Por Jlriveirof
Admitiendo lo que la tradición relata, se dice
que los tres magos de oriente, saliendo del anonimato se pusieron en movimiento
y caminaron una distancia entre 1,000 a 1,200 millas aproximadamente; siguiendo una estrella para poder
encontrarse con alguien concreto, el Dios Hombre que se había encarnado de una
Virgen y había nacido en una cueva en Belén.
Pero antes de ponerse en camino
es dable suponer que hicieron una alianza estratégica prospectiva para que con la luz que arrojan los futuros posibles, pudieran hacer la travesía con un alto grado de precisión, tomando en consideración el rigor de aquellos tiempos pretéritos,
montados en las ancas de un camello, para recorrer entre tres y doce meses aproximadamente, que era el tiempo que duraba el recorrido en
condiciones normales de tránsito.
Todo movimiento tiene un sitio de partida y otro de llegada y para poder llegar a un destino exitosamente, hay que dejar siempre algo, los magos que salieron de sus destinos, sin temor a equivocarse, dejaron la familia, el acomodamiento, el confort de su hogar y la flojedad que causa la fortuna en la búsqueda del bien común, para tender hacia algo concreto como el ideal, que siempre responde a un llamado, a una vocación. Y; para poder llegar gozosos a cualquier destino, sin duda alguna hay que planear, programar, organizar, dirigir, motivar, influenciar e integrar personas de buena voluntad para que acompañen en el viaje, como sin duda alguna hicieron los magos de Oriente, y no se debe descartar que al ser personas de alcurnia, integraron personal para que se encargara de toda la logística durante el recorrido.
Todo movimiento tiene un sitio de partida y otro de llegada y para poder llegar a un destino exitosamente, hay que dejar siempre algo, los magos que salieron de sus destinos, sin temor a equivocarse, dejaron la familia, el acomodamiento, el confort de su hogar y la flojedad que causa la fortuna en la búsqueda del bien común, para tender hacia algo concreto como el ideal, que siempre responde a un llamado, a una vocación. Y; para poder llegar gozosos a cualquier destino, sin duda alguna hay que planear, programar, organizar, dirigir, motivar, influenciar e integrar personas de buena voluntad para que acompañen en el viaje, como sin duda alguna hicieron los magos de Oriente, y no se debe descartar que al ser personas de alcurnia, integraron personal para que se encargara de toda la logística durante el recorrido.
Todo este itinerario es
necesario para concluir con éxito
una misión previamente establecida.
Los
magos de oriente llevaron a cabo ese manifiesto administrativo que en este
tiempo se conoce como la misión; y que responde a una pregunta: “¿Cuál es nuestra razón de ser?”
A pesar de la distancia, del
cansancio, de lo desconocido, del viaje
en medio del desierto con sus tormentas de arena, de la oscuridad de tantas
noches, de la inseguridad de los caminos, de la topografía del terreno, subidas
y bajadas, montañas, valles de arena y pedregales en donde habita la serpiente y el alacrán, condiciones climáticas adversas, frío
y calor; la luz titilante de una estrella los guió en medio de tantas dificultades. Es evidente que el firmamento
está plagado de estrellas, ¿Cómo hicieron ellos para que una en particular los
guiara? Se enfocaron solo en una, la más brillante del firmamento, de las demás
hicieron caso omiso. Desde los tiempos remotos la contemplación de las
estrellas ha fascinado a los seres humanos de todas las edades, religiones y
culturas. ¿Quién no tiene su estrella en el firmamento? También la cultura
bíblica escudriñó en las estrellas el acontecimiento más importante de la
historia, del Dios que se hizo hombre y puso su morada entre los hombres y las mujeres de buena voluntad.
Considerando las circunstancias anteriores, cualquiera habría pensado varias veces antes
de ponerse en camino, pero los magos no
¿Por qué? Porque sabían lo que querían, lo planearon, lo estudiaron, sin duda
alguna hicieron un estudio de factibilidad, y por encima de
todas las cosas tenían fe, pero no una fe religiosa ciega, tonta e
inútil, sino la fe que va precedida de la acción, porque después de
planear, ejecutaron, poniéndose en
movimiento para buscar lo que querían. Ellos, sabían que una fe sin obras es muerta, es como anteponer
varios ceros a la izquierda de una cifra de dinero, no le añade ningún valor.
Al comenzar un año nuevo, un año que
dadas las circunstancias adversas en las que nace, es imperativo hacer las cosas de
forma diferente, para que el mismo no sea una simple prolongación del año que
acaba de fenecer, que para muchos se fue sin pena ni gloria, o quizá con más penas
que glorias. Esta reflexión puede coadyuvar para emprender, un emprendimiento basado en la acción y
el entusiasmo en la ejecución de cualquier faena.
Al igual que los reyes magos de Oriente que
necesitaron un signo visible para ponerse en movimiento, todas las personas que emprenden, trabajan y actúan, necesitan de un signo, ¡Una visión de
futuro! y esa visión de futuro será
alcanzada con la ayuda de los valores nucleares que la anteceden, mismos que servirán como herramientas
administrativas para corregir y mantener
el rumbo cuando las tentaciones amenacen con desviarlo.
Esa visión debe responder a la inquietud: “¿Qué queremos llegar a ser?” Con ese deseo se deben orientar todas las acciones y las decisiones al establecimiento de objetivos y estrategias para ejecutarlas en el albor de un nuevo día, de un día diferente, a efecto de poder cimentar bases sólidas y firmes sobre las que descansará toda la cultura organizacional. Esto da prestancia, apunta alto y diferencia de otros agentes internos y externos, porque con estas decisiones se demuestra de manera concluyente que se desea ser un agente de cambio. Actor, no simple espectador.
Esa visión debe responder a la inquietud: “¿Qué queremos llegar a ser?” Con ese deseo se deben orientar todas las acciones y las decisiones al establecimiento de objetivos y estrategias para ejecutarlas en el albor de un nuevo día, de un día diferente, a efecto de poder cimentar bases sólidas y firmes sobre las que descansará toda la cultura organizacional. Esto da prestancia, apunta alto y diferencia de otros agentes internos y externos, porque con estas decisiones se demuestra de manera concluyente que se desea ser un agente de cambio. Actor, no simple espectador.
Al juzgar el caminar de los magos de Oriente con el pensamiento estratégico y la filosofía de valores de este tiempo
post moderno podría decirse que; ellos, orientaron sus acciones con los
siguientes valores:
01.- Integridad que abarca la
calidad y la entereza moral con que hicieron el camino,
02.- solidaridad o compañerismo,
03.- la verdad,
04.- la jerarquía, que no solo
les sirvió para dar razón de una comprobada estructura social en los tiempos
bíblicos, sino que les ayudo en su organización para tomar decisiones rápidas,
concisas y precisas en la consecución de su objetivo. Entre ellos había un líder, por
supuesto, que encabezó la expedición y, aprendieron a mandar, obedeciendo,
05.- la ecuanimidad como síntesis
de todos los valores.
Al igual que los sabios de Oriente y muy a
pesar que muchas empresas hoy día atraviesan un duro invierno laboral,
dejando entrever en su horizonte huracanes, ciclones, tifones, tornados y vientos
tempestuosos organizacionales que
amenazan el clima laboral en muchos ambientes de trabajo, con mayor razón se debe ver, juzgar, evaluar y celebrar el recorrido que se hizo durante el año que acaba de morir, y por ningún motivo perder la fe y la esperanza. Siempre después de las tempestades reina la calma y un futuro más promisorio se divisa en el horizonte.
Esa metodología del ver, juzgar y actuar, permite con alto grado de exactitud, analizar el cumplimiento o no del ideal. Los que sí lo alcanzaron, llegaron y cumplieron, lo hicieron porque al igual que los magos de Oriente, se centraron en una sola cosa, un solo trabajo de tiempo completo, no varias ocupaciones y, ese trabajo de tiemplo completo posibilitó que la meta de ganar un viaje, comprar un camello –vehículo- como medio para desempeñar mejor la faena, un terreno, empezar la construcción de una casa, o salir del endeudamiento entre tantas nobles aspiraciones se convirtiera en la estrella que les alumbró el camino para no caer en medio de las dificultades, para encontrarse con algo concreto: El ideal alcanzado.
Esa metodología del ver, juzgar y actuar, permite con alto grado de exactitud, analizar el cumplimiento o no del ideal. Los que sí lo alcanzaron, llegaron y cumplieron, lo hicieron porque al igual que los magos de Oriente, se centraron en una sola cosa, un solo trabajo de tiempo completo, no varias ocupaciones y, ese trabajo de tiemplo completo posibilitó que la meta de ganar un viaje, comprar un camello –vehículo- como medio para desempeñar mejor la faena, un terreno, empezar la construcción de una casa, o salir del endeudamiento entre tantas nobles aspiraciones se convirtiera en la estrella que les alumbró el camino para no caer en medio de las dificultades, para encontrarse con algo concreto: El ideal alcanzado.
Aquellos que cumplieron y que no se desviaron del objetivo, no buscaron
el camino fácil, no perdieron el interés, ni la motivación, ni el rumbo en
parajes inciertos, no tuvieron distractores. Los
que llegaron felizmente a su destino lo hicieron porque planearon, controlaron, dirigieron y
se organizaron durante todo su itinerario, un itinerario que empezó desde que
repuntaba el alba hasta que el sol se escondía
en el horizonte durante los últimos doce
meses de forma ininterrumpida.
Los magos de oriente no buscaron lo que querían en su ciudad natal, fueron viajeros infatigables, al igual que muchos emprendedores que para alcanzar lo que quieren recorren mucha distancia: de norte a sur, de oriente a occidente; guiados también, por una estrella, su estrella visionaria para alcanzar la gloria y la paz que se encuentra al decir ¡misión cumplida!
Los magos de oriente no buscaron lo que querían en su ciudad natal, fueron viajeros infatigables, al igual que muchos emprendedores que para alcanzar lo que quieren recorren mucha distancia: de norte a sur, de oriente a occidente; guiados también, por una estrella, su estrella visionaria para alcanzar la gloria y la paz que se encuentra al decir ¡misión cumplida!
“Perdimos mucho el tiempo y el mismo paso de prisa, no lo sentimos”
argumentarán algunos, pero el tiempo no pasa porque es eterno, lo que pasa, lo
que se desperdicia y lo que se pierde es
la vida; los hombres han organizado el
tiempo en el calendario, pero el mismo es siempre el mismo y es de Dios, no es propio; es un recurso otorgado tanto a buenos como a malos, para que de acuerdo a su disposición de gestión lo utilicen en beneficio propio, es un don concedido para administrarlo y de su buena administración depende lograr todo aquello que se requiere para vivir la vida con dignidad, tranquilidad, comodidad y decoro, con gloria y en paz.
Los magos de oriente llegaron a Belén, se
postraron ante el Dios hombre, lo adoraron y le hicieron presentes y después regresaron a su tierra por otro
camino distinto y distante, desoyendo el pedido de Herodes, ese reyezuelo lacayo de los romanos,
que quería que regresaran por el mismo camino.
Los reyes sabios de este tiempo, -todos somos reyes- “tomando conciencia de su propio deseo mimético” –René Girard- en este viaje de doce meses recorridos: ¿Quien se postró y adoró a
Dios por tanto beneficio recibido?, ¿Qué
presentes le fueron dados?, Los magos llevaron oro, mirra e incienso.
Un buen regalo podría ser la propia vida, obras y trabajo, considerando que en esa trilogía también es un lugar de encuentro personal con El..
Todo movimiento tiene un punto de
partida y otro de llegada, los magos de Oriente salieron, llegaron y cumplida su misión regresaron, siguieron en movimiento sin permitirse descansar. Al igual que ellos no es dable postergar el nuevo viaje que ya se tiene por delante.
Para recorrer todos los años nuevos se debe tener un ideal que llene todas las aspiraciones y de felicidad.
¿Lo tienen?...
Referencia Bibliográfica:
Biblia de Jerusalén,
Biblia de Jerusalén,
Enciclopedia del Empresario, Grupo Océano.