Jlriveirof
La frase que
antecede me hace retroceder con la memoria a un
tiempo y un lugar concreto y me ubica en los años 73 y 74 del siglo pasado,
cuando siendo yo un estudiante de básico, en un instituto cívico militar, fue adherido a mi humanidad, un viejo y oxidado fusil, denominado Máuser
Alemán, calibre 7.92, con un peine de cinco cartuchos vacío. Este
fusil debe su nombre a su fabricante
Paul Máuser y fue famoso en la primera guerra mundial, por ser el fusil
estándar de la infantería del ejército alemán.
Adherido digo, porque los internos del establecimiento
teníamos que dormir con él, so pena de sanciones severas; y por eso, le llamábamos “nuestra novia”.
Pues bien,
portando a este viejo y fiel compañero del camino, ya sea al hombro o terciado,
cuando me tocaba hacer guardia de centinela, y me tocaba dirigirme del internado hacía el instituto, que distaba a unos 300 metros, para hacer ese servicio, y muchas veces bajo los rigores del frío
invierno, bajo torrenciales lluvias y
escandalosos relámpagos que amenazaban con caer en los alrededores copados de pinos. Bosques densos y abundantes que en
San Pedro Carchá eran exuberantes, máxime en aquella década ante la inexistencia
de depredadores de la fauna y la flora, que hoy medran de la tala inmoderada de
toda clase de árboles.
Las otras veces transcurrían en las tibias noches
del verano; algunas veces al filo de la medianoche y otras en la madrugada, siempre
del anochecer al amanecer.
Esos servicios de
centinela, regularmente se hacían cuatro
en la noche y teníamos que permanecer siempre atentos y
despiertos porque no sabíamos cuando se podía aparecer un oficial y nos
encontrara durmiendo, eso significaba
pasar arrestados el fin de semana, cumpliendo con castigos físicos de rigor o haciendo limpieza en los lugares menos
nobles del establecimiento y sus alrededores.
A tenor de
lo expuesto y parafraseando a Anne Rice en La hora de las
brujas, muchas veces sentí la oscuridad cerca de mí y me dio miedo, también
sentí la luz al aparecer los primeros rayos del sol que brillaban y me causaron
alegría, pero sobre todo sentí el
contraste entre ambas. Contraste en el que indudablemente hemos estado inmersos
todos aquellos que hemos transitado de la oscuridad a la luz durante nuestro
proceso de conversión, contraste en que se encuentran inmersos aquellos que
luchan entre la vida y la muerte, postrados en alguna cama de hospital,
contraste entre el mundo libre o el submundo de alguna cárcel, privado de todas
las libertades, o el contraste entre la luz del Cristo transfigurado y la
oscuridad de los antros en donde se comercializan todos los vicios, el pecado y la maldad; en
todas sus manifestaciones y donde yo, en aquellos tiempos pretéritos, fui un simple destinatario de la
misión de las celestinas…
Hoy; en contextos
distintos y distantes, el evangelista San Marcos, permite contemplar la ética
de Cristo, cuando nos manda a cumplir con la misma función de un centinela:
“Estén atentos y vigilen” –Mc 13, 33- porque ignoramos cuando será el momento
de su venida, quiere que velemos, porque
no se sabe si vendrá “al atardecer, o a la media noche, o a la hora que el
gallo canta o en la madrugada”, -Mc 13,
35- dividiendo la noche en cuatro momentos cada una de tres horas, similar al
servicio de centinela que en aquellos tiempos de mi mocedad, lleve a la práctica...
Ese canto de gallo, me hace recordar a mi vecino de al lado,
un campesino que tiene aves de corral en su casa, y éstas cantan a tiempo y a
destiempo, sobre todo cuando se enciende alguna luz durante la noche y creen que ya amaneció y empiezan a alborotar a
sus congéneres en el gallinero…
En aquel tiempo, hice mi guardia acompañado de un viejo
pertrecho de guerra, ya obsoleto y en desuso entonces. Hoy, 45 años después, en
atención a las recomendaciones del Maestro de estar atentos y vigilantes, lo
hago con las armas de Dios que son más efectivas que cualquier pertrecho de
guerra: “La verdad, la coraza de justicia, el Evangelio de la paz, embrazando
el escudo de la fe, el yelmo (casco) de la salvación y la espada del Espíritu
que es la palabra de Dios, orando, suplicando y velando juntos (en comunidad o
en familia) con perseverancia”. -Efesios 6, 13-18-
Tomando en
consideración la problemática social, política, económica y religiosa de estos
tiempos, la recomendación es clara y contundente: ¡Velen! Dice Jesús, por lo
tanto mantengámonos en guardia para que no nos encuentre dormidos, transitando siempre de la oscuridad hacia la
luz y no permitamos nunca que el sopor del contraste nos envuelva en su
tibieza.-
Santo Domingo de Cobán, 30 de julio
de 2018

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