miércoles, 11 de junio de 2025

 

 


¿De qué tamaño es tu cruz?

Jlriveirof, OP

     “Los hombres son a menudo carpinteros de sus propias cruces

San Felipe Neri

     Mientras los periódicos,  la radio, la prensa, la televisión, tuits por internet etcétera, presagian el desmoronamiento de un mundo en vilo,  por causa de guerras comerciales, sociales, políticas, religiosas y bélicas, me viene a la mente la frase que utilizo como preámbulo introductor en este post, acuñado por San Felipe Neri, de quien, la Iglesia conmemora cada 26 de mayo, su paso por esta  vida, de aquel hombre que  salvaguardó en su tiempo a los jóvenes de los artilugios del maligno.

Dejando por un lado al chamuco en este tiempo posmoderno, a quien de todas nuestras malas decisiones, imposturas, yerros y desaciertos le echamos la culpa, válgame recordar la frase lapidaria de Stephen King:

“El mal tiene muchas caras, incluso podría tener la tuya”, y hoy, vemos ese mal, por ejemplo, en la cara de los sionistas que, crucifican desde antiguo al pueblo palestino, a quien vienen masacrando de forma sistemática.

     Vemos el mal también en la cara del neonazi imperialista con pelo de elote que, despotrica contra los migrantes, causándoles “pánico moral”, al tratarlos como “heraldos de malas noticias”, (Bertolt Brecht) y que, con su retorcida lógica, invita a sus connacionales a practicar la aporofobia, xenofobia, racismo, clasismo y toda palabra terminada en fobia y en ismos, a construir cruces y crucificar en ellas a quienes buscan su sueño dorado en esas tierras que, “destilan leche y miel”, aunque lo que encuentren a su paso y a su llegada, sea hiel y merda, como diría don Fiora (+) en su restaurante de carnes importadas en mi ciudad natal.

     Ante estos signos visibles, “el fin del mundo se acerca”, predican los profetas de calamidades y los fundamentalistas que, con su retórica poco cultivada, asustan a los incautos con “el petate del muerto”.

     El mal tiene también su cara en aparatos de justicia guatemaltecos que, construyen cruces para clavar a sus adversarios políticos contrarios a sus aviesos fines, entre ellos vemos como periodistas, defensores de derechos humanos, pueblos indígenas, entre tantos otros sectores de la población son criminalizados y satanizamos, así como también de ciudadanos que quieren construir nación y restaurar la incipiente democracia.

     Recordemos que, el hombre según su naturaleza humana, es un constructor, desde antiguo lo viene siendo.

La historia evidencia a muchos que, construyeron un imperio, una ciudad, una orden religiosa, una empresa, una casa de habitación, o un antro, otros de igual modo acrecientan la fe, la esperanza y el amor, que los pone en camino hacia la búsqueda de una espiritualidad concreta y esta a su vez, coadyuba en la erección de un edificio espiritual.

     También vemos a otros que, en virtud de sus estilos de vida, sus circunstancias, sus costumbres, sus vicios y sus innobles sentimientos, a imitación de los asirios, construyen cruces, y como los romanos las perfeccionan, haciendo de ellas artefactos letales para clavar su propia existencia.

     Como en aquellos tiempos, las cruces tienen distintas medidas y distintos pesos. Como buenos carpinteros cada quien la construye a su medida, para echarla después y por su propia voluntad sobre sus hombros.

Hay de todos los tamaños, chicas, medianas, grandes y extra grandes. Mientras más grande la terquedad, más grande su cruz.

     Lo más tenebroso es que, muchos no se percatan que, en la construcción de esa cruz, no solo el carpintero será crucificado en ella, la misma tiene un efecto cósmico, expansivo y extensivo hacia los inocentes.

Aquellos que no tienen culpa alguna: hijos, una esposa maltratada física, verbal, espiritual y económicamente hablando, negocios quebrados a causa del vicio que aqueja al fabricante de la cruz, o un pecado galopante, venial, grave o mortal.

     A consecuencia que muchos no saben calcular el peso de su cruz, caen una, dos, tres veces y aún más, se levantan cuando pueden y, en su exacerbada ignorancia siguen apegados a aquellas cosas que lo clavan a su cruz, eso los aliena y esclaviza.

Cuando muchos ya no aguantan con el peso, y tampoco se pueden desprender de ella, vienen y se meten un tiro, se tiran de un puente o se ponen una cuerda al cuello, terminando de la manera más pusilánime con su execrable existencia.

     Otros,  con la luz que arroja la sociología del conocimiento,  cambian de  panorama cambiando su perspectiva, mediante un cambio de mentalidad, cambian de chip, mediante un buen feedforward, coaching, mentoríng, o la oración constante de hijos, padres y cónyuges, una vela encendida, un consejo espiritual de alguien que tenga ese don, se transforma en  la luz que ilumina un nuevo día, un nuevo caminar, un nuevo amanecer, y al final del túnel, encuentra la luz incandescente de Aquel que nos da fuerzas, que nos busca como a la oveja perdida, y que cuando nos encuentra nos abraza, nos acoge en su redil y nos devuelve a la vida, para resarcir los daños que nos hemos causado a nosotros mismos y a los demás, con gloria y en paz.

     Que San Felipe Neri siga siendo un ejemplo para todos nosotros, sobre todo en estos tiempos societales que nos agobian para que, las luces de nuestros futuros posibles iluminen nuestro caminar en este valle de sombras y de muerte que es nuestra finca bananera, especialmente, y el resto de la “aldea global” (Marshall McLuhan).

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