viernes, 4 de enero de 2019

Visión, Misión y Valores de los magos de Oriente


Por Jlriveirof

      Al comienzo del nuevo año muchas  personas individuales o jurídicas esbozan o actualizan su visión, misión y los valores con que emprenderán durante la jornada laboral de 365 días que ya tienen por delante; y este planteamiento constituye una buena herramienta administrativa y una ventaja competitiva cuando lo escrito es coherente con el hacer de las personas, en sus diferentes esferas disciplinares. Para coadyuvar en mínima parte al planteamiento estratégico con que muchas personas  enfrentan  estos desafíos, el autor ofrece una lectura barajada desde otros puntos de vista respecto a la descripción que el apóstol Mateo hace en el capítulo dos de su evangelio, cuando narra  la historia de los  tres reyes sabios que hicieron un recorrido desde el Oriente, se cree que fue de Persia o Arabia de donde salieron, hasta su destino final, Jerusalén.      Como bien se sabe, toda situación consiente más de una perspectiva, y en este caso concreto se analiza el relato a la luz que arroja la ciencia administrativa, concatenandolo con el pensamiento teológico, que no permita una fuga teológica en lo que se describirá en las próximas letras.

     Admitiendo lo que la tradición relata, se dice que los tres magos de oriente, saliendo del anonimato se pusieron en movimiento y  caminaron una distancia entre 1,000 a 1,200 millas  aproximadamente; siguiendo una estrella para poder encontrarse con alguien concreto, el Dios Hombre que se había encarnado de una Virgen  y había nacido  en una cueva en  Belén.
Pero antes de ponerse en camino es dable suponer que hicieron una alianza estratégica prospectiva para que con la luz que arrojan  los futuros posibles, pudieran hacer la travesía con un alto grado de precisión, tomando en consideración el rigor de aquellos tiempos pretéritos, montados en las ancas de un  camello, para recorrer   entre tres y doce meses aproximadamente,  que era el tiempo que duraba el recorrido en condiciones normales de tránsito.

     Todo movimiento tiene  un sitio de partida y otro de llegada y para poder llegar a un destino exitosamente, hay que dejar siempre algo, los magos que salieron de sus destinos, sin temor a equivocarse,  dejaron la familia, el acomodamiento, el  confort de su hogar y la flojedad que causa la fortuna en la búsqueda del bien común, para tender  hacia algo concreto como el ideal,  que siempre responde a  un llamado, a una vocación.  Y;  para poder llegar gozosos  a cualquier destino, sin duda alguna hay que  planear, programar, organizar, dirigir, motivar, influenciar  e  integrar personas de buena voluntad  para  que acompañen en el viaje, como sin duda alguna hicieron los magos de Oriente, y no se debe descartar que al ser personas de alcurnia, integraron personal para que se encargara de toda la logística durante el recorrido.
Todo este itinerario es necesario  para concluir con  éxito  una misión previamente establecida.

      Los magos de oriente llevaron a cabo ese manifiesto administrativo que en este tiempo se conoce como la  misión; y que responde a una pregunta:  “¿Cuál es nuestra razón de ser?”

     A pesar de la distancia, del cansancio, de  lo desconocido, del viaje en medio del desierto con sus tormentas de arena, de la oscuridad de tantas noches, de la inseguridad de los caminos, de la topografía del terreno, subidas y bajadas, montañas, valles de arena y pedregales en donde habita la serpiente y el alacrán, condiciones climáticas adversas, frío y calor;   la luz titilante de una estrella los guió  en medio de tantas dificultades. Es evidente que el firmamento está plagado de estrellas, ¿Cómo hicieron ellos para que una en particular los guiara? Se enfocaron solo en una, la más brillante del firmamento, de las demás hicieron caso omiso. Desde los tiempos remotos la contemplación de las estrellas ha fascinado a los seres humanos de todas las edades, religiones y culturas. ¿Quién no tiene su estrella en el firmamento? También la cultura bíblica escudriñó en las estrellas el acontecimiento más importante de la historia, del Dios que se hizo hombre y puso su morada entre los hombres y las mujeres de buena voluntad.

       Considerando las  circunstancias anteriores,  cualquiera habría pensado varias veces antes de ponerse en camino, pero los magos  no ¿Por qué? Porque sabían lo que querían, lo planearon, lo estudiaron, sin duda alguna hicieron un estudio de factibilidad, y por  encima de  todas las cosas tenían fe, pero no una fe religiosa ciega, tonta e inútil,  sino la fe que va  precedida de la acción, porque después de planear,  ejecutaron, poniéndose en movimiento para buscar lo que querían.  Ellos, sabían que  una fe sin obras es muerta, es como anteponer varios ceros a la izquierda de una cifra de dinero, no le añade ningún   valor.

     Al comenzar un año nuevo, un año que dadas las circunstancias adversas en las que nace, es imperativo hacer las cosas de forma diferente, para que el mismo no sea una simple prolongación del año que acaba de fenecer, que para muchos se fue sin pena ni gloria, o quizá con más penas que glorias. Esta reflexión  puede  coadyuvar para emprender,  un emprendimiento basado en la acción y el entusiasmo en la ejecución de cualquier faena.

       Al igual que los reyes magos de Oriente que necesitaron un signo visible para ponerse en movimiento, todas las personas que emprenden, trabajan y actúan,  necesitan de un signo, ¡Una visión de futuro! y  esa visión de futuro será alcanzada con la ayuda de los valores nucleares que la anteceden, mismos  que servirán como herramientas administrativas  para corregir y mantener el rumbo cuando las tentaciones amenacen con desviarlo.
Esa visión debe responder a la inquietud: “¿Qué queremos llegar a ser?” Con ese deseo se deben orientar todas las acciones y las decisiones al establecimiento de objetivos y estrategias para ejecutarlas en el albor de un nuevo día, de un día diferente, a efecto de poder cimentar bases sólidas y firmes sobre las que descansará toda la cultura organizacional. Esto da prestancia, apunta alto y  diferencia  de otros agentes internos y externos, porque  con estas decisiones se demuestra de manera concluyente que se desea ser un agente de cambio. Actor, no simple espectador.

     Al juzgar el caminar de los magos de Oriente con el pensamiento estratégico y la filosofía de valores de este tiempo post moderno podría decirse que; ellos, orientaron sus acciones con los siguientes valores:

01.- Integridad que abarca la calidad y la entereza moral con que hicieron el camino,
02.- solidaridad o compañerismo,
03.- la verdad,
04.- la jerarquía, que no solo les sirvió para dar razón de una comprobada estructura social en los tiempos bíblicos, sino que les ayudo en su organización para tomar decisiones rápidas, concisas y precisas en la consecución de su objetivo. Entre ellos había un líder, por supuesto, que encabezó la expedición y, aprendieron a mandar, obedeciendo,
05.- la ecuanimidad como síntesis de todos los valores.

     Al igual que los sabios de Oriente y muy a pesar que muchas empresas hoy día atraviesan un duro invierno laboral, dejando entrever en su horizonte huracanes, ciclones, tifones, tornados y vientos tempestuosos organizacionales  que  amenazan el clima laboral en muchos ambientes de trabajo, con mayor razón se debe ver, juzgar,  evaluar  y celebrar  el recorrido que se hizo  durante el año que acaba de morir, y por ningún motivo perder la fe y la esperanza. Siempre después de las tempestades  reina la calma y un futuro más promisorio se divisa en el horizonte.  
Esa metodología del ver, juzgar y actuar, permite con alto grado de exactitud, analizar el cumplimiento o no del ideal.  Los que sí lo alcanzaron,  llegaron y cumplieron, lo hicieron porque al igual que los magos de Oriente, se centraron en una sola cosa,  un solo trabajo de tiempo completo, no varias ocupaciones y, ese trabajo de tiemplo completo posibilitó que la meta de ganar un viaje, comprar un camello –vehículo- como medio para desempeñar mejor  la faena, un terreno, empezar la construcción de una casa, o salir del endeudamiento entre tantas nobles aspiraciones  se convirtiera  en la estrella que les alumbró el  camino para no caer en medio de las dificultades, para encontrarse con algo concreto: El ideal alcanzado.

     Aquellos que cumplieron y que no se desviaron del objetivo, no buscaron el camino fácil, no perdieron el interés, ni la motivación, ni el rumbo en parajes inciertos, no tuvieron distractores.  Los que llegaron felizmente a su destino lo hicieron  porque planearon, controlaron, dirigieron y se organizaron durante todo su itinerario, un itinerario que empezó desde que repuntaba el alba hasta que el sol se escondía  en el horizonte durante los últimos doce  meses de forma ininterrumpida.
Los magos de oriente no buscaron lo que querían  en su ciudad natal, fueron viajeros infatigables, al igual que muchos emprendedores que para alcanzar lo que quieren  recorren mucha distancia: de norte a sur, de oriente a occidente;  guiados también, por una estrella, su estrella visionaria para alcanzar  la gloria y la paz que se encuentra al  decir ¡misión cumplida!

“Perdimos mucho el tiempo y el mismo paso de prisa, no lo sentimos” argumentarán algunos, pero el tiempo no pasa porque es eterno, lo que pasa, lo que se desperdicia  y lo que se pierde es la vida;  los hombres han organizado el tiempo en el calendario, pero el mismo es siempre el mismo y es de Dios, no es propio; es un recurso otorgado tanto a buenos como a malos, para que de acuerdo a su disposición de gestión  lo utilicen en beneficio propio, es un don concedido para  administrarlo y de su buena administración depende lograr todo aquello que se requiere para vivir la vida con dignidad, tranquilidad,  comodidad y decoro, con gloria y en paz.

      Los magos de oriente llegaron a Belén, se postraron ante el Dios hombre, lo adoraron y le hicieron presentes  y después regresaron a su tierra por otro camino distinto y distante, desoyendo el pedido de  Herodes, ese reyezuelo lacayo de los romanos, que quería que regresaran por el mismo camino.

      Los reyes sabios de este tiempo, -todos somos reyes-  “tomando conciencia de su propio deseo mimético” –René Girard-  en este viaje de doce meses recorridos: ¿Quien se postró y adoró a Dios por tanto beneficio recibido?,  ¿Qué presentes le fueron dados?, Los magos llevaron oro, mirra e incienso.
 Un buen regalo podría ser la propia vida, obras y trabajo, considerando que en esa trilogía también es un lugar de encuentro  personal con El..
   
    Todo movimiento tiene un punto de partida y otro de llegada, los magos de Oriente salieron,  llegaron y cumplida  su misión regresaron, siguieron en movimiento sin permitirse descansar. Al igual que ellos no es dable postergar el nuevo viaje que ya se tiene por delante.

     Para recorrer todos los años nuevos se debe tener  un ideal que llene todas las aspiraciones y de  felicidad.

¿Lo tienen?...

Referencia Bibliográfica:
Biblia de Jerusalén,

Enciclopedia del Empresario, Grupo Océano.


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