Jlriveirof
No se si ese gordito bueno y cachetón aun tiene parte en
esta vida, pero en donde quiera que esté quiero patentizar mis más sinceros
agradecimientos, él dijo en que me transformaría si franqueaba el primer año en
la carrera, y sin ser un clarividente reconocido, así como lo dijo, así fue.
Puedo dar testimonio de sus palabras treinta y tres años después de haberlas
formulado.
Días previos a esa
capacitación, había sido convocado mediante un telegrama -medio moderno de
comunicación en ese tiempo- en donde se me informaba que había pasado las
pruebas pertinentes y había sido aceptado para optar a una plaza como agente de
seguros de dicha compañía aseguradora, y que, en consecuencia, el primer día de
agosto -1986- comenzaría una capacitación que cambiaría el curso de mi historia
personal, si hacía de esa carrera una carrera para toda la vida.
El capacitador en
cuestión, después de las consabidas presentaciones, inició su perorata
preguntando él porque de nuestro deseo de querer involucrarnos en un difícil
pero bien remunerado negocio, según sus propias palabras, comercializando
seguros de vida, principalmente.
Casi todos coincidimos en nuestras motivaciones. Y que lo
que nos tenía ahí, expectantes ante una profesión totalmente desconocida, al
menos para mí lo era, era obtener un ingreso a perpetuidad, que permitiera la
satisfacción plena de mis más elementales necesidades materiales.
¡Ah!, cash intuyo el interpelado. ¿Lo que quieren es dinero
en efectivo, plata, una fuente de ingresos?... Si contestamos a viva voz y casi
al unísono.
Pues bien, están en el lugar correcto, increpó. Y yo les voy
a enseñar como lograrlo…
Inmediatamente
después al interrogatorio, escribió a manera de acróstico en un viejo rotafolio
la palabra CASH y poco a poco fue exponiendo sus ideas en el papel. Mas o menos
en estas o parecidas palabras: Para vivir bien y con ciertas comodidades y
dignidades, ustedes necesitan obtener lo siguiente:
Conocimientos
Relativos a lo
que todo un agente nuevo de seguros necesita conocer, como la historia de la
compañía de seguros, los diferentes productos que comercializará a futuro, sus cláusulas
contractuales, la historia de la industria del seguro, las necesidades específicas
para contratar una póliza de seguro de vida, el proceso de ventas, uso del
libro de tarifas y la mecánica del seguro de vida, así como su función social y
económica, entre un largo e inacabado Etc.
Actitud
En consecuencia, al
primer día de capacitación, es obvio que un principiante en el negocio de los
seguros, tenga mil y una dudas respecto del oficio que quiere abrazar. Y fue
obligación del entrenador disipar todas esas dudas. Habló de la actitud mental
positiva, como condición sine qua non para tener éxito en la tentativa de tal
faena. Habló de entusiasmo. No recuerdo con claridad sus conceptos, sin
embargo, con el cabo del tiempo vine a saber que la palabra entusiasmo se deriva
del griego “En Theos”, que para los griegos significaba tener a un dios en el
interior; en tal virtud, la persona entusiasta era tomada y guiada por uno de
esos dioses, de quien recibía el don para poder interactuar con la naturaleza y
transformarla.
Soltura
Según el
diccionario soltura es sinónimo de habilidad, agilidad, destreza, prontitud,
facilidad, pericia, arte, práctica, libertad, expedición, desenvuelto.
En tal virtud, el agente de seguros debe constituirse en
politécnico en la práctica de su nueva profesión. Los seguros son ciencia y
arte y ello comprende adquirir competencias conversacionales para desarrollar
una entrevista de ventas pertinente, manejar objeciones coherentemente,
arquitecturar el porvenir de quien le ha confiado sus finanzas mediante la
programación, saber planear el porvenir, preparar presupuestos y hacer análisis
de la realidad socio económica de forma pronta y cumplida, entre otras cosas.
Hábitos
Og Mandino en su
libro El Vendedor más grande del mundo expone que si se va a ser esclavo de los
hábitos que sea de los buenos hábitos, porque los malos hábitos son la puerta
abierta al fracaso. En ese sentido, es importante adquirir la disciplina a
efecto de que el impulso que fuerce a trabajar, deba provenir de los buenos
hábitos.
¡CASH! ..., una fórmula de vieja data, que a pesar de haber
sido acuñada por Life Insurance Marketing and Research Association -LIMRA- en
1, 963 sigue siendo pertinente y actual, y a treinta y tres años de distancia
de haberla conocido, aún la sigo utilizando. Obviamente, ampliada y mejorada,
en virtud que los tiempos actuales demandan de un asesor de seguros no solo
esos viejos principios fundamentales vistos al comienzo de este escrito, sino
también conocimientos especializados sobre muchas asignaturas, tales como: ética,
economía política, mercadeo y ventas, neuromarketing, inteligencia emocional,
habilidades interpersonales, neuro ventas, competencias conversacionales, elementos
de finanzas, contabilidad de costes, entre mil y una más. Todos esos
conocimientos son los que marcan la diferencia entre un mercachifle o buhonero
de seguros y un verdadero asesor profesional de seguros.
Pues bien,
treinta y tres años después, y a veintitrés de desempeñarme en el campo gerencial, he
sido convocado junto a mis homólogos de Seguros GyT, a quien dignamente
represento en el Departamento de Alta Verapaz y puntos circunvecinos, a una capacitación que tiene por objeto
incrementar ostensiblemente el capital humano y hacer eficiente un plan de desarrollo,
cuyo objetivo general es proporcionar al
agente novel un cajón de herramientas para que inmediatamente después, se dedique a la
noble misión de asegurar responsablemente los ingresos presentes y futuros de
las personas que tienen por tarea sostener económicamente a una familia, así como
a sus bienes materiales.
El taller en cuestión lleva por nombre “Plan de Arranque” y
durante su desarrollo, en el pensamiento de Nicolai Hartmann puse a la
filosofía en el dintel de su trabajo, planteándome tres preguntas clásicas de
permanente actualidad: “¿Qué puedo saber?, ¿Qué debo hacer? Y ¿Qué puedo
esperar?” Tres preguntas vitales que constituyen la guinda del pastel y que
aparecen en medio de una realidad a la que hay que analizar, contemplar,
diagnosticar y transformar.
Atendiendo la pregunta ética sin menoscabo de las otras dos, debo preguntarme: ¿Qué debo hacer? Podría decir que lo mínimo que debo hacer es hacer
fecundo el proceso administrativo, como tarea inherente clave a todo dirigente,
con el único fin de hacer robusta la agencia que se encuentra bajo mi dirección
y procuración.
¿Acaso no es función de la filosofía ver, juzgar y
contemplar una realidad concreta para transformarla? << ¡Eh ahí la
cuestión!>> diría Shakespeare…
Pues entonces, no puedo darme el lujo de decir “voy a ver si
compro la idea” que se me dio a conocer. La misma no es negociable, estoy aquí
para aceptarla, practicarla y mejorarla.
Parafraseando a
San Pablo -1ª Cor 9, 16- podría decir: Anunciar la carrera de agente de seguros
no es para mí motivo de orgullo, sino una obligación que me incumbe. Hay de mi
sino anuncio la carrera…, En consecuencia, debo echar el ojo, lanzar el
anzuelo, vender la carrera, contactar, visitar y entrevistar nuevo personal,
seleccionarlo, reclutarlo, capacitarlo e integrarlo al seno de la organización.
Haciendo headhunting utilizando diversas fuentes de reclutamiento…
Hay de mi si no instruyo
nuevo personal…
Ya “encaramado en
el macho” e inmerso en el desarrollo del programa, recordé las palabras del
viejo Platón, quien solía decir que “la mejor instrucción, consiste en que te
vengan a recordar, lo que tú ya sabes”. Los presaberes entonces, empezaron a
desfilar uno a uno, al compás de una danza de palabras dichas y hechas en el
Hotel Adriatika, que rememoran los éxitos idos, provocan un cambio y convocan
un crecimiento exponencial en todas las aristas de la organización.
Ese plan de
arranque en mención, supone un análisis profundo y sistemático
después de haberse elucidado las cosas que se pueden mejorar. Y para el efecto,
me apropio del hilo conductor del trabajo filosófico de Husserl, el cual debe
ser visto como “el principio de todos los principios”, que demanda darse -como
gerente- en el amplio y estricto sentido de la palabra, considerando que, según
él, ese darse es el origen de todo conocimiento y toda verdad, en virtud que
todo conocimiento y todo juicio nos remite a la experiencia, una experiencia
ganada a pulso, bregando muchas veces, por caminos y veredas inciertas…
La idea primera de Husserl es empezar desde cero, igual que Descartes que postula que se debe descartar cualquier rutina existente y empezar absolutamente
de nuevo. Entonces, según mi modo particular de ver las cosas, postulo que para
apropiarnos del plan de arranque se debe
empezar desde el principio, como si no se supiese nada, absolutamente nada, y para eso se tiene que aprender a aprender y
aprender a desaprender para no asfixiarnos en el eco reiterativo del sabelotodo
que cree tener la razón en todo, del autosuficiente que cree que con lo que
sabe ya tiene de sobra y la del orgulloso que se ahoga en las hieles que
destila su propia petulancia, gracias a la acción y al efecto del tiempo que se
tiene en una actividad concreta.
¿Qué nos cabe
esperar si llevamos a feliz termino el plan de arranque en cuestión? La
obviedad mas obvia de todas las obviedades sería la satisfacción del deber cumplido
que se obtiene del cumplimiento de nuestras mas nobles aspiraciones, que en mi caso personal es dejar al personal bajo mi dirección mejor que como los encontré, extensivas
al personal que pronto vendrá y que nos acompañará en el camino y a los hijos de sus hijos, al haberles vendido bien una carrera de hombres y mujeres de negocios de seguros, "in saecula saeculorum"...
La cuestión
entonces es, ver nuestra situación actual y contemplar los futuros posibles con
la luz que arroja una prospectiva estratégica, que demanda encender las luces
altas y activar las de emergencia, si queremos transitar de prisa…
Referencias bibliográficas:
Dirección de Agencias, Life Insurance Marketing an Research
Association (LIMRA), edición revisada en 1,975, 3ª edición en castellano, mayo
1,978
Introducción a la Fenomenología, Jan Pastocka, traducción
Juan A. Sánchez, 2005 Herder editorial, S.L. Barcelona, España.
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