Desde diferentes puntos de vista, los guatemaltecos vivimos en una época turbulenta. Nuestra sociedad está enferma por causa de la injusticia social, la veneración de los ídolos modernos y la politiquería contumaz entre otras más.
En ese contexto urgen profetas
a imagen y semejanza de Amós para que
acompañen al pueblo en sus protestas ciudadanas y denuncien a todo pulmón, las flagrantes
violaciones a los derechos humanos que cometen casi a diario las fuerzas de
seguridad del estado guatemalteco, lideradas por verdaderos crimínales con
antecedentes penales que no cuentan con los méritos de capacidad, idoneidad y
honradez, plasmados en el artículo 113 de la Constitución Política de la
República de Guatemala para optar a los cargos que hoy ocupan.
Solo la Conferencia Episcopal de Guatemala
y algunos párrocos de iglesias particulares se han pronunciado en contra del
proceder de estos malhechores, mientras que, la impúdica Alianza Evangélica
desde antiguo, se viene acomodando al ritmo del tamborilero de los corruptos,
soslayando y apechugando todas y cada una de sus felonías.
Tal y como reza el refrán popular,
una golondrina sola no hace verano, en correspondencia con ese pensamiento, urge
que todos aquellos que hablen de Dios y con Dios manifiesten su repudio al
proceder de todos estos granujas.
Hoy no basta sólo con rezar y ayunar, hay que
agarrar la espada de doble filo cómo refiere el discípulo anónimo del Apóstol
Pablo en la carta a los Hebreos y partirle el alma y el espíritu, las
coyunturas y los tuétanos, los pensamientos y los sentimientos (Hebreos 4,12) a
toda esa caterva política parasitaría, sanguijuelas que sangran hasta lo más
profundo del erario y rémoras que impiden el avance de la justicia y el
derecho.
¿Por qué las órdenes religiosas más
importantes como la de los dominicos y los jesuitas no alzan su voz, y se
convierten en la voz de los sin voz? ¡Urgen! Frailes cómo Antonio de
Montesinos, Bartolomé de las Casas, Antonio de Valdiviezo, Pedro de Córdova,
así como los mártires jesuitas de la UCA, y obispos de la talla de Tatic Ruiz,
Helder Câmara, que sin importar las consecuencias no fueron solo miseros; sino,
denunciaron a viva voz todas las tropelías cometidas por los políticos de
turno, en su tiempo y en su lugar.
¡Ay de los que convierten la justicia en
veneno y arrastran por el suelo el derecho, odian al que juzga rectamente en el
tribunal y detestan al que testifica con verdad! Nos
advierte el profeta Amós en el libro con su mismo nombre (5, 7).
Un ay muy común en los duelos
de las personas que han fallecido por causa de la corrupción institucional, por
falta de pan en sus mesas, medicamentos en los hospitales y justicia en los
tribunales, entre otras cosas.
Ese ay, también connota y transfiere
maldición y condena en contra de todos esos cancerberos que han hecho de la
política su modus vivendi, en perjuicio de las grandes mayorías
poblacionales a quienes han empobrecido inmisericordemente.
Ese ay, también debe martillar la mente y
los corazones de todas las personas de
buena voluntad, porque la mayoría de diputados, algunos jueces y el mismo
gobernante con sus hordas policiales han tergiversado la justicia y la han
convertido en gotas amargas (Amós 7), ensañándose en contra de todas aquellas
personas que manifiestan y reclaman sus derechos, operadores de justicia que
han tenido que huir del país por ser justos, defensores de derechos humanos y
de los recursos naturales que, demandan rectitud, obediencia a la
constitución y justicia de quienes hacen gobierno y se enriquecen a costa de la
injusticia, de las coimas, de las desgracias generadas por la pandemia y las
tormentas tropicales que cada vez que pasan, dejan una marejada de caos,
desolación y muerte.
Esa raza de víboras sembró vientos,
cosechará tempestades (Óseas 8, 7) en virtud que, su justa retribución será
la maldición de parte de todos los guatemaltecos que alzan la voz desde las
plazas públicas y desde el interior de sus casas de habitación, etcétera, a lo
ancho y largo del territorio nacional.
Ay de ustedes politicastros
hipócritas…, su llanto y crujir de dientes se escuchará desde el oriente hasta
el poniente.
Jlriveirof, OP



