sábado, 9 de abril de 2022

 Judas, simplemente Judas...

Jlriveirof

     En alguna parte de su evangelio el doctor Lucas narra que, Judas Iscariote el traidor por antonomasia, transó con el poder religioso de Jerusalén, los "doctores en teología" epocales, el cómo y el porqué entregar a Jesús en sus manos,  por unas cuantas monedas de plata. Concretamente treinta en total. 

     Acabada la cena, Jesús se urgió hacía el Monte de los Olivos, como era su inveterada costumbre, a orar. 

El Monte en cuestión, era en aquella época una especie de hospedería en donde llegaba a pernoctar toda clase de gente: los sin hogar, los vagabundos y los transeúntes entre otros, a quienes Él, sanaba sus dolencias o tribulaciones, tanto físicas como  mentales o espirituales.

     Aquella noche había llegado simple y llanamente a orar, una oración cargada de una fuerte presión, tensión y angustia al grado que, fuertes gotas de sangre mezcladas con sudor caían en tierra. Una dolencia que hoy se conoce con el nombre de hematidrosis. 

Sus palabras <<Padre mío, si es de tu agrado aparta de mi este cáliz. No obstante, no se haga mi voluntad, sino la tuya>> Lc (22, 42), buscaban siempre agradar a su ABBA sin importar las consecuencias, así fueran éstas las últimas...

     Inmerso en ese acto voluntario de su conciencia estaba cuando se encontró entre un grupúsculo de gente armada con espadas y garrotes liderados por aquel que comió con Él en su mismo plato, se apretujó a Él para plantarle un beso en la mejilla con un amargo sabor a hipocresía. <<¡Oh Judas! ¿Con un beso entregas al Hijo del Hombre?

Maniatado fue llevado donde el Sumo Sacerdote y de ahí al pretorio romano. Perfiló de Herodes a Pilato como hoy día reza el refrán popular.

     El destino del bajo, abyecto, vulgar traidor y ecónomo ladrón lo narra San Mateo en el capítulo XXVII de su Evangelio. Ahí explicita que, al declararse reo de muerte a Jesús, se arrepiente, restituye las treinta piezas de plata a los príncipes de ese averno creado por los sacerdotes y a los ancianos les dice: "Yo he pecado, pues he vendido la sangre inocente". Inmediatamente arroja la plata, se larga apresurado y se ahorca desesperado.

     Al ser prototipo de traidor Judas ¿Por qué no proponerlo para que sea el Santo Patrón de los políticos guatemaltecos? En virtud que, su ser y hacer, vivir y convivir se parece en mucho al de la inmensa mayoría de ellos: bajos, rastreros, reptando siempre hacía lo putrefacto, vendidos, corruptos, ladrones y mentirosos entre un largo e inacabado etcétera. 

Según una leyenda medieval era un ávido pecador antes de vender a Cristo por treinta monedas, fratricida, parricida e incestuoso, que, para expiar sus bajas pasiones y múltiples delitos se hace uno con los doce, es nombrado no solo discípulo sino amigo, en cuyo apostolado defrauda la bolsa que se le encarga, la malversa, la roba y después traiciona y vende a su Señor. ¿Acaso sus seguidores los politicastros de todos los tiempos, no han procedido igual o peor? Creando sus ardides cobijados bajo el manto de la política oscura, impune e impura, sangrando en tan alto el erario nacional, roban, mienten, engañan, se cambian de mara política con total desfachatez, asiduos para comer y beber hasta "ver a Cristo", falsarios, carentes de toda moral y ética profesional.

     Sin embargo, al ser su ser y hacer asiduo aunque horra de sentido, algo les falta para ser semejantes a Judas su patrón: ser valientes para reconocer el yerro y el desacierto que cometen con asiduidad, arrepentirse, restituirle al pueblo lo que es del pueblo y le han robado, buscar una riata y un árbol para terminar su mísera existencia como Judas terminó con la suya...

¡Anda, ve y diles!...

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