Jlriveirof
Hará unos cinco o seis años, cuando un día
cualquiera de la semana, muy de mañana, recibí la visita de un presunto viejo amigo, que venía de la Ciudad de Guatemala y traía
consigo, una misión previamente establecida: practicar una
auditoria comercial, en la agencia de seguros bajo mi dirección y procuración.
En su encomienda
realizo un diagnóstico de la realidad actual y la realidad deseada, y evaluó las
competencias y el compromiso. Respecto de las competencias, indagó sobre los conocimientos, las habilidades y las destrezas
de todo el personal, incluyéndome; y del
compromiso, la motivación y la confianza, y de paso le dimos una mirada conjunta al clima
organizacional.
Al concluir con su
misión, ya bien entrada la tarde, nos
encaminamos hacia un restaurante cercano,
para degustar comida típica de la región,
con sus respectivas bebidas espirituosas; y, mientras servían la mesa, nos imbuimos en una plática bastante técnica,
comentándome el visitador, que durante su análisis de la realidad de la
agencia, había detectado una “manzana
podrida” dentro del personal, me refirió su nombre, y me recomendó que en la
primera oportunidad lo despidiera, porque de lo contrario, emponzoñaría a los demás.
Con el término de
manzana podrida se describe a una persona toxica, altamente nociva para el clima organizacional,
considerando que con su actitud mental negativa, mal comportamiento y nefastos pensamientos,
rápido podría enturbiar el clima laboral.
Una manzana podrida y de la discordia, es alguien que se queja por todo y por nada, y
que a todo le encuentra fallos. Es cizañero y chantajista. No se adapta con facilidad a los cambios internos y externos, y en consecuencia, no vale para nada la pena, conservarlo dentro de un equipo laboral.
Sus conceptos para
describir a la manzana podrida, encaminaron
mis pensamientos al antiquísimo libro del Génesis y recordé que aun en
la Biblia, la manzana, es un signo de la discordia, y fue utilizada por la serpiente
antigua, para poner en peligro el estatus de los primeros habitantes del Edén. Desmitificando las Sagradas Escrituras, claro
está.
La etiqueta aplicada a la persona en cuestión,
no fue muy de mi agrado, y por supuesto, no me deje llevar de su consejo; -para
mi mala fortuna- por el contrario, creyéndome poseedor de algún poder
taumatúrgico, concebí la idea de transformar a esa “manzana podrida”, en una persona merecedora de un título más
noble.
Sin embargo, eso no
me fue posible. Transcurrió el tiempo y
a esta “manzana”, no se le dio por cambiar de opinión, ni su forma de ser, de
hacer y de convivir, y consecuentemente con ello, nunca desaprendió y siguió siendo lo que era: un “bellaco de
maldades, depositario de mentiras, maldiciente y murmurador”, en palabras de
Don Quijote de la Mancha. Sumado a las descripciones que Nicolás Maquiavelo
hace en su “buena regla general”, en El
Príncipe: “ingrato, voluble, mentiroso, impostor, cobarde y ávido de ganancias”.
–mal habidas-
Ya con esas referencias, evidencio ser también una manzana orgullosa. Creía que tenía una
vasta experiencia en el ejercicio de nuestra vocación, era holgazán, cínico,
chismoso, ponzoñoso, pendenciero y amante de la farra.
Al final, me di
cuenta que el auditor comercial, fue un vidente digno de confianza, me dijo lo
que pasaría si no me deshacía de la manzana de la discordia en mención, y así como
me lo advirtió, así pasó…
Se fue la persona
aludida y rápido llegó otra peor, a ocupar su lugar. Un adorador de la cannabis, en quien tenía asentadas sus
complacencias y que quizás, por el efecto que ésta mala hierba surtía en su
mente, fue radicalmente desleal y se aprovechó de nuestra buena fe, del apoyo
técnico y académico recibido, de la magnanimidad de la agencia de seguros. Lo
aceptamos en el equipo, cuyos veteranos lo recibieron como un compañero más,
ofreciéndole todo su apoyo, empezamos a desarrollarlo, pero éste rápido
demostró de que “madera estaba hecho” y al igual que Judas el traidor, demostró
tener precio en perjuicio de su dignidad, derechos y libertad.
”Hombre pobre de
espíritu y dominado por sus necesidades inmediatas”, diría Maquiavelo de él, dadas sus ingratas
actitudes puestas de manifiesto, en su corta estadía, dentro de la
organización. Apenas si fue flor de un día…
Dos manzanas concretas, entre muchas tantas, que
llegaron antes y después, pero que con
análoga resolución, se ganaron un salvoconducto hacia sus casas, por tener
huera la mollera y podrido el corazón…
Ahora bien,
dejando por un lado estos conceptos que reducen no a pocas personas y que sin embargo, en muchas de ellas, es su mejor carta de presentación, es dable suponer que manzanas podridas van y vienen; no
serán las primeras ni las últimas en nuestros procesos de contratación, y para
evitar problemas a futuro, es mejor indagar más y mejor, antes de integrar
nuevo personal. Y en esa gestión, me permití indagar sobre el proyecto social del
filósofo Jacques Maritain, quien a partir de algunos errores en la
consideración de la persona humana, propone un nuevo concepto de cultura,
-organizacional diría yo- en la que el ser humano pueda vivir como persona,
libre de toda miseria que lo aliena y esclaviza, y que impide su desarrollo
integral.
A diferencia del
personero que me visitó, y algunos ejecutivos que ocupan altos cargos
directivos, J. Maritain, concibe al ser humano como alguien
inmanente y trascendente y, por lo tanto,
puede forjar su propia historia y bregar, hasta desarrollarse en el vasto y
estricto sentido de la palabra, evitándose así todas las etiquetas que les suelen poner, en perjuicio de ellos mismos, al intentar
anular la dignidad que tienen por ser hijos de Dios.
Este orden de
ideas tiene una exigencia en tanto que, pretende que todos los seres humanos,
se sacrifiquen para obtener una vida mejor, en donde todos tengan lo suficiente
para vivir con libertad, dignidad,
comodidad y decoro; pero, con austeridad
y sobriedad, para poner en escena una praxis liberadora, asumiendo los valores
del Reino de Dios, con el propósito de permanecer siempre “bajo el régimen de
Cristo”.
Advierte otros postulados un tanto utópicos según mi
consideración y que por ello evito, al menos en esta reflexión, que parecerá
extraña a algunos estudiosos de la ciencia administrativa, poseedores de un pensamiento económico neo liberal.
Triste y
llanamente, los apelativos de manzana de la discordia y podrida, bellaco de
maldades, depositario de mentiras, maldiciente, murmurador, hipócrita,
mentiroso, voluble, impostor, cobarde y ávido de ganancias deshonestas; son realidades concretas que cuando se llevan
a la práctica, deshumanizan al ser social,
considerado el centro y el fin último
del universo, y que irrumpió victoriosamente en el mundo, cuando Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra
imagen, conforme a nuestra semejanza”.- Génesis (1,26)
En algún lugar del
ciberespacio, el 4 de agosto de 2018
No hay comentarios:
Publicar un comentario