Jlriveirof, OP
Mientras
escribo estas letras a “corazón abierto” varios parientes, amigos y conocidos
luchan contra los embates de la pandemia. Algunos han traspasado ya el umbral
que delimita el más acá con el más allá, y se encuentran durmiendo el sueño de
los justos.
En virtud de mi fe católica postulo que su tránsito
hacía la casa del Padre no es entre abrojos y espinos como la suerte de los familiares que se quedaron
entre llantos y quebrantos, sino entre nubes y alfombras enmarañadas y
amalgamadas por la misma naturaleza con todas aquellas flores estacionales y
epocales que guardan su frescor, merced al “chipi chipi” cobanero que todos los
amaneceres y atardeceres humedece los jardines de las casas y las viejas
callejas de mi ciudad natal vitalizando el verdor de su manto a perpetuidad …
Al comienzo
de la pandemia el miedo instaló de fijo su residencia en las mentes y en los
corazones de muchos connacionales, causó crisis y lisis. A unos paralizó y a
otros encausó por otros derroteros en búsqueda de otras realidades, de nuevos
mundos, de otras posibilidades. A unos ese miedo debilitó su sistema inmune, a
otros les causo ansiedad y ésta los obligó a comer demás, a unos enflaqueció a
otros engordó y a no pocos mató.
Quienes quedamos con vida tenemos que tomar una
difícil decisión, o nos enclaustramos en nuestras casas por temor a
contagiarnos del mortal virus o sorteamos la suerte y nos arriesgamos a
salir para trabajar, crear y cumplir con Dios, consigo mismo y con los demás.
Quienes decidimos salir, el miedo lo convertimos en
una oportunidad de mejoramiento continuo, de enmienda, de empezar de nuevo, innovando,
transformando, desarrollando y afrontando la pandemia con los brazos abiertos y
el pecho erguido pero descubierto, con temor y temblor, pero ahí estamos
avanzando, regulando, moderando, disolviendo y resolviendo el impacto que esto
podría ocasionar.
En lo más crítico
de la pandemia, decidí escribir una reflexión filosófica, teológica y política
de las lecturas que la Santa Madre y Maestra Iglesia Católica sugiere para cada
día, lo he hecho casi todos los días, sin interrumpir mis más elementales ocupaciones de dirección, planeación, reclutamiento,
selección, capacitación, integración y desarrollo de personal claro está, el
pan mío de cada día; así como dedicarme a la lectura asidua en horas de la
noche en donde cambie ver la televisión para entregarme a la lectura y a la
reflexión. Eso desde hace muchos años.
En adición a lo anterior decidí ocupar más y mejor el
recurso más valioso con que contamos los humanos, el tiempo. Decidí hacer una
certificación internacional en coaching en People & Business School, una
escuela de personas y negocios cuyas capacitaciones están avaladas por la
Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la prestigiosa y cuatricentenaria
Universidad Nacional de Córdova, Argentina.
Esa certificación internacional universitaria es un
sueño que venía acariciando desde que concreté en la Ciudad de Guatemala un
diplomado en la misma disciplina. Al fin veo luz al final de ese túnel en donde
me imbuí hace mucho tiempo.
Pues bien,
volviendo al ruedo con el tema del COVID; me permití entrar en un proceso de
reflexión a través del autocoaching con las siguientes preguntas poderosas: ¿Contra
qué gigantes lucho en medio de esta pandemia?
Me percaté que es contra el miedo, la ira, el amor y
el deber, los cuatro gigantes del alma descritos así por el doctor Emilio Mira
y López en su libro “Los cuatro gigantes del alma”, la inanición, la falta de
acción, la falta de voluntad política para hacer que sucedan cosas y no ver simplemente
como pasan las cosas, entre otros tantos gigantes que no nos permite observar e
interpretar con atención e intención el mundo y todo lo que en él acontece con
suficiente claridad.
Tomando en
consideración que mediante el lenguaje transformacional las palabras tienen el
poder de modificar nuestros entornos, nuestros pensamientos y sentimientos con un
prisma diferente que nos permita ver las cosas de una forma muy personal y
especial, he llegado a preguntarme: ¿Quién quiero ser en estos tiempos de
pandemia y en pandemia?
Concluí que, quiero ser el actor principal en la
historia de mi propia vida, asumiendo los riesgos que esto conlleva, a tomar
decisiones individuales y colectivas de importancia, aunque estas muchas veces
molesten a no pocas personas, a no temer a los cambios de función y
localización que se pudieran dictar en el futuro, entre tantas otras cosas más.
Ese poder de elegir lo tengo en las palmas de las manos segundo a segundo; en
consecuencia, he decidido liberarme de tanta y cuanta atadura física, psíquica
y espiritual que muchas veces me paraliza, embarga y enajena evitando actuar, a
seguir luchando contra el pecado social que afecta a millones de
compatriotas a lo largo y ancho del territorio nacional.
Solo
mediante tales consideraciones se puede lograr ser un hombre nuevo para cooperar
en la construcción de un mundo nuevo, un mundo más humano, más fraterno,
trabajándonos y transformándonos para ir rompiendo sin prisa, pero sin pausa
con las situaciones de servidumbre a los que están sometidos no pocas personas.
Pues entonces, he decidido asumir mi rol en la
historia y para ello he de forjarme a mí mismo con asiduidad, a partir de un
domingo cualquiera, como el de hoy que está por terminar …
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