Los rayos solares que se colaron por mi ventana, el primer día del año que comienza, más una ráfaga de cohetes quemados a deshoras, por algún vecino madrugador, me lograron despertar, despabilándome de la velada de la última noche de anoche.
Ante la posibilidad que todos
en casa, siguieran dormitando, tomé el celular y me puse a husmear en las redes
sociales. Para desgracia de muchas personas, en X, presencié muertes
producidas por accidentes de tránsito,
en las horas frías de la madrugada a lo largo y ancho del territorio
guatemalteco, la escalada de violencia en muchas partes del mundo, un terremoto
en algún lugar del Japón, el genocidio de parte del gobierno criminal del
pueblo de Israel sobre la Franja de Gaza y, los ataques persistentes del
denominado pacto de corruptos, que anuncian
nuevas ofensivas a perpetrarse antes del 14 de enero, para evitar que
las autoridades electas en Guatemala, tomen posesión de sus cargos, “a las
catorce horas.”
Ante tales circunstancias adversas, parece
ser que el año naciente traerá más de lo mismo, que tan solo es una
prolongación del año que expiró, “que ya está escrito y que así tiene que ser,”
dicen los fanáticos políticos y religiosos.
Sin embargo, tales aconteceres, me hacen
reflexionar acerca del retruécano con que intitulé este post, cuya autoría se
le debe a Mahatma Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino.” Una
verdad incuestionable que, permite dilucidar, en medio del bullicio causado por
el tronar de los juegos pirotécnicos en nuestros pueblos, y al repique de las
campanas que doblan anunciando las doce del mediodía que, no es el año quien
nos trae cosas, sino, nosotros que, mediante una actitud mental positiva y, una
programación neurolingüística, debemos traer y hacer de este año un año
diferente.
Escrutar ese camino propuesto
por Gandhi, es buscar veredas para que los acontecimientos que van surgiendo a
nuestro paso y, de los cuales, muchos somos actores, ya sea antagónicos o
protagónicos, nos permitan encontrarnos de cara con el Dios de Jesucristo, a
quien, muchos hemos dejado ausente.
Esa paz de la que estoy escribiendo y
reflexionando, en torno al pensamiento de “Alma Grande,” es fruto del amor, de
la justicia, de la verdad y de la libertad y, su caminar debe ser escrutado
desde una perspectiva teológica que nos permita ver en su tránsito, un signo de los tiempos, como acontecimiento
histórico, para abrirnos al nuevo año con actitud de creyente, con una actitud
de esperanza, que nos permita creer y trabajar arduamente para que no
ganen los malos de nuestra historia
nacional, que pretenden acabar con un tiro de gracia la verdad, nuestra
libertad y nuestra justicia prostituida en grandes proporciones.
No obstante, esa paz no puede ser
verdadera mientras sigamos en guerra los
unos contra los otros con pensamientos políticos y religiosos absurdos, falsas
ideologías nacionalistas que pretenden almibarar intereses espurios…; esa paz
no puede ser firme y duradera, mientras los “expertos” en predicación y de las
cosas “del más allá”, politicen su sermón en pro de la corrupción y, mientras
pensamientos ultra conservadores persistan en engatusar al pueblo con el
fantasma de un comunismo que ya no existe…
“No hay camino para la paz, —infiere—
Gandhi, la paz es el camino.” Y el año nuevo será, lo que nosotros
hagamos durante esos 366 que, se nos han
acreditado en nuestras cuentas, para hacer de ellos, su mejor versión.
Jlriveirof
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