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Desde que me nació la conciencia moral y social cada año celebro con agradecimiento tres acontecimientos: el día de mi
nacimiento, el día de mi santo patrono San Jerónimo de Estridón – 342-420- y el Día
Internacional de la Traducción que se celebra en honor a este santo varón, por
haber hecho la más fiel traducción de las Sagradas Escrituras del griego y el hebreo
al latín, dándole vida a la versión que se conoce con el nombre de Vulgata y
que fue utilizada por el Pueblo de Dios hasta 1979 tras la aparición de la Neo
vulgata. Los tres eventos evocan un
pasado y, confluyen el mismo día, 30 de
septiembre de cada año. Mi santo es también patrono de los escritores, eruditos
y libreros.
El nombre de
Jerónimo significa “el que tiene un nombre sagrado” y en el transcurso de su
vida intentó con heroísmo ser coherente con ese significado y por esos dotes de santidad con que se
caracterizó; hoy se le recuerda con
afecto por todo lo que dio de sí; es
considerado doctor de la Iglesia y uno de los cuatro grandes Padres Latinos,
padre de la exegesis bíblica y es admirado
tanto por la Iglesia católica, como por la anglicana, luterana y ortodoxa.
Al escribir en el
día de mi santo no pretendo hacer
apología de él, mucho menos repetir todo lo que ya se ha escrito sobre su vida
y trabajo; sino recordarlo porque lo tengo en gran estima y modelo. De la misma
forma en que él adopto a Marco Tulio Cicerón como ejemplo a seguir, yo lo he
adoptado a él, por haber sido un infatigable buscador de la sabiduría y la verdad hasta convertirse
en un eterno penitente; al extremo de enclaustrarse en una cueva cerca de Belén durante 35 largos años; los últimos de su vida; en
ella instalo su oficina –en latín opificina, que significa el lugar en donde se
realizan grandes obras- allí trabajo
como exégeta y traductor de la Biblia. Sin
temor a equivocarme, lo hizo porque creía
lo que decía: “ignorar las escrituras es ignorar a Cristo mismo”, nunca se
imaginó que en el transcurrir del tiempo ese desconocimiento de las Sagradas Escrituras
llevaría a muchas personas por diferentes senderos espirituales, muchos de
ellos, falsos.
Basta con ver ¿Cuantos
dirigentes de empresa eclesial católicos, evangélicos y demás se hacen ricos con la fe?,
¿Cuánta división del cristianismo dentro del mismo cristianismo?, ¿Cuántas
sectas de corte neo pentecostal, extremadamente
bulliciosas e intolerantes que pululan como el silip –hongo comestible
que crece en las montañas de mi pueblo durante el frio invierno- para ofrecer el oro y el moro a
cambio de plata, sin ningún sustento?, constituyéndose sus dirigentes en el
ciego que guía a otro ciego. ¿Cuánto carterismo espiritual?, ¿Cuánto vendedor
de cielo falso?, ¿Cuánto extorsionista espiritual pidiendo dinero en grandes
campañas tele pseudo evangelistas? Y todo, por desconocer las Escrituras y
vender lo invendible.
Cuánta razón tuvo San
Jerónimo al decir que “ignorar las
escrituras es ignorar a Cristo”. Cristo no despojo a nadie de su dinero ni
de sus bienes materiales, no sano enfermos, ni resucitó muertos, ni exorcizó
demonios a cambio de dinero o en su
defecto cualquier bien material por hacerles el bien y por predicar la buena noticia; como hoy se ve con
tanto mercachifle del evangelio. Lobos
rapaces disfrazados de ovejas…
Jerónimo tampoco
se fanatizo en la tentativa de esa empresa, –traducir la Biblia- en tan
atareada faena sacaba el tiempo para leer a los grandes autores latinos como Cicerón,
Virgilio, Horacio, Tácito, Quintiliano y los
griegos como Homero y Platón, al extremo de memorizar sus obras. ¿Cuánta
gente afirma hoy día que solo hay que
leer la Biblia porque lo demás es literatura pecaminosa y porque “ya no somos del mundo”. Con este
pensamiento no forman ni transforman, tan solo deforman…
Mi santo patrono
era algo gruñón, tenía un carácter “difícil y fogoso” como decía el Papa
Benedicto XVI y fustigaba el mal moral con reiteración, lo
que le trajo muchas desavenencias, al grado que muchos de los que se sintieron
aludidos le levantaron falsos. Sarcásticamente decía que, en la Ciudad de Roma
habían muchas mujeres con tres manos:
una izquierda, una derecha y una de pintura; criticando así a quienes abusaban
del colorete para verse más bonitas.
¡Hay mi santo
patrono! Si yo hubiera vivido en la época de Giordano Bruno pensaría que por la influencia de los astros me
beneficiaste con algunas de tus cosas buenas y tan bien las no muy buenas como lo
quisquilloso y gruñón, aunque después terminara como él pobre Bruno, acusado por “san" Roberto Belarmino y después ser quemado
en la hoguera por la “santísima inquisición”. – y con leña verde-
Hoy, en el día de
mi santo patrón San Jerónimo de Estridón le doy gracias a la vida que me invita a
seguir bregando “mar adentro”, –Lc 5,4- a “recordar con agradecimiento el pasado por
todo lo bueno que me dejo, a vivir con pasión el presente y abrirme con confianza hacia el futuro”…
“Gracias a la vida que me ha dado tanto”...
Santo Domingo de Cobán, 30 de
Septiembre de 2016
Referencias:
Vidas Santas y Ejemplares de mártires, santos y beatos,
editorial Océano 2004, Enrico Pepe,
Juan Pablo II, 2001,
Novo Millennio Ineunte.

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