Jlriveirof, OP
Para crear un contexto adecuado; es importante contemplar aquel escenario descrito por el evangelista Lucas en el capítulo dos de su buena noticia. Ahí; narra la pobreza material que afectaba a la Sagrada Familia de Nazaret durante el nacimiento del Salvador: "envuelto en pañales, acostado en un pesebre, -según la tradición compartiendo el lugar junto al buey y la mula- porque no tenían sitio en el albergue.”
Es posible que ese fuera el único lugar; insalubre por cierto, que había en la comarca para que una virgen pudiera dar a luz a su primogénito y, ante la negativa del casero de la posada, hubo necesidad de parirlo en ese lugar. Evidentemente; inapropiado para el efecto.
Belén; en ese tiempo, era una ciudad
muy pequeña, situada sobre una loma de la montaña de Judá, en donde muchos de sus
habitantes confluían para desempeñarse en sus oficios. Muchos eran mercaderes de ganado menor y otros agricultores de cebada y
trigo. Las construcciones de sus casas eran muy pobres; al extremo que sus habitantes tenían
que agrandar sus viviendas y construir establos para convivir con sus animales,
máxime en los tiempos del frío invierno.
En ese escenario tan pobre; vino el niño Jesús al mundo; pobre siendo rico. Socialmente era un "don nadie",
utilizando el lenguaje economicista y
reduccionista de este tiempo.
Partiendo de esos hechos; podemos colegir que dos milenios después, acá en
Guatemala, las circunstancias en materia social, política y económica se parecen bastante. Se ha vuelto tendencia y no moda pasajera que los politicastros castrados de valores humanos y cristianos; con asiduidad, han saqueado el erario público, en perjuicio de sus habitantes.
En materia económica; como país, no cumplimos con la meta del milenio de liberarnos de la alienante y esclavizante pobreza o al menos reducirla. Según investigaciones recientes llevadas a cabo por instancias cualificadas; seis de cada diez guatemaltecos, viven sumidos en la pobreza y la extrema pobreza.
Contamos con una sociedad dividida por el sectarismo, el indiferentismo religioso, el laicismo, el militarismo y una profunda inadecuación entre lo que se dice y se hace. Vivimos tiempos en donde se absolutiza lo relativo y relativiza lo absoluto.
En materia económica; como país, no cumplimos con la meta del milenio de liberarnos de la alienante y esclavizante pobreza o al menos reducirla. Según investigaciones recientes llevadas a cabo por instancias cualificadas; seis de cada diez guatemaltecos, viven sumidos en la pobreza y la extrema pobreza.
Contamos con una sociedad dividida por el sectarismo, el indiferentismo religioso, el laicismo, el militarismo y una profunda inadecuación entre lo que se dice y se hace. Vivimos tiempos en donde se absolutiza lo relativo y relativiza lo absoluto.
Así como en los pueblos de Jesús; -Belén y
Nazaret- las áreas rurales de Guatemala carecen de servicios de salud,
canasta básica, seguridad, techo mínimo, agua potable, escuelas, electricidad,
caminos vecinales transitables entre otros beneficios, para poder vivir con cierta dignidad, comodidad, seguridad y confort.
El campesino sigue siendo excluido,
marginado, discriminado y explotado por un sistema capitalista diabólico; que
expolia hasta su alma y, la flagrancia en el tema de los derechos humanos es
latente, violentada inclusive por el mismo estado.
Los pobres y excluidos entonces, han sido, son y serán por mucho tiempo, medios para sus propios fines. Ignorantes y pobres los quiere el sistema; inclusive por la propia iglesia, so pretexto de romantizar el discurso del Sermón de la Montaña y el Reino de Dios y su justicia.
Los pobres y excluidos entonces, han sido, son y serán por mucho tiempo, medios para sus propios fines. Ignorantes y pobres los quiere el sistema; inclusive por la propia iglesia, so pretexto de romantizar el discurso del Sermón de la Montaña y el Reino de Dios y su justicia.
Cuanta razón le asiste a los teólogos de
la liberación; al expresar que la pobreza en América Latina, es anti evangélica,
anti ética y perversa.
Al ser un pecado estructural que llora sangre y clama al cielo; su látigo sigue flagelando los pechos descubiertos de las grandes mayorías.
Por eso cobra validez el pensamiento del padre de la teología de la liberación Gustavo Gutiérrez; al expresar que los pobres "son personas sin peso social, que cuentan poco en la sociedad y en la iglesia".
Al ser un pecado estructural que llora sangre y clama al cielo; su látigo sigue flagelando los pechos descubiertos de las grandes mayorías.
Por eso cobra validez el pensamiento del padre de la teología de la liberación Gustavo Gutiérrez; al expresar que los pobres "son personas sin peso social, que cuentan poco en la sociedad y en la iglesia".
¡Qué fuerte su denuncia! ...
En virtud de ese neoliberalismo; podemos verificar que en las urbes citadinas, se pueden
encontrar muchos ricos y semi ricos que cayeron en la pobreza y a quienes
podríamos denominar los pobres vergonzantes, o pobres de solemnidad, son aquellos que hoy tienen vergüenza por el
estado al que han caído, que no han podido superar, les causa escozor pedir
ayuda. De esa suerte es que muchos utilizan a terceras personas para obtener algún dinero
prestado para paliar sus crisis, ocasionadas en gran medida, al practicar algún vicio o adicción
como el alcoholismo, drogadicción o adulterio por ejemplo.
Otros que para aparentar lo que no son sobrepasan sus límites de endeudamiento, signando su estilo de vida con aires de grandeza. El plástico de la tarjeta de crédito es su eterna acompañante; evidentemente, cuando tiene acceso a ella; o, en el peor de los casos tendrán que soportar el hostigamiento de los agiotistas nacionales y extranjeros que viven de la desgracia de los demás.
Muchos más conducen automotores de lujo aunque vivan en casuchas de algún barrio o colonia marginal, cuyo valor es inferior al auto que conducen. La deuda, el qué dirán y la vanidad los consume. No se dieron cuenta que, estos fueron los caminos que los llevaron a la pobreza y los vulnera quitándoles la paz, la tranquilidad mental y el progreso.
Otros que para aparentar lo que no son sobrepasan sus límites de endeudamiento, signando su estilo de vida con aires de grandeza. El plástico de la tarjeta de crédito es su eterna acompañante; evidentemente, cuando tiene acceso a ella; o, en el peor de los casos tendrán que soportar el hostigamiento de los agiotistas nacionales y extranjeros que viven de la desgracia de los demás.
Muchos más conducen automotores de lujo aunque vivan en casuchas de algún barrio o colonia marginal, cuyo valor es inferior al auto que conducen. La deuda, el qué dirán y la vanidad los consume. No se dieron cuenta que, estos fueron los caminos que los llevaron a la pobreza y los vulnera quitándoles la paz, la tranquilidad mental y el progreso.
Entre muchos más; esos son algunos de los escenarios en donde grandes mayorías poblacionales han caído, gracias a un desenfrenado "culto al yo", al
hedonismo, al capitalismo voraz que nos entrampa sutilmente con la falsa
mercadotecnia, la publicidad y el consumismo que cada día nos lacera y
esclaviza, quitándole vida a nuestros años.
Entre esa mezcla de "ismos",
aliento etílico, olor a tabaco, grandes fiestas y comilonas, una cultura del
"relax y de lo light" es como muchos recordaron el gran
acontecimiento del nacimiento "del Dios que se hizo hombre y puso su
tienda entre nosotros", un hecho trascendental que hemos
relativizado al punto que hoy no lo celebramos con convicción, sino
por el descanso extra que representa y para practicar a gusto el
"rico" deleite de la gula, con tanta comida y bebida que hay en los
convivios y en muchas casas.
Acciones que dan sustento a otras desviaciones y ligerezas.
Acciones que dan sustento a otras desviaciones y ligerezas.
Ante tales desvaríos sabias son
las palabras del poeta guatemalteco Humberto Flores al exclamar:
"La mansedumbre del buey y la mula junto al pesebre se esfumó.
En tanto Gastar, Malhechor y Malestar muestran el oro,
El inconsciente del acto,
La tirria de la gana...
Los pueblos, ciegos a la estrella
Van tras el falso profeta,
Mientras la bestia -sin que se percaten-
Los marca."
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