Jlriveirof
Haciendo uso de las grandes metáforas, quiero
escribir la historia de un educador y líder político africano, que se llamaba James
Aggrey, citada por el teólogo Leonardo Boff en sus obras literarias El águila y
la gallina: como el ser humano se hace humano y El vuelo del águila: como el
ser humano aprende a volar:
“Era una vez un campesino que fue a la
selva cercana a coger un pájaro para mantenerlo encerrado en su casa. Consiguió
coger un aguilucho. Lo colocó en el gallinero junto con las gallinas. Comía maíz, igual que las gallinas, aunque el
águila fuese el rey/la reina de todos los pájaros.
Después de cinco años, éste hombre recibió
en su casa la visita de un naturalista. Cuando paseaba por el jardín, dijo al
naturalista. Ese pájaro no es una gallina. Es un águila.
En efecto dijo el campesino, es un águila.
Pero yo la crié como gallina. Ya no es un águila. Se ha transformado en
gallina, como las otras a pesar de las alas de casi tres metros de envergadura.
No, replico el naturalista. Es y será
siempre un águila, pues tiene un corazón de águila. Ese corazón hará que un día
vuele a las alturas.
No, no. Insistió el campesino. Se
convirtió en gallina y jamás volará como águila.
Puesto que realmente eres un águila y
perteneces al cielo y no a la tierra, ¡abre tus alas y vuela!
El águila se quedó parada en el brazo
extendido del naturalista. Miraba distraídamente a su alrededor. Vio las gallinas
allá abajo, recogiendo los granos, y salto junto a ellas.
El campesino comentó:
¡Ya le dije, se ha convertido en una simple gallina!
No, volvió a insistir el naturalista. Es
un águila, y un águila será siempre un águila. Vamos a probar nuevamente
mañana.
Al día siguiente el naturalista subió con
el águila al tejado de la casa. Le susurró:
¡Águila, puesto que eres un águila, abre
tus alas y vuela!
Pero cuando el águila vio abajo a las gallinas, que picoteaban en el
suelo, saltó y se fue junto a ellas.
El campesino sonrío, y volvió a la carga:
¡Ya se lo dije, se ha convertido en
gallina!
No, respondió firmemente el naturalista.
Es un águila, poseerá siempre un corazón de águila. Vamos a probar todavía una
última vez. Mañana la haré volar.
Al día siguiente, el naturalista y el
campesino se levantaron muy temprano. Cogieron al águila, la llevaron fuera de
la ciudad, lejos de las casas de los hombres, a lo alto de una montaña. El sol
naciente doraba la cima de los montes.
El naturalista levantó al águila muy en
alto y le ordenó:
¡Águila, puesto que eres un águila, puesto
que perteneces al cielo y no a la tierra, abre tus alas y vuela!
El águila miro a su alrededor. Temblaba
como si experimentase una nueva vida. Pero no voló. Entonces el naturalista la
agarró firmemente, muy en la dirección del sol, para que sus ojos se pudiesen
llenar de la claridad solar y de la inmensidad del horizonte.
En ese momento, abrió sus potentes alas,
grazno con el típico Kau-Kau de las águilas, se irguió, soberana, sobre sí
misma y comenzó a volar, a volar hacia las alturas, a volar cada vez más alto. Voló…
voló… hasta confundirse con el azul del firmamento…
Y terminó exclamando:
¡Hermanos, hermanas, mis compatriotas!
¡Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios! Pero hubo personas que nos
hicieron pensar como gallinas. Y muchos todavía piensan que somos realmente
gallinas. Pero somos águilas. Por eso, compañeros y compañeras, abramos las
alas y volemos. Volemos como las águilas. Jamás nos contentemos con los granos
que nos arrojan a los pies”.
La enseñanza que esta anécdota nos deja es
que en la vida del ser humano, a veces hay una dimensión águila y otra gallina.
La dimensión águila, está presente en aquellas personas comprometidas con una forma de hacer las
cosas, que nunca abandonan sus
actividades, y las llevan a un final feliz, por difíciles que estas sean.
Y la dimensión gallina, se encuentra en
latencia, en todas aquellas personas que fácilmente abandonan, sobre todo
cuando vienen las dificultades y las pruebas y le damos paso a las tentaciones,
y a estos, les resulta más fácil
abandonar que perseverar, en lo que se habían propuesto.
Ya desde los tiempos pretéritos esta
declaración, está vigente. Así lo demuestra el evangelista San Juan, cuando
expresa en su evangelio: “Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron
atrás y ya no andaban con El. Jesús dijo entonces a los doce: ¿también ustedes
quieren marcharse? Le respondió Simón Pedro: Señor ¿a quién vamos a ir? Tú
tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el
Santo de Dios”. (Jn 6, 66-69)
Haciendo una sucinta reflexión respecto al
texto bíblico anterior, se puede dilucidar que a lo largo de su ministerio, Jesús fue
buscado, aclamado y seguido por multitudes. Pero; también nos podemos percatar,
que muchos de sus discípulos le dieron la espalda, y ya no andaban con El.
Grandes muchedumbres le seguían
únicamente por interés, porque les daba de comer o los curaba de alguna
dolencia, o les espantaba algún fantasma atormentador, o espíritu inmundo, como mejor lo refieren los
evangelios.
A lo largo de más de tres décadas haciendo
lo que hago, me he percatado que uno de los valores más difíciles de practicar,
es el de la perseverancia.
Parafraseando a Og Mandino, podría aseverar
que sí yo pusiera uno sobre otro, los cadáveres infieri que se han tenido que
ir del seno de la organización que presido, por mediocres, formaría un muro lo
suficientemente alto, para encerrar el edificio que ocupa la sede regional de Seguros
GyT, en Cobán.
No digamos de los diferentes servicios eclesiales, que
prestamos en nuestras iglesias particulares. Es mucho más difícil aún ser perseverante, quizás porque tal encomienda,
obliga a vivir en coherencia, entre lo que se dice y se hace.
He ahí la dificultad…
Pero,
para crear un contexto adecuado, veamos lo que dice el DRAE respecto de la
perseverancia. Dice que es mantenerse constantemente en seguir. Y, el diccionario bíblico; dice que es constancia,
atender constantemente. Como se puede percatar, en ambos diccionarios los
conceptos son similares, en este tema de permanente actualidad. Y, para
evidenciar que es difícil ser perseverante en la fe, podemos ver los diferentes
problemas que se dan desde los pastores de la iglesia, hasta el más humilde de
los destinatarios de su misión, es decir la parte laical, que es el grueso de
los miembros que forman parte del cuerpo místico de Cristo.
Imposible invisibilizar en este contexto a
los curas depredadores, pederastas y corruptos de Pensilvania y Chile. Un
escándalo mundial, que zangolotea por ambos lados, arriba y abajo a la barca de
Pedro. Un daño irreparable e irreversible, sobre todo cuando grandes jerarcas
de la Iglesia Católica, imitaron la costumbre de los gatos e intentaron
esconder tanta porquería, presuntamente porque <<prefirieron proteger a
los abusadores y a su institución por encima de todo>>.
¡Hipócritas, lobos rapaces disfrazados de
ovejas! Que rápido se olvidaron del mandamiento del amor, lo que presuntamente
predican desde los pulpitos y enseñan en sus catequesis…
Con ese proceder que es nefasto a
todas luces, lo único que lograron fue demostrar con sus acciones, que prima
más el desgobierno de sus emociones, a la buena noticia que predican falsamente
desde sus pulpitos. Sin temor a
equivocarme intuyo que, en el seguimiento
de Jesús, han obtenido techo, comida y bebida
en abundancia, sin que les cueste mucho trabajo conseguirla. Con este
proceder, solo igualan lo que hicieron los primeros seguidores de Jesús, que lo
seguían por la comida que les prodigaba.
Impunemente pusieron sobre el tapete de
que <<algunos clérigos tienen privilegios, y el no matarás sus
excepciones>>. ¡Mataron la fe, la esperanza y la caridad, de todas las
victimas con su infausto proceder!
Lutero diría de ellos hoy,
“hombres de cerebro confuso que jamás
han olido una Biblia”…
Sin embargo, la problemática a lo interno de muchas
iglesias, independientemente de su credo confesional, no solo se da desde la
clerecía, sino también desde el cristiano de a pie, muchos viven una profunda
inadecuación entre lo que dicen y hacen y se dejan aborregar con lo que dice el
pastor, aunque éste esté más perdido que el hijo de la llorona. Y por eso es que muchos seglares que
prestan algún servicio, o que pertenecen
a algún movimiento eclesial,
rápidamente abandonan, muy poco tiempo
después de haberse integrado a ellos.
Otra de las razones primarias, obedece a
que no quieren perseverar en algo que no
les reditúa ningún pago, y muchos son católicos de ocasión.
Como podemos darnos cuenta el valor de la
perseverancia tiene muchos enemigos, y uno muy fuerte es creer que somos el ombligo del mundo y los tiempos actuales que no son muy propicios
para perseverar en la fe, haciéndole
frente a pensamientos profundamente antagónicos a nuestras creencias. Como
ejemplo preclaro tenemos los pensamientos que provienen del humanismo y el
relacionismo, en donde lo trascendente
es elogiar, exaltar y admirar la figura humana y todo su quehacer, confiando más
en el poder de la razón, la ciencia y la técnica, que en el poder de Dios. Y consecuentemente con ello, nos
hemos dejado embaucar y creído
todas esas cosas.
Todo, absolutamente todo es negado o
puesto en tela de duda y es por eso que ha tenido bastante aceptación el
romanticismo sectario, cuyos adeptos en
su ignorancia, ridiculizan las doctrinas
esenciales del cristianismo, con conceptos
baratos, como aquel de pare de sufrir,
noches de gloria o ven por tu milagro, entre tantos otros ofrecimientos misérrimos en grado
superlativo.
Palabras fatuas y poderes oscuros,
acompañadas de altas dosis de ignorancia, las de estos pseudo evangelistas, que sin
ninguna preparación filosófica, antropológica, sociológica y teológica, creen y
hacen creer que tienen el poder para hacer que El Espíritu Santo sople donde
ellos quieren que sople…
Si
a todo lo anterior le añadimos nuestras propias dudas, o la inconsistencia que
no pocas veces vemos en nosotros mismos, y en otras personas que se auto denominan
cristianos, entonces nos desboronamos y queremos cambiar de religión, como si ahí estuviera la solución de los problemas.
Fácilmente abandonamos cuando dificultades,
como el de la injusticia social y el sufrimiento, que nos turba con mucha
frecuencia, ante todo cuando la muerte de algún ser querido se hace presente en
nuestras vidas, y rápidamente encontramos a quien culpar, a Dios. Pensamos que de bueno no tiene nada, que no
es tan misericordioso y justo como se pensaba.
Posiblemente, por circunstancias similares,
Juan el Bautista, manda a preguntarle a Jesús: ¿Eres tú el que ha de venir, o
debemos esperar a otro? (Mt 11,3) Tal
vez se preguntaba como Jesús podía permitir la injusticia de su encarcelamiento
y por eso la respuesta del Señor sobre su persona y su misión fue una
referencia de la maravilla de sus obras que nadie podía negar, milagros y
signos que tienen como destinatarios al pobre y al excluido, milagros y signos
que opacan cualquier duda y robustecen la fe por raquítica que esta sea y que
hacen posible que nuestra iglesia siga caminando, sin importar cuantas
hecatombes más, caigan sobre ella, porque ya Cristo mismo lo dijo, que el poder
del infierno no podrá sobre ella.
¿Qué hacemos nosotros cuando nuestra fe se ve
polarizada por las circunstancias desfavorables que estamos viviendo hoy todos
los días los guatemaltecos?
¿Preguntamos cómo el Bautista o
somos perseverantes en la fe?
Si Jesús nos preguntara hoy ¿También
ustedes quieren marcharse? ¿Qué responderíamos? Sabiendo que para Jesús no
existen las medias tintas. Él es claro y
contundente, cuando sentencia “el que no está conmigo, esta contra mi” ¿será
que contestaremos igual que Simón Pedro? “Señor ¿A quién vamos a ir? Tú tienes palabras
de vida eterna” o seremos igual a todos aquellos que lo abandonaron, dándole la
espalda.
Tomando en cuenta que los seglares no somos
seguidores de hombres, sino de Cristo, pase lo que pase debemos perseverar en
el seno de la única iglesia, nacida del costado abierto de El en la cruz, y
debemos trabajar por ella y en ella, poniendo en práctica el valor de la
perseverancia, porque sin ella es difícil alcanzar el éxito. Pidámosle al Señor
persistentemente que nos acompañe en
este caminar porque si Él está con
nosotros quien contra nosotros, aunque estemos propensos a caer no una sino
varias, no caeremos si nos agarramos de la mano del Señor, porque Él es fiel y siempre estará a nuestro lado y prometamos ser un fiel discípulo suyo
perseverando en medio de las pruebas, las necesidades, en medio del dolor, del
sufrimiento, de la angustia.
Pero en medio de toda esta realidad, como
sociedad, algo bueno nos está pasando y
para ello se nos exhorta a tomar el ejemplo de todos aquellos cristianos que
nos han antecedido en el camino del seguimiento de la gracia, gentes que pasaron por momentos muy difíciles, y muchas
veces se sintieron solos y con miedo, pero lo que les ayudó a no dejarse vencer
fue que fueron perseverantes en una misma fe, una misma esperanza y un mismo
amor.
A pesar de todos los males que podemos
observar, hoy no es difícil ver a alguien
ayudar a los pobres más pobres. En nuestras parroquias hemos visto como han crecido y
aparecido nuevos ministerios para asistir a enfermos, huérfanos, viudas,
desprotegidos, ancianos, matrimonios en conflicto, parejas que desean contraer
matrimonio, comunidades de base y grupos de oración que se reúnen para estudiar
y orar, talleres de oración, catequistas, evangelizadores y predicadores que anuncian la buena noticia de
nuestro Salvador, convirtiéndose en anunciadores
de esperanza, utilizando todos los medios lícitos que tienen a su alcance para
cumplir con las tareas que les han sido asignada.
Dios ha derramado su Santo Espíritu en nuestros grupos parroquiales y hoy más que ayer es fácil ver a tanta gente
que antes estaba sumida en el pecado sirviéndole al Señor, hoy muchas personas que antes
pasaban más tiempo frente a la pantalla
del televisor o de la computadora viendo pornografía están de todo corazón frente al Santísimo
Sacramento del Altar, cuando estamos en
misa ya no estamos apresurados, ni contestando el celular, ni viendo el reloj para ver a qué hora termina
el Padre, casi todos nos saludamos al final de la Eucaristía y ya no salimos
apresurados al final sin interesarnos
por el prójimo, tal vez porque
hemos asumido nuestro papel como verdaderos discípulos de Cristo, haciendo
nuestros los problemas y las necesidades
de la iglesia.
Lo anterior expuesto, permite algunas
pautas, y da la impresión que hemos recuperado nuestro primer amor. –Apocalipsis,
2,4- Y, por eso, es necesario que todos
conozcamos la sintomatología de
la secularización, para no dejarnos influenciar por ella, y que podamos vivir nuestra vida, iluminada con la luz que
emana de las Sagradas Escrituras, del poder de la Oración, del amor fraterno
entre los hermanos…
Hoy, a nuestras actividades domésticas, le hemos sumado las actividades
eclesiales para gloria y honra de Aquel que nos recuerda en el libro del
evangelista Mateo: (10, 22) “pero el que
persevere hasta el fin, ése será salvo”…
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