Jlriveirof, OP
A tenor de lo planteado en la fábula
anterior, sirva para una analogía con lo que sucede a lo interno de muchas
organizaciones; ya sean estas eclesiásticas, militares, culturales, sociales,
académicas, públicas, privadas, laborales, ONG’S, con fines de lucro o
beneficencia, etc.
Hoy día, hay mucha gente que,
para evitar gritos, lloriqueos y despidos injustificados, mejor se dan a la
tarea de babosear al que en última instancia termina siendo el baboseado: el
jefe que se cree muy listo. Un jefe, gerente o director capataz, que jamás
quiere escuchar los yerros, desaciertos, errores u omisiones que casi a diario
se cometen a lo interno de las organizaciones y que en consecuencia prefieren
que el profundo invierno que se genera al pretender defender un statu quo
indefendible, prefieren hacerse amigos de la tautología y de continuo caen en
la falacia ad hominem, amenazando no los argumentos planteados sino al asociado
o subalterno que los produce. Al caer con suma facilidad en esa tentación se
atenta severamente contra la moral del personal y repercute insidiosa y negativamente
contra la productividad, causando un mal mayor en detrimento de las partes.
El mal es mayor cuando el alto
directivo ocupa el cargo por amistad, familiaridad, por encargo de alguien
superior, tener el apellido correcto y sin contar con las pertinentes
cualificaciones para ejercerlo. Esa clase de personas solo sabe amenazar y
atenazar al personal que disiente con ellos, carecen de inteligencia emocional
en la empresa y al tener la mollera huera casi siempre piensan con la cabeza de
los demás, o en el peor de los casos con el hígado mediante sus reacciones
hepáticas…
Es por eso que con alto grado de cinismo
los vemos conduciendo vagones de
calesita sobre los rieles que otros con su sudor, esfuerzo, lágrimas, desvelos,
sin sazones y largos años construyeron. A semejanza de los ciegos y los
leprosos del evangelio, esos directivos terminan siendo los ciegos que conducen
a otros ciegos. Pronto caerán en el agujero que ellos mismos construyen y
muchos buenos asociados huirán de su presencia; así como en los tiempos
antiguos, la gente huía de la presencia de los leprosos, y que en premio a su
deshonor terminaban siempre lapidados sin misericordia alguna.
En ese sentido, es notable y
verificable que la gente no huye de las organizaciones, huye de los malos
ejecutivos que no buscan la mejoría de las cosas, a través de una filosofía de
mejora continua que lleva implícita una crítica constructiva en pro de
cualquier enmienda. Ignoran o se hacen de la vista gorda que lo que no se
escucha y evalúa no se puede mejorar. Se creen dueños de la verdad absoluta,
desconociendo si acaso que la única verdad absoluta es que la misma es
relativa, en palabras de Albert Einstein. Huye de aquellos altos directivos que
padecen incontinencia emocional, según el diagnóstico que da Daniel Goleman en
su libro: Inteligencia emocional en la empresa; y muchas veces esta carencia se
da al no contar con una filosofía de vida que permita administrar según los
conceptos de esa ciencia, es decir de la ciencia administrativa. En tal virtud,
es menester regresar a los básicos y partir de un concepto bastante simple -
¿Qué es administrar?
La acepción más simple la brinda el Grupo
Fortune. Ellos dicen que, “la administración es la habilidad de alcanzar
objetivos predeterminados mediante la cooperación voluntaria y el esfuerzo de
otras personas”. En tal concepto hay cuatro palabras que son clave para el
logro de los objetivos organizacionales y, son a saber: Habilidad, objetivos,
cooperación y esfuerzo. Hoy por hoy; muchas personas que desconocen el arte y
la ciencia de dirigir construyen muros en lugar de puentes. No son fuentes sino
canal y precisamente por ello; repelen en lugar de atraer y al ser así, no son
facilitadores del desarrollo y el progreso de sus asociados.
En palabras de Robert
Theobald, a todas aquellas personas que nos dedicamos a la difícil pero noble
tarea de desarrollar personas, nos urge transitar de una cultura adversarial a
una de dialogo. Ese es el requisito indispensable para salir de la co-estupidez
y pasar a la co-inteligencia. De lo contrario aquellas personas que dependen de
nosotros, tarde o temprano, “sin prisa, pero sin pausa”, nos mandarán al carajo.
Y ahí nos llegará la hora en frase bíblica del llanto y crujir de dientes.
Con la ley de la oferta y la
demanda necesarios somos, nunca imprescindibles…
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