viernes, 2 de diciembre de 2022

“El Sócrates delirante” …


   

     Diógenes el cínico o el “Sócrates delirante” como le llamaba Platón, fue un filósofo griego que pertenecía a la escuela cínica, vivió entre Atenas y Corinto tres siglos antes de Cristo.

No legó ningún escrito a la humanidad, sin embargo, es famoso por lo que otros han escrito de él.

Dentro de sus múltiples anécdotas me llama la atención aquella que, describe su encuentro personal con Alejandro Magno.

Según se sabe, camino de Corinto, el rey en mención quiso conocer a Diógenes, que vivía en una enorme tinaja, en las afueras de Corinto, cerca del gimnasio Craneum.

Días antes, Diógenes, había dado a conocer su filosofía ante una muchedumbre bastante extensa y, se cree que, los comentarios llegaron a oídos del monarca que pidió ser conducido hasta la residencia del filósofo, la tinaja.

      Llegó el monarca junto a su comitiva precedido por una multitud de corintios, de pronto Diógenes se vio envuelto entre esa muchedumbre. -Soy Alejandro, se presentó el rey; -y yo Diógenes el perro, respondió el filósofo. - ¿Por qué te llaman Diógenes el perro?” — Porque alabó a los que me dan, ladro a los que no me dan y a los malos les muerdo. -Pídeme lo que quieras. -Le contesto Alejandro, sin inmutarse Diógenes le dijo — Quítate de donde estás que me tapas el sol. 

- ¿No me temes? Le preguntó, — Gran Alejandro, ¿Te consideras un buen o un mal hombre? -Me consideró un buen hombre, le dijo, — entonces … ¿Por qué habría de temerte? 

     Diógenes vivió una vida paupérrima e hizo de esa pobreza material una virtud, haciendo apología de la misma. Sus únicas pertenencias eran: un bastón, un zurrón, un cazo y su tinaja, era un hombre piltrafiento.

Fustigó los vicios y la decadente moralidad de los corintios de su época, los falsos honores y las riquezas.

Al ser Corinto una ciudad portuaria de suma importancia, es evidente que, las costumbres eran bastante relajadas, al extremo que el comediógrafo griego Aristófanes acuñó el término corintear, sinónimo de putear en este tiempo, para describir todo lo proveniente de la más antigua de las profesiones, que en Corinto era tendencia y no moda pasajera.

     Quizás, esa filosofía de vida fue la que motivó a Alejandro Magno a describir el siguiente petitorio para el día de su muerte:

1).- Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos no tienen, ante la muerte, el poder de curar.

2).- Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.

3).- Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías y con las manos vacías nos vamos 

     ¡Ah! … Si el tocayo de Alejandro Magno en Guatemala, “laj cheek´el Lej”, subiera a la esfera ética y moral todos sus actos y,  tuviera por asesores a pensadores de la talla de Aristóteles y de Diógenes, quizás no sería propenso al desfalco, al expolio y al atraco de la cosa pública, se conformaría con el jugoso emolumento que percibe y, su vida la viviría con más recato, sobriedad, pundonor y dignidad.

¿Acaso cree que, de la tumba fría, que ocupará un día, la convertirá en caleta?...

Jlriveirof, OP

domingo, 27 de noviembre de 2022

“Busco a un hombre honesto”

     La frase con que intitulo este post pertenece a Diógenes de Sinope, y fue manifestada por él, según cuenta la leyenda, cuando a plena luz del día, portando una lámpara de aceite encendida, deambulando por las calles, plazas y avenidas de Atenas, decía: <<busco a un hombre honesto>>.

¡Busco a un hombre honesto!, frase mediante la cual podemos colegir cuán difícil tarea es, encontrar en el mundo, a un hombre honesto, en su vasta y provocativa concepción.

Si hacemos nuestras las palabras del filósofo, en este tiempo “proto democrático” que estamos viviendo y, dirigimos nuestros pasos al “honorable pleno” del Congreso de la República de Guatemala, ¿Encontraríamos ahí a un hombre honesto?

En los otros organismos del estado: Ejecutivo y Judicial: ¿habrá alguna persona que sea honesta?

En las municipalidades de todo el país, ejército, policía nacional, iglesia, en la banca, la industria, el mercado, el comercio, en nuestras propias casas y demás entornos, etcétera, etcétera, etcétera; ¿Habrá ahí una persona honesta? …

A decir verdad, pienso y creo que sí; si los hay, aunque creamos que sería como encontrar una aguja en un pajar dado que, todos los días nos percatamos como la corrupción campante y rampante hace mucho ruido, y presenciamos cómo los cancerberos de las huestes del mal son premiados y los honestos vilipendiados, condenándonos con sus felonías y tropelías. Para apuntalar lo aseverado en este párrafo, me permito mencionar a la filósofa Ayn Rand cuando dijo: <<Cuando observes que la corrupción es recompensada y la honestidad se vuelve un sacrificio, sabrás que nuestra sociedad está condenada.>>

     Iluminando el camino trazado en este apartado con la luz que arroja la filosofía, respecto de la honestidad, en una sociedad condenada como la nuestra, nos daremos cuenta que, esa maldición nos la podremos quitar únicamente subiendo a la esfera ética y moral todos y cada uno de nuestros actos, amalgamando el ser con el hacer, siendo coherentes entre lo que decimos y hacemos. Solo siendo justos, empáticos, veraces, practicando la bondad, la reciprocidad, la fraternidad, la virtud, la armonía y la ecuanimidad como síntesis de todos los valores; solo entonces, podremos quitarnos la condenación que, como habitantes de esta nación, cargamos sobre nuestras espaldas desde tiempos inmemorables.

     La honestidad solo es un valor cuando se entiende a cabalidad su significado y se practica. Según el Diccionario Enciclopédico de Biblia y Teología, honestidad significa: ser veraz, libre de duplicidad, recto, honorable, respetable, digno de estima, bueno, intachable, excelente, decoroso, pudoroso y recatado.

     En ese orden de ideas, cuán difícil resulta buscar y encontrar en las plazas, calles y avenidas, a un hombre que sea honesto. Una difícil tarea que, debiésemos realizar en nuestras propias casas y entornos, con nosotros mismos, y con una linterna encendida, a plena luz del día, busquemos en el interior de nuestro propio pozo (nuestro interior) a un hombre honesto. Lo podremos validar a partir de la más antigua de las exhortaciones, aquella que, estaba escrita en el dintel del templo de Apolo en Delfos, atribuida a Sócrates: <<Conócete a ti mismo>>.

     Solo conociéndonos a nosotros mismos, podemos descubrir cuán honestos o abyectos somos, en virtud de los valores que practicamos.

Jlriveirof, OP