Agazapado
en el fogón de la casa, mientras participaba de la tertulia,
ayudando en la elaboración de los tamales para la cena de la noche
buena y escuchando música navideña de los Niños Cantores de
Viena, meditaba en torno a los proyectos laborales de comienzo del
año que hoy se encuentra en su fase terminal y, evaluaba la
consecución de los mismos.
Me
llamó la atención como podía estar pensando en planes y proyectos
organizacionales en plena época navideña y en la ejecución de una
tarea tan común y silvestre según mis propios conceptos; recordé
el postulado de un "mâitre à penser" y mentalmente refuté
lo que dijo respecto a que el 40% de las ideas creativas surgen en la
ducha, el 25% participando en alguna actividad lúdica, un 15%
durante las actividades físicas y solo el 11% sentado en la oficina.
Respeto el planteamiento de ese "pensador" pero en parte
discrepo con él, creo que, el involucramiento en actividades de la
cocina o del jardín proporciona más y mejores espacios para generar
pensamiento creativo, que en la ejecución de tareas menos nobles
como las que se llevan a cabo en el baño. Coincido con él sobre el
porcentaje durante actividades físicas, soy medio maratonista y me
fascina trotar en caminos y veredas con subidas y bajadas entre
arboledas; es increíble la generación del pensamiento tenaz durante
el recorrido.
En
ese proceso de la hechura de tamales descubrí que, la cocina no sólo
es terapéutica, sino que es un buen taller para pensar
positivamente, sobre todo cuando se intenta mejorar la receta de otra
persona haciéndole benchmarking y también que, el fogón puede
llegar a ser un importante estado de cohesión cuando reúne a
la familia a su alrededor, recordando el pasado, sobre todo, las
cosas buenas que nos sucedieron, evaluar el presente, y proyectar el
porvenir, entre otras cosas, intentando potenciar la ecuanimidad
como la síntesis de todos los valores humanos y cristianos.
Por
mi escaso "expertis profesional" en el arte de hacer
tamales, cooperé en las tareas más rudimentarias como menear él
mixtamal, recoger leña caída de los árboles del patio trasero de
la casa, encender el fuego en el viejo pollo de la cocina de leña y
mantenerlo al rojo vivo durante varias horas hasta que, la última
gota de agua dentro del perol se hubiese consumido, la última
bocanada de humo dejara de salir por la chimenea y el rico olor a
tamal invadiera el recinto; un olor característico durante las
festividades en nuestra Guatemala profunda.
Antes
de llegar a ese punto se llevó a cabo todo un proceso que empezó
con la planeación, el presupuesto, la compra y selección de los
ingredientes, la ejecución, cocción y cuidado de los mismos. Al
final se hizo la catación de la comida y evaluación del trabajo
realizado.
La
cocina, un trabajo supuestamente solo para mujeres y rudimentario es
todo menos eso, es un proceso sistemático que sigue un ordenamiento
lógico para garantizar que al final todo salga como se había
planeado, sobre todo cuando existe una buena dirección y sobre ese
particular me pude percatar que, la función directiva asumida en la
cocina por Sheny mi esposa, la basó en el modelo burocrático
tradicional, ella asumió el papel de jefa y las ordenes había que
cumplirlas al pie de la letra. Una dirección que en el mundo moderno
de los negocios es caduco pero que al parecer muchos pseudo
empresarios intentan mantenerla a flote y en la cocina sigue
funcionando.
En
el perol, la masa debe menearse ininterrumpidamente hasta que "esté
en punto" previo a mezclarla al recado, para lograr la cohesión
entre los ingredientes.
De
forma muy parecida ocurre en el mundo de los negocios, las ideas en
el perol de la sesera deben generarse, menearse y cohesionarse hasta
que se amalgamen, sólo hasta que el seso llegue al rojo vivo o
llegue a su máximo esplendor, entonces, se sustraen y se decantan
como se hace con el vino, previo a llevarlas a la acción.
Quizás,
la nostalgia propia de la época me hizo recordar las sentencias de
un próspero hombre de negocios y recordado familiar que hoy
duerme el sueño de los justos, que con suma frecuencia recitaba: "el
que planifica y no ejecuta se lo lleva la gran ..."
Jlriveirof
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