domingo, 26 de agosto de 2018

El valor de la perseverancia


 

Jlriveirof

      Haciendo uso de las grandes metáforas, quiero escribir la historia de un educador y líder político africano, que se llamaba James Aggrey, citada por el teólogo Leonardo Boff en sus obras literarias El águila y la gallina: como el ser humano se hace humano y El vuelo del águila: como el ser humano aprende a volar:
     “Era una vez un campesino que fue a la selva cercana a coger un pájaro para mantenerlo encerrado en su casa. Consiguió coger un aguilucho. Lo colocó en el gallinero junto con las gallinas.  Comía maíz, igual que las gallinas, aunque el águila fuese el rey/la reina de todos los pájaros.
     Después de cinco años, éste hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Cuando paseaba por el jardín, dijo al naturalista. Ese pájaro no es una gallina. Es un águila.
     En efecto dijo el campesino, es un águila. Pero yo la crié como gallina. Ya no es un águila. Se ha transformado en gallina, como las otras a pesar de las alas de casi tres metros de envergadura.
     No, replico el naturalista. Es y será siempre un águila, pues tiene un corazón de águila. Ese corazón hará que un día vuele a las alturas.
     No, no. Insistió el campesino. Se convirtió en gallina y jamás volará como águila.
     Puesto que realmente eres un águila y perteneces al cielo y no a la tierra, ¡abre tus alas y vuela!
     El águila se quedó parada en el brazo extendido del naturalista. Miraba distraídamente a su alrededor. Vio las gallinas allá abajo, recogiendo los granos, y salto junto a ellas.
     El campesino comentó:
     ¡Ya le dije,  se ha convertido en una simple gallina!
     No, volvió a insistir el naturalista. Es un águila, y un águila será siempre un águila. Vamos a probar nuevamente mañana.
     Al día siguiente el naturalista subió con el águila al tejado de la casa. Le susurró:
     ¡Águila, puesto que eres un águila, abre tus alas y vuela!
     Pero cuando el águila vio  abajo a las gallinas, que picoteaban en el suelo, saltó y se fue junto a ellas.
     El campesino sonrío, y volvió a la carga:
     ¡Ya se lo dije, se ha convertido en gallina!
     No, respondió firmemente el naturalista. Es un águila, poseerá siempre un corazón de águila. Vamos a probar todavía una última vez. Mañana la haré volar.
     Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron muy temprano. Cogieron al águila, la llevaron fuera de la ciudad, lejos de las casas de los hombres, a lo alto de una montaña. El sol naciente doraba la cima de los montes.
     El naturalista levantó al águila muy en alto y le ordenó:
     ¡Águila, puesto que eres un águila, puesto que perteneces al cielo y no a la tierra, abre tus alas y vuela!
     El águila miro a su alrededor. Temblaba como si experimentase una nueva vida. Pero no voló. Entonces el naturalista la agarró firmemente, muy en la dirección del sol, para que sus ojos se pudiesen llenar de la claridad solar y de la inmensidad del horizonte.
     En ese momento, abrió sus potentes alas, grazno con el típico Kau-Kau de las águilas, se irguió, soberana, sobre sí misma y comenzó a volar, a volar hacia las alturas, a volar cada vez más alto. Voló… voló… hasta confundirse con el azul del firmamento…
     Y terminó exclamando:
     ¡Hermanos, hermanas, mis compatriotas! ¡Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios! Pero hubo personas que nos hicieron pensar como gallinas. Y muchos todavía piensan que somos realmente gallinas. Pero somos águilas. Por eso, compañeros y compañeras, abramos las alas y volemos. Volemos como las águilas. Jamás nos contentemos con los granos que nos arrojan a los pies”.
     La enseñanza que esta anécdota nos deja es que en la vida del ser humano, a veces hay una dimensión águila y otra gallina. La dimensión águila, está presente en aquellas personas  comprometidas con una forma de hacer las cosas,  que nunca abandonan sus actividades, y las llevan a un final feliz,  por difíciles que estas sean.
 Y la dimensión gallina, se encuentra en latencia, en todas aquellas personas que fácilmente abandonan, sobre todo cuando vienen las dificultades  y  las pruebas y le damos paso a las tentaciones,  y a estos, les resulta más fácil abandonar que perseverar, en lo que se habían propuesto.
     Ya desde los tiempos pretéritos esta declaración, está vigente. Así lo demuestra el evangelista San Juan, cuando expresa en su evangelio: “Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con El. Jesús dijo entonces a los doce: ¿también ustedes quieren marcharse? Le respondió Simón Pedro: Señor ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”. (Jn 6, 66-69)
     Haciendo una sucinta reflexión respecto al texto bíblico anterior, se puede dilucidar que  a lo largo de su ministerio, Jesús fue buscado, aclamado y seguido por multitudes. Pero; también nos podemos percatar, que muchos de sus discípulos le dieron la espalda, y ya no andaban con El.
Grandes muchedumbres le seguían únicamente por interés, porque les daba de comer o los curaba de alguna dolencia, o les espantaba algún fantasma atormentador, o  espíritu inmundo, como mejor lo refieren los evangelios.
     A lo largo de más de tres décadas haciendo lo que hago, me he percatado que uno de los valores más difíciles de practicar, es el de la perseverancia.
 Parafraseando a Og Mandino, podría aseverar que sí yo pusiera uno sobre otro, los cadáveres infieri que se han tenido que ir del seno de la organización que presido,  por mediocres, formaría un muro lo suficientemente alto, para encerrar el edificio que ocupa la sede regional de Seguros GyT, en Cobán.
No digamos de  los diferentes servicios eclesiales, que prestamos en nuestras iglesias particulares.  Es mucho más difícil aún ser  perseverante, quizás porque tal encomienda, obliga a vivir en coherencia, entre lo que se dice y se hace.
 He ahí la dificultad…
      Pero, para crear un contexto adecuado, veamos lo que dice el DRAE respecto de la perseverancia. Dice que es mantenerse constantemente en seguir. Y,  el diccionario bíblico; dice que es constancia, atender constantemente. Como se puede percatar, en ambos diccionarios los conceptos son similares, en este tema de permanente actualidad. Y, para evidenciar que es difícil ser perseverante en la fe, podemos ver los diferentes problemas que se dan desde los pastores de la iglesia, hasta el más humilde de los destinatarios de su misión, es decir la parte laical, que es el grueso de los miembros que forman parte del cuerpo místico de Cristo.
     Imposible invisibilizar en este contexto a los curas depredadores, pederastas y corruptos de Pensilvania y Chile. Un escándalo mundial, que zangolotea por ambos lados, arriba y abajo a la barca de Pedro. Un daño irreparable e irreversible, sobre todo cuando grandes jerarcas de la Iglesia Católica, imitaron la costumbre de los gatos e intentaron esconder tanta porquería, presuntamente porque <<prefirieron proteger a los abusadores y a su institución por encima de todo>>.
 ¡Hipócritas, lobos rapaces disfrazados de ovejas! Que rápido se olvidaron del mandamiento del amor, lo que presuntamente predican desde los pulpitos y enseñan en sus catequesis…
Con ese proceder que es nefasto a todas luces, lo único que lograron fue demostrar con sus acciones, que prima más el desgobierno de sus emociones, a la buena noticia que predican falsamente desde sus pulpitos.  Sin temor a equivocarme intuyo que,  en el seguimiento de Jesús, han obtenido techo, comida y bebida  en abundancia, sin que les cueste mucho trabajo conseguirla. Con este proceder, solo igualan lo que hicieron los primeros seguidores de Jesús, que lo seguían por la comida que les prodigaba.
     Impunemente pusieron sobre el tapete de que <<algunos clérigos tienen privilegios, y el no matarás sus excepciones>>. ¡Mataron la fe, la esperanza y la caridad, de todas las victimas con su infausto proceder!
Lutero diría de ellos hoy, “hombres de cerebro confuso que  jamás han olido una Biblia”…
     Sin embargo,  la problemática a lo interno de muchas iglesias, independientemente de su credo confesional, no solo se da desde la clerecía, sino también desde el cristiano de a pie, muchos viven una profunda inadecuación entre lo que dicen y hacen y se dejan aborregar con lo que dice el pastor, aunque éste esté más perdido que el hijo de la llorona.  Y por eso es que muchos seglares que prestan  algún servicio, o que pertenecen a  algún movimiento eclesial, rápidamente  abandonan, muy poco tiempo después de haberse integrado a ellos.
     Otra de las razones primarias, obedece a que  no quieren perseverar en algo que no les reditúa ningún pago, y muchos son católicos de ocasión.
      Como podemos darnos cuenta el valor de la perseverancia tiene muchos enemigos, y uno muy fuerte  es creer que somos el ombligo del mundo y  los tiempos actuales que no son muy propicios para perseverar en la fe, haciéndole  frente a pensamientos profundamente antagónicos a nuestras creencias. Como ejemplo preclaro tenemos los pensamientos que provienen del humanismo y el relacionismo, en donde  lo trascendente es elogiar, exaltar y admirar la figura humana y todo su quehacer, confiando más en el poder de la razón, la ciencia y la técnica,  que en el poder de Dios.  Y consecuentemente con ello,  nos  hemos dejado embaucar y  creído todas esas cosas. 
     Todo, absolutamente todo es negado o puesto en tela de duda y es por eso que ha tenido bastante aceptación el romanticismo sectario, cuyos adeptos  en su ignorancia,  ridiculizan las doctrinas esenciales del cristianismo, con conceptos  baratos, como aquel de pare de sufrir,  noches de gloria o ven por tu milagro, entre tantos  otros ofrecimientos misérrimos en grado superlativo.
Palabras fatuas y poderes oscuros, acompañadas de altas dosis de ignorancia,  las de estos pseudo evangelistas, que sin ninguna preparación filosófica, antropológica, sociológica y teológica, creen y hacen creer que tienen el poder para hacer que El Espíritu Santo sople donde ellos quieren que sople…
      Si a todo lo anterior le añadimos nuestras propias dudas, o la inconsistencia que no pocas  veces  vemos en nosotros mismos,  y en otras personas que se auto denominan cristianos, entonces nos desboronamos y queremos cambiar de religión,  como si ahí estuviera la solución de los problemas.
     Fácilmente abandonamos cuando dificultades, como el de la injusticia social y el sufrimiento, que nos turba con mucha frecuencia, ante todo cuando la muerte de algún ser querido se hace presente en nuestras vidas, y rápidamente encontramos a quien culpar, a Dios.  Pensamos que de bueno no tiene nada, que no es tan misericordioso y justo como se pensaba.
     Posiblemente, por circunstancias similares, Juan el Bautista, manda a preguntarle a Jesús: ¿Eres tú el que ha de venir, o debemos  esperar a otro? (Mt 11,3) Tal vez se preguntaba como Jesús podía permitir la injusticia de su encarcelamiento y por eso la respuesta del Señor sobre su persona y su misión fue una referencia de la maravilla de sus obras que nadie podía negar, milagros y signos que tienen como destinatarios al pobre y al excluido, milagros y signos que opacan cualquier duda y robustecen la fe por raquítica que esta sea y que hacen posible que nuestra iglesia siga caminando, sin importar cuantas hecatombes más, caigan sobre ella, porque ya Cristo mismo lo dijo, que el poder del infierno no podrá sobre ella.
      ¿Qué hacemos nosotros cuando nuestra fe se ve polarizada por las circunstancias desfavorables que estamos viviendo hoy todos los días  los guatemaltecos?
¿Preguntamos cómo el Bautista o somos perseverantes en la fe?
    Si Jesús nos preguntara hoy ¿También ustedes quieren marcharse? ¿Qué responderíamos? Sabiendo que para Jesús no existen las medias tintas. Él es claro y  contundente, cuando sentencia “el que no está conmigo, esta contra mi” ¿será que contestaremos igual que Simón Pedro?  “Señor ¿A quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna” o seremos igual a todos aquellos que lo abandonaron, dándole la espalda.
      Tomando en cuenta que los seglares no somos seguidores de hombres, sino de Cristo, pase lo que pase debemos perseverar en el seno de la única iglesia, nacida del costado abierto de El en la cruz, y debemos trabajar por ella y en ella, poniendo en práctica el valor de la perseverancia, porque sin ella es difícil alcanzar el éxito. Pidámosle al Señor persistentemente que  nos acompañe en este caminar  porque si Él está con nosotros quien contra nosotros, aunque estemos propensos a caer no una sino varias, no caeremos si nos agarramos de la mano del Señor,  porque Él es fiel y   siempre estará a nuestro  lado y prometamos ser un fiel discípulo suyo perseverando en medio de las pruebas, las necesidades, en medio del dolor, del sufrimiento, de la angustia.
      Pero en medio de toda esta realidad, como sociedad,  algo bueno nos está pasando y para ello se nos exhorta a tomar el ejemplo de todos aquellos cristianos que nos han antecedido en el camino del seguimiento de la gracia, gentes que  pasaron por momentos muy difíciles, y muchas veces se sintieron solos y con miedo, pero lo que les ayudó a no dejarse vencer fue que fueron perseverantes en una misma fe, una misma esperanza y un mismo amor.
     A pesar de todos los males que podemos observar, hoy no es difícil ver a alguien  ayudar a los pobres más pobres. En nuestras  parroquias hemos visto como han crecido y aparecido nuevos ministerios para asistir a enfermos, huérfanos, viudas, desprotegidos, ancianos, matrimonios en conflicto, parejas que desean contraer matrimonio, comunidades de base y grupos de oración que se reúnen para estudiar y orar, talleres de oración, catequistas, evangelizadores y  predicadores que anuncian la buena noticia de nuestro Salvador, convirtiéndose en  anunciadores de esperanza, utilizando todos los medios lícitos que tienen a su alcance para cumplir con las tareas que les han sido asignada.
      Dios ha derramado su Santo Espíritu  en nuestros grupos parroquiales  y hoy más que ayer es fácil ver a tanta gente que antes estaba sumida en el pecado sirviéndole  al Señor, hoy muchas personas que antes pasaban  más tiempo frente a la pantalla del televisor o de la computadora viendo pornografía  están de todo corazón frente al Santísimo Sacramento del Altar, cuando  estamos en misa ya no estamos apresurados, ni contestando el celular, ni  viendo el reloj para ver a qué hora termina el Padre, casi todos nos saludamos al final de la Eucaristía y ya no salimos apresurados al final sin interesarnos  por el prójimo, tal vez  porque hemos asumido nuestro papel como verdaderos discípulos de Cristo, haciendo nuestros los  problemas y las necesidades de la iglesia.
      Lo anterior expuesto, permite algunas pautas, y da la impresión que hemos recuperado nuestro primer amor. –Apocalipsis, 2,4- Y, por eso, es necesario que todos  conozcamos  la sintomatología de la secularización, para no dejarnos influenciar por ella, y que podamos  vivir nuestra vida, iluminada con la luz que emana de las Sagradas Escrituras, del poder de la Oración, del amor fraterno entre los hermanos…
     Hoy, a nuestras actividades  domésticas, le hemos sumado las actividades eclesiales para gloria y honra de Aquel que nos recuerda en el libro del evangelista Mateo: (10, 22)  “pero el que persevere hasta el fin, ése será salvo”…



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