La fotografía que precede a este artículo, presuntamente fue captada el primer día del mes de diciembre del año que corre, la encontré en la súper carretera de la web, sin rúbrica, por lo que, le cedo el crédito a quien corresponda.
Quien la captó ha de haber
quedado impresionado, embelesado y signado ante la maravilla que la naturaleza
le puso por delante. Alegre, feliz, como
una perdiz que ha escapado de la mira del cazador depredador, al observar y
captar con su cámara el resplandor de un nuevo día que, esplendoroso posa sobre
el Valle de la Virgen.
Así nació el primer día del
mes más bello del año que, lentamente fenece, asfixiado entre luces
artificiales multicolores, fuegos pirotécnicos,
el mercantilismo voraz y rapaz que, en virtud de la mercadotecnia y publicidad
hace que, todo mundo gaste inclusive lo que no tiene, para quedar bien con los
demás: comilonas, borracheras, discotecas, convivios, accidentes de tránsito
por exceso de bebidas embriagantes, narcóticos y cuanta cosa hay en el mundo
para escapar de una realidad actual que, se torna agobiante ante los problemas
sociales, políticos y económicos que embargan a los guatemaltecos desde
siempre.
Sin embargo, éste tercer domingo de
Adviento que la Iglesia celebra desde fechas pretéritas tan antiguas, se le
conoce como domingo "Gaudete," por ser la primera palabra de la frase
de la antífona de entrada con que,
intitulé este post: "Gaudete in Domino semper;" que en latín quiere
decir: Estén siempre alegres en el Señor.
Estar siempre alegres en el Señor, es la
invitación concreta de esta celebración que nos anima a no doblegarnos ante los
pesares de la vida, a ser estoicos, cuya filosofía nos permite aceptar las
cosas que no está en nuestros designios cambiarlas, de buena gana, en aras de,
alcanzar la ataraxia, es decir la tranquilidad de espíritu. En subir todas
nuestras acciones a la esfera ética para obtener con ello, la paz interior, a
recordar el pasado con agradecimiento como dice el extinto Papa Juan Pablo II,
en su encíclica Al comienzo del nuevo milenio, a vivir el presente con pasión y
abrirnos paso al futuro con esperanza. Asimismo; a ser imperturbables como
sugiere Epícteto ante los logros y las pérdidas, pues según el filósofo, ambos
acontecimientos son parte del escenario de nuestras propias vidas, a ser razonables
y a discriminar la irracionalidad, controlar nuestras pasiones y, en palabras
de la filósofa Victoria Camps, a gobernar nuestras emociones.
La alegría entonces es, condición sine qua
non para esta época de adviento que la Iglesia no se cansa en recordar,
celebrar y conjurar, haciéndola extensiva a todos los meses del año, con sus
semanas, días, horas, minutos y segundos, in saecula saeculorum.
Infaustamente, esa alegría que
debiera renacer cada día, tiene muchos enemigos y, a veces, o casi siempre,
somos nosotros mismos quienes le damos el tiro de gracia y, en vez de cubrir de
flores el desierto de nuestras propias vidas, parafraseando al profeta Isaías,
lo cubrimos de cardos y espinas, haciendo arduo y fatigoso el caminar, rumbo al
altar de aquel que viene en persona para nuestro sumo bien.
Jlriveirof, OP

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