras propias casas y entornos, con nosotros mismos, y con una linterna encendida, a plena luz del día, busquemos en el interior de nuestro propio pozo (nuestro interior) a un hombre honesto. Lo podremos validar a partir de la más antigua de las exhortaciones, aquella que, estaba escrita en el dintel del templo de Apolo en Delfos, atribuida a Sócrates: <<Conócete a ti mismo>>.

     Solo conociéndonos a nosotros mismos, podemos descubrir cuán honestos o abyectos somos, en virtud de los valores que practicamos.

Jlriveirof, OP

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